viernes, 23 de octubre de 2026

LA FE. (Poesía)

 




LA FE.

———

Yo soy amor, y del amor camino;

soy blanca nave del sagrado puerto;

por mí, postrado en el peñón desierto,

canta el asceta su triunfal destino.

✠✠✠

Soy consuelo del triste peregrino

que cruza el mundo de pesares yerto;

soy árbol santo del eterno huerto,

rosa bendita del rosal divino.

✠✠✠

Sin mí la pena se desgarra y llora;

sin mí el dolor sus amarguras vierte:

sin mí el sepulcro con furor devora.

Aspirando mi luz, el alma es fuerte;

la pena se hace amor, la noche, aurora;

la tumba, claridad; faro, la muerte.

———

BERNARDO – Año 1895

¡SEA LO QUE DIOS QUIERA! — Pensamientos para el mes de Octubre.

 

 



 

   Nada nos acontece sin el permiso divino. Solo lo que Dios quiere, y nada más. Y esto debería llenarnos de consuelo, porque Dios solo quiere nuestro bien.

 

   Por lo tanto, debemos aceptar la salud y la enfermedad con la misma indiferencia, porque, así, como todo lo demás, nos vienen de la Misericordia Eterna.

 

   ¿Qué pueden temer las almas cuando están completamente abandonadas en las manos de Dios? Quien vive abandonado y enteramente sumiso a los decretos de la Divina Providencia alcanza la cima de la perfección.

 

   Si nos entregamos a esta adorable Providencia, acogeremos con la misma indiferencia la humillación o la gloria, la sequedad o la aridez, la privación o la plena unción de los consuelos divinos, la vida o la muerte.

 

   En todo y para todo, siempre diremos: “¡SEA LO QUE DIOS QUIERA!”.

 

   Es una aspiración similar a ese “HÁGASE TU VOLUNTAD” del Padrenuestro y del Huerto de los Olivos. No nos preocupemos por el futuro, por lo bueno o malo que nos pueda suceder, por la idea de si la gloria o la humillación, la pobreza o la riqueza, la salud o la enfermedad serán nuestras futuras compañeras. “¡SEA LO QUE DIOS QUIERA!”.

 

   ¡El futuro es de Dios! En cuanto al presente, ¿por qué preocuparse constantemente por las nimiedades que consumen nuestros días? “¡SEA LO QUE DIOS QUIERA!”.

 

   El santo abandono de un alma en los brazos de la Divina Providencia la inunda de paz y la hace invulnerable. Por lo tanto… ¡Seamos en todo lo que Dios quiere!

 

Pensamientos para cada día del año. Tomado del “Breviario de la Confianza” Monseñor Brandão, Ascânio. Año 1936.

MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE DE LOS BUENOS Y LA DE LOS MALOS.

 



   ¡Insensato! esta misma noche se te ha de exigir tu alma ¿de quién será cuanto has acumulado? (Lucas, 12, 20).

 

   I. Todos los hombres deben temer la muerte, porque es seguida de un juicio terrible y nadie sabe si es digno de amor o de odio. San Hilarión, el abad Agatón y muchos otros grandes santos han temblado en la hora de la muerte: ¿eres tú más santo que estos ilustres penitentes?

   Ten presente que no pueden adoptarse bastantes precauciones en un asunto que no se ventila sino una sola vez, que no se puede reparar y donde se juega una eternidad de dicha o de infelicidad.

 

   II. Pecadores, pensad en la muerte y despreciaréis los bienes del mundo y trabajaréis por la salvación de vuestra alma. Avaro, morirás; ¿a quién pasarán tus tesoros? Voluptuoso, ¿qué te quedará de tus placeres? Orgulloso, ¿de qué te servirán tus honores? ¿Qué desearás, qué temerás, qué te afligirá en la hora de la muerte? Piensa ahora en ello.

   ¡Oh muerte, cuán amargo es tu pensamiento para el hombre que vive en paz en medio de sus bienes! (Eclesiastés).

