viernes, 18 de septiembre de 2026

LA ÚNICA PAZ DEL CRISTIANO, ES HACER LA GUERRA AL MUNDO SIN MIEDO. – Por el P. Andrés Morello S. J. M.

 






LA ÚNICA PAZ DEL CRISTIANO, ES HACER LA GUERRA AL MUNDO SIN MIEDO. –  Por el P. Andrés Morello S. J. M.

 

   “No he venido a traer la paz sino la guerra” (Mt. 10, 34). Son palabras de Nuestro Señor y como tales deben ser entendidas. Son palabras del Príncipe de la Paz, el Único que la tiene y el Único que puede darla. “Mi paz os dejo, mi paz os doy... No como el mundo la da” (Jn. 14, 27).

 

   Jesucristo es el Príncipe de la Paz, pero de la paz de Dios. Pacificar a un alma es ponerla en orden, en sus afectos, en sus amores, en sus pasiones y deseos. Consiguientemente pacificar a los hombres, a la sociedad y al mundo es también ordenarlos. Poner al mundo en orden significa necesariamente cambiar muchas cosas, una infinidad, hoy desordenada. El mundo de hoy es un mundo de valores falsos e invertidos, de amores equívocos, de deseos caóticos, de conductas errantes.

 

   Para poner a este mundo pervertido en orden será necesariamente hacerle la guerra, enfrentarse, oponerse; será decir y hacer de una manera radicalmente contraria a como dice y hace la orientación actual de las sociedades.

 

   Para Cristo y el cristiano, para la verdadera Iglesia y para el católico valen la familia y los hijos, la Fe y la honradez, la lealtad y la integridad, la consciencia y la vida limpias, los buenos creyentes y los buenos sacerdotes.

 

   Para el mundo no.  El mundo dice: Destruyamos la familia, defendamos su disolución, el divorcio y la unión libre, momentánea, pasajera...

 

   Defendemos la Fe en el Único Dios verdadero y en el Único que puede salvar; pero el mundo quiere que respetemos todos dioses que no es respetar a ninguno y menos al verdadero...

 

   Queremos la honradez siempre y para todos; para el mundo la única honradez es económica o fiscal. Para el mundo un degenerado que paga los impuestos es un hombre respetable; y si se trata de alguien famoso, artista o millonario, su condición, como a los dioses mitológicos, lo dispensa de todo delito. Para nosotros, los católicos no.

 

   Poner al mundo en paz es ordenarlo. Ordenarlo es oponerse a sus falsos principios imponiendo los de Dios y de la recta razón, es erradicar las malas conductas, los vicios y las degeneraciones que hoy pretenden derechos y respeto.

 

   O respetamos a Dios o al mundo, o cumplimos los Mandamientos del Decálogo o manda la Declaración de los derechos humanos, o respetamos lo que Dios hizo y quiso o Sodoma tiene razón. La historia sagrada dice que no.

 

   La Fe en Dios y el amor exclusivo que le debemos supone de manera necesaria y absoluta la oposición irreductible al mundo enemigo de Dios. Esa lucha, ese combate, suponen valor, valentía, entereza, coraje y constancia.

 

   El valor no abunda ni entre cristianos ni entre clérigos. También en el Calvario sólo San Juan mostró entereza.

 

   Cuando fue necesario seguir a Cristo al combate supremo de la Cruz los enfermos, los leprosos, los resucitados, los ciegos de nacimiento, todos, olvidaron las gracias recibidas.

 

   Vergüenza es decir, pero falta valor, falta hombría para seguir a Dios. El miedo acobarda a los cristianos, el respeto humano hace enanos a los grandes y también el temor de ser más valientes que muchos sacerdotes y obispos incapaces de defender a Dios.

 

   La iglesia de la misa protestante, la que pide perdón a todos menos a Jesucristo, la que reza en el areópago de todos los dioses no tiene hombría ni puede tenerla. En el calvario de esta época malsana, más parecen fariseos que cristianos.

 

   Suenan en el cielo de la historia presente las palabras de Cristo Señor Nuestro: “Quien no está conmigo está contra Mi” (Mt. 12, 30).

 

   ¡Seamos hombres para Dios!

