…Tu es Petrus, et super hanc petram
aedificabo Ecclesiam meam; et portac inferí non praevalebunt adversus eam.
—Cuéntame una historia,
abuela.
—Allá en remotas edades
Junto al mar de Tiberíades
Habitaba un pescador.
Y era el pescador muy
pobre
Según dice la leyenda,
Y era tosca su vivienda,
Y era rada su labor.
✠✠✠
Pero aunque pobre y
astroso
Y mísero y pordiosero,
Como era un santo el
barquero
Era amigo del buen
Dios...
—Me gusta mucho esa
historia
Pero el nombre del
barquero...
—Tienes razón ¡qué
memoria!
Era su nombre Simón.
✠✠✠
Una tarde en que
afanoso
Los aparejos cosía,
Oyó una voz que decía
«Deja las redes,
Simón.»
Y dejando los avíos
En la dársena el
barquero,
Corrió obediente y
ligero
Hacia aquel quo le
llamó:
✠✠✠
—Y ¿quién le llamó,
abuelita?
—Pues... un Rey muy
poderoso;
Pero, ten paciencia,
hermoso.
Ya verás lo que pasó.
Llegó Simón, y a sus
plantas
Se postraba con fe
pura;
Y la regia vestidura
Con sus lágrimas regó.
✠✠✠
«¿Me conoces?», el Rey
dijo,
Y Simón le respondió:
«Tú eres Cristo, de
Dios Hijo,
Tú mi Padre y mi
Pastor.»
Nuevas lágrimas vertía
Al decir estas
palabras;
Pero Cristo le decía:
«¡Cuan feliz eres,
Simón!»
✠✠✠
Ni la carne, ni la
sangre.
Ni del mundo la
prudencia,
Te enseñaron esta
ciencia,
Que hoy tu labio
confesó.
Esa ciencia es flor
divina,
Y es mi padre el
jardinero:
Donde El siembra, ella
germina,
Y en tu pecho la
sembró.
✠✠✠
«¡Feliz tú, Simón
Barjona!
Desde hoy eres mi
Vicario;
Y mi cetro y mi corona
Y mi báculo y mi red,
Son ya escudo y timbre
eterno
De tu imperio
perdurable,
Y las puertas del
infierno
Nada podrán contra él.»
✠✠✠
«Tú eres piedra y roca
dura.
En la cual, como en
cimiento,
Mi palabra te asegura
Que una Iglesia
fundaré.
Y por ser tal piedra,
PEDRO
Llamen ya a Simón
Barjona:
Anda, Pedro; marcha a
Roma:
Yo A tu lado allí
estaré.»
✠✠✠
—¿Y qué hizo el pobre
barquero
De sus redes y su avío?
—Lo dejó todo, hijo
mío.
Por seguir su vocación.
Pues de Cristo el
mandamiento
Desde entonces
acatando.
Caminando, caminando
Hasta Roma caminó.
✠✠✠
—Y ¿qué hizo en Roma, abuelita?
—Anunciar la buena
nueva,
Predicar la fe bendita,
Realizar prodigios mil.
Echar al mar proceloso
Del mundo la red
divina,
Y apacentar cuidadoso
Las ovejas del redil.
✠✠✠
Ese redil, hijo mío,
Ocupa ya el mundo
entero,
Y aquel humilde
barquero
Es hoy Monarca
inmortal.
Contra el cual
enfurecido»
Los poderes del
infierno,
Con encono sempiterno
Le combaten sin cesar.
✠✠✠
—¿Qué es lo que dices,
abuela?
¿Aún vive Simón en
Roma?
—No vive Simón Barjona;
Pero PEDRO vivo está...
Si vas, niño, al
Vaticano
Y es la Fe tu
compañera,
Al besar el pie a un
anciano
«Tú eres Pedro», le
dirás.
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CAMPAZAS.
(Año
1895)