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jueves, 26 de febrero de 2026

EL JUDÍO Y EL PROTESTANTE SOBRE EL AYUNO – Por El Presbítero. D. Santiago Ojea y Márquez “Ley de Amor y Decálogo” Vol. II. Año 1898.


 

   Juntos en mesa redonda hallábanse en una casa de huéspedes varios comensales, y entre ellos se distinguían por su arrogancia un judío y un protestante, ambos jóvenes, de fácil palabra y de no pequeño descaro. Era tiempo de Cuaresma y la conversación recayó sobre el ayuno que impone la Iglesia Católica.

 

   —Señores—dijo el rabino,—yo cuando ayuno lo hago por gusto, por mostrar a las gentes que aún existen almas penitentes en el mundo, pues es lo cierto que el Señor nunca nos ha mandado por ninguna ley positiva que ayunemos.

 

   —Ciertamente—añadió el protestante,—Dios no exige a ninguna criatura racional que extenúe su cuerpo y que se atormente con el hambre. El ayuno es una práctica supersticiosa fundada en una idea falsa de la Divinidad, pues muchos se imaginan que Dios se complace en vernos padecer. Además, yo soy médico y afirmo que la privación de alimentos perjudica a la salud, disminuyendo nuestras fuerzas y haciéndonos incapaces para desempeñar las obligaciones que requieren vigor.

 

   —Falso, señor doctor—contestó un católico grave que se hallaba presente,—Dios no exige ni manda al hombre que ayune imprudentemente, con grave perjuicio de su salud, dando luego que hacer a los médicos como usted, sino que busca en todo la moderación de los alimentos del cuerpo, para bien de éste y del alma, y en verdad que los ayunos mitigados de ¡hoy no son para matar a nadie; tal es la indulgencia de la Iglesia, que llega casi al último extremo. Claramente lo expresó el grande San Gregorio en sus Morales (Homilía 30), diciendo: «Por la abstinencia han de ser extinguidos los vicios de la carne, pero no la carne. Es preciso que el hombre ejercite el arte del ayuno de tal suerte que aniquile los vicios del cuerpo, pero no el cuerpo mismo; pues muchas veces, mientras con la abstinencia perseguimos al enemigo, que es el vicio, quitamos la vida al ciudadano, a quien amamos, y en otras ocasiones, condescendiendo con los apetitos del ciudadano le damos fuerza para que pelee contra nosotros».

 

   —Usted, señor doctor, que habrá estudiado la historia de la filosofía, debe saber que los antiguos filósofos, cuáles fueron los sectarios de Pitágoras, de Platón, de Cenón y aun muchos epicúreos, han alabado y practicado la abstinencia y el ayuno, no por otra causa sino porque sabían por experiencia que el ayuno es un medio para domar y debilitar las pasiones rebeldes, y que los sufrimientos del cuerpo sirven para ejercitar la virtud o la fuerza del alma. A Sócrates le preguntaron en qué se diferenciaba él de otros hombres, y respondió: En que ellos viven para comer y yo como para vivir. ¿A quién se adhiere usted, señor doctor, á Sócrates o a Epicuro?

 

   No se funda el ayuno, amigo mío, en una falsa idea de la Divinidad, como usted atrevidamente ha dicho, pues así como a un médico no se le acusa de crueldad porque mande al enfermo dieta y otros remedios mortificativos, así tampoco Dios es cruel cuando manda a los pecadores mortificarse humillarse, padecer y ayunar.

 

   Para saber si el ayuno es perjudicial a la salud o nos deja incapaces para desempeñar nuestras obligaciones, basta ver si hay menos ancianos en la Trapa que entre los voluptuosos del siglo.

 

   Usted, como doctor en Medicina, podrá decirme: ¿quién llama más a los médicos, los que ayunan o los intemperantes? Oiga usted lo que ocurrió en París: «Un acreditado médico preguntó al P. Bourdaloue cuál era su régimen de vida, y como el religioso le contestara que sólo hacía una comida al día, replicó el médico: —Guardad secreto, señor, porque si se imitara vuestro ejemplo, quedaríamos sin clientela todos los médicos» (Blanchard.)

 

   Así se expresó aquel buen católico delante de gran concurrencia, y ni el judío ni el protestante supieron qué responder.

