martes, 6 de octubre de 2026

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO (7 de octubre)

 



 

   Una larga serie de triunfos sobre los cristianos había ensoberbecido a los turcos en el siglo XVI, y los constituía no ya una amenaza, sino un peligro inminente para la civilización. Las plazas de Belgrado, Rodas, Buda, Tauris y Chipre ganadas habían sido por sus tropas, y Selim II soñó un momento con el dominio de Europa y el abatimiento de la Cristiandad al situar en Lepanto la más formidable armada que hasta entonces surcó el Mediterráneo.

 

   El Santo Pontífice Pío V, el rey de España Felipe II y los venecianos habíanse coligado contra el enemigo común; pero las galeras en que los cristianos habían de combatir contra los sectarios de Mahoma no fueron al encuentro de éstas sino después de haberse puesto en continua oración toda Europa para impetrar por mediación de la Santísima Virgen el deseado triunfo. Para conseguirlo, había el Santo Pontífice recomendado el rezo del Santo Rosario, con cuya devoción se habían obtenido grandes victorias, a contar desde la conseguida sobre los albigenses, herejes del siglo XIII que producían grandes estragos en la parte meridional de Francia, y contra los cuales no fué tan eficaz la elocuente predicación de Santo Domingo de Guzmán como la devoción del Santo Rosario que la Santísima Virgen le mandó propagar; devoción que, instituida en Tolosa en 1208, produjo tan rápidos frutos que superaron a todas las esperanzas y fueron pasmo de Roma.

 

   Viéndose, pues, llegar el momento en que había de decidirse sobre el mar el predominio y la victoria definitiva de turcos o de cristianos, éstos acudían a los principales santuarios de nuestra Señora, y sobre todo al de Loreto, adonde Don Juan de Austria, hermano natural de Felipe II, uno de los jefes de la escuadra que iba a luchar con la turca, hizo también voto de ir.

 

   En Lepanto estaban los turcos engreídos con su excesiva preponderancia, y como a burla tomaron la noticia de que los cristianos se disponían a presentarles combate. En 7 de Octubre de 1571, hallábanse las dos armadas a distancia una de otra de doce millas, cuando, dada la señal de combatir, se enarboló el estandarte pontificio en el cual estaba bordada la imagen de Cristo crucificado, que fué aclamada con júbilo y adorada de rodillas por todos los cristianos con profunda devoción, pidiéndole la victoria por intercesión de la Santísima Virgen, cuya imagen era venerada a bordo de todas las embarcaciones.

 

   Terrible fué el choque de las armadas enemigas, y al fondo del mar ensangrentado por la furiosa lucha hubieran ido a parar los barcos de los cristianos, si el poder tan implorado de la Virgen no se hubiera hecho sentir por indudable manera, cambiándose repentinamente el viento, con tanta fortuna, que el humo de la artillería de las galeras cristianas cargaba contra la escuadra otomana; calificando todos de milagrosa aquella mudanza, que recibieron como visible protección del cielo.

 

   Perdieron los turcos 30000 hombres, 5000 prisioneros, 130 galeras que pasaron a poder de los cristianos, 90 más echadas a pique y 20.000 cristianos que recobraron su libertad.

 

   En cambio, en la armada que llevaba por trofeo la cruz de nuestro Señor faltó poquísima gente, de suerte que se consideró cual portentoso milagro. Reconociéndolo asi San Pío V instituyó para el día en que se realizó tal maravilla la conmemoración de nuestra Señora de la Victoria, y como especialmente por la devoción del Rosario se había impetrado el valimiento de la celestial Señora, el Papa Gregorio XIII ordenó que perpetuamente se celebrara la solemnidad del Rosario el primer domingo de Octubre.

 

SÉRVULO. Año 1898

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