jueves, 22 de abril de 2021

La mala confesión – Por San Antonio María Claret. (Ejemplos): Una lectura terrible, pero cierta (Primera parte).


 



   Hasta ahora te he propuesto, amado cristiano, el camino que debes seguir y el modo de poderte levantar, si por desgracia cayeres, que es el sacramento de la Penitencia. Exige, sin embargo, este Sacramento mucha disposición para acercarse a él debidamente, porque, de otra suerte, en lugar de levantarte te hundirás más en la iniquidad, añadiendo a tus pecados el peso enorme del sacrilegio; y si así, mal confesado, te acercases a la Sagrada Mesa, ¡ay de ti!, ¡qué otra nueva maldad cometerías! Te harías reo del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, y te tragarías, como dice San Pablo, la condenación. A fin, pues, de apartarte de tan enorme delito, voy a referirte algunos ejemplos de varios estados, copiados de San Alfonso María de Ligorio en su libro titulado Instrucción al pueblo.

 


   1°) Ejemplo: de un hombre que hacía malas confesiones, y después, cuando quiso confesarse debidamente, no pudo; porque bien lo expresa el mismo Dios cuando dice: Me buscaréis y no me hallaréis y moriréis en vuestro pecado. Dice San Alfonso María de Ligorio que en los anales de los Padres Capuchinos se refiere de uno que era tenido por persona de virtud, pero se confesaba mal. Habiendo enfermado de gravedad, fue advertido para confesarse, e hizo llamar a cierto Padre, al cual dijo desde luego: – Padre mío: Decid que me he confesado, mas yo no quiero confesarme. – ¿Y por qué?, replicó admirado el Padre. – Porque estoy condenado – respondió el enfermo –, pues no habiéndome nunca confesado enteramente de mis pecados, Dios, en castigó, me priva ahora de poderme confesar bien. Dicho esto comenzó a dar terribles aullidos y a despedazarse la lengua, diciendo:¡Maldita lengua, que no quisiste confesar los pecados cuando podías! Y así, haciéndose pedazos la lengua y aullando horriblemente, entregó el alma al demonio, y su cadáver quedó negro como un carbón y se oyó un rumor espantoso, acompañado de un hedor intolerable.

 


   2°) Ejemplo: de una doncella, que murió también impenitente y desesperada. – Cuenta el Padre Martín del Río que en la provincia del Perú había una joven india llamada Catalina, la cual servía a una buena señora que la redujo a ser bautizada y a frecuentar los Sacramentos. Confesábase a menudo, pero callaba pecados. Llegado el trance de la muerte se confesó nueve veces, pero siempre sacrílegamente, y acabadas las confesiones, decía a sus compañeras que callaba pecados; éstas lo dijeron a la señora, la cual sabía ya por su misma criada moribunda que estos pecados eran algunas impurezas. El confesor, el cual volvió para exhortar a la enferma a que se confesase de todo; pero Catalina se obstinó en no querer decir aquellas sus culpas al confesor, y llegó a tal grado de desesperación, que dijo por último: – Padre, dejadme, no os canséis más porque perderéis el tiempo y volviéndose de espaldas al confesor se puso a cantar canciones profanas. Estando para expirar y exhortándola sus compañeras a que tomase el Crucifijo, respondió: – ¡Qué Crucifijo, ni Crucifijo! No le conozco ni le quiero conocer. Y así murió. Desde aquella noche empezaron a sentirse tales ruidos y fetidez, que la señora se vio obligada a mudar de casa, y después se apareció Catalina, ya condenada, a una compañera suya, diciendo que estaba en los infiernos por sus malas confesiones.

UNA CONVERSIÓN RELATADA – POR SAN ANTONIO MARÍA CLARET

 



   


Una tarde pasaba por la calle de una de las ciudades más grandes de España. Se me acercó un Niño a besarme la mano, y me pidió una estampa y se la di. Al día siguiente fui muy temprano a celebrar Misa en la Iglesia que acostumbraba y ponerme luego en el confesionario, porque siempre tenía mucha gente que me esperaba. Al concluir la misa me hinqué en el presbiterio para dar gracias. Al cabo de un rato se me acercó un hombre alto, gordo, con largos bigotes y poblada barba, con la capa que tenía tan ajustada en las manos, que no se le veía más que la nariz y la frente; los ojos tenía cerrados y lo demás de la cara estaba cubierto del pelo de las patillas, bigotes y barba, y además con el cuello de la capa, que también era peludo y alto; y con una voz trémula y ronca me dice si le haré el favor de oírle en confesión. Le contesté que sí, que entrase en la sacristía, que luego iba en acabando de dar gracias. Si bien en el confesionario ya había otros hombres y mujeres que esperaban para lo mismo, pero creí que a éste le debía oír separadamente de los demás, porque su aspecto me reveló que así convenía, y en efecto fue así. Entré en la sacristía, en que no había nadie sino aquel Señor, y aun le conduje a un lugar más retirado.