 

   Verdaderamente sus razones no tienen réplica, y para nosotros los cristianos, guiados por la fe, bástanos abrir las divinas Escrituras, en las cuales leemos éstas y otras análogas frases: Buena es la oración con ayuno, y mejor es la limosna que esconder los tesoros (Tob., XII, 8.) Convertíos a mí—dice el Señor—con ayuno, y con llanto, y con gemidos —(Joél., II, 12.) Y Cristo nuestro bien, exclamó: Este género de demonios no se lanza sino con la oración y el ayuno... Cuando ayunéis, no mostréis el rostro triste como los hipócritas... (Math., XVII, 20 y VI, 17.)

   Luego el ayuno es esencialmente bueno; siempre es un acto de virtud—dijo San León, —y con altísima sabiduría le prescribe la Iglesia en sus preceptos, diciendo: El cuarto, ayunar en los tiempos debidos. Ahora bien: ¿cuáles son estos tiempos, y a quiénes y cómo obliga el precepto del ayuno? Cuatro son los tiempos en que la Iglesia le preceptúa, a saber: En la Cuaresma, en las cuatro témporas, en las vigilias y en algunos días del Adviento.

jueves, 22 de febrero de 2018

AYUNO Y ABSTINENCIA – Por Cornelio Á Lápide (III parte) y final de esta publicación.




EL BUEN SAMARITANO.


   COMENTARIO DEL BLOG: Creo que lo que está escrito en esta publicación pocos lo saben, y si lo saben, no en el sentido que estos Santos les dan al ayuno acompañado de las buenas obras y mortificación de las pasiones. Ayunar solamente no basta para agradar a Dios, si no se hace lo que se explica en la segunda parte de esta publicación. El que no lo lee corre el riesgo de ayunar mal. De más está decir que este comentario no va dirigido a los que saben. Yo no lo sabía. Ahora puedo decir que entiendo el verdadero sentido del ayuno. Dios nos conceda la gracia de practicarlo.


Falsos pretextos que se alegan para no ayunar.


   Alegamos mil razones falsas para librarnos de la ley del ayuno: la edad, la debilidad de estómago, las ocupaciones, la rigidez de la ley etc.

   Los pecadores no pueden ayunar, es decir, no tienen fuerza para salvarse, y la tienen para condenarse; pero es más costoso ir al infierno que ir al cielo El mundo tiene tormentos, sacrificios, privaciones, exigencias, Ordenes mil veces más penosas qne el Evangelio...

   ¿Y no ha de haber ninguna energía para el bien, habiendo tanta fuerza para el mal?... ¡Los que se creen demasiado débiles para ayunar y hacer abstinencia, saben perfectamente imponerse privaciones cuando se trata aunque no sea más que de ganar una corta cantidad de dinero; y cuando se les asegura que obtendrán la gracia, el cielo y la gloria eterna con algunos días de ayuno, son demasiado débiles!...

   ¡Ah! no es la debilidad del temperamento la verdadera causa de la violación de una ley tan santa y tan ventajosa; las verdaderas, causas de este desorden, son la perdida de la fe, la indiferencia, la gula y la impiedad.

   ¿Creéis que vuestra salud sea débil?; pero ¿no tenéis la culpa de  haber perdido vuestra salud? ¿No la destruís con la avaricia, la lujuria, la vanidad, la gula, la embriaguez, la cólera, los juegos y otros excesos?

   Muchas veces la salud sólo está alterada por el desorden de las pasiones ¡Oh! ¡Cuántos hay que abusan de esta, salud, don tan precioso de Dios!...

Hay varias especies de ayuno.

   Hay el ayuno de la voluntad. Hemos ayunado, dicen algunos, y ¿por qué no ha tenido Dios en cuenta nuestros ayunos? Porque dice Isaías, seguís vuestros caprichos y voluntades en los días de ayuno: (LVIII.  3) ¿Acaso el  ayuno que yo estimo, dice el Señor por medio de; Isaías, no es más bien el que tú deshagas los injustos contratos,  que canceles las obligaciones usurarias que oprimen, que dejes en  libertad a los que han quebrado, y quites todo gravamen? (LVIII. 6 ). ¡Qué partas tu pan con el hambriento, y que a los pobres y a los que no tienen hogar los acojas en tu casa, y vistas al que veas desnudo, y no desprecies tu propia carne, o a tu prójimo! (LVIII.7). Sí esto haces, amanecerá tu luz, como la aurora, y llegará presto tu curación; y delante de ti, irá siempre tu justicia, y la gloría del Señor te acogerá en su seno. (LVIII. 8.) Entonces invocarás al Señor, y él te oirá benigno: Clamarás, y él te dirá: Aquí estoy. (LVIII. 9).

