REZANDO EL ROSARIO EN
LA TRINCHERA.
Relata un Sargento de religión católica, que
había tomado parte en la primera guerra mundial:
—
Empiezo mi Rosario a media voz.
Un soldado, que está a mi derecha, me pregunta:
— ¿Qué está haciendo, sargento?
— Estoy rezando amigo.
Y mi compañero, a la izquierda, un profesor
ateo dice:
— Rece más fuerte aprovecharemos todos.
Y todos los hombres de la trinchera aceptan
diciendo:
— Sí, sí, aprovecharemos.
— Empiezo: «Por la señal de la Santa Cruz...
y todos se signan, y rezo el Padre nuestro al cual todos contestan, y así sigo
con el Avemaria… La voz de “los cañones acompañaban con singular fuerza nuestra
oración. Las voces de aquellas almas revelaban sobrenatural emoción.
Uno de
los soldados me pregunto:
— Habrá que seguir rezando después de la
guerra también.
Recordé las palabras de Job: “la vida del
hombre sobre la tierra es una milicia”
Por lo que respondí:
— Soldado y amigo, la oración y la confianza
en Dios nos mantienen valientes en las terribles fatigas y pruebas de esta
vida. Piense en el Rosario cómo en su fusil, y en la Virgen maría cómo en la
trinchera donde ahora se refugia. Y verá que aún entre el estruendo de los
cañones, si en Dios confía, podrá dormir en paz, sin preocupación.

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