 

Yo me senté, él se hincó y empieza a llorar tan sin consuelo, que no sabía qué más decirle para acallarle. Le hice varias preguntas para saber la causa, y finalmente, entre lágrimas, suspiros y sollozos, me contestó: Padre, Ud. ayer tarde pasó por mi calle, y, al pasar frente a la puerta de la casa en que yo estoy, salió un Niño a besarle la mano, le pidió una estampa y Ud. se la dio. El Niño vino muy contento, y, después de haberla tenido un rato, la dejó encima de la mesa y se fue a la calle con otros niños a jugar. Yo quedé solo en casa, y, picado de la curiosidad y pasar el tiempo, cogí la estampa y la leí; pero ¡hay Padre mío!, yo no puedo explicar lo que sentí en aquel momento; cada palabra era para mí un dardo que se clavaba en mi corazón; resolví confesarme y pensé: ya que Dios se había valido de él para hacerte entrar en verdadero conocimiento, con él irás a confesarte. Toda la noche la he pasado llorando y examinando mi conciencia, y ahora me tiene aquí para confesarme, Padre. Soy un grande pecador; tengo cincuenta años, y desde niño que no me he confesado y he sido comandante de gente muy mala. Padre, ¿habrá perdón para mí? –Sí, señor, sí; ánimo, confianza en la bondad y misericordia de Dios. El buen Dios le ha llamado para salvarle, y Ud. ha hecho muy bien en no endurecer su corazón y en poner luego por obra la resolución de hacer una buena confesión. – Se confesó, le absolví y quedó muy contento y tan alegre, que no acertaba a expresarse.



 

 



lunes, 19 de abril de 2021

VIDA DE “SAN ANTONIO DE PADUA” PARA DESCARGAR EN PDF – AÑO 1952


 



La digitalización de este libro lo comencé en marzo, pero los altibajos en mi salud y los problemas que me dio la misma obra, pues no es un libro fácil de digitalizar dado el deterioro del mismo, me llevo a que con ayuda de mi hija Fátima lo terminara hoy 19 de abril. Esta obra ya no se reedita más, sólo se la consigue en librerías de  “segunda mano”, y fue impresa por la extinta “Pía Sociedad de San Pablo” que público excelentes libros. Perdonen si ven alguna imperfección. El libro es una joya de fácil lectura, y muy piadoso. Todo sea A.M.D.G. Salvación de las almas y honor de  “San Antonio de Padua.”

Este libro lo pueden descargar en “PDF” desde los servidores de “Mediafire” y de “Mega”. Con un peso de sólo “5,34 MB”. Super liviano. Espero disfruten de su lectura.   


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DESCARGAR DESDE MEDIAFIRE: AQUÍ.


domingo, 18 de abril de 2021

A EJEMPLO DE CRISTO, DEBEMOS SUFRIR SERENAMENTE LAS MISERIAS DE LA VIDA – Por Tomás de Kempis.


 



Cristo. Hijo mío, bajé del cielo para salvarte, abrazando tus miserias movido de amor, no obligado de necesidad, para enseñarte a sufrir con paciencia y sin repugnancia los males de la vida.

 

Desde el punto en que nací hasta expirar en la cruz no me faltaron dolores. Fui muy pobre en bienes de fortuna; oía con frecuencia quejas de mí; con paciencia soportaba confusiones y oprobios; recibía ingratitud por mis beneficios; blasfemias, por los milagros, y censuras, por mi doctrina.

 

El discípulo. Señor, puesto que tú fuiste tan sufrido en tu vida cumpliendo así perfectamente el mandato de tu Padre, justo es que también yo, pobrecillo pecador, sufra con paciencia conforme a tu voluntad y que por mi salvación lleve el peso de esta vida mortal hasta que tú quieras.

