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viernes, 9 de marzo de 2018

MEDITACIÓN SOBRE EL MODO DE GOBERNAR LOS OJOS






COLABORADORA DEL BLOG.


   I. Pon los ojos en las miserias de esta vida: mira cuántos pobres, cuántos enfermos, cuántas personas afligidas; a la vista de tantos sufrimientos, te conmoverás y exclamarás: ¿Qué hice yo, oh Dios amabilísimo, para ser preservado de estas aflicciones? Agradece a Dios esta merced; humíllate viendo que no puedes o que no quieres soportar nada, mientras tantas otras personas sufren tan crueles dolores.

   II. Mira a los que el mundo llama dichosos, a los que, reuniendo en sí los bienes de la naturaleza y de la fortuna, parece estuvieran a cubierto de toda miseria común al resto de los mortales. Cuando hayas considerado a estos favoritos del mundo, pregúntate a ti mismo: ¿Cuánto durará esta aparente felicidad? ¿Cuántas penas, deseos, remordimientos de conciencia, aprensiones terribles, acompañan a estas riquezas y a estos placeres? ¡Ah! ¡Cuántas miserias y tristezas se esconden bajo el oro y la púrpura! Brillan por afuera, por adentro no son sino miseria (Séneca).

   III. Cuando te tiente el espíritu de orgullo, mira la tierra y di en ti mismo: ¿De qué te enorgulleces tú, que pronto estarás encerrado en una tumba y serás pisado por los transeúntes? Si estás afligido, mira el cielo, anímate y di: ¡Ah! esta vida no durará siempre, iré al cielo, donde Dios enjugará mis lágrimas y calmará mis penas. Busquemos, amemos ardientemente los bienes que permanecen para los que los hallaron, que no pueden ser arrebatados a los que los adquirieron (San Gregorio). La modestia.

Orad por los que se hallan en pecado mortal.

sábado, 3 de febrero de 2018

MEDITACIÓN SOBRE CÓMO HAY QUE VENCER LA TRISTEZA







Colaboradora del blog.


   I. Cuando estamos agobiados bajo el peso de la tristeza, cuando la malicia de nuestros enemigos, la infidelidad de nuestros amigos, los sufrimientos de nuestro cuerpo y tantos otros acontecimientos desfavorables nos colman de amargura, buscamos un amigo fiel para descargar nuestro corazón en el suyo. ¿Dónde encontrar un amigo más fiel que Jesús? Vayamos, pues, al pie de los altares, confiémosle el motivo de nuestras lágrimas, roguémosle que nos libre de nuestras penas. Interroguémosle, escuchemos lo que nos diga en el fondo del corazón, y pronto seremos consolados. Me acordé de ti, Señor, y me alegré (El Salmista).

   II. Para disipar la tristeza, consideremos que existen personas más desventuradas que nosotros. ¡Tantos pobres en los hospicios, tantos enfermos en su lecho sufren mucho más que nosotros! Las benditas almas del purgatorio, los condenados en el infierno, sufren tormentos incomparablemente más crueles que los que nos hacen gemir a nosotros. Aceptemos de buen grado esta tristeza para expiar nuestras faltas. Si una hora de pena te resulta intolerable, ¿cómo sufrir los suplicios eternos del infierno? Piensa en esta verdad y ya no derramarás lágrimas sino para borrar tus pecados.

   III. Piensa en la tristeza que se apoderó del corazón de Jesucristo en el huerto de los Olivos; piensa en los tormentos que por ti soportó en la cruz, y di con Él: “Padre mío, que se haga vuestra voluntad; si queréis que gima durante toda mi vida, me someto a vuestra santa voluntad”. Después de todo, no debemos esperar estar siempre alegres y contentos, puesto que Jesucristo y los santos han estado siempre en aflicción y lágrimas. Señor, quiero llorar con Vos, porque nadie puede gozarse en la tierra con el rico Epulón y reinar con Dios en el cielo. Los cristianos deben temer los gozos de la vida presente y desear los sufrimientos con ardor (San Juan Crisóstomo).



La oración.

Orad por las órdenes religiosas.

lunes, 11 de diciembre de 2017

PLEGARIA SILENCIOSA




Colaboradora del blog.




Le pedí fuerzas a Dios para llegar más lejos,
y me hizo débil
para que aprendiera la humilde obediencia.


Le pedí salud para hacer cosas grandiosas,
y me hizo frágil para que hiciera cosas mejores.


