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lunes, 13 de marzo de 2017

OBSEQUIO SEXTO (6 DE 10) A NUESTRA SEÑORA – Por San Alfonso María de Ligorio.




  EL ESCAPULARIO

   Así como los grandes del mundo tienen a honor que otros hombres lleven su librea, así María Santísima agradece que sus devotos lleven su escapulario para dar testimonio de que están consagrados a su servicio y que pertenecen a la familia de la Madre de Dios. Los herejes modernos se burlan, como es costumbre en ellos, de esta devoción, pero la santa Iglesia la ha bendecido con bulas e indulgencias. Refieren los PP. Crasset y Lezzana hablando del escapulario, que hacia el año 1251 se apareció la Santísima Virgen a San Simón Stock, inglés, y dándole su escapulario le dijo que quienes lo llevaran se librarían de la eterna condenación. “Recibe, hijo amadísimo, este escapulario de tu Orden, signo de mi confraternidad, privilegio para ti y todos los carmelitas. El que muera con él no padecerá el infierno”. Cuenta demás el P. Crasset que María, apareciéndose al Papa Juan XXII, le ordenó hacer saber a los que llevaran el escapulario que serían librados del purgatorio el sábado siguiente al día de su muerte. Así lo declaró el mismo pontífice en la bula confirmada expresamente por los papas Alejandro V, Clemente VII y otros varios, como refiere el P. Crasset.


"LAS GLORIAS DE MARÍA"

miércoles, 1 de marzo de 2017

OBSEQUIO QUINTO (5 DE 10) A NUESTRA SEÑORA – Por San Alfonso María de Ligorio.



VISITAR LAS IMÁGENES DE MARÍA


   Dice el P. Segneri que el demonio, para compensarse de lo que pierde con la destrucción de los ídolos, trata de perseguir el culto de las sagradas imágenes por medio de los herejes. Pero la Iglesia las ha defendido hasta con la sangre de sus mártires. Y la Madre de Dios ha demostrado hasta con milagros cuánto agradece las visitas a sus imágenes.

   A San Juan Damasceno le cortaron la mano por haber defendido con sus escritos las imágenes de María, pero la Virgen, milagrosamente, se la restituyó. Narra el P. Spinelli que en Constantinopla todos los viernes, después de las vísperas, se descorría espontáneamente un velo que cubría una imagen de María, y al acabar de rezarse las vísperas del sábado, se volvía a cubrir. Ante San Juan de Dios se descorrió también el velo que cubría una imagen de la Virgen que estaba venerando. El sacristán, tomándolo por un ladrón, le dio una patada, pero el pie se le quedó paralizado.

   Todos los devotos de María suelen visitar con gran afecto y con frecuencia las imágenes de la Virgen en las iglesias a ella dedicadas. Éstas son precisamente, dice San Juan Damasceno, las ciudades de refugio donde encontramos amparo contra las tentaciones y los castigos merecidos por las culpas cometidas. El emperador San Enrique, al entrar en una ciudad lo primero que hacía era visitar una iglesia dedicada a nuestra Señora. El P. Tomás Sánchez no volvía a casa si antes no visitaba alguna iglesia dedicada a María.

   Que no nos sea trabajoso visitar a diario a nuestra Reina en alguna iglesia o capilla o en nuestra propia casa, donde estaría bien tener en un lugar retirado un pequeño oratorio con su imagen adornada con luces y flores y rezar ante ella el rosario y las letanías, entre otras preces. Para esto he compuesto el libro de las visitas al Santísimo y a la Santísima Virgen, para todos los días del mes. El devoto de la Virgen podría encargar celebrar en alguna iglesia o capilla alguna de sus solemnidades, precedida de la novena, si es posible con la exposición del Santísimo.

   Suplico con mucho encarecimiento a los devotos de María que se abstengan de ir ellos y procuren que no vayan otros a santuarios de la Virgen en tiempo de romerías, donde se sabe que hay muchos escándalos; porque más fruto consigue el infierno que honra la Madre de Dios.


“LAS GLORIAS DE MARÍA”


viernes, 24 de febrero de 2017

OBSEQUIO CUARTO (4 de 10) A NUESTRA SEÑORA – Por San Alfonso María de Ligorio.



   Esta publicación es una colaboración de: Fátima de Jesús.


EL AYUNO



   Muchos son los devotos de María que el sábado y en la vigilia de las fiestas marianas acostumbran ofrecerle ayunar a pan y agua. Se sabe que el sábado es el día que la santa Iglesia dedica honrar a la Virgen María, porque en dicho día, dice san Bernardo, ella permaneció constante en la fe después de la muerte de su hijo. Por ello los siervos de María no omiten ofrecerle en dicho día algún obsequio particular y en especial el ayuno a pan y agua, como lo practicaban san Carlos Borromeo, el cardenal Toledo, y muchos otros. Más aún, el obispo de Bamberg, Nittard, y el P. José Arriaga, no probaban bocado el día sábado.