 

“CATÓLICOS ALERTA”

 

 

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

CONGRESO MASÓNICO ARGENTINO (Septiembre de 1905)

 




CONGRESO MASÓNICO ARGENTINO

(Septiembre de  1905)

 

   Cuando el lector lea la presente Crónica se habrá celebrado en Buenos Aires un Congreso masónico americano, en el que, entre otras, se pondrán a votación las siguientes conclusiones:

 

   1. Separación de la Iglesia y el Estado.

   2. Instrucción laica gratuita y obligatoria hasta la edad de catorce años.

   3. Limitación de la propiedad de las asociaciones religiosas a lo estrictamente necesario para el ejercicio del culto.

   4. Supresión de las Órdenes monásticas.

   5. Supresión de las fiestas religiosas.

   6. Supresión del uso de las campanas en las iglesias.

 

   Se ve por lo expuesto que la acción de las logias es universal y simultánea, al contrario de lo que, desgraciadamente, ocurre con la acción católica en el terreno social, en el que obra en cada nación de un modo aislado y por iniciativas laudables, sí, pero independientes unas de otras y sin tener entre sí otro lazo de unión que el de la identidad de sus fines, pero no el de la homogeneidad de procedimientos, que sólo se obtiene por medio de una dirección permanente y común a todos los organismos de que la acción antimasónica carece.

 

   Y no hay que darle vueltas: mientras a la acción masónica organizada no se oponga otra acción católica internacional cuyos organismos funcionen regularmente en la lucha entablada entre el bien y el mal, los católicos llevaremos la peor parte.

 

TEODOSIO.

 

“LA LECTURA DOMINICAL”

Revista semanal española.

Órgano del Apostolado de la Prensa

 

LAS LLAGAS DE SAN FRANCISCO (17 de septiembre)

 




LAS LLAGAS DE SAN FRANCISCO

(17 de septiembre)

 

   Muchos santos personajes —dice J. M. A. Vacant, de quien tomamos los conceptos de este artículo — han llevado visiblemente llagas semejantes a las del Salvador crucificado: el más célebre es San Francisco de Asís.

 

   He aquí como recibió sus estigmas:

 

   Dos años antes de su muerte se hallaba en el monte de Alvernia; era hacia la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, cuando una mañana en que oraba fué arrebatado en éxtasis. Vió a un serafín que tenía seis alas, entre las cuales había un hombre con los pies y las manos extendidas en cruz y semejante al Salvador crucificado. Después de esta visión el alma de Francisco quedó llena de ardiente caridad, y las señales de las cinco llagas del Salvador aparecieron en su cuerpo y fueron vistas, a pesar del cuidado que tenía de ocultarlas, durante su vida, y sobre todo después de su muerte. No eran solamente cicatrices, pues llevaba en los pies y en las manos verdaderos clavos formados con su carne y de color de hierro. Estos clavos tenían una cabeza redonda y negra que se apoyaba en lo interior de las manos y en lo alto de los pies; sus largas y aceradas puntas pasaban al otro lado volviendo sobre sus manos y pies, de modo que parecían haber sido encorvadas con un martillo. El costado derecho de Francisco llevaba una herida roja y cicatrizada, como si hubiera sido taladrado con una lanza; durante su vida, con frecuencia salía de ella sangre que manchaba sus hábitos. San Francisco murió en 1226 y sus llagas fueron instrumento de una porción de milagros.

 

   He aquí los principales documentos en que estos hechos son referidos con las expresadas circunstancias: 1° Una biografía del Santo, escrita antes de 1230 por orden de Gregorio IX, por Tomás Celano, discípulo y compañero de San Francisco. 2 ° Obra biografía escrita por Coperan viviendo el mismo Papa, es decir, antes de 1241, 3 ° Una leyenda de los milagros del santo hombre escrita en 1246 por tres discípulos suyos franciscanos, uno de los cuales, llamado Rufino, había tocado sus llagas mientras vivió. 4 ° La vida de San Francisco, escrita por San Buenaventura hacia 1260, después de haber visitado los lugares en que el Santo había vivido y de interrogar a los que la habían visto. Los Bolandistas (4 de Octubre) han probado que estas diversas biografías no habían sido alteradas posteriormente en lo que concierne a los detalles que hemos referido. Para este aserto se apoyan en la lectura do los ejemplares más antiguos, en muchas Letras apostólicas de Gregorio IX y de Alejandro IV, que habían conocido a San Francisco, y on otros varios testimonios.