Le pedí riquezas para ser feliz,
y me dio la pobreza para que fuera sabio.


Le pedí poder para ser admirado por los hombres,
y me dio debilidad
para que sintiera la necesidad de Dios.


Le pedí todas las cosas para disfrutar la vida,
y me dio vida para disfrutar todas las cosas.


No tuve nada de lo que pedí,
pero todo lo que esperaba,
casi a pesar de mí mismo,
mis silenciosas plegarias fueron escuchadas.


Soy el más rico en bendiciones
entre todos los hombres.

lunes, 27 de noviembre de 2017

MEDITACIÓN SOBRE LA FELICIDAD DE LOS MALOS Y LAS AFLICCIONES DE LOS JUSTOS



Colaboradora del blog.



   I. Aquí abajo los malos a menudo nadan en prosperidad y abundancia. Dios previendo que serán condenados por sus crímenes, les concede esta felicidad temporal para recompensar algunas buenas acciones que han hecho. ¡Dichosos de este mundo, temblad y llorad! Dios os trata como a un enfermo desahuciado a quien el médico permite todo lo que desea. Son víctimas que se prepara y que se corona de flores antes de inmolarlas (Minucio Félix).


   II. Los justos, por el contrario, a menudo son afligidos en este mundo, porque su Padre celestial no quiere que los bienes de la tierra les arrebaten los del cielo. Alegraos, pues, vosotros que sois pobres y estáis afligidos, porque las aflicciones que os hacen gemir señal son de predestinación. Os apegaríais a los placeres de la tierra, no pensaríais en las delicias del paraíso, si en este mundo tuvieseis todo lo que deseáis. Los males que nos abruman aquí nos urgen ir a Dios (San Gregorio).



   III. El teatro cambiará de escena tanto para el justo como para el impío. El impío ha gozado durante su vida: una tristeza eterna sucederá a este gozo de un momento. Justos, habéis vivido en la tribulación: consolaos. Dios os colmará de un gozo eterno; necesariamente hay que sufrir en este mundo o en el otro. Las cosas deben cambiar de faz; ellos gozan y nosotros estamos en la tristeza; lloremos, pues, mientras ellos están alegres, a fin de estar alegres cuando ellos viertan lágrimas (Tertuliano).

martes, 21 de noviembre de 2017

MEDITACIÓN SOBRE EL RESPETO HUMANO



Colaboradora del grupo.



   I. Ejecuta todos tus actos para agradar a Dios y ten cuidado de que la vanidad no te arrebate todo el mérito de tus buenas obras. Si trabajas para brillar ante los ojos de los hombres o para agradarlos, no esperes de Dios ninguna recompensa. Es por mí, oh mi divino Salvador, por quien vinisteis a este mundo, trabajasteis durante vuestra vida y moristeis en una cruz; por Vos también quiero yo morir.

   II. No te tomes el trabajo de contentar al mundo; es intentar lo imposible. Cada persona tiene su opinión: ¿cómo conciliar sentimientos tan diversos? Que los juicios y las burlas de los hombres jamás te detengan en el cumplimiento de tus deberes. No puedes resistir una palabra de burla, ¿cómo harás para resistir los halagos, las amenazas y los suplicios de los tiranos?

   III. Guárdate, con tus burlas, de desviar a los demás del servicio de Dios. Es hacer oficio de demonio; es privar a Dios de grandísima gloria, y a la creatura de una gracia que le habría sido dada como recompensa de su buena acción. Y si alguien quiere impedirte servir a Dios, míralo como a un emisario del demonio, búrlate de él; haz el bien y deja a los hombres que digan lo que quieran. No te inquietes por sus vanos discursos: la Santísima Trinidad misma no ha podido escapar a la crítica de los insensatos; tampoco tú escaparás (San Gregorio Nacianceno).


   La pureza de intención. Orad por los impíos

lunes, 20 de noviembre de 2017

MEDITACIÓN SOBRE LA IRA




Colaboradora del blog.


   I. Considera los efectos de la ira y aborrecerás este vicio. La ira o cólera te vuelve insoportable a ti mismo, turba la paz de tu alma y arruina la salud de tu cuerpo; además, te hace odioso a tu prójimo, porque nadie quiere conversar con un hombre que se arrebata por las cosas más insignificantes. ¡He merecido yo el infierno por mis crímenes y no quiero sufrir nada para expiarlos! ¡Los santos soportaron el martirio por Jesucristo y yo me irrito por una palabra! Si consideras que lo que te contraría te sucede por la permisión de Dios, te someterás a sus órdenes sin quejarte y sin dejarte llevar por la cólera. Los bienes y los males, la vida y la muerte, la pobreza y la riqueza, vienen de Dios (Eclesiastés).