 

Pues, aunque se sienta el molesto peso de la vida presente, ya tu gracia la hizo muy meritoria, y tu ejemplo y el de los santos la hacen más tolerable a nuestra fragilidad y más llena de luz. Pero, además, se tienen ahora muchos más consuelos que bajo la antigua ley, cuando las puertas del cielo estaban siempre cerradas, el camino que conduce a él no se veía tan claro, y eran tan pocos los que querían ganar el reino de Dios.

sábado, 17 de abril de 2021

DEBEMOS CONFIAR A DIOS TODAS NUESTRAS INQUIETUDES – Por Tomás de Kempis.

 



Cristo. Hijo mío, déjame hacer de ti lo que quiera, pues yo sé lo que te conviene. Tú piensas como hombre, y sientes en muchas ocasiones como tu humano corazón te inclina.

 

El discípulo. Es verdad lo que dices, Señor. Tú tienes mayor solicitud de mí que todo el cuidado que yo puedo tener. Demasiado inseguro está quien no te confía todos sus cuidados.

 

Con tal que mi voluntad permanezca firme y recta en tu amor, haz conmigo lo que quieras, Señor. Porque sólo bueno puede ser lo que de mí hicieres.

 

Si quieres que esté en tinieblas, bendito seas. Y si quieres que esté en la luz, seas igualmente bendito.

 

Si te dignas consolarme, bendito seas. Y si quieres que sufra, seas también bendito eternamente.

 

Cristo. Si quieres andar conmigo, debes estar en esta disposición: tan pronto a sufrir como a gozar; tan contento en la pobreza y escasez como en la riqueza y abundancia.

 

El discípulo. Señor, sufriré con gusto por ti cuanto quieras que me venga.

 

Con igual contento quiero recibir de tu mano los bienes que los males, lo dulce que lo amargo, las alegrías que los pesares, y agradecerte igualmente cuanto me suceda.

 

Guárdame de todo pecado, y no temeré la muerte ni el infierno.

 

Ninguna tribulación que me venga podrá dañarme, con tal que no me destierres para siempre, ni me borres del libro de la vida.

 

 

“LA IMITACIÓN DE CRISTO”


sábado, 10 de abril de 2021

TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN - Por San Luis María grignion de Montfort. (Para descargarlo en PDF)


 


Con la ayuda de mi hija Fátima digitalizamos esta obra “EN HONOR DE MARÍA SANTÍSIMA” Esta obra lo compré hace varios años atrás en una librería de segunda mano, y con este libro toda mi familia se “Consagro a la Virgen María”. ¿Por qué es tan importante esta obra? Primero: porque San Luis María Grignion de Montfort nos habla bellamente de María. Segundo: Por que ella contiene los

“EJERCICIOS PREPARATORIOS PARA LA

CONSAGRACIÓN SOLEMNE”

Según el método de San Luis María

Grignion de Montfort. (Pág. 159)

 Muy buscado por personas católicas, e incluso familias enteras que quieren consagrar sus vidas a la virgen María.

Tercero: Y esto se les escapa incluso a los mejores lectores de San Luis María Grignion de Montfort. No digo todos. “LA ORACIÓN ABRASADA” que lo pueden encontrar en la (pág. 175) de este libro.

Cuarto: Lo más importante, “Nuestra Madre del Cielo” está siendo combatida como nunca en la historia. Talvez esta lectura mariana nos haga tomar conciencia de la importancia de la devoción a María en estos tiempos, y el papel que Dios le dio a María en la batalla final.

Nos llevó muchas horas y mucho sacrificio digitalizar esta obra. Nuestras máquinas son viejas, y mi hija me tuvo que ayudar, pues no veo bien y me cansa mucho, lo que antes era un juego de niños para mí, hoy es una tarea dura. “PERO TODO SEA  A.M.D.G. PARA GLORIA DE MARÍA Y SALVACIÓN DE LAS ALMAS”


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jueves, 1 de abril de 2021

EL BESO DE JUDAS. — EL ARRESTO. — Por el R. P. BERTHE. De la Congregación del Santísimo Redentor


 



   El desgraciado Judas no había perdido tiempo desde su salida del cenáculo. En una entrevista con los principales miembros del gran Consejo, hízoles saber que Jesús se dirigiría con sus apóstoles al monte de los Olivos, que pasaría la noche en un lugar solitario perfectamente conocido del traidor y que por consiguiente, sería muy fácil aprehenderle durante la noche sin excitar ningún rumor en el pueblo.

 

   Los príncipes de los sacerdotes adoptaron con júbilo el plan propuesto y formaron una cuadrilla de gente armada para ponerlo inmediatamente en ejecución. Componíase aquella de un destacamento encargado de montar la guardia del templo, de satélites o sirvientes del gran sacerdote y de una banda de gente del pueblo, provistos todos de picas y bastones, de antorchas y linternas. Algunos miembros del Sanhedrín acompañaban a la expedición nocturna para tomar las medidas reclamadas por las circunstancias.