 

   No hay duda que autores que han venido luego han añadido hechos legendarios a la historia de San Francisco; algunos hasta han pretendido deducir del hecho de esas llagas conclusiones doctrinales arriesgadas y singulares; pero la autoridad eclesiástica nunca se ha hecho cómplice de estos errores, que no pueden invocarse contra la realidad de los hechos que hemos referido, porque estos están justificados.

 

   Los que quieren la demostración de los milagros no pueden, razonablemente, exigir mayores pruebas de los estigmas con que el Señor Crucificado regaló a su seráfico siervo San Francisco.

 

“APOSTOLADO DE LA PRENSA”

Año 1903.

martes, 15 de septiembre de 2026

VIRGEN DE LAS LÁGRIMAS – Pensamientos del “Breviario de la confianza” para el mes de septiembre.

 




VIRGEN DE LAS LÁGRIMAS – Pensamientos del “Breviario de la confianza” para el mes de septiembre.

 

   El canto litúrgico dice que al pie de la cruz estaba la MADRE  DE LOS DOLORES. (Stabat Mater) ¡Benditas lágrimas de María! ¡Lágrimas redentoras que, con la sangre de Jesús, nos liberaron de la culpa y nos abrieron las puertas del Cielo! ¡Qué hermosa es la dulce invocación de NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES! Es reconfortante saber que Jesús y María lloraron como nosotros, pobres mortales, que lloramos en este mundo de exilio.

 

   Hoy, la Santa Iglesia nos invita a honrar los dolores de María, nuestra amada Madre, al pie de la cruz, llorando. Jesús sufrió en el cuerpo, y María, en el corazón. Mientras de las llagas abiertas del Redentor brotó la sangre que nos redimió, de los ojos angustiados de María brotaron lágrimas, lagrimas del corazón, esas perlas ricas y preciosas que nos fueron dadas como prenda de salvación eterna. ¡Sangre de Jesús y lágrimas de María, sois nuestro tesoro, nuestra vida, nuestra redención!

 

   Digamos las jaculatorias más queridas a Nuestra Señora: ¡Jesús, escucha nuestras oraciones! ¡Por las lágrimas de tu Santísima Madre!

 

   ¿Qué puede negarnos el Santísimo y Amantísimo Hijo cuando le presentamos nuestra súplica, invocando lo más preciado y santo: las lágrimas de su Santísima Madre María? Cuando nuestra vida triste, amarga y dolorosa nos haga llorar, miremos al Cielo, o mejor aún, vayamos al Calvario y, a los pies de Jesús Crucificado, digamos, llenos de amor, con el corazón abierto: Mira, Jesús, estas son las lágrimas de Aquella que más te amó en la tierra y más te ama en el Cielo. ¡Sangre de Jesús, lávanos de nuestra culpa! ¡Lágrimas de María, alcánzanos perdón y misericordia!

 

Pensamientos para cada día del año. Tomado del “Breviario de la Confianza” Monseñor Brandão, Ascânio. Año 1936.

LA MULTIPLICIDAD DE CULTOS

 




LA MULTIPLICIDAD DE CULTOS

 

   La opinión de que se honra a Dios con cualquiera religión de las que hay en la tierra (ha dicho un escritor eminente), es un tolerantismo que la disolución ha concebido y la desvergüenza ha publicado, pero que la razón destruye, porque así como no hay más que un Dios, no hay tampoco sino una religión verdadera, y esta es sólo la que puedo honrar al Hacedor Supremo.

 

   Siendo la verdadera religión el verdadero culto del Dios verdadero, no es un sistema ni una filosofía este culto, en que cada cual puede seguir su capricho o donde cada uno camina con propio parecer, sino obligación esencial y deber sagrado que excluye toda avenencia entre el error y la verdad, las tinieblas y la luz, sin que puedan admitirse tolerancias de religiones falsas, que implican siempre un conjunto de monstruosidades supersticiosas para los ignorantes, la destrucción de toda religión para los que discurren y un culto ilusorio y ofensivo a un ser infinitamente perfecto, que es Dios.

