sábado, 5 de enero de 2019

San Andrés Bobola (Su martirio – Descripto por el Cardenal Pie) Una breve pero impresionante lectura.




   El caso del jesuita polaco Andrés Bobola, (…) es realmente impresionante. Capturado por los cosacos cismáticos, éstos se ensañaron con él y le hicieron revivir, paso a paso, la Pasión de Cristo. Un martirio tan cruel como hermoso no podía no excitar la elocuencia de Pie. Transcribamos algunas líneas de la emocionante descripción que nos ha dejado:

   Considerad a estos caníbales haciendo en el cuerpo palpitante del noble misionero mutilaciones jamás vistas en ninguna carnicería, y sazonando su crueldad con burlas impías. “Sacerdote latino, no tienes sino una pequeña tonsura: te haremos una más grande”; y los Cosacos, dibujando sobre la cabeza de Bobola un círculo con un cuchillo, tiran de su cuero cabelludo y lo arrancan con violencia.
“Vamos a mostrarte cómo haces en la Iglesia romana: con tus manos, das vuelta las hojas del libro en el altar, así te daremos vuelta la piel”; y entonces despellejan esas manos que nunca se alzaron sino para bendecir, separan los músculos, cortan sus articulaciones. “Es sacerdote, agregan, hay que darle una casulla”; y habiéndolo arrojado sobre una mesa, le quitan de a pedazos toda la piel de la espalda y luego esparcen sobre esa gran herida manojos de paja picada: “Papista, le dicen, nunca has oficiado con un ornamento tan hermoso.” Le cortan la nariz, los labios; ya no queda rostro de hombre; sin embargo su furor no está saciado. “Es un monstruo, gritan sus verdugos, pero le faltan las garras; vamos a ponerle garras”; y cortando astillas de madera de pino, las hunden bajo las uñas de las manos y de los pies. Pero como el mártir tenía aún suficiente fuerza para invocar la misericordia divina, y para conjurar a los cismáticos a convertirse a la pureza de la fe católica y a la unidad de la Iglesia romana, se precipitan por última vez sobre su víctima, le abren en la parte posterior del cuello una herida ancha y profunda, y por esa abertura extraen la lengua del apóstol, esa lengua a la vez tan docta y tan suave, y habiéndola mostrado como un trofeo, la arrojan a lo lejos con desprecio. Andrés respiraba aún. El jefe de los Cosacos terminó su suplicio con un golpe de sable. 159

   Una nación como Polonia, a la que dos siglos de persecuciones no han podido vencer, observa Pie, una nación cuya fe es inexterminable como su patriotismo, es una nación evidentemente sostenida de lo alto. “Cuando leo el relato de la conservación milagrosa de los restos sagrados de Bobola -concluye-, cuando considero ese cuerpo horriblemente desfigurado y sin embargo incorrupto, ese conjunto de miembros mutilados y esa flexibilidad semejante a la de la carne viva, esos signos reunidos de vida y de muerte, ese aroma suave que brota de un lienzo en disolución, me digo a mí mismo: Tal asociación de suplicio y de gloria, de vida y de muerte, es la imagen viva y natural de la Polonia entera, de ese pueblo de mártires y de héroes, siempre torturada y siempre conservada, de esa nación que se diría embalsamada en su sangre, y cuyas heridas exhalan un aroma de vitalidad y de triunfo.”


EL CARDENAL PIE. Lucidez y coraje al servicio de la verdad.

Por Alfredo Sáenz S. J.


GLADIUS. Buenos Aires  2007.



Recomendamos compre este libro si lo ve, es una obra muy aleccionadora. Tal vez más que nunca para el tiempo en que vivimos.

martes, 25 de diciembre de 2018

“Misa del Gallo” Sermón del R. P. Nicolás López Badra (prior). Priorato Nuestra Señora de Itatí. Capilla San Miguel Arcángel. FSSPX. Corrientes – Argentina.





La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

(1ª Clase - Ornamentos blancos)

1ª MISA - MISA DEL “GALLO”

EVANGELIO SAN JUAN (I, 1-14)

   EN el principio existía el verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el verbo era Dios. Él estaba en el principio en Dios. Por El fueron hechas todas las cosas: y sin Él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas: en Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres: y esta luz resplandece en medio de las tinieblas, más las tinieblas no la han recibido. Hubo un hombre enviado de Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por él todos creyesen. No era él luz, sino el que había de dar testimonio de la luz. Era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, más el mundo no le conoció. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron, que son los que creen en su nombre, dióles potestad de llegar a ser hijos de Dios: los cuales nacen no de la carne, ni de concupiscencia de la carne, ni de concupiscencia de hombre, sino de Dios. (Se hace genuflexión): Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ EN MEDIO DE NOSOTROS: y nosotros hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.



martes, 18 de diciembre de 2018

“La intercesión individual y social de Nuestra Señora” – Tomado de las obras del CARDENAL PIE, comentarios a cargo del Padre Alfredo Sáenz S. J.




