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sábado, 21 de junio de 2025

NO VINE A TRAER LA PAZ – Por el P. Alberto Moreno S.I.


 



   Él no vino a traer la paz. ¿Y por qué entonces los ángeles anuncian al mundo a su llegada; «Paz a los hombres de buena voluntad»? ¿Y por qué entonces Él mismo nos dice: «Mi paz os dejo, mi paz os doy»?

 

   Porque hay dos especies de paz: la paz de Dios, la paz del mundo.

 

   La paz de Dios, esa que el «mundo no puede dar» según la palabra del Maestro. La paz del mundo, que no puede jamás unirse con la paz de Dios, la única que es verdadera paz.

 

   Y Cristo vino al mundo a darnos la paz de Dios, y no a traernos la paz del mundo.  Al contrario, vino a traernos la espada para luchar contra el mundo. Vino a armarnos soldados y a ponerse Él al frente como nuestro Capitán. Él fue el primero en declarar la guerra al mundo: a su soberbia, a su sensualidad, a su codicia. Y quiere que nosotros, sus soldados, le acompañemos sin descanso en esta guerra.

 

   No puedo ser cobarde: ¡con Él a la lucha!

 

   El mundo odia a Cristo, porque Cristo vino a declararle la guerra, porque no le deja gozar de su paz, paz falsa y engañosa, paz fingida e hipócrita;  esa paz que el mundo pone en el goce de los placeres, en la satisfacción de sus ansias de honor y de gloria, en la abundancia de los bienes terrenos.

 

   Y el mundo me odiará también a mí si con Cristo le declaro la guerra, y guerra a muerte.

 

   Tengo que ser siempre soldado,  y soldado en campaña, listo para el combate, sin temor y sin miedo. El mundo puede luchar contra mí; pero Cristo, mi Capitán, venció al mundo:

 

   Confidite. Ego vici mundum.  «Confía —me dice Él—. Yo vencí al mundo.»

 

   Y con Él, yo también le venceré. Y podré así gozar de la paz anunciada por los ángeles en el día del nacimiento del Príncipe de la paz. Y podré así gozar de la paz que Cristo nos dejó al despedirse para subir al cielo.

 

   Esa es la paz verdadera. Esa es la paz que «el mundo no puede dar».

 

“ENTRE EL Y YO”

viernes, 23 de mayo de 2025

NO TE PREOCUPES POR NADA… (NIHIL SOLLICITI SITI...) – P. Alberto Moreno S.I.


 

  No viváis preocupados... Nuestro Señor no condena la previsión prudente. Pero condena esa preocupación, tan frecuente y tan absurda del mañana: ¿qué comeré o con qué me vestiré?

 

   Vuestro Padre celestial sabe que necesitáis estas cosas. Mi Padre  “sabe” lo dice Cristo. ¿Puedo entonces dudar siquiera de que me dé lo necesario? Es mi Padre, y conoce mi necesidad; eso tiene que bastarme para alejar de mí esa preocupación inquietante del mañana.

 

   Trabajar, si –es la ley de la vida–, y trabajar con esfuerzo, con constancia, pero también con paz, y, sobre todo, con una confianza absoluta en la providencia del Padre celestial.

 

    ¿Me preocupa mi salud?

    ¿Me preocupa mi oficio?

    ¿Me preocupa mi porvenir?

 

    ¡Cuántas preocupaciones inútiles y nocivas! Ellas no van a hacerme ni más fuerte ni más sano; no van a hacerme más inteligente ni a dar mayor eficacia a mi trabajo; no van a cambiar el rumbo de las cosas.

 

   ¿Acaso mi salud no está en manos de Dios?

   Y mi oficio, ¿no es él quien me lo ha señalado?

   ¿Y no está en sus manos amorosas y paternales mi porvenir?

 

   Y así, todas esas preocupaciones vanas se desharían como neblina al salir el sol. Si no me preocupara, si yo dejara reinar en mi alma esa confianza filial en mi Padre celestial, que sabe lo que me hace falta. ¡Qué diferente sería mi vida!

 

   Él da de comer a los pajarillos del campo. Él viste las flores con esos encantos maravillosos. Él abre su mano y llena de bendición a todos los animales. ¿Y me abandonará a mí, que soy su hijo? ¿No soy yo para Él mucho más que las flores y las aves? ¿No dio Él por mi alma el precio de la sangre de su Hijo Unigénito?

    

   ¡Que absurdas son mis preocupaciones cuando las miro a esta luz divina que la Providencia difunde sobre ellas!

 

   Y, sin embargo, las desecho una vez..., y vuelven de nuevo y me quitan la paz y me pongo a devorarme los sesos buscando la manera..., ¿de qué? De engañarme a mí mismo. Porque confiar en mis pobres medios humanos, ¿qué otra cosa es sino engañarme tristemente?

 

   “Prever está bien. Preocuparme está mal” Es faltar a la confianza que debo a la Providencia de mi Padre Celestial. Es pretender adelantarme a lo que ella amorosamente ha dispuesto sobre mí y ha preparado para mi bien.

    

   ¿Por qué, pues no abandonarme confiado y tranquilo en el seno de esa Providencia de mi Dios? “Nihil mihi deerit”: nada me faltará.

 

“ENTRE ÉL Y YO”