 

   Asi solamente la verdadera religión tiene derecho a establecerse dondequiera; razón por la que la buena política, o el sentido político, no deben tolerar otra, procurando siempre que no haya más que un culto en un Estado, porque de esta uniformidad dependen la paz, la unión y la concordia de todos sus miembros.

 

   El mismo Platón, discípulo de Sócrates, no obstante el culto insensato y escandaloso de su tiempo, estableció fundadamente esta máxima: «No se debe mudar cosa alguna acerca de la religión establecida... ni permitirse introducciones ni licencias que dividan la opinión... pensar lo contrario es haber perdido el juicio.»

   Y si el paganismo, por boca de sus hombres eminentes, condena y repele como perniciosa al Estado toda concesión y franquicia a sectas extranjeras; si dividido un pueblo en opiniones religiosas viene la desunión, y tras ella alborotos y mudanzas, claro es que una de las mayores calamidades que pueden sobrevenir al pueblo cristiano es la admisión de novedades que, perturbando las creencias, arraiguen el desenfreno y la licencia en los vicios, ocasionando la ruina del orden y el naufragio de los gobiernos.

 

   La Religión ha sido siempre lo más preciado y amado del hombre, y siendo el celo por la fe deber ineludible, hay que defenderla sin frialdad, impugnando con valor y con ardor lo que no debe permitirse y como lo piden la dignidad e importancia del asunto.

 

   Es un hecho innegable, por otra parte, que mientras la Iglesia y la sociedad civil marcharon de acuerdo, todo prosperó a su sombra; porque, asegurada la paz interior, pudieron los pueblos realizar empresas grandiosas y trasmitir a la posteridad un recuerdo glorioso de valor y de virtudes.

 

   Así, mientras este maravilloso concurso de oración y de acción ha subsistido, y prescindiendo de intereses y pugnas privadas, adunáronse sus fuerzas contra el peligro común, haciendo prevalecer en las instituciones la unión y la concordia religiosa, los pueblos han sido muy felices permaneciendo dentro de la órbita de la justicia, la moralidad y la honradez, que surgen del temor de Dios, principio del verdadero bienestar y de toda sabiduría.

 

   Pero tan luego como una falsa política de tolerantismos, mistificaciones y corruptelas, ha puesto en peligro esa armonía, arruinando el sentido moral y socavando los cimientos de la sociedad civil, han surgido las luchas y las rivalidades estériles, las miras estrechas y egoístas, y la degradación consiguiente a los utilitarismos e individualismos vergonzosos.

 

   Nunca por esto, debiera olvidarse aquella sublime máxima tan famosa en el Imperio Romano del gran español Teodosio: «Que no puede haber prosperidad sin religión, ni se puede mandar bien a los hombres sin obedecer bien, a Dios»... Y ¿cómo ha de poder obedecerse bien a Dios, estableciendo cultos contrarios a la religión verdadera?

 

   En España, el VI Concilio Toledano, ordenó que a ninguno se le diese posesión de la Corona, sin que antes jurase no permitir en el reino a quien no fuese católico; ni vióse tampoco quieta y feliz la península, hasta que deponiendo los errores de Arrio, abrazaron todos la religión católica. Esta felicidad perdióse desde el reinado de Witiza, en que negada la obediencia al Papa, cundieron los vicios con el desenfreno religioso, y prepararon la catástrofe de la invasión de los árabes.

 

   No hay, por tanto, que formarse falsas conciencias con engañosas confianzas, no ya sólo pretendiendo limitar los deberes cristianos a los deberes de la probidad mundana, ni menos aceptando unos dogmas y rechazando otros, haciéndose una religión para su servicio, a pesar de los anatemas de la Iglesia; sino, lo que es aún peor, creyéndose con derecho a relajar y anular el catolicismo, aceptando la peligrosa y seductiva teoría de que cualquier religión es buena, y adecuado cualquier culto para servir a Dios... sofisma ideado por corazones viciosos y corrompidos, para tranquilizar conciencias abrumadas por pasiones vergonzosas, y sacudir sin remordimientos el yuyo de la virtud.

 

   Desgraciadamente, a pretexto de una civilización falsa, de una tenebrosa y maquiavélica ilustración, cunden hoy y pululan por todas partes, gérmenes sectarios, incredulidades impías que tiranizan al hombre con sus pretendidas tolerancias, sus mentidas fraternidades y su decantado cosmopolitismo.