   En varios de los sermones donde comparece la figura de Nuestra Señora, Mons. Pie destaca su carácter de abogada, “madre de la santa esperanza”. La entera tradición de los Padres y Doctores coincide en que el amor a María es una señal, la más cierta, de predestinación. La salvación depende de la caridad, y Nuestra Señora es la madre del amor hermoso, mater pulchrae dilectionis (Eccli 24, 24). Al engendrar a Cristo, dio a luz al amor divino encarnado, convirtiéndose en madre de la caridad y del amor hermoso en cuanto principio general. Pero lo es también con respecto al nacimiento particular de la caridad en el corazón de cada uno de los hombres.

   La intercesión salvadora de María no se limita tan sólo al plano personal. Es ella también la que mejor conducirá el mundo entero a Dios, la que llevará de nuevo a las naciones hasta el corazón de Jesucristo. A una sociedad desde hace tanto tiempo mutilada, o mejor, decapitada, no será sino ella quien le devolverá su verdadera cabeza, que es Cristo.

   Nuestra Señora será la mejor consoladora de los buenos en su combate por la realeza social de su Hijo. La debilidad, observa Pie, se advierte por doquier, en los individuos, en los pueblos, e incluso entre los mismos católicos. Es cierto que el número de los perversos es ingente, mucho mayor que en otras épocas. Sin embargo, los malvados constituyen un pequeño número en comparación con los débiles. Y lo que resulta espantoso es que la debilidad está en las inteligencias más aún que en las voluntades y en el carácter; o mejor, las voluntades están sin fuerza, sin decisión, porque las inteligencias carecen de luz, de convicción. “Nuestro tiempo tiene la pretensión de ser el tiempo de los espíritus fuertes; la historia lo llamará el tiempo de los espíritus débiles. La «pusilanimidad», tal es justamente la palabra adecuada. Las almas son pequeñas, sin altura, sin amplitud, sin anchura, sin profundidad; carecen de firmeza, de consistencia.”

   Pues bien, frente al espectáculo de esta multitud de cobardes, Pie clama con toda su alma: Sancta María, juva pusillanimes (Santa María, ayuda a los pusilánimes), pidiéndole que venga en ayuda de este mundo de apocados. Ella, que ha dado a luz al Verbo, que es el poder y la sabiduría de Dios (cf. 1 Cor 1, 24), hará que Cristo habite por la fe en nuestros corazones (cf. Ef 3, 17); y “un alma ya no es pequeña, ya no es estrecha, ya no es débil; es grande, es amplia, es fuerte cuando lleva a Cristo en sí misma”.

   Asimismo suplica Pie a Nuestra Señora: refove flebiles (reanima a los desanimados), refiriéndose a los católicos decaídos. “¿Qué hacemos desde hace varios años sino lanzar suspiros?”. La lucha es por cierto sumamente ardua; el mundo se goza -mundus gaudebit- y nosotros gemimos -vos autem contristabimini (Job 16,20)-; de ahí que sea más necesario que nunca tener aliento largo para soportar y para sufrir con paciencia. No en vano dijo Cristo: “Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados” (Mt 5, 5). Y ninguno mejor que Nuestra Señora para consolar abundantemente a los que lloran en la batalla.

   Que socorra también a los desgraciados -sucurre miseris-, es decir, al mundo entero. “Yo sé que los que inventaron la deificación de la humanidad no toleran que se dude de su satisfacción y de su bienestar. La divinidad no es compatible con la miseria; y si el mundo es Dios, resulta lógico proclamar que el mundo es feliz. Pero la respuesta a esta pretensión está escrita en los libros santos: «Pueblo mío, dice el Señor, los que te declaran bienaventurado», por tanto, los que te deifican, «ésos te engañan»: Popule meus, qui te beatum dicunt, ipsi decipiunt (Is 3, 12).” El mundo moderno es profundamente desgraciado, aunque se esmere por afirmar lo contrario. Los más infelices de todos son los que no sienten su infelicidad, los que se pavonean en su desamparo. La mayor calamidad de nuestro tiempo es que los hombres modernos “siendo realmente desgraciados, miserables, pobres, ciegos, desnudos, se jactan de ser ricos y opulentos, de estar provistos de todo (cf. Ap. 3, 17) [...] Oh María, ven en ayuda de estos infortunados que no tienen conciencia de su propia miseria; ábreles los ojos sobre ellos mismos: Sucurre miseris”.

