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martes, 13 de febrero de 2024

Santa Catalina de Ricci. — 13 de febrero. (+ 1590).

 




   La extática y gloriosa virgen Santa Catalina de Ricci nació en la ciudad de Florencia de la noble familia de Ricci. Pusiéronle en el bautismo el nombre de Alejandra, que después mudó en el de Catalina cuando se hizo religiosa. Así que llegó la santa niña a la edad de diez años, la confió su padre a la dirección de una tía suya paterna, religiosa del monasterio de San Pedro de Monticelli, situado en los arrabales de Florencia, donde se aficionó tanto a la oración, que aún en el tiempo en que las otras niñas se recreaban, ella tenía todo su placer en estarse arrodillada delante de una imagen de Cristo crucificado, con admirables deseos de participar del amargo cáliz de su Pasión. Trece años tenía, cuando vistió el hábito religioso de Santo Domingo en el monasterio de San Vicente de Prato, donde satisfizo sus deseos de padecer por su divino Esposo clavado en la cruz: porque fué acometida de una gravísima enfermedad, con calentura cotidiana y con agudos dolores que padecía en todo el cuerpo, cuya dolencia degeneró en una hidropesía, y en mal de piedra, acompañado de asma. Sufrió la santa con perfectísima resignación este conjunto de males, sin recibir ningún alivio de las medicinas que le recetaban los médicos; y al cabo de dos años se le agravaron de suerte, que estuvo muchas semanas sin poder dormir un solo momento. En este estado, se le apareció en la vigilia de la Santísima Trinidad un santo de la Orden de santo Domingo, todo resplandeciente, el cual la hizo la señal de la cruz sobre el estómago, y la dejó repentinamente sana y curada de todos sus males; pudiendo desde aquel día practicar los más arduos ejercicios de caridad y de penitencia, y llevar sobre sus desnudas carnes una cadena de hierro y un áspero cilicio. Favorecióla el Señor con muchas visiones celestiales, éxtasis y raptos tan estupendos, que a veces quedaba totalmente elevada de la tierra y suspendida en el aire por largo tiempo. Fué también enriquecida del don de profecía, de discreción de espíritus y de milagros; por lo que su nombre y su santidad fué conocida y celebrada con universal aplauso, no sólo en Toscana, sino también en toda Italia y en otras regiones. Finalmente, a los sesenta y ocho años de su vida maravillosa, de los cuales empleó cuarenta y dos en el gobierno de su monasterio, entregó su alma purísima al celestial Esposo el día 2 de febrero, en que se celebra la fiesta de la Purificación de la Virgen nuestra Señora; y el Señor acreditó la santidad de su sierva con grandes y manifiestos prodigios.

 

   Reflexión: Mucho padeció y mucho gozó la preciosa virgen santa Catalina abrazada siempre con la cruz de Cristo. Desde que el Hijo de Dios murió por nuestro amor en la cruz, la mayor prueba de amor que podemos darle, es padecer por su amor. Pero tiene también el árbol de la cruz frutos sabrosísimos, y de mayor suavidad y dulzura que todos los gustos y regalos del mundo. Son gustos espirituales, de los cuales el mundo no tiene noticia: son placeres soberanos y sabores del paraíso, con que Dios suele regalar a sus escogidos, y hacerles aun en esta vida los hombres más felices de la tierra.

   Oración: ¡Oh Jesucristo Señor nuestro! que inflamando en tu amor a la bienaventurada virgen Catalina, la hiciste ilustre  por la contemplación de tu Pasión y muerte; concédenos por su intercesión que haciendo piadosa memoria de los misterios de tu Pasión, merezcamos alcanzar los frutos de ella. Amén.

 

FLOS SACTORVM


martes, 30 de enero de 2024

Santa Martina, virgen y mártir. — 30 de enero. (+ 230?)