 

   III. Justos o pecadores, quienquiera seáis, iréis a la casa de vuestra eternidad, descenderéis a la tumba; vuestros amigos, vuestros bienes, vuestros placeres, vuestros honores os abandonarán, nada os quedará fuera de un lúgubre sepulcro. Iréis, no sabéis ni cuándo ni cómo. Iréis, pero de allí no volveréis; es la casa de la eternidad, donde se está para siempre.

   Ya no quiero en adelante pensar sino en morir bien; es la verdadera filosofía del cristiano. El hombre irá a la casa de su eternidad (Eclesiastés).

 

Pensad en la muerte.

Orad por los agonizantes

 

   ORACIÓN: Haced, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Severino, vuestro confesor pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.

 

“SANTORAL DE GROSEZ. S. J.”

jueves, 22 de octubre de 2026

AMOR A LA SOLEDAD — Por San Alfonso María de Ligorio.

 


 


   Dios no se deja encontrar en el tumulto del mundo: así es que los santos se refugiaban en los desiertos más horrorosos, en las grutas más sombrías, para huir de los hombres y poder conversar a solas con Dios. San Hilarión anduvo errante por mucho tiempo de desierto en desierto, hasta que encontró uno en donde no había penetrado jamás humano alguno, muriendo al fin en una soledad de la isla de Chipre, en la que había vivido los últimos cinco años de su vida.

 

   Cuando San Bruno fué inspirado por el Señor a retirarse del mundo, fué con sus compañeros a verse con San Hugo, Obispo de Grenoble, para que le señalase algún desierto de su diócesis. El Santo Obispo le indicó la Cartuja, lugar silvestre, más propio para servir de asilo a las fieras que de habitación a los hombres. San Bruno y sus compañeros, se fueron con júbilo a habitar allí, y se establecieron en pequeñas chozas levantadas a cierta distancia unas de otras.

 

   El  Señor le dijo un día a Santa Teresa: — Yo hablaría de muy buen grado a muchas almas; pero de tal modo el ruido del mundo les llama la atención, que no oirían mi voz.

 

   Dios no nos habla en medio de los ruidos y negocios del mundo, porque teme que no le hemos de oír. Las palabras de Dios son: las inspiraciones santas, las luces y llamamientos, por las cuales ilumina a los santos abrasándolos en divino amor; pero los que no aman la soledad se verán privados de oír estas voces del Señor.

 

   Él se expresa así respecto del alma: — La llevare al desierto y le hablare al corazón. Cuando Dios quiere elevar un alma a un alto grado de perfección, le inspira el deseo de retirarse a un lugar solitario, lejos del comercio de los hombres: allí es donde le habla, no a los oídos corporales, sino a los del alma. Así es como la ilumina y la inflama en su divino amor.

 

   San Bernardo decía, que habría aprendido a amar a Dios mejor en los bosques, a la sombra de las encinas y de las hayas, que entre los libros y entre los siervos de Dios. San Jerónimo dejó las delicias de Roma para encerrarse en la gruta de Belén. Allí exclamaba: ¡Oh soledad, en donde Dios halla y conversa familiarmente con los suyos! En la soledad habla el Señor con familiaridad con las almas a quien ama. Les deja oír sus palabras que hacen derretir sus corazones de amor, como dice la santa esposa: Mi alma se derritió luego que habló mi amado.

 

   Sabemos por experiencia que frecuentar el mundo, y ocuparse en adquirir bienes temporales es lo que nos hace olvidar a Dios; pero en el instante de la muerte, de todas las penas y de todo el tiempo que nos habrán costado los bienes de la tierra, no nos quedará otra cosa más que remordimientos y pesares. No nos quedará entonces de provechoso más que lo que habremos hecho y sufrido por el Señor. ¿Por qué, pues, no nos desprendemos del mundo, antes que venga a desprendernos de él la muerte?

 

   — Se sentará solitario y callará, dice el Profeta, porque lo llevó sobre sí. El solitario no se siente ya agitado por los cuidados de la vida: se sienta en reposo, y guarda el silencio; no pide placeres sensuales, porque elevado sobre sí mismo y sobre todas las cosas creadas, encontrará en el Señor todo su gozo y todo su contento.