   Que socorra finalmente a los restos supérstites de la Cristiandad: Ora pro populo (Ruega por tu pueblo). En el lenguaje de la Iglesia, observa Pie, el pueblo fiel no es sólo un grupo de individuos, sino el concierto de las naciones cristianas, la “respublica christiana”, aquello que David había profetizado al hablar de la unión entre los pueblos y los reyes al servicio de un único Señor: In conveniendo papulos in unum et reges ut serviant Domino (“Encontrándose pueblos y reyes para servir al Señor”, Ps 101, 23). Pues bien, a pesar de que Cristo sea ese Rey en torno al cual deben congregarse los pueblos y sus reyes respectivos, hoy existen pueblos infieles, naciones apóstatas, y los hombres de nuestro siglo no sólo se glorían de haber extirpado el cristianismo social, sino que intentan destruir incluso su clave de bóveda, para que no quede siquiera el recuerdo de la antigua Cristiandad. Frente a todo esto, Sancta María, ora pro populo, ruega por la Cristiandad, por los restos del mundo cristiano.


“El CARDENAL PIE. Lucidez y coraje al servicio de la verdad”

Padre Alfredo Sáenz S.J. Serie “Héroes y Santos”

GLADIUS
Buenos Aires
2007

lunes, 3 de diciembre de 2018

San Francisco Javier, confesor. — 3 de diciembre. (+1552)





   San Francisco Javier, ornamento de la Compañía de Jesús, gloria de su nación, taumaturgo de estos últimos siglos, apóstol de las Indias y del Japón, admiración de todas las naciones, era navarro y descendía de los reyes de Navarra. Escogióle el Señor para resucitar en el siglo XVI, que fué el de las herejías, todos los prodigios y gracias de los apóstoles. Inclinado a las letras y al estudio de la sabiduría, pasó a la universidad de París, donde graduado de maestro en artes, enseñó filosofía en aquella universidad, con grande aprobación y aplauso de sus discípulos. Fue compañero del beato Pedro Fabro, y los dos lo fueron de san Ignacio de Loyola en la fundación de la Compañía de Jesús. Con deseo de visitar los santos Lugares, pasó a Venecia: y frustrado el viaje a Jerusalén, recorrió varias ciudades de Italia predicando y dando ejemplos de heroica humildad y mortificación.

   Fué designado para anunciar el Evangelio a las tierras de la India descubiertas por los portugueses, y pasó allá con el título y autoridad de Nuncio apostólico, que le dio Paulo III. Llegado a Goa después de una larga y penosísima navegación, se dio del todo al trabajo apostólico, recorriendo a pie, y a veces descalzo, aquellas vastísimas regiones, y navegando a todas las islas de la Oceanía en que residían portugueses. Cuando entre los oyentes los había de varias lenguas, cada uno oía a Javier como si le hablase en la suya natural: y sucedió algunas veces que haciéndole muchos a la vez preguntas sobre la doctrina, o por no entenderla bien o por dudar de ella, Javier con una sola respuesta satisfacía a todas las preguntas.

   Lo que daba especial eficacia a su predicación eran los numerosos milagros que hacía, sanando enfermos, librando de peligros, calmando los mares embravecidos y los vientos tempestuosos, haciendo retroceder ejércitos enteros de bárbaros enemigos, descubriendo lo más oculto de los corazones, anunciando lo que estaba por venir, resucitando muertos, y acompañando todas estas maravillas con la no menor de sus apostólicas virtudes, el celo, la paciencia, la mansedumbre, la humildad, la misericordia con los desgraciados, el respeto a los superiores, la caridad con los iguales, la afabilidad con los inferiores.

   Tuvo noticia del Japón recientemente descubierto por los portugueses, y al momento voló allá, exponiéndose a mil peligros: y con los ejemplos de sus virtudes y las maravillas que hemos dicho, plantó la fe en aquellos reinos, cuyos moradores la abrazaron con tal fervor, que semejaban los primeros cristianos convertidos por la predicación de los apóstoles.

   Establecidas aquellas cristiandades y dejados en ellas ministros que las cultivasen, volvió él a Malaca, donde supo que se había descubierto la China; y se dirigió allá a predicar a Cristo. Llegado a Sancián, isla cercana al continente chino, alegre con la vista de la tierra y con la esperanza de nuevos triunfos, dióse el Señor por satisfecho de sus trabajos y lo llamó al descanso eterno.

   Reflexión: El recuerdo de Javier trae a la memoria millones de almas convertidas por su celo. ¡Oh! ¡Cuánto amó y estimó el Hijo de Dios las almas! ¡La caridad nos habría de estar siempre solicitando y compeliendo a trabajar por salvarlas! Que no se puede sufrir que muera Dios por un alma y que la veamos irse a perder y a caerse en el infierno y que la podamos ayudar y no lo hagamos: esto no lo puede sufrir la caridad.

   Oración: Oh Dios, que por la predicación y milagros de san Francisco Javier, te dignaste agregar a tu Iglesia los pueblos de las Indias; concédenos benigno, ya que veneramos los gloriosos merecimientos de sus virtudes, que también imitemos sus ejemplos. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

“FLOS SANCTORVM”


viernes, 30 de noviembre de 2018

Los Novísimos – El Purgatorio.