 

   Hora es ya de advertir y señalar el peligro, y proclamar muy alto y lealmente, que tras esas sensiblerías hipócritas, se oculta el materialismo ateo, que es la negación de toda verdad, y la desventura y el suicidio de los pueblos...

 

JOSÉ DE GUZMÁN EL BUENO Y PADILLA.

(De la Academia de la Historia)

Año 1899.

Santa Catalina de Génova, viuda. — 15 de setiembre († 1510)

 




Santa Catalina de Génova, viuda. — 15 de setiembre (

1510)

 

   La heroica enfermera y consoladora de los pobres, santa Catalina de Génova, fué natural de la ciudad que lleva su nombre, y de la nobilísima casa de los Fieschi. Deseaba en gran manera imitar el ejemplo de una hermana suya, llamada Limbonia, que servía al Señor en un monasterio de monjas agustinianas; mas estorbáronselo sus padres, los cuales a todo trance quisieron casarla con un mancebo muy noble y rico de Génova. Llamábase a este caballero Julián Adorno, y aunque antes de tomar a Catalina por esposa parecía de loables costumbres, se desenfrenó después, de manera que los diez años que vivió en compañía de la santa, fueron para ella diez años de cruel martirio.

 

   Sacábanle fuera de sí la ambición de honras mundanas, la afición al juego, y a los deleites sensuales: y aunque la santa con muchas lágrimas pedía al Señor la conversión de su marido, no abrió éste los ojos, hasta que en el juego y en los vicios hubo perdido la salud, y toda su hacienda y la de su esposa. Entonces por las oraciones de la santa se convirtió a Dios y entró en la tercera orden de San Francisco y al poco tiempo pasó de esta vida con señales de verdadera contrición y arrepentimiento.

 

   Desde aquel día determinó la santa viuda comenzar a servir a Dios, y a los pobres de Jesucristo en el hospital mayor de Génova, donde por muchos años fué como el ángel consolador de los enfermos. Era tan grande la caridad que ardía en su pecho que se extendía a todos los enfermos de la ciudad: de día y de noche los visitaba en sus casas, los animaba y regalaba cuanto podía, quitándose de su propio sustento, y mendigando lo que había menester para remediar sus necesidades.

 

   La ciudad de Génova bendice todavía con singular reconocimiento el nombre de la santa por los portentos de caridad que obró en los años de 1497 y 1501 cuando la pestilencia desolaba la población. Todos huían por escapar del terrible azote; mas no huyó la santa, antes como enfermera de los heridos de la peste, acudía a su socorro, y a unos daba la salud del cuerpo y a otros disponía a bien morir y alcanzar la eterna salvación del alma. No se pueden decir ni imaginar las proezas de caridad que llevó a cabo esta grande santa.

 

   Mas no fueron menos asombrosas sus austeridades y ayunos: porque pasó veintitrés cuaresmas y otros tantos advientos con sólo el Pan eucarístico, y bebiendo un poco de agua mezclada con sal y vinagre.

 

   Escribió un hermoso diálogo sobre el purgatorio, que bastara a desengañar a los herejes protestantes, que niegan este dogma. Finalmente a la edad de setenta y siete años, conociendo que era llegada su dichosa muerte, recibió el santo viático, diciendo: «Ven, oh querido Esposo de mi alma», y llena de méritos y virtudes voló a la gloria del cielo.

 

   Reflexión: No es maravilla que todos los buenos genoveses alaben y glorifiquen a esta santa heroína de la caridad, y la invoquen con grande fe en las públicas calamidades. En ella se manifiesta el verdadero amor del prójimo, propio de la caridad cristiana, que en semejantes ocasiones suele llegar hasta el heroísmo, y el falso amor del prójimo, que huye de todo peligro de muerte, faltando a veces, aun a las obligaciones y oficios más necesarios de la caridad y careciendo hasta de palabras de consuelo y esperanza para reanimar los corazones de los enfermos y moribundos.

 

   Oración: Dígnate, oh Señor, Autor de nuestra salud, escuchar nuestras humildes súplicas; para que así como nos alegramos en la festividad de la bienaventurada Catalina, así imitemos su piedad y afectuosa devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

 

“FLOS SANCTORVM”

lunes, 14 de septiembre de 2026

SAN AICARDO, ABAD DE JUMITEGUES.