 

   — ¿Quién me dará alas como de paloma, volaré y descansaré? David deseaba tener las alas de la paloma para abandonar la tierra, y así ni siquiera tocarla con los pies, y dar descanso a su alma. Pero mientras estamos en esta vida no nos es permitido abandonar la tierra. Procuremos pues, amar el retiro cuanto se pueda, y vayamos allá a conversar con Dios, a fin de alcanzar las fuerzas necesarias para remediar los defectos que causa el trato del mundo. Así lo hacía David en medio de los cuidados de su reinado: He aquí que me aleje huyendo, e hice  mansión en la soledad.

 

   ¡Por qué no he pensado siempre en vos, oh Dios de mi alma! ¡Por qué no he despreciado todos los bienes terrenos!

 

   Yo maldigo el día en que solícito por las satisfacciones mundanas, he ofendido a vuestra divina bondad. ¡Por qué no os he amado siempre! ¡Oh! ¡Por qué no he muerto antes que haberos ofendido! ¡Desdichado! ¡La hora de mi muerte no está lejos, y me encontrará todavía apegado al mundo! ¡No, Jesús mío! Hoy resuelvo dejarlo todo para ser todo vuestro. Vos sois todo poderoso, prestadme fuerzas para seros fiel.

 

   ¡Madre de Dios, rogad por mí!

 

“MEDITACIONES”

LA MEJOR DE LAS ORACIONES – Pensamientos para el mes de Octubre.

 

 



 

   La mejor oración es el “Pater Noster”, y dentro del Padre Nuestro, la mejor oración es: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo ». En este concepto reside el secreto de la santidad.

 

   No basta decir: ¡Señor! ¡Señor!  Es necesario añadir: Hágase tu voluntad. No son los que dicen: “¡Señor! ¡Señor!” —Dice el Evangelio— quienes entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que hacen la voluntad del Padre Eterno.

 

   Mil coronas y devociones originales no importan mucho si no sabemos conformar nuestra voluntad a la de Dios. Lo he dicho antes y lo diré otra vez: “Hacer lo que Dios quiere, y querer lo que Dios hace, es la mejor oración” Y esta es la suma total de toda la vida cristiana. La oración de conformidad es la más perfecta y agradable a Nuestro Señor.

 

   ¿Por qué nos agobiamos a menudo con tantas devociones, incluso en detrimento de los deberes de estado más importantes, y las observamos todas con tanta escrupulosidad, si olvidamos y despreciamos lo esencial, que es el deber, quizás monótono, y no aceptamos sin rebeldía los sufrimientos y las cruces que Dios Nuestro Señor nos envía?

 

   Digamos, sí, el Padrenuestro, todos los días y con fervor. No olvidemos, sin embargo, que si el Padrenuestro es la mejor de las oraciones, es precisamente porque en esta parte de la oración   — «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» — se resume toda la vida cristiana.

 

Pensamientos para cada día del año. Tomado del “Breviario de la Confianza” Monseñor Brandão, Ascânio. Año 1936.

miércoles, 21 de octubre de 2026

¿Qué principales enemigos hallamos en el combate? — Por San Maximiliano Kolbe.

 



   En todo el mundo se combate contra la Iglesia y contra la salvación de las almas.  

 

   El enemigo se presenta bajo múltiples formas y diferentes nombres.   No es ninguna novedad que el socialismo aprovecha la miseria de los trabajadores para inocularles el veneno de la incredulidad. Los bolcheviques pisotean a la Religión delante de nosotros. Oímos las enseñanzas de los materialistas que reducen el universo a aquello que se capta por los sentidos y de este modo se persuaden que Dios y las almas inmortales no existen. La teosofía difunde la indiferencia religiosa; los Testigos de Jehová y otros protestantes reclutan cada vez más adeptos a fuerza de buenas sumas de dinero. Todos estos campos de acción se unen en un mismo frente contra la Iglesia (Revista Caballero de la Inmaculada 1923).