   El purgatorio es un lugar de expiación para las almas de aquellos que, si bien murieron en gracia de Dios, no han satisfecho enteramente a la   divina Justicia.

   ¿Quiénes van al Purgatorio? 1) Los que mueren con pecados veniales. 2) Los  que no han satisfecho en esta vida la pena temporal merecida por sus pecados. Con la confesión bien echa se perdonan las culpas graves y la pena eterna, el Infierno, pero no siempre queda perdonada la pena temporal. Dios, perdonando el pecado mortal, ordinariamente conmuta la pena eterna en una temporal, que debe pagarse en esta vida Con penitencias y obras buenas, o en el Purgatorio.

Existencia del Purgatorio.

   Niegan la existencia del Purgatorio los protestantes y otros herejes. Nosotros afirmamos su existencia con los siguientes argumentos:

   Pruebas de fe.1) En el libro de los Macabeos se lee que, después de una batalla, Judas Macabeo mandó a Jerusalén doce mil dracmas de plata para que se ofrecieran sacrificios por los pecados de los que habían muerto en el combate. Esto arguye que, aun después de muertos, tenían aquello soldados penas que expiar. No pena eterna, porque en el Infierno no hay redención; luego se habla allí de pena temporal, o sea del Purgatorio.

A renglón seguido dice el mismo autor inspirado: Es, pues, santa y saludable obra el rogar por los muertos, para que sean libres de sus pecados.

   Los protestantes que rechazan el dogma del Purgatorio, han quitado de la Biblia este pasaje de los Macabeos, o bien dicen que este libro no es inspirado; pero los judíos y  cristianos no dudan de su inspiración.

   2) Testimonio de Jesucristo. — Al hablar de los pecados contra el Espíritu Santo, dice qué no se remitirán ni en este mundo ni en el otro. Con estas palabras da a entender que  hay pecados que se remiten en la otra vida, y que por lo tanto existe Un lugar donde se remiten, a saber el Purgatorio.

   Pruébase por la razón, — Muchos mueren en gracia de Dios, pero con el alma manchada de pecados veniales o sin haber satisfecho enteramente a la divina Justicia. Estas almas no pueden ir al infierno porque son amigas de Dios; tampoco pueden ir a la Gloria porque escrito está: No entrará en ella ninguna cosa contaminada. (Apoc., XXI, 27). Luego es forzoso que antes de ir al Cielo pasen un tiempo en lugar de  expiación; luego debe admitirse el Purgatorio.

Penas.

Las hay de dos clases:

   l) La pena del daño, que consiste en la privación de la vista de Dios: es el mayor dolor de las benditas ánimas.

2) La pena del sentido, que consiste en el tormento del fuego que en intensidad es igual al fuego del Infierno. El mismo fuego, dice un Santo, atormenta al justo y al réprobo.

   Las almas sufren estos tormentos con la mayor resignación; al verse manchadas con el pecado, se avergüenzan de comparecer ante la presencia de Dios y de sus bienaventurados y voluntariamente se sumergen en aquellas llamas.

   ¿Cuánto tiempo duran esas penas? — No es igual para todas las almas: depende de la cantidad y gravedad de sus faltas (veniales), de la mayor o menor penitencia hecha durante la vida en satisfacción de sus pecados, de los sufrimientos que reciben, etc.

Cómo podemos aliviar a las almas del Purgatorio.

   Podemos aliviar a las benditas ánimas con oraciones, indulgencias y otras buenas obras, pero sobre todo con la Santa Misa.

   Se llaman sufragios las obras buenas que se hacen en favor de las benditas ánimas del Purgatorio; dichos sufragios son sólo a manera de suplicas que la divina Justicia acepta en la medida que cree conveniente; por eso, un alma no siempre obtiene infaliblemente todos los efectos de los sufragios aplicados a ella especialmente. En ningún caso resultan inútiles los sufragios, porque si Dios no los aplica a un alma, los aplica a otra.

   La devoción a las benditas almas es utilísima porque hace practicar muchas obras buenas, causa grande gozo en el cielo y ayuda en gran manera a conseguir la salvación de quien practica esta devoción: Nuestro propio interés debe por lo tanto impulsarnos a aliviar esas almas. En la misma medida que por ellas nos interesamos, se interesaran los hombres de nosotros cuando nos hallemos en aquel ardentísimo fuego del que muy pocos se libran.

Indulgencias.

   Indulgencias son la remisión de la pena temporal debida por nuestros pecados, que nos concede la Iglesia fuera del  sacramento de la penitencia.


LA RELIGIÓN EXPLICADA (Año 1953)

Los Novísimos (Resurrección de la carne)





Concepto.

   Resurrección de la carne quiere decir que todos los hombres resucitarán volviendo a tomar cada alma el cuerpo que tuvo; en ésta vida.

   Esto acontecerá al fin del mundo. Los que en aquel momento vivan todavía, morirán para luego resucitar, porque es necesario que en todos se cumpla la ley de la muerte: “Asi como en Adán mueren todos, así también todos serán vivificados en Cristo” (1Cor., XV, 22).