 


   Nació esta nobilísima virgen en la ciudad de Roma: su padre había sido elevado tres veces a la dignidad de cónsul. Informada desde su niñez en las sagradas letras y en las costumbres cristianas, en el imperio de Alejandro Severo fué delatada ante los magistrados; los cuales le preguntaron por qué siendo doncella romana había de reconocer por Dios a un judío condenado por sus crímenes a muerte de cruz y no había de ofrecer incienso al grande Apolo. Respondió ella: Llevadme al templo de Apolo y veréis cómo en nombre de Jesús reduzco a polvo ese demonio que tanto veneráis. Condujéronla, pues, al templo de aquel ídolo, y apenas lo divisó, alzó los ojos y las manos al cielo diciendo: Jesucristo, Señor mío, muestra que eres omnipotente Dios a la vista de este pueblo ciego. Y en diciendo estas palabras, sintióse un espantoso terremoto que llenó a todos de horror, desplomóse una parte del templo y cayó hecha pedazos la estatua de Apolo. Pero los ministros del emperador, así como el populacho gentil, atribuyeron el suceso a una poderosa fuerza mágica de la cristiana virgen y la condenaron a los más atroces suplicios.

   Azotáronla primero con palos nudosos, rasgaron su rostro con uñas de hierro; y entonces fué cuando la vieron cercada de un resplandor celestial que desarmó a los mismos verdugos, los cuales echándose a sus pies, confesaron en alta voz que también eran cristianos. El fiero presidente ordenó que allí mismo les cortasen la cabeza, y arrastraron a la santa virgen al templo de Diana: más lo mismo fué entrar en el templo, que salir de él con espantoso ruido el espíritu infernal que residía en la estatua de la diosa y caerse ésta reducida a polvo. Mandó el juez raer la cabeza de santa Martina, diciendo que tenía en ella sus encantamientos; y habiendo sido conducida después al anfiteatro, soltáronle un león muy grande, para que la despedazase y la devorase: pero en viéndola el terrible león, comenzó a bramar, sin querer arrojarse sobre la santa virgen, antes llegándose a ella, se echó a sus pies y comenzó a besárselos y lamérselos blandamente, sin hacerle ningún daño. Entonces levantó su voz santa Martina, y dijo: ¡Maravillosas son, oh Señor, tus obras! Y a los presentes añadió: ¿No veis cómo los ángeles de Dios refrenan la crueldad de las fieras? Viendo el presidente semejante prodigio, mandó tornar al león a la jaula; y cuando iba a ella, arrebató a Limeneo, pariente del emperador, y lo despedazó. Probó todavía el bárbaro tirano otros suplicios, atormentando a la santa Virgen con el hierro y con el fuego; hasta que rugiendo de coraje, al ver que de todos salía victoriosa, mandó sacarla fuera de la ciudad, y cortarle la cabeza.

 

   Reflexión: El martirio de santa Martina está lleno de espantosos prodigios. Milagro fué el sufrir una doncella noble y delicada tan horrendos suplicios, milagro el arruinar el templo de los falsos dioses y hacer pedazos las estatuas de Apolo y de Diana, milagro el resplandecer con soberana luz en el rigor de los tormentos, milagro el convertirse los sayones de verdugo de la santa en compañeros de su martirio. Así glorificaba el Señor el martirio de los santos. No es maravilla, pues, que la sangre de los mártires fuese semilla de nuevos cristianos; lo que debe espantarnos es que haya tantos cristianos ahora que se deshonren de profesar la fe sellada con tanta sangre y con tantos prodigios.