 

   Detrás de este frente se encuentra, sin embargo, el principal ejército del enemigo: el principal, el más fuerte y el peor enemigo de la Iglesia: la masonería

 

Manuscrito: Los enemigos actuales de la Iglesia. Maximiliano Kolbe.

CÓMO INVOCAR Y BENDECIR A DIOS EN LA AFLICCIÓN — Por Tomás de Kempis.

 



 

   EL ALMA: Bendito sea por siempre tu nombre, Señor, que quisiste ponerme a prueba con este dolor y esta tentación. Como no puedo evitarlo, ¿qué puedo hacer sino refugiarme en ti, para que me ayudes y me lo hagas útil? Señor, aquí estoy en tribulación; mi corazón enfermo está atormentado por la pasión que lo oprime.

 

   ¿Y ahora qué diré? ¡Oh Padre lleno de ternura! Las ansiedades me rodean. Líbrame de esta hora. Pero ha llegado esta hora para que muestres tu gloria, librándome después de haberme humillado profundamente.

 

   Dígnate, Señor, ayudarme; pues, pobre criatura que soy, ¿Qué puedo hacer y adónde iría sin ti? Señor, dame de nuevo paciencia esta vez. Sostenme, Dios mío, y no temeré, por muy dura que sea esta prueba.

 

   ¿Y ahora qué más digo? Señor, hágase tu voluntad. Merecía sentir el peso de la tribulación. Por eso debo soportarlo: Dame paciencia, Dios mío, hasta que pase la tormenta y vuelva la calma.

 

   Tu mano todopoderosa puede alejar de mí esta tentación y moderar su violencia, para que no sucumba del todo, como ya lo has hecho tantas veces por mí, ¡oh Dios mío, misericordia mía! Y por mucho que esta prueba sea difícil para mí, por grande que me parezca: es obra de la diestra del Altísimo.

 

“LA IMITACIÓN DE CRISTO”

SANTA ÚRSULA Virgen y Mártir, y sus compañeras mártires. (✠383). 21 de octubre.

 



   Ramo espiritual: “No dejen que el sol se ponga estando aún enojados.” Efesios 4:26

 

   Úrsula era hija de un príncipe escocés. Su belleza y virtudes atraían todas las miradas, pero rechazó toda alianza terrenal para pertenecer a Jesucristo. Embarcó con un gran número de vírgenes y mujeres cristianas, a quienes un conquistador romano pretendía entregar como esposas a sus soldados. Pero, por la gracia de Dios, se desató una tormenta durante la travesía, y los barcos, en lugar de llegar a Armórica, su destino, naufragaron en la desembocadura del Rin.

 

   Los hunos, que entonces asolaban Europa, se toparon con estos barcos y se dispusieron a saquearlos e infligir a estas vírgenes y mujeres una deshonra peor que la muerte. Lideradas por Úrsula, resistieron heroicamente, tanto que, al cambiar repentinamente de parecer los bárbaros, tomaron sus armas y se abalanzaron sobre este ejército pacífico; pronto las víctimas cayeron en masa bajo los golpes de los verdugos, y sus almas volaron al cielo. El príncipe huno, prendado de la belleza de Úrsula, al principio la perdonó; intentó consolarla por la muerte de sus compañeras y le prometió casarse con ella. Úrsula, horrorizada por la promesa, fue atravesada por una flecha del bárbaro. Así cayó esta virgen, a quien la tradición nos presenta como la líder de las once mil vírgenes o mujeres traídas por los romanos desde Gran Bretaña.

 

   Muchas iglesias poseen reliquias de este ejército de mártires; pero ninguna está tan ricamente dotada como la ciudad de Colonia, pues fue a esta ciudad, cerca del lugar de su ejecución, a donde los cristianos locales llevaron devotamente los sagrados restos de las santas mártires. Pronto se erigió una magnífica iglesia sobre su tumba, ya famosa por sus milagros. La gente acudía en masa desde todas partes; especialmente las jóvenes, que venían en gran número para encomendar su virginidad a Santa Úrsula y sus compañeras.