   Todas las almas saldrán del Cielo, del Purgatorio o del Infierno y vendrán a tomar de nuevo sus cuerpos a fin de comunicarles una vida que ya no cesará (“vida perdurable”).

Observaciones.

   a) Sólo la Virgen no resucitará ese día porque Ella, a imitación de su divino Hijo, resucitó poco después de su muerte, y fué llevada al Cielo en cuerpo y alma.

   b) El alma tomará él mismo cuerpo al cual, estuvo unida en la tierra.

   c) La resurrección de los muertos sucederá por la virtud de Dios omnipotente, a quien nada es imposible. Si Dios creó las cosas de la nada bien podrá resucitar en un instante a todos los hombres.

   Cualidad de los cuerpos resucitados. — Habrá grandísima diferencia entre el cuerpo de los escogidos y el de los condenados.

   Las dotes que adornarán los cuerpos gloriosos de los escogidos son cuatro:1) la impasibilidad: no estarán sujetos a males y dolores ni a la necesidad de comer, descansar, etc.; 2) la claridad: brillarán como el sol y como otras tantas estrellas; 3) la agilidad: podrán trasladarse en un momento y sin fatiga de un lugar a otro, y de la tierra al Cielo; 4) la sutileza: con que sin obstáculo alguno podrán penetrar cualquier cuerpo, como lo hizo Jesucristo resucitado.

   El cuerpo de los condenados estará privado de estas dotes y llevará la horrible marca de su eterna condenación.

Certeza de esta resurrección.

   Sagrada Escritura. — El anciano Job en medio de sus crueles angustias y dolores decía: “Sé que vive mi Redentor, y que en el último día he de resucitar de la tierra, y de nueva he de ser rodeado de mi piel y en mi carne veré a Dios; a quien he de ver yo mismo y mis ojos le han de mirar, y no otro” (Job, XIX, 25-27).

   Visión de Ezequiel: Una prueba irrefragable de la resurrección de la carne es la visión  del profeta Ezequiel (XXXVIII).

   Los macabeos decían al tirano: “Tú, oh perversísimo, nos haces perder la vida presente, más el Rey del mundo nos resucitará” (2 Mac; VII, 9).

   Dice San Pablo: “Es necesario que este cuerpo corruptible quede revestido de incorruptibilidad, que este cuerpo mortal se vista de inmortalidad” (1Cor; XV, 50-53).

   Tradición. — Todos los Padres han profesado y defendido este dogma: “La resurrección de los muertos, dice Tertuliano, es; la confianza de los cristianos; creemos en ella porque Dios lo ha revelado”

   Los mártires echaban en cara a los verdugos esta verdad.

   La Iglesia la enseña en sus símbolos: “Creo en la resurrección de la carne” (Credo). “Espero la resurrección de los muertos” (Niceno). “A cuyo advenimiento (de Jesucristo) deberán resucitar todos los hombres con sus propios cuerpos (Atanasiano).

Predicación de Jesucristo.

   Nuestro divino Salvador ha enseñado claramente esta doctrina. Leemos en el Evangelio de San Juan: “La voluntad de mi Padre que me ha enviado, es que todo aquél que ve al Hijo y cree en él, tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el último día (VI, 40).

   Y poco después, al hablar de la Sagrada. Eucaristía, dice: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día (Id; 55)”.

Razones de conveniencia.

   La razón natural nos dice ser conveniente y necesario que los hombres resuciten:

   1) El cuerpo ha sido hecho para el alma y el alma para el cuerpo; por eso conviene que un día ambos estén reunidos, a fin de que la obra de Dios, deshecha por un momento a causa del pecado y de la muerte, sea definitivamente restaurada.

   2) Es el hombre entero el que hace el bien o el mal; por lo tanto el cuerpo ha contribuido eficazmente así a la salvación: el hombre debe ser recompensado o castigado todo entero, en su cuerpo y alma, el premio de nuestras obras o el castigo de nuestros pecados.

   3) La resurrección de Jesucristo es una prenda de la nuestra: “Cristo, dice San Pablo, ha resucitado de entre los muertos y ha venido a ser como las primicias de los difuntos; porque así como por un hombre vino la muerte, por un hombre debe venir también la resurrección dé los muertos” (1Cor., XV, 20-21).

   Y en otro pasaje: “Si los muertos no resucitan, tampoco Jesucristo resucitó” (Id., id., 16).


LA RELIGIÓN EXPLICADA (Año 1953)

domingo, 25 de noviembre de 2018

Reglamento de vida PARA UN CRISTIANO –– CAPÍTULO I — Medios para conservarse en la gracia de Dios (Tercer, medio) –– Por San Alfonso María de Ligorio.





TERCER MEDIO.
LA FRECUENCIA DE LOS SACRAMENTOS.