 




SAN AICARDO, ABAD DE JUMITEGUES.

 

(15 de septiembre)

 

IMAGEN: San Aicardo visitando el dormitorio de su comunidad, y la visión.

 

   De las más nobles familias de Poiton, hijo de Anscario, distinguido entre los caudillos del rey Clotario, de Francia, y de Ermena, esclarecida por su piedad, este Santo se resolvió desde sus primeros años a consagrarse en la vida religiosa al servicio del Señor.

 

   Acostumbraba el Santo, después que los monjes se entregaban al descanso, visitar los dormitorios armado con la santa cruz y provisto de agua bendita para expeler de aquellos lugares las asechanzas satánicas. Santamente preocupado con el deseo de que ni aun después de su muerte, que sospechaba cercana, decayesen los religiosos de su elevación espiritual, rogó una noche con todo fervor que, antes de que tal infortunio acaeciera, llamase Dios a su seno a aquellos monjes que corrían peligro de relajarse y perderse.

 

   Fué escachada la oración de San Aicardo, y en una visión que tuvo, un ángel que le manifestó que a su custodia había sido desde su fundación confiado aquel Convento de que el Santo era Abad, le reveló que los monjes que a la sazón en sus lechos de cansaban, y a quienes el ángel iría sucesivamente señalando, morirían pocos días despues.

 

   Cuando al día siguiente refirió a la Comunidad congregada el Santo Abad esta visión espantable aterrorizáronse los monjes, pues no menos de la mitad de los religiosos habían sido designados como víctimas propiciatorias de la muerte.

 

   ¡Con cuanto fervor no se prepararían éstos para la hora tremenda! ¡Huyó el sueño de sus ojos, castigaron incesantemente las disciplinas aquellos cuerpos avezados a la penitencia, su único alimento era la oración, resonaban las confesiones con acento de contrición conmovedora!

 

   Cuatro días después, recibido por todos el Santísimo Cuerpo de Cristo, mientras sus almas se elevaban con los sagrados cánticos, dulcemente y como en éxtasis admirable, entre los ósculos de paz de sus hermanos, y bajo la bendición de San Aicardo iban acudiendo aquellas almas purificadas a la cita de los cielos.

 

“LA LECTURA DOMINICAL”

Año 1905.

 

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ.

 




EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 

   Mensaje espiritual: «Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos». Romanos. XII; 18

 

   Durante el reinado del emperador Heraclio I, los persas conquistaron Jerusalén y se llevaron la parte principal de la Vera Cruz (Verdadera Cruz) de Nuestro Señor, que Santa Elena, madre del emperador Constantino, había dejado allí.

 

   Heraclio decidió reconquistar este preciado objeto, la nueva Arca de la Alianza para el nuevo pueblo de Dios. Antes de partir de Constantinopla, acudió a la iglesia, calzado de negro, en espíritu de penitencia; se postró ante el altar y rogó a Dios que le infundiera valor; finalmente, llevó consigo una imagen milagrosa del Salvador, decidido a luchar con ella hasta la muerte.

 

   El cielo ayudó grandemente al valiente emperador, pues su ejército cosechaba victoria tras victoria; una de las condiciones del tratado de paz fue la devolución de la Cruz de Nuestro Señor en el mismo estado en que había sido tomada.

 

   A su regreso, Heraclio fue recibido en Constantinopla con aclamaciones del pueblo; salieron a su encuentro con ramas de olivo y antorchas, y la Vera Cruz fue honrada con un magnífico triunfo. El propio emperador, en agradecimiento, deseó devolver a Jerusalén esta madera sagrada, que había estado en manos de los bárbaros durante catorce años.

 

   Al llegar a la Ciudad Santa, cargó la preciosa reliquia sobre sus hombros; pero al llegar a la puerta que conducía al Calvario, le resultó imposible avanzar, para su gran asombro, y estupefacción de todos: «¡Cuidado, oh emperador!», exclamó el patriarca Zacarías; «sin duda, la vestidura imperial que llevas no se corresponde con la condición humilde y pobre de Jesús cargando su cruz». Conmovido por estas palabras, Heraclio se quitó sus ornamentos imperiales, se descalzó y, vestido como un pobre, pudo subir sin dificultad al Calvario y depositar allí su gloriosa carga.