 

   Oración: Oh Dios, que entre las maravillas de tu poder hiciste victorioso aun al sexo frágil en los tormentos del martirio, concédenos benignamente la gracia da que honrando el nacimiento para el cielo, de la bienaventurada Martina, tu virgen y mártir, nos sirvan de guía sus ejemplos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

FLOS SANCTORVM


viernes, 19 de enero de 2024

San Canuto, rey de Dinamarca, mártir. — 19 de enero. (†1087)

 




   San Canuto, cuarto de este nombre, nació para rey y para santo, pues el Señor le dotó de prendas reales y grandes virtudes. Cuando apenas tenía fuerzas para subir a caballo, mostró capacidad para mandar un ejército. Limpió el mar de piratas, sujetó la provincia de Sembia, y más tarde las naciones incultas y feroces del norte de Dinamarca, y las provincias de Curlandia, de Samogitia y de Estonia. En todas sus expediciones militares siempre salió vencedor, nunca vencido; pareciendo a todos que en él había resucitado Canuto el Grande. No teniendo ya enemigos que domar, se consagró a la nobilísima empresa de labrar la felicidad de sus vasallos. Dio prudentísimas leyes enderezadas a la reformación de las costumbres, eligió varones de reconocido mérito para el gobierno y la magistratura, reedificó muchas iglesias, fundó nuevos monasterios y hospitales, y no pocas veces agotó sus tesoros en beneficio de los pobres. A la iglesia de Roschlit dio su corona real que era de mucho precio, diciendo que mejor empleada estaba en servicio de la Majestad de Dios, que para ornamento de su persona. Pasaba horas enteras en oración, bañados los ojos de dulces lágrimas, delante del Santísimo Sacramento; y tenía una muy tierna devoción a la Virgen Santísima, queriendo que sus fiestas se hiciesen con gran solemnidad. Teniendo ya ordenadas todas las cosas del reino, los enemigos de la Religión y de la Justicia, llevados de la ambición de reinar, tramaron contra él una sacrílega conjuración, y cercando el templo donde el santo monarca estaba oyendo misa, le asaetaron y traspasaron con una lanza. En sintiéndose herido de muerte, hincadas las rodillas, se ofreció al Señor como inocente víctima, y dijo:

Yo os ofrezco, Dios mío, este poco de vida que me resta. Muero, Señor, por defender vuestra Iglesia santa; dignaos recibir agradablemente mi pobre sacrificio, y haced que algún día se arrepientan mis enemigos de su pecado, para que vos se lo perdonéis, así como yo les perdono de todo corazón la muerte que me dan. Mientras pronunciaba estas últimas palabras, cayó su cuerpo en tierra, y voló su espíritu al reino celestial, donde añadió a la corona de santo rey la de mártir glorioso de Jesucristo.

   Al punto manifestó Dios la santidad de su fiel siervo con multitud de milagros. En aquel mismo año fué castigada Dinamarca con una extraordinaria enfermedad, para la cual no se descubría otro remedio que la invocación del santo rey. Finalmente, movido el Papa Clemente X de los muchos prodigios que obraba Dios cada día por san Canuto, ordenó que se celebrase el oficio de este santo en toda la Iglesia universal.

 

   Reflexión: Mientras imperó el santo rey Canuto en Dinamarca, había en el reino virtud, paz, justicia y prosperidad verdadera; sólo estaban descontentos los ambiciosos; mas después del sacrílego regicidio, vino el azote de Dios sobre aquella nación, y al general desconcierto de todas las cosas se juntó el hambre, que duró muchos años, y fué tal, que hasta los grandes y el mismo rey se despojaban de sus posesiones para comprar a excesivos precios el sustento necesario. ¡Recio castigo el de un reino que cae en las manos de hombres codiciosos, y en las de Dios irritado! Roguemos por nuestra pobre patria, para que convirtiéndose al Señor, vuelva a su antigua cristiandad y gloria.

 

   Oración: ¡Oh Dios! que para ilustrar a tu Iglesia te dignaste honrar con la palma del martirio y con gloriosos milagros al bienaventurado Canuto, rey; concédenos por tu bondad que así como él fue imitador de la Pasión de Jesucristo, así nosotros, imitando al santo, merezcamos llegar a la felicidad de que goza en los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

FLOS SANCTORVM.