   El tercer medio es la frecuencia de los sacramentos de la confesión y comunión.

   Por la confesión frecuente, se conserva la pureza del alma, y se obtiene no solamente la remisión de los pecados, sino también un aumento de auxilios, para resistir a las tentaciones.

   Ten, pues, a este efecto, tu director espiritual, confiésate siempre con él, consúltale tus negocios, aun los temporales de mayor importancia, y obedécele en todo, particularmente si fueres atormentado con escrúpulos, dudas y ansiedades de conciencia. El que obedece a su confesor, no debe abrigar el temor de engañarse. Qui vos audit, me audit: (Luc. 10. 16.) La voz del confesores la voz de Dios.

   La comunión es llamada Pan del Cielo, porque, así como, el pan de la tierra conserva la vida del cuerpo así también la Sagrada Comunión conserva la del alma. Sin este alimento celestial, como dice el Señor no tendrá vida en ti. (Ver Job. 6. 54.) Por el contrario, al que hace frecuentemente uso de él, le promete la vida eterna. (Ver Job. 6.52) He aquí porque el Santo Concilio de Trento llama a este sacramento “un antídoto que nos libra de los pecados veniales y nos preserva de los mortales”.  (Sess, 13 cap. 2.) Toma, pues, la firme resolución de comulgar al menos cada ocho días y de no omitir nunca esta devoción por ningún negocio del mundo, porque no hay negocio más importante que la salvación eterna. Observa además que cuanto más enredado te halles en los negocios del mundo, tanta mayor necesidad tienes de gracias; porque estás expuesto a mayores tentaciones.

“Pequeños tesoros escogidos de San Alfonso María de Ligorio”

miércoles, 14 de noviembre de 2018

De las enfermedades que nos vienen por fines más altos de la gloria de Dios – Por el padre Luis de Lapuente. (No exagero en decir que pocos ven la enfermedad como lo describe esta publicación, no se la pierdan para comprensión y consuelo de los que están enfermos)





   Para consuelo de los enfermos, es bien que consideren que no siempre las enfermedades son castigo de pecado, sino algunas veces las envía Dios solamente para manifestar su gloria, y para ejercicio de sus escogidos, sacando de ellas grandes ganancias. Así lo dijo el Salvador a los apóstoles, cuando le preguntaron la causa de haber nacido un hombre ciego: No pecó, dice, éste ni sus padres: sino que es ciego para que en él se manifiesten las obras de Dios; y de la enfermedad de Lázaro, dijo: Que era para la gloria de Dios, y para que en él fuese glorificado su único Hijo. Y de aquí es, que algunas veces el justo, aunque tenga algunas culpas, padece enfermedades más graves que ellas merecen, por otros fines que Dios pretende; como lo testifica de sí el santo Job, cuando dijo: Ojalá se pusiesen en una balanza los pecados con que merecí este castigo, y en otra los trabajos que padezco, y echarías de ver, que las penas son más pesadas que las culpas. Pero esto mismo es motivo de sumo consuelo y alegría; porque mucha mayor grandeza es estar en la cruz, como Cristo, inocente, que como el buen ladrón, culpado; y grande gloria es imitar en esto a nuestro capitán y al glorioso ejército de sus soldados los mártires, cuyos tormentos no eran por sus pecados, sino para dar testimonio de su fe y de la caridad que tenían de su Dios; y es linaje de martirio padecer sin culpa enfermedades, para que sea Dios glorificado en ellas. Y ¿de dónde a mí tanto bien que pueda yo ser materia de la divina gloria, y que ella crezca por mi causa? Sea, Señor, yo atormentado, con tal que tú seas glorificado. Mas aunque es verdad, que lo mejor de los trabajos es no tener culpa que sea causa de ellos, no has de desmayar por verte culpado; porque bien puede ser que tus enfermedades sean castigo de tus pecados, y juntamente sean para gloria de Dios y para que él sea glorificado en ellas, no sólo con el resplandor de su justicia, sino por otros muchos caminos de su mayor gloria.