 

   Un hombre religioso, devoto de las santas mártires, enfermó gravemente, y vio aparecerse cerca de él una virgen que le dijo:

   — «Soy una de las vírgenes a las que veneras; en recompensa por los once mil Padrenuestros que has rezado en nuestro honor, contarás con nuestra ayuda en la hora de tu muerte».

   Y, en efecto, la gloriosa compañía no tardó en acudir en su auxilio.

 

   Santa Úrsula es considerada modelo y patrona de quienes se dedican a la educación cristiana de la juventud. Varias congregaciones de monjas se encuentran bajo su protección.

 

Abate L. Jaud, Vidas de los santos para cada día del año, Tours, Mame, 1950.

martes, 20 de octubre de 2026

LO DIJE HACE DOS AÑOS. ESTA PUBLICACIÓN ES EXÁCTAMENTE DEL 20/10/2024. ¿Conspiranoia o la pura verdad?

 




LO DIJE HACE DOS AÑOS. ESTA PUBLICACIÓN ES EXÁCTAMENTE DEL 20/10/2024. ¿Conspiranoia o la pura verdad?

 

Medio oriente está que arde, varios países están en guerra, y los judíos desesperados quieren meter a todo el mundo en el baile. Cómo es el caso de Argentina que ya declaró la guerra a Irán. El cobarde de nuestro presidente (pro Israel), que asesina y sigue asesinando, niños y viejitos en Argentina, tiene un ejército privado de matones cada vez que se mueve en público. Los judíos desesperados, pues parece que no les salieron las cosas cómo querían, están buscando que sus aliados participen del Armagedón. Eso sí, siguen masacrando a niños y mujeres indefensos. Llegó el momento de ver de qué lado van a estar, cómo les digo siempre, CON CRISTO, O CONTRA CRISTO. Lo que pase en Medio Oriente, afectará a todo el mundo. Estamos cerca de una escalada nuclear, nunca antes visto. Causa gracia, el caso Argentino, pues nuestro ejército, tiene armamento que data de la II guerra mundial. No tienen un solo avión, ni militares entrenados. Pero los quieren mandar para el frente Ucraniano, o para uno de los varios frentes de Israel. Es decir cómo carne de cañón. En vez de defendernos de los asesinos y parásitos que se están devorando nuestros recursos naturales, que en estos momento de guerra son tremendamente valiosos. La Argentina se muere de hambre, y por falta de medicamentos e insumos, todo está tremendamente caro, y los judíos, juntos a  sus perros falderos, ya del ámbito político, ya del ámbito religioso, ya sean marxistas o masones, todos son los responsables directos, y culpables de alta traición a la Patria Argentina, y ante Dios uno y trino, que ve la opresión de los pobres, cómo un pecado que CLAMA AL CIELO. La Argentina es tierra Católica y Mariana, tierra de argentinos y NO tierra prometida, cómo dijo un rabino en mi país.

 

NICKY PÍO.

LA VICTORIA (contra los enemigos del alma) ES NEGOCIO DE LA VOLUNTAD – Por Augusto Saudreau. Canónigo honorario de Angers.

 


 


   El que quiere triunfar triunfa, y el que quiere capitular capitula, tal es la ley; la voluntad ha sido dada al hombre como la facultad que debe dirigir su vida; sin la gracia no puede hacer un acto sobrenatural pero siempre puede contar con ella, y así auxiliada la voluntad siempre podrá cumplir las leyes divinas y realizar actos meritorios.

 

   Por una parte las pasiones nos solicitan y por otra la virtud nos atrae; los hombres con sus ejemplos, con sus palabras nos inducen los unos al bien y los otros al mal; los ángeles con sus inspiraciones nos impulsan hacia Dios, los demonios con sus tentaciones intentan alejarnos, de Dios, pero por nuestra voluntad permanecemos dueños de nuestros actos; la imaginación puede ser sacudida, impresionada, entusiasmada por el bien; o la puede turbar, obsesionar el incentivo del mal; la inteligencia es capaz de representarse razones asi buenas, como malas; pero la voluntad queda siempre inviolable, ninguna criatura la puede doblegar, sólo ella a su talante escoge el inclinarse, volverse hacia los bienes verdaderos o los falsos; siempre es libre y de ella dependen nuestros destinos eternos.

