martes, 13 de octubre de 2026

PERSECUCIÓN — Por Cornelio A Lápide.

 


 


Siempre ha habido persecuciones. ¿Por qué?

 

   Tened cuidado, dijo Jesucristo a sus apóstoles, porque os harán parecer ante  sus tribunales, y os pegarán en las sinagogas, y os presentaréis ante sus  magistrados y sus reyes, por causa mía, para dar testimonio. Y seréis odiados por todos con motivo de mi nombre.

 

   Acordaos de la palabra que os dije: No es el criado más grande que su dueño. Si me han perseguido, os perseguirán también; pero lo harán todo por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. En verdad, en verdad os lo digo: Llorareis y gemiréis, y el mundo se alegrará. Viviréis en la tristeza; pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. Si el mundo os aborrece, sabed que me aborrece a mí el primero. Si hubieseis sido del mundo, el mundo amaría lo que es suyo; pero, como no sois del mundo; y os he elegido de en medio del mundo, por esto os aborrece el mundo. (Joan. XV. 18-21. XVI. 20.)

 

   Somos considerados como necios a causa de Cristo, dice el gran apóstol; somos despreciados. Hasta ahora sufrimos hambre y sed; estamos desnudos, somos abofeteados, y andamos errantes; somos maldecidos, perseguidos, injuriados; somos hasta aquí como los desechos del mundo y las basuras de todos. (I. Cor. IV. 10-13.)

 

   Somos hijos de la promesa según Isaac, añade el apóstol; pero, asi como el que había nacido según la carne perseguía al hombre nacido según el espíritu, asi sucede también ahora. (Gal. IV.28-29.)

 

   Todos los que quieren vivir santamente en Jesucristo sufrirán persecución, (II Tim. III. 12). Serán perseguidos por envidia y malicia. Serán perseguidos por el demonio..., por el mundo corrompido... Se les llenará de injurias, de burlas, de afrentas, de desprecios, siempre por envidia, ceguedad, injusticia y crueldad. Serán perseguidos en odio de la verdad, de los buenos ejemplos, del Evangelio, de la religión, del orden, de la sana doctrina, de la moral, del Cielo y del culto divino... Serán perseguidos por sí mismos, por la concupiscencia, por el hombre viejo, que enfrenan, que encadenan, a pesar suyo, y que someten al espíritu...

 

   No es cosa nueva que las almas piadosas sean perseguidas; esta se verifica desde el principio del mundo. Así Caín persiguió al piadoso Abel, su hermano, y le mató. Los hijos de los hombres persiguieron a los hijos de Dios. Abrahán fué perseguido por los cananeos, Loth por los sodomitas, Isaac por Ismael, Job por Esaú, José por sus hermanos, Moisés por el Faraón, los hebreos primero por los egipcios, y más tarde por los filisteos y otras naciones; Saúl persiguió a David; Absalón persiguió a David, su padre: Manases persiguió a Isaías, los judíos persiguieron a Jeremías, a Amós, a Ezequiel y a los demás profetas; Nabucodonosor persigue a Daniel y a los demás niños hebreos; Herodes persigue a los Santos Inocentes y hace decapitar a San Juan Bautista; Jesucristo es perseguido hasta la muerte... Los apóstoles son perseguidos de mil maneras y se les sentencia a muerte, por Jesucristo... ¿Cuántos millares de mártires?... Todos los santos han sido más o menos perseguidos... La Iglesia ha sido siempre perseguida en una región u en otra, y esto en todos los tiempos...

 

   El Señor, dice San Gregorio, no envía a sus elegidos para las alegrías del mundo, sino para los sufrimientos y las persecuciones, como él mismo ha sido enviado. El Hijo es infinitamente amado del Padre, y sin embargo, su Padre le envía para sufrir persecuciones. De la misma manera el Hijo de Dios ama a sus discípulos; y sin embargo los envía al mundo para ser perseguidos. «Como mi Padre me ha enviado, as! también os envió;» es decir, cuando os envió entre los escándalos de los perseguidores, os amo con aquella caridad perfecta con que me ama mi Padre cuando me envía a sufrir la pasión y la muerte en la cruz.

 

   Siempre ha habido persecuciones; porque:

   1°) Siempre ha habido malvados en el mundo, hombres depravados y perversos anticristos para perseguir a los buenos...

   2°) Los perseguidores detestan a Jesucristo y su nombre; y esta es la razón porque persiguen...

   3°) El servidor debe seguir la muerte de su dueño...

   4°) Hay malos que persiguen por ignorancia...

   5°) Otros por odio a Dios y a la virtud...

   6°) Los buenos son, por otra parte, hijos de la promesa...

   7°) Las persecuciones experimentan, purifican y santifican...

   8°) Las persecuciones dan a conocer a los buenos y a los malos, separan los unos de los otros, como se separa la paja del trigo, y como el fuego separa el oro de la tierra...

   9°) Las persecuciones reaniman la fe...

   10°) Hacen héroes. Las tempestades purifican el mar, y arrojan de su seno las inmundicias extrañas que mancharían sus aguas. Lo mismo sucede en la religión; las persecuciones arrojan de su seno a los miembros hipócritas, gangrenados y podridos, que la manchan en tiempo de calma; y las mismas persecuciones hacen entrar a los hijos fieles en el reino de los Cielos...

 

   ¿Cómo son los malos, pregunta San Agustín; útiles a los buenos? Lo son, no con miramientos, sino con persecuciones. Las persecuciones son para los mártires y para la Iglesia lo que la lima y martillo para el hierro, lo que la vara para el trigo, lo que el horno para el pan, lo que el fuego para el oro. (Lib. Civit.)

 

   Los sufrimientos de los mártires ilustran a la Iglesia; son su más hermosa victoria...

 

   Preparemos emboscadas al justo, dicen los malvados, porque nos es inútil, y es contrario a nuestras obras; porque nos echa en cara nuestras faltas contra la ley, y vuelve contra nosotros las obras de nuestras doctrinas. Así es como la Sagrada Escritura expresa el lenguaje de los perseguidores impíos.

 

   El justo se vanagloria de tener la ciencia de Dios, y hasta odiosa nos es su vista; porque sus actos son diferentes de los actos de los otros, y su proceder no es el nuestro. Nos mira como mentirosos, y se abstiene de seguir por nuestro camino; como si asi se manchare. Interroguémosle por medio del ultraje y del suplicio, y condenémosle a la muerte más infame. (Sap. II. 12-20).

 

“TESOROS de CORNELIO A LÁPIDE”

Tomo IV. Año 1882.

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