   De aquí puedes subir a considerar, que Dios te envía las enfermedades para probar tu fe y lealtad, y ver cómo peleas por su amor, basta vencer, quedando él muy honrado y glorificado con esta victoria, que más es suya, que tuya. Piensa, pues, hermano, cuando estás enfermo, que la cama es el campo o el palenque donde entras a pelear con mi ejército de soldados y crueles enemigos, que son el frío y la calentura, el hastío, la sed, los dolores, buscas, congojas y las molestias de las medicinas, y luego levanta los ojos al cielo, y entiende que Cristo nuestro Señor te está mirando cómo peleas, como miraba a San Esteban, cuando le estaban apedreando, y desde allí te anima a pelear, porque le va su honra en que venzas, y a ti te va la vida en no ser vencido. Mírale otras veces cómo está cerca de ti, rodeando tu cama por todas partes; porque en él vives, y te mueves, y dentro de él estás cuando padeces, y dentro de ti le tienes para pelear en ti, y por ti, ayudándote con su gracia para salir con la victoria; y animado con su presencia, vuelve por su honra, no admitiendo culpa, ni impaciencia alguna, aceptando de buena gana todas las penas que padeces, para que Dios sea glorificado en ellas. Imagina que te pone en esta cama para que eches de ti tal olor de santidad, que edifiques con tu paciencia a los que te vieren, y les muevas a glorificar a tu Padre celestial; a la manera que se dice del santo Tobías: Que te afligió Dios con la ceguedad, para que se diese a los venideros ejemplo de paciencia, como le dió el santo Job, perseverando sin mudanza en el divino servicio. Imagina también que tienes a tu lado al ángel de la guarda, y al demonio, estando a la mira de lo que haces y procurando cada uno tenerte de su parte. No confundas a tu ángel, ni alegres a tu enemigo, dándole ocasión para que triunfe de ti y escarnezca a Dios; antes procura confundir al demonio, y alegrar al santo ángel, y darle ocasión de que él glorifique a Dios por la paciencia que por su amor has mostrado.

La devoción de las "TRES AVEMARÍAS"






sábado, 10 de noviembre de 2018

EL CLUB DE LOS LEONES – Un pequeño informe. ¡Entérese!



¿QUE ES EL CLUB DE LOS LEONES?

   Es otra de las asociaciones que, sin ser propiamente quizás masónicas, pueden considerarse sin embargo como uno de los tantos movimientos que difunden por el mundo las ideas de la secta (entiéndase la secta masónica).

   La historia del Club de los Leones arranca del año 1917, cuando el joven Melvyn Jones, estudiante de Chicago, juntó alrededor suyo muchos chicos de su edad. La miseria rodeaba a muchos de ellos; y las diferencias sociales estaban muy acentuadas en ellos. Entonces decidieron realizar obras benéficas, aunque con el más riguroso anonimato, y favorecer entre los hombres de todos los países la hermandad, la concordia y la amistad. De modo más inmediato, reunieron algún dinero, organizaron rifas, recogieron ropas, abrieron comedores populares, todo para los necesitados.

   El grupo inicial estaba formado por dos docenas de afiliados. En la actualidad (NOTA: se debe tener encuenta que esta publicación tiene sus años, los datos no están actualizados), la organización leonística cuenta con más de 12.000 clubes, distribuidos en 63 países, y con más de 600.000 miembros o leones. Solamente en América del Sur parece que hay unos 40.000 leones. En diciembre de 1954, el vicepresidente de los Leones internacionales, Dr. Humberto Venezuela, dejó establecida en Argentina una filial del Club.

   Se fundaron pronto otras filiales, y en diciembre de 1957, su presidente Mr. Edward Barry visitó Argentina, acompañado por leones internacionales y recibió en Rosario los homenajes de representantes de los clubes leones de Uruguay, Chile y Paraguay.

   La palabra Leones es una sigla y corresponde a:

L ealtad                N obleza de ideales

E ntendimiento      E sfuerzo     por el progreso

O rden                   S ervicio      al individuo.

   Armando Tonell, en un artículo salido en la revista Reflector, (de la Congregación del Verbo Divino) escribe: “Los Leones se diferencian de los rotarios en un solo detalle: las clasificaciones. Mientras que en el Rotary cada actividad tiene un representante, en el Club de Leones, o “Lions Internacional” se admite a todos por igual y la selección es menos rigurosa. Por el ridículo nomenclátor en que cataloga a sus miembros, como por sus pretensiones de salvador social, el Club de Leones puede encasillarse muy bien entre los clubes chirles y fanfarrones”.

¿Qué debe pensarse de los leones?

   Que sepamos, la Iglesia no ha dado todavía ninguna directiva acerca de tales clubes, como ya lo hizo para el Rotary.

   Creemos que con toda razón debe aplicársele el Canon 684, cuyo texto repetimos: “Son dignos de alabanza los fieles que dan su nombre a asociaciones que promueve la Iglesia o al menos tienen su aprobación. Por el contrario, absténgase de las sociedades secretas, condenadas, sediciosas, sospechosas, o que buscan eludir la legítima vigilancia de la Iglesia”.

   A lo menos le conviene al Leonismo este último calificativo: sospechoso, por los motivos que apunta Armando Tonell, en el artículo ya citado: “Si el “Club de Leones” no pasara más allá de sus extravagancias de forma, no valdría la pena ocuparse de él, ni para ponerlo en solfa. ¿Qué importa una máscara más, que creyendo que todo el año es carnaval busca empeñosamente formar su comparsa? Pero es el caso que el “Club de los Leones” esconde bajo su careta inofensiva un fondo inaceptable desde el punto de vista del mejoramiento social y de la elevación moral del hombre. (Que pretende ser su finalidad).