   Las gracias señaladas que la Madre de Dios ha dispensado a quienes les ha brindado este obsequio pueden leerse en el P. Auriemma. Recordemos solamente la misericordia excepcional que concedió a un jefe de bandidos. Gracias a esta devoción, él mereció permanecer vivo, a pesar de haber sido decapitado hallándose en desgracia delante de Dios, con el fin de que pudiera confesarse antes de morir. Luego de confesarse declaró que la Santísima Virgen, gracias al ayuno que le había ofrecido, lo había conservado vivo. Luego expiró.

   No será nada costosa esta práctica para quien pretende ser devoto especial de María, sobre todo si ya ha merecido el infierno. Por mi parte, afirmo que difícilmente se condena quien practica esta devoción. No en el sentido que si llega a morir en pecado mortal la Virgen tenga que librarlo del infierno milagrosamente, como a ese bandido, pues, tales prodigios de la misericordia divina, suceden muy raras veces, y sería locura esperar de ellos la salvación eterna, sino que quienes obsequien con esta práctica a la Madre de Dios, recibirán de ella fácilmente la perseverancia en la gracia divina y una santa muerte. Todos los miembros de nuestra humilde congregación, que pueden hacerlo, ayunan el sábado a pan y agua en honor de María. He dicho que pueden hacerlo, porque si alguno se halla impedido por falta de salud, puede contentarse el sábado con un solo plato o con el ayuno ordinario, o abstenerse de frutas u otros manjares gratos al paladar.

   Los sábado hay que hacer obsequios especiales a Nuestra Señora, tales como comulgar, oír la Santa Misa, visitar alguna imagen suya, llevar cilicio y otros semejantes. Procuren los fieles devotos de María en la víspera de las sietes fiestas marianas ofrecerle el ayuno a pan y agua o de la mejor manera que puedan.


“LAS GLORIAS DE MARÍA”



sábado, 18 de febrero de 2017

OBSEQUIO TERCERO (3 de 10) A NUESTRA SEÑORA – Por San Alfonso María de Ligorio.



   Esta publicación es una colaboración de: Fátima de Jesús


EL ROSARIO Y EL OFICIO

   Se sabe que la devoción al santo Rosario le fue revelado a Santo Domingo por la Madre de Dios misma, cuando hallándose afligido y quejándose con Nuestra Señora de los herejes albigenses, que hacían entonces terrible daño a la Iglesia, le dijo la Virgen: “Este terreno será siempre estéril, mientras no caiga lluvia en él”. Comprendió entonces Santo Domingo que esa lluvia era la devoción del Rosario, que él debía propagar públicamente. Así lo hizo predicando el Rosario por todas partes, de manera que todos los católicos abrazaron esta devoción; hoy día no existe devoción más universal y practicada por los fieles en cualquier estado que la del santísimo Rosario.

   ¿Qué no han hecho los herejes modernos, como Calvino, Bucero y otros, para desacreditar la devoción del Rosario? Pero todos conocen el bien inmenso que esta noble devoción ha aportado al mundo. ¡Cuántos, por medio de ella han sido liberados del pecado!, ¡Cuántos, guiados hacia la santidad!, ¡Cuántos tuvieron buena muerte y se han salvado! Léanse tantos y tantos libros que tratan de esta materia.

   Basta saber que esta devoción ha sido aprobada por la santa Iglesia y que los soberanos Pontífices la han enriquecido con indulgencias.

   Para ganar las indulgencias concedidas a la recitación del Rosario, es preciso, al mismo tiempo, contemplar los misterios que se hallan transcritos en diferentes libros. Y aun cuando alguien no lo sepa, le basta con que contemple algunos de los misterios de la pasión de Jesucristo, como la flagelación, la muerte, etc. Además, hay que recitar el Rosario con devoción. Adviértase al respecto lo que la Virgen misma le dijo a santa Eulalia, a saber, que le agradaban más cinco decenas recitadas con calma y devoción, que quince de carrera y sin devoción. Por ello es conveniente recitar el Rosario de rodillas, delante de alguna imagen de la Virgen, y al comenzar cada decena hacer un acto de amor a Jesús y María, pidiéndoles alguna gracia. Adviértase también que es más provechoso recitar el Rosario acompañado de otros, que rezarlo solo.