 

   Colocado a la cabeza de la columna, Judas, le servía de guía. Gomo los soldados no conocían a Jesús, recibieron la orden de detenerse a la puerta del jardín de Getsemaní, mientras que Judas avanzaría solo hacia su Maestro y le mostraría a todos por una señal inequívoca: “Aquel a quien yo besare, les había dicho el infame, ese es. Aseguradle bien y llevadle con gran cuidado, porque muy bien podría escaparse.” Dada la señal, Judas debía reunirse con los apóstoles como si ninguna participación hubiera tomado en el nefando crimen que se iba a consumar. De esta manera, evitaba la odiosa mancha de haber hecho traición a su Maestro y los príncipes de los sacerdotes no tendrían que soportar la vergüenza de haber recurrido a un vil expediente para satisfacer su venganza. Pero todo estaba calculado sin tomar en cuenta la sabiduría y el poder de Dios.

martes, 30 de marzo de 2021

EL JARDÍN DE GETSEMANÍ. — LA GRUTA DE LA AGONÍA – Por el R. P. BERTHE. De la Congregación del Santísimo Redentor

 




El recinto en que Jesús acababa de penetrar se llamaba Getsemaní, nombre que significa lagar del aceite, porque era el lugar en donde se aprensaban las aceitunas que se cosechaban con abundancia en aquel monte de los olivos. Allí era donde Dios esperaba al nuevo Adán para exprimirle en el lagar de la eterna justicia. Al verle entrar en el jardín de Getsemaní, el Padre no miró en él más que al representante de la humanidad decaída, degradada por todos los vicios y manchada con todos los crímenes.

 

   Y Jesús, el leproso voluntario, consintió en ser sólo el hombre de dolores. Dejó eclipsarse su divinidad y que la humanidad con sus flaquezas, debilidades y desolaciones, entrase sola, en lucha con el sufrimiento. Para no someter a sus apóstoles a tan dura prueba, ordenóles que le aguardaran a la entrada del huerto: “Sentaos aquí, les dijo, mientras yo me retiro para Orar.” Tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, los mismos que habían sido testigos de su gloriosa transfiguración en el Tabor. Sólo ellos, fortificados por aquel gran recuerdo, eran capaces de asistir al espectáculo de su agonía sin olvidar que era el Hijo de Dios.

 

   Apenas estuvo solo, cuando cayó en el más completo abatimiento. Habiendo suspendido su influencia la divinidad, la humanidad del Cristo se encontró en presencia de la visión pavorosa del martirio que debía sufrir. Un profundo tedio, junto con espantoso temor y amarga tristeza, se apoderó de su espíritu, hasta el punto de hacerle lanzar este gemido de suprema angustia: “¡Mi alma está triste hasta la muerte!” Sin un milagro de lo alto, la humanidad hubiera sucumbido bajo el peso del dolor. Los tres discípulos, conmovidos y aterrados, le miraban con ternura sin atreverse a pronunciar palabra. “Quedaos aquí y velad, díjoles con trémula voz, mientras yo voy a ponerme en oración.”

lunes, 29 de marzo de 2021

UN PECADOR BUSCA CON VERDADERO ARREPENTIMIENTO A CRISTO CRUCIFICADO (Texto traducido del portugués)

 




A vos corriendo voy, brazos sagrados

en la Cruz sacrosanta descubiertos,

que para recibirme estáis abiertos

y por no castigarme estáis clavados.

 

A vos, divinos ojos eclipsados

de tanta sangre y lágrimas cubiertos,

pues para perdonarme estàis despiertos

y por no condenarme estàis cerrados.

 

A vos, clavados pies, por no dejarme,

a vos sangre vertida, para ungirme,

a vos cabeza baja, por llamarme.

 

A vos, costado herido, quiero unirme,

a vos, clavos preciosos, quiero atarme,

para quedar unido, atado y firme.

 

 

GREGORIO DE MATOS

(1633 – 1696)

 


lunes, 22 de marzo de 2021

No me mueve, mi Dios, para quererte...

 




No me mueve, mi Dios, para quererte,

El cielo que me tienes prometido,

Ni me mueve el infierno tan temido

Para dejar por eso de ofenderte.

 

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

Clavado en una cruz y escarnecido;

Muéveme el ver tu cuerpo tan herido,

Muévenme tus afrentas y tu muerte.

