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viernes, 18 de junio de 2021

Últimas Recomendaciones – Testamento de San Francisco de Asís. (Fragmento).

 




   Después de esto, el Señor me dio, y me sigue dando, una fe tan grande en los sacerdotes que viven según la norma de la Santa Iglesia Romana por su ordenación, (1) que si me viese perseguido, quiero recurrir a ellos. Y si tuviese tanta sabiduría como la que tuvo Salomón y me encontrase con algunos pobrecillos sacerdotes de este siglo, en las parroquias en que habitan, no quiero predicar al margen de su voluntad. Y a estos sacerdotes y a todos los otros quiero temer, amar y honrar cómo a señores míos. Y no quiero advertir pecado en ellos, porque miro en ellos al Hijo de Dios y son mis señores. Y lo hago por este motivo: porque en este siglo nada veo corporalmente del mismo altísimo Hijo de Dios sino su santísimo cuerpo y santísima sangre, que ellos reciben y sólo ellos administran a otros. (…) Y debemos también honrar y tener en veneración a todos los teólogos y a los que nos administran las santísimas palabras divinas, como a quienes nos administran espíritu y vida (cf. Jn 6, 64).

 

   NOTA: (1) Subrayado, intencionado quizá, de Francisco contra los cátaros y albigenses, que negaban legitimidad a la Iglesia jerárquica si no poseía la santidad o la vida apostólica, como ellos decían.


viernes, 29 de enero de 2021

Parábola contra la falta de Modestia en mirar a las Mujeres.


 



   San francisco de Asís solía flagelar los ojos no castos con esta parábola: “Un rey poderoso envió a la reina, uno tras otro, dos embajadores. Vuelve el primero, y refiere, no más, la respuesta estrictamente; y es que los ojos del sapiente habían estado en la cabeza y no habían divagado. Vuelve el segundo, y después de la respuesta breve y corta, se entretiene tejiendo todo un discurso sobre la hermosura de la señora “Señor ––dice––, en verdad que he visto una mujer bellísima. ¡Feliz quien la posee!” Le replica el rey: “Siervo malo, ¿Has puesto en mi esposa tus ojos impúdicos? Está claro que hubieras querido poseer a la que has mirado con tanta atención”

 

   Manda a llamar otra vez al primero y le dice: “¿Qué te parece de la reina?” “Traigo muy buena impresión ––dice––, porque ha escuchado en silencio el mensaje y ha respondido sabiamente” “Y de su hermosura” ––Replica– ¿No dices nada?” “Señor mío ––responde––, a ti toca contemplarla; a mí llevarle tu embajada”.

 

   Y el rey dictamina: “Tú el de ojos castos, como de cuerpo también casto, quédate de cámara; y salga de esta casa ese otro, no sea que contamine también mi tálamo”.

 

   Y Solía decir el bienaventurado Padre (Francisco): “Donde hay bien defendida seguridad, preocupa menos el enemigo (el demonio). Si el diablo logra con habilidad asirse de un cabello del hombre, lo transforma con presteza en viga. Ni desiste aunque no haya podido por muchos años derribar al que tentó, esperando que ceda al fin. Este es su quehacer; día y noche no tiene otra preocupación”

 

VIDA SEGUNDA (de San Francisco de Asís) por Celano.


martes, 22 de noviembre de 2016

DEL AMOR Y EL RESPETO QUE DEBEMOS TENER A NUESTROS SACERDOTES




…Después de esto, el Señor me dio, y me sigue dando, una fe tan grande en LOS SACERDOTES QUE VIVEN SEGÚN LA NORMA DE LA SANTA IGLESIA ROMANA, por su ordenación, que, si me viese perseguido, quiero recurrir a ellos. Y si tuviese tanta sabiduría como la que tuvo Salomón, y me encontrase con algunos pobrecillos sacerdotes de este siglo, en las parroquias en la que habitan, no quiero predicar al margen de su voluntad. Y A ESTOS SACERDOTES Y A TODOS LOS OTROS, QUIERO TEMER, AMAR, Y HONRAR COMO A SEÑORES MÍOS. Y NO QUIERO ADVERTIR PECADO EN ELLOS, porque miro en ellos AL HIJO DE DIOS y son mis señores. Y lo hago por este motivo: PORQUE EN ESTE SIGLO NADA VEO CORPORALMENTE DEL MISMO ALTÍSIMO HIJO DE DIOS SI NO SU SANTÍSIMO CUERPO Y SANTÍSIMA SANGRE QUE ELLOS RECIBEN Y SÓLO ELLOS ADMINISTRAN A OTROS…

TOMADO DEL TESTAMENTO DE “SAN FRANCISCO DE ASÍS”

   NOTA DE NICKY PÍO: Hace mucho tiempo hablando con un ya fallecido sacerdote franciscano, este me contaba: Que se sabía que  San Francisco corregía al clero, pero lo hacía en privado, y de cuanto dijo de estas correcciones ni una sola palabra quedo escrito. Hasta aquí lo que me contó este sacerdote.

   Por este motivo quiero rezar por los sacerdotes y sus debilidades, antes que criticarlos. No tengo la autoridad moral para hacerlo. Y debemos aprender claramente algo muy importante, una cosa es criticar (sobre todo hablar mal del ausente)  y otra corregir (en forma personal). Para corregir, debemos tener una gran caridad, que era claro en los santos. Pues ellos sobre todo deseaban la conversión del pecador y la salvación de su alma. POR QUE HAGA LO QUE HAGA, DIGA LO QUE DIGA, SI NO TENGO CARIDAD, DE NADA SIRVE. Ya saben ese pasaje de las sagradas escrituras...


jueves, 22 de septiembre de 2016

Contra las miradas lujuriosas dirigidas a la mujer (San Francisco de Asís)



   San Francisco acostumbraba  a hablar de los ojos demasiados ligeros con  este enigma: Un poderoso rey envió sucesivamente dos emisarios a la reina. Vuelve el primero, y sólo pronuncia las palabras indispensables respecto al desempeño de su comisión.

   Los ojos del sabio se fijaron sólo en el asunto y no se derramaron por otra parte. Volvió el segundo, y después de pocas palabras relacionadas con el encargo, comenzó a elogiar y tejer una historia de la hermosura de la señora. “En verdad, señor, vi una mujer hermosísima. Dichoso quien puede gozarla.” A ello respondió el rey: “Siervo malvado, ¿en mi esposa tuviste el atrevimiento de fijar tu impúdica mirada? Fácil es adivinar que querrías tomar una cosa que tan sutilmente inspeccionabas.” Hace comparecer entonces al primer enviado y le pregunta: “¿Qué te ha parecido de la reina?” Respondió: “Muy bien, porque escuchó en silencio y contestó con sagacidad” Repuso el rey: “¿Nada tiene ella de hermosa?” “A ti, mi señor, atañe mirar esto; yo sólo debía pronunciar palabras.” El rey pronunció su sentencia: “Tú, casto en los ojos y más casto en el cuerpo, permanece en mi servicio, más a ese otro, arrójesele de la casa, no sea que deshonre el tálamo.”

   Proseguía entonces el bienaventurado Padre Francisco: Cuando hay excesiva seguridad, se precave uno menos del enemigo. El diablo, si puede llegar a coger al hombre por un cabello, hace que éste se convierta en maroma. Si durante muchos años no puede hacer caer al que tienta, no le molesta la tardanza, si logra que al fin caiga. Pues éste es su oficio, y ni de noche ni de día se ocupa en otra cosa.



“VIDA SEGUNDA” por CELANO