   Acerca del oficio de Nuestra Señora, la Iglesia ha concedido muchas indulgencias quien lo recita. Y la Santísima Virgen ha patentizado cuánto le agrada esta devoción, como puede verse consultando al P. Auriemma

   Mucho agradan a María LAS LETANÍAS, el himno AVE MARIS STELLA, que mandó a santa Brígida recitar cada día, y más aún, el cántico del MAGNÍFICAT, porque con éste la alabamos con las mismas palabras con que ella alabó a Dios.


“LAS GLORIAS DE MARÍA”

jueves, 16 de febrero de 2017

SEGUNDO OBSEQUIO (2 de 10) A NUESTRA SANTÍSIMA MADRE. – Por San Alfonso María de Ligorio





   Esta publicación es una colaboración de: Fátima de Jesús


LAS NOVENAS

   Los devotos de María ponen gran empeño en celebrar con fervor las novenas que preceden a sus festividades; y en éstas, la Virgen es todo amor al otorgar innumerables y muy especiales gracias. Vio Santa Gertrudis una multitud que la reina del cielo cobijaba y a la que miraba con inefable ternura, y entendió que eran fieles que se habían preparado con ejercicios devotos a la fiesta de la Asunción.

   En las novenas se pueden practicar ejercicios como éstos:

   I) Hacer oración mental por la mañana y por la tarde, con la visita al Santísimo Sacramento y rezar nueve veces el Padrenuestro, Ave María y Gloria.

  II) Visitar alguna imagen de María, agradeciendo al Señor las gracias concedidas a ella, pidiéndole a la Virgen cada vez alguna gracia especial. En alguna de estas visitas rezar la oración propia de la novena o de la fiesta.

   III) Hacer muchos actos de amor a Jesús y a María, cien o cincuenta al menos, ya que no podemos hacer cosa que más le agrade que amar a su Hijo, como ella lo manifestó a Santa Brígida: Si quieres tenerme favorable, ama a mi Hijo Jesús.

   IV) Leer durante un cuarto de hora, dentro de la novena, un libro que trate de sus glorias.

miércoles, 15 de febrero de 2017

PRIMER OBSEQUIO (1de10) A NUESTRA SANTÍSIMA MADRE – Por San Alfonso María de Ligorio.




   Publicación de nuestra colaboradora: Fátima de Jesús


¡EL AVE MARÍA!

   La Santísima Virgen agradece muchísimo este saludo, porque al oírlo se le renueva el gozo que sintió cuando el arcángel San Gabriel le anunció que iba a ser la Madre de Dios. Nosotros debemos saludarla con el Ave María con esta misma intención. Dice Tomás de Kempis: Saludadla con la salutación angélica, porque este saludo lo escucha muy complacida. Dijo la Virgen a santa Matilde que nadie puede saludarla mejor que con el Ave María. El que saluda a María, será saludado por ella. San Bernardo oyó cómo una vez la Virgen lo saludaba desde una imagen, y le decía: Dios te salve, Bernardo. El saludo de María consistirá en alguna gracia con que corresponde siempre al que le saluda. Añade Ricardo de San Lorenzo: Si uno se acerca a la Madre del Señor diciéndole Ave María, ¿acaso ella le podrá negar la gracia? La Virgen María le prometió a santa Gertrudis tantos auxilios en la hora de la muerte cuantas fuesen las avemarías que le había rezado. Afirma el beato Alano que al rezar el Ave María, así como goza todo el cielo, así tiembla y huye el demonio. Esto lo confirmó con su experiencia Tomás de Kempis, quien al decir Ave María puso en fuga al demonio que se le había aparecido.

Este obsequio lo podemos practicar así:

   l) Rezando por la mañana y por la noche tres avemarías con el rostro en tierra o al menos de rodillas, añadiendo después de cada avemaría la oración: “Oh María, por tu Pura e Inmaculada Concepción, haz casto mi cuerpo y santa mi alma”. Luego pedirle la bendición a María como nuestra Madre que es. Así lo hacía San Estanislao. Después colocarse bajo el manto protector de nuestra Señora, pidiéndole que nos libre durante el día o la noche sin pecado. A conseguir esto ayuda tener una imagen de la Virgen cerca del lecho.

   II) Rezando el Ángelus con las tres avemarías acostumbradas al amanecer, al mediodía y al caer la tarde. En tiempo de pascua se reza la antífona Regina coeli.

   III) Saludando a la Madre de Dios con el Ave María al oír el reloj. San Alonso Rodríguez saludaba a María cada hora. De noche, los ángeles le despertaban para que no interrumpiese esta devoción.

   IV) Saludando a la Virgen al salir de casa o al entrar, para que dentro o fuera nos libre del pecado.

   V) Saludando con el Ave María a toda imagen de la Virgen que encontremos. Con esta intención es bueno que haya imágenes devotas de María en las puertas o en los muros de las casas para dar ocasión de reverenciarla a los que pasan. En Nápoles, y más en Roma, se encuentran por las calles hermosísimas imágenes de nuestra Señora colocadas por sus devotos.