 

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera

Que aunque no hubiera cielo yo te amara,

Y aunque no hubiera infierno, te temiera.

 

No me tienes que dar porque te quiera,

Pues aunque lo que espero no esperara,

Lo mismo que te quiero te quisiera.

 

“San Francisco Javier”

 

A. M. D. G.


miércoles, 17 de marzo de 2021

EL TEMOR AL ESCÁNDALO NO DEBE CALLAR LA VERDAD – El ejemplo de San Antonio de Padua.

 




…El pequeño señor cruel y despótico y el Prelado vicioso nada tenían que temer de estos humildísimos siervos, los cuales eran incapaces de atreverse a levantar la voz contra el vicio, cuando éste aparecía personificado en el poderoso del mundo.

 

   El Santo intuyó en seguida este grave achaque y he aquí por qué hallamos en sus sermones las más encendidas invectivas aún contra las personas eclesiásticas y contra los oradores de su tiempo.

 

   Antonio era del temple de aquel San Juan Gualberto, que algún siglo antes no había titubeado en denunciar en la plaza pública de Florencia a su propio abad y a su propio obispo, tenidos hasta entonces en concepto de hombres de bien.

 

   A éstos, dice nuestro Santo: “El que predica la verdad da buen testimonio a Cristo, mientras que se lo niega el que la calla”. Como la verdad suele atraerse el odio, algunos, para no incurrir en este injusto odio ajeno, cierran sus labios con un riguroso silencio. Si dijeran la verdad como debieran hacerlo, si siguieran la recta razón y el mandamiento del Señor, incurrirían en el odio de aquellos que viven según las máximas falaces y las costumbres perversas del mundo, que han abandonado. Mas como tales predicadores pertenecen a la misma masa de los carnales, e imitan sus costumbres, tienen por esto miedo de escandalizar al mundo, descubriendo sus torpezas, siendo así que ni aún por este escándalo debe callarse la verdad. Cuando los discípulos refirieron a Jesús que los fariseos se habían escandalizado de sus palabras, la Verdad encarnada respondió: “– Lo que no ha sido plantado por mi Padre será exterminado y destruido. No os preocupéis, pues, de ellos, que son ciegos y guías de ciegos.” ¡Oh predicadores ciegos como lo fariseos: porque teméis, las iras de los mundanos incurrís en el mismo castigo que es la ceguedad!


   “Se dice que la vaca silvestre cuando perseguida por el cazador, está a punto de ser lazada, arroja sobre él su estiércol, dificultando de este modo la persecución y consiguiendo muchas veces evadir sus lazos y saetas.” Es lo que hacen hoy ciertos Prelados, los cuales lanzan contra el predicador el espantajo de su potencia, de su adhesión, el sobornó de las cosas temporales, con lo cual pretenden cerrar la boca al predicador y evitar su reproche. De los predicadores que se les acomodan por miedo o por avaricia está escrito en el Eclesiástico: “El perezoso será apedreado con los excrementos de los bueyes”.

NO VINE A TRAER LA PAZ – Por Alberto Moreno S. J.


 


Él no vino a traer la paz…

 

   ¿Y por qué entonces los ángeles anuncian al mundo a su llegada: “Paz a los hombres de buena voluntad”?

 

   ¿Y por qué entonces Él mismo nos dice: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”?

 

   Porque hay dos especies de paz: la paz de Dios, la paz del mundo.

 

   La paz de Dios, esa que el “mundo no puede dar” según la palabra del Maestro.

 

   La paz del mundo, que no puede jamás unirse con la paz de Dios, la única que es verdadera paz.

 

   Y Cristo vino al mundo a darnos la paz de Dios, y no a traernos la paz del mundo.

 

   Al contrario, vino a traernos la espada para luchar contra el mundo.

 

   Vino a armarnos soldados y a ponerse Él al frente como nuestro Capitán.

 

   Él fué el primero en declarar la guerra al mundo: a su soberbia, a su sensualidad, a su codicia.

 

   Y quiere que nosotros, sus soldados, le acompañemos sin descanso en esta guerra.

 

   No puedo ser cobarde: ¡con Él a la lucha!

 

   El mundo odia a Cristo, porque Cristo vino a declararle la guerra, porque no le deja gozar de su paz, paz falsa y engañosa, paz fingida e hipócrita; esa paz que el mundo pone en el goce de los placeres,  en la satisfacción de sus ansias de honor y de gloria, en la abundancia de los bienes terrenos.

domingo, 14 de marzo de 2021

Conversión de una mujer llamada María la pecadora, en la hora de la muerte (Un ejemplo de Contrición perfecta) – Por San Alfonso María de Ligorio.