   II. ¡Cuántas faltas no arrastra consigo la cólera! Las injurias, las calumnias, las enemistades, las muertes y las guerras, son los funestos efectos de este vicio. Para corregirte de él, acuérdate de la paciencia que Jesucristo te ha enseñado con sus palabras y con sus ejemplos. ¿Acaso Dios echa mano del rayo todas las veces que lo ofendes? Nada emprendas, nada resuelvas en el momento de la ira; deja que primero se calme la tempestad.

   III. Alguien te ha ofendido; vete a buscarlo cuando se ha calmado tu cólera, hazle ver su falta con dulzura y caridad: te escuchará infaliblemente y reconocerá sus yerros. Reconcíliate con él lo antes posible; cuando tuviere falta, no vaciles en prevenirlo. Si falta a su deber, ¿no faltas tú al consejo que Jesucristo te da?; perdónalo, no sea que te vuelvas tú malo como él. ¿Has recibido una injuria? Perdona a fin de que no haya dos culpables.


   La mansedumbre. Orad por los que os hacen mal

viernes, 17 de noviembre de 2017

MEDITACIÓN SOBRE LA BUENA Y LA MALA CONCIENCIA





COLABORADORA DEL BLOG.


   I. No hay en este mundo placer comparable al que nos proporciona una buena conciencia. Si tienes esta dicha, ningún tormento es capaz de afligirte; si no la tienes, ninguna diversión puede verdaderamente regocijarte. Que se acuse al justo; que se lo maltrate: su conciencia le procurará más consuelo que el que podrían darle los aplausos del mundo entero.

   II. No hay suplicio comparable al de la mala conciencia: es un acusador, un juez, un verdugo que persigue en todo lugar al culpable y que no perdona a nadie; la conciencia ataca a Herodes, a Nerón, a Teodorico, y los hace temblar en medio de sus guardias. Nada es capaz de apaciguarla: te perseguirá hasta el fin de tu vida, si no la descargas del peso que la agobia.

   III. La mala conciencia continúa, después de esta vida, atormentando al pecador; lo sigue al juicio de Dios, lo acusa, lo confunde, desciende con él al infierno. Uno de los más grandes suplicios de los condenados es el gusano roedor que nunca muere. ¿Quieres evitarlo? Nada hagas en este mundo contra tu conciencia, escucha los reproches que te hace y sigue sus advertencias; nada podrá afligirte en este mundo ni en el otro. Nada más agradable, nada más seguro que una buena conciencia. Aunque el cuerpo sufra, aunque el mundo nos tiente, aunque el demonio nos espante, ella permanece tranquila.


El examen de conciencia
Orad por los pecadores

MEDITACIÓN SOBRE LAS MISERIAS DEL MUNDO





COLABORADORA DEL BLOG



   I. Sólo engaño hay en el mundo. No se encuentra fidelidad entre los amigos, ni caridad entre los parientes; por todas partes reina el disimulo; todos disimulan sus sentimientos, ocultan sus proyectos, buscan sus intereses y sus placeres. ¿En quién se podrá uno confiar? ¿De quién no se habrá de desconfiar? Sin embargo, ¡oh Dios mío! ¡Nos fiamos en el mundo que tan a menudo nos ha engañado y no en Vos, que siempre habéis sido fiel a vuestras promesas!

   II. No hay paz en el mundo; por todas partes reinan la división y la turbación: los hombres guerrean unos contra otros y se rebelan contra Dios con sus pecados; ¡concedednos esa paz que dais a vuestros servidores y que el mundo no puede darnos! Imita a los santos, que viven sin turbación en medio del mundo, porque no están animados por el espíritu del mundo, sino por el de Jesucristo.

   III. No existen en el mundo verdaderos bienes. Sus favores son emboscadas que nos tiende para perdernos. Sus bienes no son sino aparentes. Sus placeres siempre están mezclados de hiel y de amargura: nunca han contentado ni a uno solo de sus partidarios; cuanto más se tiene, más miserable se es. Renunciemos a un mundo poco fiel y siempre sospechoso: los pequeños son en él presa de oprobios, y los grandes de la envidia (San Euquerio).


El desprecio del mundo.

Orad por los jefes de Estado.