 

“EL IDEAL DEL ALMA FERVIENTE”

 

lunes, 19 de octubre de 2026

Retrato escrito, que de San Pedro de Alcántara realizó Santa Teresa.

 



 

   ¡Qué perfecto imitador de Jesucristo nos acaba de deleitar Dios, llamando a la gloria a este bendito religioso, Pedro de Alcántara! Había conservado en todo su rigor la primitiva regla de santo y practicado esta penitencia de la que sólo podré relatar algunos rasgos.

 

   El mundo, se dice, ya no es capaz de alcanzar una perfección tan elevada; La salud es más débil y ya no estamos en tiempos del pasado. Este Santo era de este siglo, y su fervor masculino igualaba sin embargo al de tiempos antiguos; así sostuvo el mundo bajo sus pies. Pero sin llevar el despojo tan lejos como él, sin hacer penitencia tan amarga, hay varias cosas en las que, como he dicho muchas veces, podemos practicar el desprecio del mundo, y que Nuestro Señor nos da a conocer tan pronto como ve coraje en nosotros. ¡Qué grande debe haber sido que el Santo de quien hablo recibiera de Dios, para sostener durante cuarenta y siete años esta austera penitencia que hoy todos conocemos! He aquí algunos detalles que me gusta relatar, y cuya verdad conozco perfectamente; fue de su propia boca que las escuché con otra persona a la que poco ocultó.

 

   En cuanto a mí, debí esta apertura al cariño que él me tenía; Nuestro Señor se lo había dado para que pudiera defenderme y animarme en un momento en que su apoyo me era tan necesario, como hemos visto y veremos nuevamente en mi historia. Entre otras austeridades, había llevado durante veinte años un cilicio hecho de hojas de hojalata, sin quitárselo nunca. Había pasado cuarenta años sin dormir más de una hora y media al día; de todas sus mortificaciones, la que más le había costado al principio fue vencer el sueño; para ello siempre estaba de rodillas o de pie. El poco descanso que le permitía la naturaleza, lo tomaba sentado, con la cabeza apoyada en un trozo de madera fijado en la pared; si hubiera querido acostarse, no habría podido hacerlo, porque su celda, como sabemos, sólo medía cuatro pies y medio de largo. Durante todos estos años, nunca se cubrió con su capucha, por caliente que fuera el sol y por fuerte que lloviese. Nunca usó zapatos. Llevaba sólo una prenda tosca, sin nada más en su cuerpo; aun así esta prenda estaba lo más ajustada posible; y encima puso una pequeña capa de la misma tela. En el frío extremo lo abandonaba y dejaba abiertas la puerta y la pequeña ventana de su celda por un rato; luego los cerró, tomó nuevamente su manto, y ésta, nos dijo, era su manera de calentarse y darle un poco de alivio a su cuerpo. Era muy habitual que comiera sólo una vez en tres días; y como yo parecía sorprendida, me dijo que era muy fácil para cualquiera que se hubiera acostumbrado a ello. Uno de sus compañeros me aseguró que a veces pasaba ocho días sin comer nada. Esto debe haber sucedido, creo, en la oración y en esos grandes arrebatos en los que lo arrojaban los ardientes transportes de su amor por Dios; Yo misma lo vi una vez entrar en éxtasis. Su pobreza era extrema, y ​​estaba tan mortificado, ya desde su juventud, que me confió que había pasado tres años en una casa de su Orden sin conocer a ninguno de los religiosos, excepto de voz, porque él nunca miró hacia arriba; mortificando los ojos, de modo que no podría haber ido a los lugares donde la regla lo llamaba, si no hubiera seguido a los demás. Mantuvo esta misma modestia en las carreteras. Pasó varios años sin mirar nunca a las mujeres; pero me confesó que a la edad que había llegado le daba lo mismo verlas o no verlas; en verdad, ya era muy viejo cuando lo conocí, y su cuerpo estaba tan agotado que parecía estar hecho sólo de raíces de árboles. Con toda esta santidad, era muy afable; apenas hablaba excepto cuando lo interrogaban; pero la exactitud y la gracia de su mente dieron a sus palabras un encanto irresistible.

