Hola
me llamo Luis:
Nací y pasé mi infancia en un pequeño pueblo
del norte de España tenía la categoría administrativa de “lugar”, según la
placa en que figuraba su denominación, y recuerdo perfectamente “los sones informativos
de las campanas.”
El habitual era el toque de oración, se
decía en realidad “tocar a oración”: sonaba desde la torre de la iglesia al
atardecer, y era el indicador de que todos los chavales debíamos dejar los
juegos y travesuras para recogernos en casa.
Sobre los muertos, recuerdo que había al
menos tres toques: “a agonía, ha muerto y a gloria. Significaban exactamente lo
que parece. El último señalaba la muerte de un niño.”
No puedo precisar ahora el formato concreto
de los toques “la gramática campanil”, aunque eran ciertamente distintos,
producidos por diferentes campanas y combinaciones de campanas.
A mí, lo que me gustaba de verdad era “bandear”.
A los pequeños no se les permitía subir a la torre, pues tenía cierto peligro
el volteo de las campanas. Al llegar la adolescencia, el poder ir a bandear las
campanas era uno de los ritos de iniciación.
Pido disculpas por los recuerdos y
nostalgias... Pero es que, si a los del pueblo de al lado se les llamaba “traperos”,
y a los del de más allá “cebolleros”, a nosotros se nos apodaba “campaneros...”.
Saludos muy cordiales para todos.
TOQUE DE AGONÍAS.
Regulados estaban, como Dios manda, los
repiques en festividades de primera clase y funciones con extraordinaria
solemnidad. Y los repiques en funciones de media solemnidad y sin ella.
También, naturalmente, los toques extraordinarios. Como los de jueves y sábado
en la Semana Santa, el toque de misas cantadas de Adviento, el toque de misa de
Ánimas cantada, el toque de clamores dobles para el Sagrado Viático, el toque
de rogativa... Y el Toque de agonías.
Con una de las campanas menores, cuya voz
sea sonora sin ser ladina, se dan cinco campanadas muy pausadas si quien
agoniza es mujer, seis si es hombre, siete si es sacerdote.
Hola, soy Marcos:
Anoche terminé la novela “El hereje de
Miguel Delibes” y, al final, encontré la expresión “el toque de agonía”. Se
trata del repique de las campanas ante el quemadero de la tarde del 21 de mayo
de 1559. Así lo describe Miguel Delibes: “A la una empezaron a doblar las
campanas. Toques lentos, de agonía. Fray Domingo ya le había hablado de ello. Todos
los templos y conventos de la villa, que esa noche no dormía, convocaban a las
misas de alma por los condenados. Las campanas habían venido a sustituir a los
martillos, voces cambiantes pero igualmente ominosas y terribles.” ¡Terribles
momentos! ¡Terrible escarmiento! Y el
lugar en el que estaban encerrados los protestantes se llamaba “la cárcel santa”.
Una profunda tristeza se ha apoderado de mí aunque sé que los hechos pasaron en
el año 1559.
Un abrazo.
Hola, Soy Marcela:
Tocan entredicho.
Leo en
la novela “Monja, casada, virgen y mártir” del escritor mexicano Vicente
Rivapalcio, cuyo entramado se ubica en el siglo XVII: “...Eran las ocho de la
noche y de repente se escuchó a lo lejos el clamor triste de las campanas de la
catedral y luego el de todas las iglesias de la ciudad.
— ¡Jesús nos ampare! – Exclamó el anciano
religioso – cayendo de rodillas.
— ¿Pues qué es eso, señor? –preguntó Blanca
más pálida que un cadáver.
— La maldición de Dios sobre esta ciudad
desgraciada –contestó el religioso–. “Tocan entredicho.”
Entiendo que “entredicho” es una especie de
sentencia canónica pero no sé más. ¿Alguien podría ayudarme a esclarecer mi
duda?
Según el DRAE, entredicho es: Censura eclesiástica por la cual se prohíbe a ciertas personas o en determinados lugares el uso de los divinos oficios, la administración y recepción de algunos sacramentos y la sepultura eclesiástica. Por alguna razón, se le condenó a la ciudad a no recibir auxilios eclesiásticos de ningún tipo, algo similar a excomulgar a toda la ciudad.

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