   Proclama el “Club de Leones” la amistad, el compañerismo y la camaradería como únicos medios para mejorar moralmente a la humanidad, de acuerdo con la enseñanza rotaría legada por Paul Harris, fundador del Rotary.

  Y Harris preconizó la prescindencia absoluta de Dios y de todo credo religioso... Todo debe hacerse sin el auxilio de la Divinidad. Debe obrarse Ieonísticamente. En los tiempos de Roca y de Wilde, se decía “masónicamente”; pero hoy, para disimular, se tapan el mandil con el mantel de la opípara mesa en que periódicamente se reúnen “leones” y “rotarios”, y con fingida candidez, enarbolan el banderín del indiferentismo religioso, tanto más pernicioso como la misma guerra a la religión.

   En lugar de alistarse en las filas del Leonismo, los católicos deseosos de fomentar la caridad o de ejercerla en provecho de los necesitados hallarán fácilmente muchas otras asociaciones “que promueve la Iglesia o al menos tienen su aprobación” en que podrán inscribirse con mérito de su parte, sin el peligro de caer en el indiferentismo religioso o de favorecer, aunque sea indirectamente, los planes de la Masonería.

UNAS FOTOS REVELADORAS.

   En la Revista “Cruzado Español” del 15-XII-1960, Fidel Castro aparece fotografiado, une vez con el Presidente del Club de los Leones de La Habana, Dr. Balando Fernández Patmos, en un momento del almuerzo celebrado por dicho Club en el Salón Caribe del Hotel Hilton, y otra vez en el almuerzo del Club Rotario de La Habana, con el Dr. Manuel Urrutia, presidente, y varios miembros del Gabinete”.

SIN CONTAR QUE...

   Muchas otras sectas, asociaciones y sistemas doctrinales como Acción Laica, Liga de la Enseñanza, Intelligence Service, Friendly Societies, Young Men's Christian Association (YMCA), Liga de los Derechos del Hombre, etc., son auxiliares y renuevos de la Masonería. . . (Triana, Hist. de los HH. Tres Puntos).

   “En Argentina existen cerca de 40 organizaciones colaterales de la Masonería, creadas exprofeso para desarrollar su acción profana, sin comprometerse; y otras 30 que, si bien no son fundaciones masónicas han sido prácticamente copadas por la Masonería.

   Otros autores han denunciado la influencia de la Masonería en el espiritismo y el teosofismo y otras prácticas esotéricas”. (Cfr. Fray Isidoro Silvestre O.F.M. en “Masonería, su misión, sus actividades”).

   “Todos los Leones no son masones, ni mucho menos, pero todos los masones son favorables al Club de los Leones”.

   La propaganda masónica se ha preocupado, sobre todo desde 1930, en organizarse en las altas esferas, con el fin de alcanzar mejor en todos los terrenos sus fines más esenciales.

   Esta propaganda no se contenta con obrar sobre los partidos políticos y por su intermedio. Pone en obra los medios más diversos: ciertos periódicos, asociaciones “fraternas” que ¡ha multiplicado en muchos ambientes las Ligas que proceden más o menos directamente de ella o que ella inspira, o que son sus aliados: Liga de los Derechos del Hombre, Liga de la Enseñanza llegada a ser Confederación General de las Obras Laicas, Librepensamiento, Agrupaciones racionalistas, de defensa laica, de funcionarios, de combatientes, de compañeros de mutualistas, de enseñanza popular, etc. Ha desarrollado las obras de Juventud, Scouts, Asociaciones deportivas. Patronatos de laicos. Colonias de vacaciones.

   Ha invitado a sus miembros a tomar lugar en las secciones locales de las diversas obras. Ha llamado a su auxilio al teatro, al cine, la radio, las bibliotecas populares, los volantes.

   A menudo procede mediante personas interpuestas. Recomienda a sus fieles el empaparse bien, en las Logias, en las enseñanzas masónicas; y después, dejar el mandil y su cualidad de masón, para bajar a la ciudad como simples ciudadanos. Que se trate de la acción parlamentaria o de cualquier obra, la Masonería se ha de hacer sentir por todas partes, y descubrir en ninguna”. CHARLES LEDRÉ “La Masonería”


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   “El Anticristo no se llamará así; de lo contrario no tendría adeptos. No llevará un “maillot” rojo, y no vomitará azufre. Llegará disfrazado como el Gran Humanista; hablará de paz y de abundancia. Protegerá la ciencia, pero tan sólo para que los fabricantes de armas se sirvan de una maravilla de la ciencia para destruir otra. Hablará aún, tal vez, de Cristo, y dirá de El que fué el hombre más grande que jamás haya existido. En medio de su aparente amor a la Humanidad y con sus enternecedoras palabras sobre la libertad y la igualdad tendrá un gran secreto que no dirá a nadie. No creerá en Dios. Vivimos días de Apocalipsis. . .”

Mons. Fulton Sheen (1951).



“Tomado de la publicación Fe integra” N° 5 (Segunda Edición)

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