 



   Se cuenta en la vida de sor Catalina de San Agustín que en el mismo lugar donde vivía esta sierva de Dios habitaba una mujer llamada María que en su juventud había sido una pecadora y aún de anciana continuaba obstinada en sus perversidades, de modo que, arrojada del pueblo, se vio obligada a vivir confinada en una cueva, donde murió abandonada de todos y sin los últimos sacramentos, por lo que la sepultaron en descampado.

 

   Sor Catalina, que solía encomendar a Dios con gran devoción las almas de los que sabía que habían muerto, después de conocer la desdichada muerte de aquella pobre anciana, ni pensó en rezar por ella, teniéndola por condenada como la tenían todos.

 

   Pasaron cuatro años, y un día se le apareció un alma en pena que le dijo:

– Sor Catalina, ¡qué desdicha la mía! Tú encomiendas a Dios las almas de los que mueren y sólo de mi alma no te has compadecido.

– ¿Quién eres tú? –le dijo la sierva de Dios.

– Yo soy –le respondió –la pobre María que murió en la cueva.

– Pero ¿te has salvado? –replicó sor Catalina.

– Sí, me he salvado por la misericordia de la Virgen María.

– Pero ¿cómo?

– Cuando me vi a las puertas de la muerte, viéndome tan llena de pecados y abandonada de todos, me volví hacia la Madre de Dios y le dije: Señora, tú eres el refugio de los abandonados; ahora yo me encuentro desamparada de todos; tú eres mi única esperanza, sólo tú me puedes ayudar, ten piedad de mí. La santa Virgen me obtuvo un acto de contrición, morí y me salvé; y ahora mi reina me ha otorgado que mis penas se abreviaran haciéndome sufrir en intensidad lo que hubiera debido purgar por muchos años; sólo necesito algunas misas para librarme del purgatorio. Te ruego las mandes celebrar que yo te prometo rezar siempre, especialmente a Dios y a María, por ti.

 

ORACIÓN A MARÍA, REINA MISERICORDIOSA

sábado, 6 de marzo de 2021

POR QUÉ DIOS QUIERE SER AMADO.

 




   Al doctor de la ley que preguntó a Jesús: “Maestro, ¿cuál es el mayor de los mandamientos?”, le dió una respuesta que no podía menos de darla, y que era una revelación para aquellos judíos obcecados, y a nosotros nos parece tan natural y fácil: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu espíritu, con todas tus fuerzas”.

 

   Hemos sido creados para amar; como nuestro entendimiento no puede estar sin pensar, así nuestro corazón no puede vivir sin amar, y este amor lo hemos de poner en Dios. Saliendo de Dios, volvemos a él, porque nos ha hecho para Sí. Dios mismo quiere ser nuestro Bien supremo, desea comunicarse y unirse a nosotros con unión eterna. Él es, pues, a la vez nuestro principio y nuestro fin. Pero nosotros debemos volver a El de buen grado, unirnos libremente con El, y esta conversión a Dios, esta unión con Dios no es otra cosa que el amor. Ya en esta vida el amor mutuo une el alma con Dios, abajándose Dios hasta morar en ella, y elevándose ella (el alma)  hasta transformarse en Dios; y en la otra vida por el amor y en el amor nos daremos a Dios y Dios se dará a nosotros. El amor realiza, pues, lo que es el fin de la Creación.

 

   ¿Hay algo más legítimo, más acertado, más justo que amar a Dios? El amor es la tendencia libre hacia lo que es bello, lo que es bueno; y Dios es la hermosura infinita, la Bondad suprema; como tal, debe ser amado antes que toda otra cosa, tiene derecho más que nadie, derecho infinito a nuestro amor. Amar, pues, a Dios es el primero de nuestros deberes. Cumplido bien este deber contiene todos los demás, porque amar a Dios es no sólo complacerse en Dios y querer el bien de Dios, o procurar su gloria, es también y por eso mismo, querer lo que quiere; y Dios quiere todo lo que es conforme, justo y bueno; luego amando a Dios, se ama y practica por eso todo lo justo, bueno y acertado.

SEÑALES MANIFIESTAS DEL ESPÍRITU DIABÓLICO.