 


sábado, 15 de abril de 2023

Las Santas Basilisa y Anastasia, mártires. — 15 de abril. (+ 56)

 




Las ilustres y venerables matronas romanas Santa Basilisa y Santa Anastasia habían recibido la luz de la fe y la gracia de nuestro Señor Jesucristo por mano de los gloriosos príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo; y quedaron tan devotas suyas, que ni aun después que ellos padecieron el martirio, quisieron dejar por temor humano de reverenciarles; antes recogiendo con todo cuidado las venerables reliquias de aquellos santísimos Maestros de nuestra fe, les dieron secretamente honrada sepultura. Más como por este oficio de piedad fuesen acusadas delante del impío y cruelísimo Nerón, este primer perseguidor y fiera sanguinaria, sin respeto de la virtud y nobleza de aquellas piadosas matronas, mandó que las prendiesen y las presentasen a su tribunal cargadas de cadenas. Pretendió el bárbaro emperador apartarlas del nuevo instituto y vida cristiana que les habían enseñado los santos apóstoles, más ellas con gran fortaleza confesaron a Jesucristo, diciendo que era verdadero Dios, por el cual habían dado la vida San Pedro y San Pablo, que ellas estaban dispuestas a confesarle también, derramando la sangre y muriendo; si fuese menester. Entonces mandó el tirano que sacasen de su presencia a aquellas damas tan principales y las encerrasen en la cárcel hasta el día siguiente, en el cual se les concedía nueva audiencia: y venida la hora de comparecer de nuevo al tribunal, mostráronse tan constantes e invencibles en la confesión de Cristo, que luego ordenó el ferocísimo emperador matarlas a poder de tormentos. Azotáronla con bárbara  inhumanidad, colgáronlas en un potro, y abrasaron sus delicadas carnes con hachas encendidas; y viendo los verdugos que todo esto sufrían ellas sin quejarse, y que no cesaban de invocar el nombre de Cristo Jesús, con gran furor les sacaron las lenguas de la boca y se las cortaron. Cortáronles después los pechos y las atormentaron cruelísimamente hasta que se cansaron de hacer en aquellos santísimos cuerpos la más horrible y sangrienta carnicería, y como no pudiesen quebrantar un punto la constancia maravillosa de aquellas flacas mujeres y fortísimas mártires del Señor, las condenó el tirano a ser degolladas,


y así confirmaron con su sangre y con su muerte la doctrina de Dios que habían recibido de los bienaventurados Príncipes y esclarecidos Maestros de la Iglesia romana.”

 

   Reflexión: Mártir murió Jesucristo, soberano autor de nuestra sacrosanta religión; mártires fueron San Pedro y San Pablo y los demás apóstoles, mártires la mayor parte de los discípulos; mártires casi todos los papas de los tres primeros siglos de la Iglesia, y mártires en fin millones y millones de fieles cristianos en toda edad, sexo y condición, nobles, plebeyos, sabios, ignorantes, dignatarios, magistrados, filósofos, centuriones, procónsules, y aun damas y matronas romanas y delicados niños y doncellas. ¡Oh qué venerable es el edificio de la Iglesia católica amasado con tanta sangre de mártires! El que desprecia estos testimonios de nuestra fe, merece ser despreciado, el que no se convence con este argumento es hombre desatinado, el que solo por querer vivir a sus anchuras se obstina en rechazar la religión católica, diga que no sabe lo que hace, y que su orgullo o sensualidad le han robado el juico: pero sepa que un día clamará contra él toda esa sangre de los mártires tan gloriosamente derramada y tan injustamente despreciada por los insensatos.

   Oración: Rogámoste, Señor, que nos concedas perpetua devoción para venerar los triunfos de tus bienaventuradas mártires Basilisa y Anastasia; a fin de reverenciarlas con nuestros humildes obsequios ya que no podemos celebrarlas dignamente. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

FLOS SANCTORVM.


lunes, 27 de marzo de 2023

San Juan, ermitaño. — 27 de marzo. (+ 718)

 






   Nació el glorioso San Juan ermitaño en Licópolis de la Tebaida, de padres muy escasos en bienes de fortuna, y luego que tuvo edad aprendió el oficio de carpintero; más el Señor, que quería labrarle, le llamó a la soledad, para hacer de él uno de los varones más santos del desierto de Egipto.