 

   Con gusto le contaría muchas otras particularidades, si no temiera, padre, que una digresión más larga suscitaría un reproche por su parte. Ni siquiera estuve exenta de este miedo al escribir lo que acabo de decir. Por tanto, sólo añadiré que este santo varón murió como había vivido, instruyendo y exhortando a sus hermanos. Cuando vio que se acercaba su término, recitó el salmo. Laetatus sum en su quœ dicta sunt mihi, y habiéndose arrodillado, expiró.

 

   Quiso el Señor en su bondad, que desde aquel día me asistiera aún más de lo que merecía durante su vida: recibí de él consejos en diversas circunstancias. Lo vi varias veces todo deslumbrando de gloria. Me dijo en la primera de estas apariciones: “¡Oh bendita penitencia que tan grande recompensa tiene para mí!” A estas palabras siguieron varias otras. Un año antes de su muerte, se me apareció, a pesar de la distancia que nos separaba, y supe que pronto nos lo quitarían. De esto se lo advertí escribiéndole en el lugar donde estaba, a algunas leguas de aquí. Cuando exhaló su último suspiro, se mostró ante mí y me dijo que iba a descansar. Ocho días después de esta visión, nos llegó la noticia de que había muerto, o mejor dicho, que había comenzado a vivir para siempre. ¡He aquí, pues, el fin de esta vida austera, una eternidad de gloria! Desde que está en el cielo me parece que me consuela mucho más que cuando estaba en la tierra.

 

   Nuestro Señor me dijo un día que nada le negaría a las almas, que pidieran en nombre de su siervo, a menos que Él mismo se lo concediera. Muchas veces le he pedido que presente mis peticiones al Señor y siempre las he visto concedidas. ¡Alabado sea, y alabanzas infinitas, a este Dios de bondad! Que así sea.

 

“Vida” de Santa Teresa, escrita por ella misma.

EL LENGUAJE DE LAS CAMPANAS – Foro Cervantes (Año 2010)

 



 

   Hola me llamo Luis:

 

   Nací y pasé mi infancia en un pequeño pueblo del norte de España tenía la categoría administrativa de “lugar”, según la placa en que figuraba su denominación, y recuerdo perfectamente “los sones informativos de las campanas.”

 

   El habitual era el toque de oración, se decía en realidad “tocar a oración”: sonaba desde la torre de la iglesia al atardecer, y era el indicador de que todos los chavales debíamos dejar los juegos y travesuras para recogernos en casa.

 

   Sobre los muertos, recuerdo que había al menos tres toques: “a agonía, ha muerto y a gloria. Significaban exactamente lo que parece. El último señalaba la muerte de un niño.”

 

   No puedo precisar ahora el formato concreto de los toques “la gramática campanil”, aunque eran ciertamente distintos, producidos por diferentes campanas y combinaciones de campanas.

 

   A mí, lo que me gustaba de verdad era “bandear”. A los pequeños no se les permitía subir a la torre, pues tenía cierto peligro el volteo de las campanas. Al llegar la adolescencia, el poder ir a bandear las campanas era uno de los ritos de iniciación.

 

   Pido disculpas por los recuerdos y nostalgias... Pero es que, si a los del pueblo de al lado se les llamaba “traperos”, y a los del de más allá “cebolleros”, a nosotros se nos apodaba “campaneros...”.

 

   Saludos muy cordiales para todos.

 

 

TOQUE DE AGONÍAS.

 

   Regulados estaban, como Dios manda, los repiques en festividades de primera clase y funciones con extraordinaria solemnidad. Y los repiques en funciones de media solemnidad y sin ella. También, naturalmente, los toques extraordinarios. Como los de jueves y sábado en la Semana Santa, el toque de misas cantadas de Adviento, el toque de misa de Ánimas cantada, el toque de clamores dobles para el Sagrado Viático, el toque de rogativa... Y el Toque de agonías.