 



…Es preciso tener en cuenta que el enemigo infernal se disfraza a veces de ángel de luz, y sugiere al principio buenas cosas para disimular por cierto tiempo sus arteras intenciones y asestar mejor la puñalada en el momento oportuno cuando el alma esté más desprevenida. Por eso hay que proceder con cautela, examinando los movimientos del alma en sus orígenes y derivaciones y no perdiendo nunca de vista que lo que empezó aparentemente bien puede acabar mal, si no se corrigen y enderezan en el acto las desviaciones que empiecen a manifestarse.

 

   La labor del director para con todas estas almas ha de consistir principalmente en tres cosas: hacerles entender que son juguete del demonio y que es menester que se armen prontamente para defenderse contra él; sugerirles que se encomienden mucho a Dios y le pidan continuamente y de corazón la gracia eficaz para vencer los asaltos del espíritu de las tinieblas, y que al sentir el asalto diabólico le rechacen rápidamente y con desprecio, haciendo actos contrarios a los que trataba de impulsarles.

 

   He aquí las señales manifiestas del espíritu diabólico:

 

ACERCA DEL ENTENDIMIENTO.

Espíritu de falsedad. A veces sugiere la mentira envuelta en otras verdades para ser más fácilmente creído.

Sugiere cosas inútiles, curiosas e impertinentes para hacer perder el tiempo en bagatelas, distrayendo y apartando de la devoción sólida y fructuosa.

Tinieblas, angustias, inquietudes; o falsa luz en la sola imaginación, sin frutos espirituales.

Espíritu protervo, obstinado, pertinaz. No da nunca el brazo a torcer. Gran señal.

Indiscreciones continuas. Excita, por ejemplo, a los excesos de penitencia para provocar la soberbia o arruinar la salud (Cuando Dios pide al alma grandes austeridades, se nota claramente ser ésa su divina voluntad por el conjunto de circunstancias. Y siempre da, a la vez, las fuerzas suficientes para llevarlas a cabo); no guarda el debido tiempo (v.gr., sugiere alegrías el Viernes Santo o tristezas el día de Navidad), ni el debido lugar (grandes arrobamientos en público, jamás en secreto), ni las circunstancias de la persona (v.gr., impulsando a los solitarios al apostolado, y a los apóstoles al retiro y soledad, etc.). Todo lo que vaya contra los deberes del propio estado viene del demonio o de la propia imaginación, jamás de Dios.

Espíritu de soberbia. Vanidad, preferencia sobre los demás, etc.

La muerte en los Santos.


 


¡Morir! sí, está bien; pero esto es propio de los grandes santos, que si apetecen morir, es sólo por ver y gozar de Dios. Como Santa Teresa de Jesús, que en medio de un éxtasis de amor divino, decía:

viernes, 5 de marzo de 2021

AMOR A LA SOLEDAD.


 



   Dios no se deja encontrar en el tumulto del mundo: así es que los santos se refugiaban en los desiertos más horrorosos, en las grutas más sombrías, para huir de los hombres y poder conversar a solas con Dios. San Hilarión anduvo errante por mucho tiempo de desierto en desierto, hasta que encontró uno en donde no había penetrado jamás humano pie, muriendo al fin en una soledad de la isla de Chipre, en la que había vivido los últimos cinco años de su vida.

 

   Cuando San Bruno fué inspirado por el Señor a retirarse del mundo, fué con sus compañeros a verse con San Hugo, Obispo de Grenoble, para que le señalase algún desierto de su diócesis. El Santo Obispo le indicó la Cartuja, lugar silvestre, más propio para servir de asilo a las fieras que de habitación a los hombres. San Bruno y sus compañeros, se fueron con júbilo a habitar allí, y se establecieron en pequeñas chozas levantadas a cierta distancia unas de otras.

 

   El  Señor le dijo un día a Santa Teresa: Yo hablaría de muy buen grado a muchas almas; pero de tal modo el ruido del mundo les llama la atención, que no oirían mi voz.

 

   Dios no nos habla en medio de los ruidos y negocios del mundo, porque teme que no le hemos de oír. Las palabras de Dios son: las inspiraciones santas, las luces y llamamientos, por las cuales ilumina a los santos abrasándolos en divino amor; pero los que no aman la soledad se verán privados de oír estas voces del Señor.

ORACIÓN AL ÁNGEL DE LA GUARDA.


 



(De San Macario, el Egipcio)

 

Ángel santo, que velas por mi pobre alma y por mi vida, no me dejes, aunque soy pecador, y no me desampares a causa de mis manchas.

 

No dejes que se me acerque el mal espíritu.

 

Y dirígeme poderoso preservando mi cuerpo mortal.