 

   Para añadir aún más esplendor a esta procesión triunfal, Dios permitió que se realizaran varios milagros por el poder de este bosque sagrado: un muerto resucitó, cuatro paralíticos sanaron, diez leprosos recuperaron la salud, quince ciegos la vista, varias personas poseídas por espíritus malignos fueron liberadas y un número considerable de enfermos se curaron por completo. Tras estos acontecimientos, se instituyó la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz para perpetuar su memoria.

 

Abate L. Jaud, Vidas de los santos para cada día del año, Tours, Mame, 1950.

domingo, 13 de septiembre de 2026

LA AMBICIÓN.

 





LA AMBICIÓN.

 

La imagen: Diógenes en su tonel.

 

   Alejandro, rey y héroe famoso de Macedonia, al separarse del filósofo Diógenes, dijo:

   —Si yo no fuera Alejandro quisiera ser Diógenes.

   Parmenión, su capitán, que junto al filósofo se hallaba, exclamó:

   —¡Qué palabras tan extrañas en labios de tan grande héroe y de tan poderoso monarca!

  —No tanto—contestó Diógenes,—pues ellas significan una profunda verdad; es como si Alejandro dijera: ¡Cuán grande es el hombre que huye de los honores, aun cuando mi ambición me impida imitarle!

   —¿Es decir—repuso el capitán—que niegas al rey el dictado de Grande?

   —No; pero también es grande el monte Etna, en Sicilia.

   —¿Cómo es eso? — Replicó Parmenión.—¿Osas comparar al hombre más grande del universo con un volcán devastador?

   —Si es ambicioso, sí—respondió Diógenes;—y mil volcanes son como nada en comparación del fuego interior que consume al que suspira por honores.

   —De modo—añadió Parmenión—que tú ¿No cambiarías tu vieja capa por el manto real del gran Alejandro?

   —En manera alguna. ¿Valdría por ventura la pena de que yo hiciera rodar mi tonel hasta lo alto del Etna, para habitar en el borde del cráter?

   Así habló el sabio, y entonces el capitán se alejó pensativo, diciendo en su interior: «No hay en el mundo hombre más feliz que el que nada desea; y por el contrario, no hay ser más desdichado que el ambicioso, aunque éste sea un César o un Alejandro.»

 

 

sábado, 12 de septiembre de 2026

EL BENDITO NOMBRE DE MARÍA REINA SOBRE LOS PODERES DE LAS TINIEBLAS.

 



 

   Son tres los reinos sobre los que reina María: el cielo, la tierra y el infierno. En cada uno de estos reinos, uno de sus atributos se revela de manera especial: En el cielo; su gloria. En la tierra; su bondad. En el abismo de la justicia eterna; su poder. EL BENDITO NOMBRE DE MARÍA, que es como un dulce canto para el cielo y la tierra, en el infierno, resuena como un terrible trueno. Pero todos los esfuerzos furiosos  de Satanás son en vano, y los demonios deben doblar las rodillas en el nombre de María, de la misma forma que lo hacen ante el nombre de su hijo Jesús. La Virgen Valiente, como su Divino Hijo, infligió a Satanás las derrotas más vergonzosas.

 

   El gran triunfo de María sobre Satán se remonta a los albores de la creación: Lucifer, el más exaltado de los Serafines, debe rendir homenaje al Verbo encarnado y, en consecuencia, a su Madre; él rechaza este vasallaje “No serviré dijo”. ¿Cómo es eso? Soñó Lucifer con elevarse a las alturas de Dios, con colocar su trono en el Monte Santo, y ahora una mujer disipa sus sueños, ocupa su lugar, aparece revestida del sol.

 

   Su orgullo no puedo soportar esto, por eso se rebeló. Pero San Miguel, defensor de los derechos de Dios y de María, derrotó a los ángeles rebeldes. ¿Quién cómo Dios? fue su grito de vitoria. Es de imaginar que en su boca el nombre de María, como consigna de batalla, debió estar unido al nombre de Dios. El pensamiento de María animó al Arcángel, un caballero devoto de Ella. Satanás, fue arrojado al abismo del infierno, y es obligado a doblar las rodillas en el Nombre de Jesús y de María, y grita: “¿Quién es esta Mujer, que ya antes de nacer, es tan terrible como un ejército en orden de batalla contra los poderes infernales?”