 

   Con una de las campanas menores, cuya voz sea sonora sin ser ladina, se dan cinco campanadas muy pausadas si quien agoniza es mujer, seis si es hombre, siete si es sacerdote.

 

   Hola, soy Marcos:

 

   Anoche terminé la novela “El hereje de Miguel Delibes” y, al final, encontré la expresión “el toque de agonía”. Se trata del repique de las campanas ante el quemadero de la tarde del 21 de mayo de 1559. Así lo describe Miguel Delibes: “A la una empezaron a doblar las campanas. Toques lentos, de agonía. Fray Domingo ya le había hablado de ello. Todos los templos y conventos de la villa, que esa noche no dormía, convocaban a las misas de alma por los condenados. Las campanas habían venido a sustituir a los martillos, voces cambiantes pero igualmente ominosas y terribles.” ¡Terribles momentos!  ¡Terrible escarmiento! Y el lugar en el que estaban encerrados los protestantes se llamaba “la cárcel santa”. Una profunda tristeza se ha apoderado de mí aunque sé que los hechos pasaron en el año 1559.

Un abrazo.

 

Hola, Soy Marcela:

 

Tocan entredicho.

 

   Leo en la novela “Monja, casada, virgen y mártir” del escritor mexicano Vicente Rivapalcio, cuyo entramado se ubica en el siglo XVII: “...Eran las ocho de la noche y de repente se escuchó a lo lejos el clamor triste de las campanas de la catedral y luego el de todas las iglesias de la ciudad.

   — ¡Jesús nos ampare! – Exclamó el anciano religioso – cayendo de rodillas.

   — ¿Pues qué es eso, señor? –preguntó Blanca más pálida que un cadáver.

   — La maldición de Dios sobre esta ciudad desgraciada –contestó el religioso–. “Tocan entredicho.”

 

   Entiendo que “entredicho” es una especie de sentencia canónica pero no sé más. ¿Alguien podría ayudarme a esclarecer mi duda?

 

   Según el DRAE, entredicho es: Censura eclesiástica por la cual se prohíbe a ciertas personas o en determinados lugares el uso de los divinos oficios, la administración y recepción de algunos sacramentos y la sepultura eclesiástica. Por alguna razón, se le condenó a la ciudad a no recibir auxilios eclesiásticos de ningún tipo, algo similar a excomulgar a toda la ciudad.

DE LA LECTURA Y LA MEDITACIÓN — Por San Pedro de Alcántara.

 


 


   Se lee el tema sobre el que se meditará. Esto no debe hacerse con prisa ni superficialidad, sino con atención y serenidad; la mente debe esforzarse por comprender lo que lee, y la voluntad, aún más, por saborearlo.

 

   Cuando uno se encuentra con un misterio, una circunstancia o cualquier pasaje de la lectura que inspire devoción, debe detenerse un poco más para profundizar en él.

 

   La lectura no debe ser demasiado larga, para así disponer de más tiempo para la meditación; pues el beneficio que el alma obtiene de ella es mayor cuanto más examina y sopesa los asuntos, y cuanto más fervientemente se adhiere su voluntad a ellos.

 

   Sin embargo, cuando el corazón está distraído y no se puede entrar en meditación, entonces se debe dedicar un poco más de tiempo a la lectura, o mejor aún, combinar ambos ejercicios en uno solo: leer un punto y meditar sobre él, luego otro, meditando sobre él de la misma manera, y así sucesivamente.

 

   Las palabras de la lectura atan el entendimiento, y es más difícil que se disipe que si estuviera libre y sin restricciones.

 

   Sin embargo, lo mejor sería esforzarse por alejar estos pensamientos perturbadores, perseverar y luchar, como otro Jacob, toda la noche en la oración; pues, al final, la victoria corona esta noble lucha, y Nuestro Señor concede como recompensa la devoción, o alguna otra gracia aún mayor, sin negársela jamás a quienes luchan con fidelidad.

 

“TRATADO DE LA DEVOCIÓN”