 

Toma mi mano débil y condúceme por el camino de la salvación.

 

Amén.


miércoles, 10 de febrero de 2021

Resignación a la voluntad de Dios en la “Enfermedades corporales”


 



   Nota de SMA. Toda persona enferma, sin importar el grado de la dolencia, ya leve, ya grave, debe leer este artículo.

 

   Es preciso que sepamos resignarnos, sobre todo en las enfermedades corporales, soportándolas de buen grado como y cuando plazca a Dios el enviárnoslas. No quita eso que hagamos uso de los remedios ordinarios, puesto que el Señor así lo quiere; pero, si éstos no llegan a producir efecto, unámonos a la voluntad de Dios, lo que valdrá mucho más que la salud misma. Digámosle entonces: — Señor, no deseo sanar ni permanecer enfermo; únicamente quiero lo que Vos queráis. — Indudablemente, en las enfermedades es lo más perfecto no lamentarse de los dolores que se experimentan; no obstante, cuando con su crudeza nos aflijan fuertemente, no está por esto vedado comunicarlo a nuestros amigos, ni menos pedir al Señor que nos alivie de ellos. No me refiero con esto más que a los grandes sufrimientos, puesto que se ven personas que, por el contrario, obran muy mal al lamentarse; cada vez que sienten alguna pena, el menor disgusto, quisieran que todo el mundo acudiese a demostrarles compasión, y a llorar a su lado. —Por lo demás, el mismo Jesucristo, en el momento de sufrir su dolorosa pasión, reveló a sus discípulos la aflicción extrema de su espíritu: “Mi alma siente una tristeza de muerte” (Mateo., XXVI, 38), y suplicó a su Eterno Padre que le librase de ella: Pater mí, si possibile est, transeat a me calix iste; pero ese divino Salvador nos enseñó al mismo tiempo, con su propio ejemplo, lo que debíamos hacer después de semejantes súplicas; esto es, resignarnos al momento con la voluntad de Dios, añadiendo con El: Veruntamen, non sicut ego voló, sed sicut tu: No obstante, hágase no como yo quiero, sino como quieres Tú.

 

   ¡Cuán grande es la ilusión de ciertas personas que dicen desear la salud, no para dejar de sufrir, sino para mejor servir al Señor, observar sus mandamientos, ser útiles al prójimo, ir a la iglesia, recibir la santa comunión, practicar la penitencia, estudiar, trabajar o emplearse en la salvación de las almas confesando y predicando! —Pero yo te pregunto, alma fiel, dime: ¿Por qué piensas hacer esto? ¿No es acaso para agradar a Dios? ¿Y qué buscas con esto, si sabes ya que el gusto de Dios no está en que te entregues a la oración, a las comuniones, a la penitencia, al estudio, a las predicaciones  u otras obras, sino en que soportes lleno de paciencia esta enfermedad y estos dolores que te envía? Une entonces tus sufrimientos con los de Jesucristo. —Lo que me pesa, di, es, hallándome enfermo de este modo, sentirme inútil y gravoso al prójimo y  mi familia. — Pero, resignándote  a la voluntad de Dios, debes creer que tus allegados y superiores se resignan a ella igualmente, al ver que sólo por voluntad del Señor, y no por culpa tuya, llevas una carga más a tu familia. ¡Ah! Tales deseos y lamentos no nacen tanto del amor de Dios como del amor propio, que busca siempre pretextos para alejarse de la voluntad de Dios. ¿Queremos hacernos gratos al Señor? Desde el momento que nos veamos retenidos en el lecho, digamos está sola palabra: Fiat voluntas tua, y repitámosla desde el fondo del pecho cien mil veces, siempre, ya que con esta sola palabra agradecemos más a Dios que con todas las mortificaciones y devociones posibles. No hay mejor medio de agradar a Dios que abrazar con alegría su santa voluntad. San Juan de Ávila escribió un día a un sacerdote, enfermo: “Amigo mío, no os dediquéis a imaginar lo que haríais, de encontraros bien; contentaos con estar enfermo tanto tiempo como a Dios le plazca. Si no buscáis más que la voluntad de Dios, ¿qué ha de importaros gozar buena salud o estar enfermo?”  Sin duda esto es muy bien dicho, por cuanto lo que mejor agrada a Dios no son tanto nuestras obras como nuestra resignación, y la conformidad de nuestra voluntad con la suya. Por esto decía San Francisco de Sales que mejor se sirve al buen Dios sufriendo que obrando.