 

Padre Józef Stanisław Adamski. S.I.

Año.1908

 

¿PUES QUÉ, TAN DIFÍCIL ES ORAR?

 




¿PUES QUÉ, TAN DIFÍCIL ES ORAR?

 

   ¿Qué si es difícil? Más que difícil, muy difícil. Como que es casi imposible. Digo que es humanamente imposible no distraerse en la oración. Y esto es muy fácil de comprender. Es la oración, según la Doctrina Cristiana, «levantar el corazón a Dios y pedirle mercedes». Levantar el corazón a Dios, esto es, ponerse en comunicación con Dios, hablar con Dios, unirse con Dios. Pedirle mercedes; esto es, confesar nuestra inferioridad, confiar en su poder, suplicarle que nos conceda, no lo que pedimos, que muchas veces pedimos imprudentemente, sino pedirle lo que nos conviene. Véase por donde no hay cosa más santa, más augusta, más agradable a Dios que la oración; puesto que con ella confesamos nuestra dependencia, nuestra confianza y la Omnipotencia Divina. ¿Y tan difícil es no distraerse en ella? Repito que humanamente imposible.

 

   Como la oración es la unión del alma con Dios por la gracia, es claro que el enemigo de nuestra salvación hará todo lo que pueda, ya para que no apartarnos de la oración, o a  lo menos nos distraigamos, y resulte menos eficaz y fervorosa. Nuestra imaginación es un caballo desbocado, es «la loca de la casa» como llamaba a la distracción en la oración, Santa Teres de Ávila; y a un caballo sin freno y a una loca, ¿quién es capaz de detener? Humanamente hablando, nadie; por eso digo que hay necesidad de la gracia para no distraerse en la oración.

 

   Cuéntase de San Bernardo, que iba una vez de camino montado en una mula y acompañado de un labriego, con quien departía amigablemente. Entre otros conceptos, trató nuestro Santo de lo difícil que es no distraerse en la Oración.

   — Pues yo creo, dijo el buco labriego, que no es tan difícil como el Padre dice; pues en poner atención y no pensar en otra cosa, ya no se distrae uno.

   — ¿Si? dijo el Santo. Pues si rezas un Padre nuestro sin pensar en otra cosa que en lo que estás rezando, te regalo esta mula sobre la que voy montado.

   — ¿Eso es verdad? dijo con alegría el aldeano.

   — Si, replicó el santo monje; tuya será si haces lo que dices.

   — Pues comienzo, dijo el buen hombre: «Padre, nuestro, que estáis en los cielos, santificado sea el tu nombre; vénganos…»

   — Pero Padre, saltó de pronto: ¿Me dará Ud., también el aparejo?

   — ¿Ves? dijo riéndose San Bernardo, cómo te has distraído y has pensado en otra cosa antes de terminar el Padre Nuestro.

   Y el labriego continuó cabizbajo su camino, tras la bestia que ya creía como suya.

 

   Otro ejemplo más serio: San Estanislao de Kostka, como todo el mundo sabe, era un niño príncipe polaco, que contra la voluntad de su familia figuró en la Compañía de Jesús, siendo el primer jesuíta que fué canonizado; pues Estanislao estaba un día haciendo oración a la Virgen, cuando ésta le preguntó qué gracia quería que le concediese. Púsose a pensar nuestro santo joven qué pediría; y claro es que no pensaría pedirle una cosa fácil y hacedera. Después de un rato de meditación, dijo a la Madre de Dios: «Pido, Señora, la gracia de no distraerme en la oración.» Y le fué concedido. ¿Veis por qué he dicho que es cosa humanamente imposible? Bien lo conocía Estanislao, puesto que creyó que era necesaria la gracia y la intervención de la Madre de Dios para conseguir una cosa que parece a primera vista de fácil consecución.

 

   Estos ejemplos prueban que es necesaria la intervención divina para que recojamos nuestra atención, y nos abstraigamos de los objetos exteriores cuando por medio de la oración levantamos nuestra alma hasta el divino Criador.

 

JOAQUÍN MARTÍNEZ LOZANO.

Año 1894.