   VI) Será cosa muy saludable rezar un Ave María al principio o al fin de las acciones, ya sean éstas espirituales, como la oración, la confesión, la comunión, la lectura espiritual, oír la predicación, etc., ya sean temporales, como estudiar, dar buenos consejos, trabajar, sentarse a la mesa, acostarse y otras semejantes. ¡Dichosas las acciones que van enmarcadas entre dos avemarías! Y así, al levantarse por la mañana o al cerrar los ojos para dormir, en toda tentación, en todo peligro, en todo impulso de cólera y cosas similares, rezar siempre el Ave María. Hazlo así, mi querido lector, y verás el gran provecho que de esta práctica sacarás. Refiere el P. Auriema que la Santísima Virgen prometió a Santa Matilde la gracia de una santa muerte si le recitaba todos los días tres veces el Ave María en honor de su sabiduría, potencia y bondad.

“LAS GLORIAS DE MARÍA”


OBSEQUIOS Y PLEGARIAS A MARÍA. – Por San Alfonso María de Ligorio.

SAN JUAN Y LA VIRGEN MARÍA



   Agradecemos a nuestra nueva colaboradora Fátima de Jesús por esta publicación

   Es tan generosa y agradecida la reina del cielo, que a los pequeños obsequios de sus siervos corresponde con grandes mercedes. Siendo munificentísima, dice san Andrés Cretense, suele premiar con gracias excelentes a cambio de pequeñeces.

   Mas para esto se necesitan dos cosas: la primera, que le ofrezcamos nuestros obsequios con el alma limpia de pecado; de otra manera, María dirá lo que dijo a un soldado vicioso, el cual, como refiere san Pedro Celestino, todos los días le ofrecía algún obsequio a la Virgen. Un día que se encontraba muy hambriento, se le apareció nuestra Señora y le ofreció una exquisita vianda, pero en una vasija tan sucia que el hombre no se atrevía a comerla. “Soy la Madre de Dios que ha venido a remediar tu hambre”. “Pero en este plato no puedo comer”. Y respondió María: “¿Cómo quieres que acepte tus devociones ofreciéndomelas con alma tan sucia?”. El soldados se convirtió, se hizo ermitaño, vivió treinta años en el desierto y en la hora de la muerte se le apareció de nuevo la Virgen para llevarlo al cielo.

   Decíamos en la primera parte que es moralmente imposible que se condene un devoto de la Virgen María. Pero esto ha de entenderse con la condición de que éste o viva sin pecados o al menos tengan deseos de salir de ellos, porque en ese caso nuestra Señora lo ayudará. Pero si alguno pretendiera seguir en sus pecados con la presunción de que nuestra Señora lo había de salvar, por su culpa se haría indigno de la protección de María.

   La segunda condición es que persevere en la devoción a María. Sólo la perseverancia merece la corona, dice san Bernardo. Tomás de Kempis, siendo joven, recurría todos los días a la Virgen con ciertas oraciones. Un día las dejó; luego las abandonó durante una semana, y al fin del todo. Una noche, en sueños, vio cómo la Virgen abrazaba a todos sus compañeros, pero al llegar a él le dijo: ¿Qué esperas tú que has abandonado tus devociones? Vete, que eres indigno de mis abrazos. Tomás despertó despavorido y reanudó las oraciones que acostumbraba. Bien dice Ricardo de San Lorenzo: El que persevera en la devoción a María no verá defraudada su esperanza, porque todo lo que desea se cumplirá.

   Pero como nadie puede estar seguro de perseverar, por eso nadie está seguro de su salvación hasta la muerte. Memorable fue el testimonio que san Juan Berchmans, religioso jesuita, dejó al morir. Al preguntarle qué obsequio sería el mejor hacia la Señora para conseguir su protección, respondió: cualquiera, por pequeño que sea, pero constante.

   Por eso voy a enumerar simple y sucintamente algunos obsequios que podemos ofrecer a nuestra Madre para merecer que nos obtenga las gracias. Esto lo considero lo más provechoso de toda esta obra. No recomiendo a mi querido lector que los practique todos, sino que practique los que elija con perseverancia y con temor de perder la protección de la Madre de Dios si se descuida en continuarlos. ¡Cuántos, tal vez, que ahora están en el infierno se habrían salvado si no hubieran abandonado los obsequios a María que un tiempo practicaron!

NOTA: SON DIEZ LOS OBSEQUIOS A NUESTRA MADRE, PUBLICAREMOS TODOS LOS DÍA UNO.



“LAS GLORIAS DE MARÍA”