   Notad aquí que el Señor enseña y explica cuál debe ser el ayuno de los cristianos durante la cuaresma y los demás días de ayuno. Es preciso: 1°. Que el alma se abstenga de los vicios, así como el cuerpo se abstiene del alimento, dice San Jerónimo: Porque el objeto del ayuno es humillar el cuerpo y sujetarlo al alma, sujetar el alma a la razón, la razón a la virtud y al espíritu, y el espirita a Dios;  y sí no os encamináis a este fin, en vano emplearéis el remedio de los ayunos, de la misma manera que el enfermo toma inútilmente el remedio, si no se abstiene de lo que puedo dañarle, dice San Crisóstomo: (In Gen. I, homil. VIII).

jueves, 15 de febrero de 2018

AYUNO Y ABSTINENCIA – Por Cornelio Á Lápide (II parte)




   COMENTARIO DEL BLOG: Esta parte de Cornelio Á Lápide constituye todo una joya sobre el ayuno, jamás, y lo digo en sentido literal, leí algo tan bello y profundo sobre el ayuno como lo constituye este fragmento. 



Excelencia del ayuno, sus admirables efectos y sus ventajas.


   El ayuno, dice San León, engendra los pensamientos castos, las voluntades razonables y rectas, y los más saludables consejos: con esta aflicción voluntaria, la carne muere para, las concupiscencias, y el espíritu se renueva con las virtudes.

   Oíd a San Ambrosio: ¿Qué es el ayuno, dice, sino la imagen del cielo y el precio con que puede adquirirse? El ayuno es el alimento del alma, el alimento del espíritu. El ayuno es la vida de los ángeles; el ayuno es la muerte del pecado, la destrucción de los crímenes, el remedio de la salvación, el manantial de la gracia, el fundamento le la castidad. Por medio del ayuno se llega pronto a Dios.

   El ayuno, dice San Efrén, es el carro que conduce al cielo. El ayuno suscita profetas, y enseña sabiduría a los legisladores. El ayuno es el guarda perfecto del alma, cohabita con el cuerpo sin dañarle.


   El ayuno es un alma a toda prueba para los soldados valientes y los intrépidos atletas. El ayuno resiste a las tentaciones; da unción a la piedad. El ayuno apaga la violencia del fuego, cierra las fauces de los leones, y encamina las oraciones al cielo. La abstinencia es madre de la santidad, disciplina de la juventud y adorno de la vejez.  No sólo es el ayuno una virtud perfecta, sino el cimiento de las demás virtudes; es la santificación, la pureza, la prudencia, virtudes sin las cuales nadie puede ver a Dios.

   El hambre, dice San Ambrosio, es amiga de la virginidad, y enemiga de la lujuria; pero los excesos en la mesa ahogan la castidad y alimentan las pasiones: (Serm, de Quadrag.)

   Asi como el soldado no es nada sin armas, dice San Crisóstomo, y las armas no son tampoco nada sin el soldado, de la misma manera la oración no es nada sin el ayuno, ni el ayuno sin la oración. (In Matth., c. VI).

miércoles, 14 de febrero de 2018

AYUNO Y ABSTINENCIA – Por Cornelio Á Lápide (I parte)






Necesidad del ayuno y la abstinencia.

   Ya en la antigua ley, ya en la nueva, Dios ordena el ayuno... La Iglesia hace de él un precepto Quitad la leña del fuego, si queréis que mengüe la llama, dice un poeta.

   Más, la concupiscencia es un fuego devorador: es pues preciso hacer ayunar la carne...

   Vale mucho mejor para vosotros, dice San Jerónimo, que padezca más bien vuestro estómago que vuestra alma; vale mucho más mandar a la carne, que obedecerle, vacilar con pié incierto y débil que caer en impurezas. Es con el rigor de los ayunos y de las vigilias: que pueden rechazarse los dardos envenenados del demonio: muerto está el que vive en medio de las delicias.

   El mismo Platón prohibía comer carne dos veces al día, y saciarse. (Lib. De legib).

   Necesidad del ayuno y de la abstinencia para evitar el pecado…

   Necesidad del ayuno y de la abstinencia para expiar los pecados cometidos

   Necesidad del ayuno y de la abstinencia para vencer y rechazar al demonio.

   ¿En qué consiste que no hemos podido arrojar a este demonio? decían los discípulos a Jesucristo. Él les respondió: Estos demonios: no pueden ser arrojados sino por medio de la oración y del ayuno. (Marco IX. 27-28)

   Es imposible ser casto si uno no se mortifica…  El ayuno es obligatorio.


Ejemplos de ayuno y abstinencia.