   Hízose discípulo de un santo anciano, el cual descubriendo en aquel mancebo una humildad y obediencia extraordinarias, en breve, tiempo le hizo adelantar mucho en el camino de la perfección. Un año entero estuvo regando por obediencia un palo seco, dos veces al día, y procurando mover de su asiento un gran peñasco que muchos hombres no pudieran mover: y el Señor recompensó su ciega obediencia, concediéndole después el don de milagros y profecía.

   Muerto su santo maestro, pasó Juan cinco años en diversos monasterios, y luego se fué a una montaña desierta y abriendo en la peña una celdilla, se encerró en ella, y por espacio de cuarenta años llevó en este linaje de sepultura una vida de ángel, saboreando anticipadamente las delicias del cielo. No había hombre más apacible y agradable en el trato que el santo anacoreta. Jamás permitió que ninguna mujer se llegase a la ventanilla de su celda: se hizo tan notorio su alto don de profecía, que de las provincias más apartadas venían a consultarle como a un oráculo del cielo. ¿Quién no se maravillará de ver a sus pies al general del ejército romano pidiéndole consejo, y oyendo de los labios del santo: «Confía, hijo, en el Dios de los ejércitos, porque con tus escasas fuerzas, vencerás?» Y en efecto, la ilustre victoria que alcanzó de los bárbaros etíopes, acreditó la verdad del vaticinio.

   Consultóle también el gran Teodosio sobre el suceso de la guerra con Máximo; y pronosticóle Juan el glorioso triunfo que había de alcanzar de aquel tirano. Cuatro años después mandó el emperador a Eutropio su ministro para saber el éxito de otra campaña; y el santo respondió: «Ve, y di al emperador que vencerá, pero que sobrevivirá poco tiempo a la victoria.» Todo lo cual sucedió como el santo profeta lo dijo.

   Finalmente, después de una larga vida de noventa años llena de profecías y milagros, sabiendo por divina revelación el día y hora de su muerte, pidió que en tres días nadie le llamase, y pasándolos en oración, entregó su bienaventurado espíritu en las manos del Creador; y el día siguiente fué, hallado su sagrado cadáver puesto de rodillas, y fué sepultado con la pompa y veneración que su santidad merecía, llamándose comúnmente el profeta de Egipto.

   Reflexión: Visitó Paladio al santo y apacible anacoreta, el cual le dijo que sería obispo y que había de padecer grandes trabajos: «Yo, añadió el santo, cuarenta y ocho años hace que no pongo los pies fuera de mi celda, y porque en todo este tiempo no he visto mujer ni moneda alguna, no he sentido ni aun el más leve disgusto.» Brevísimo atajo para llegar a una vida llena de divina consolación reprimir la codicia del dinero y los deleites sensuales. Estas son las dos raíces principales de todos los sinsabores de la vida del hombre. El corazón de los malos es como un mar que hierve siempre en tormenta; y es porque está devorado o por la sed de riquezas o por el deseo de goces sensuales. Reprimámoslos, que vendrá sobre nosotros la paz y la alegría que sobrepuja a todo sentido y de la cual gozan aun en esta vida los hombres mortificados.

   Oración: Oye, Señor las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu siervo el bienaventurado Juan, para que los que no confiamos en nuestros méritos seamos ayudados por los de aquel que tanto te agradó. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

FLOS SACTORVM


viernes, 17 de marzo de 2023

San Patricio, apóstol de Irlanda. — 17 de marzo. (+ 493.)


 



   El maravilloso apóstol y obispo primado de Irlanda, San Patricio, nació en Escocia en el territorio de Aclud, que se llama hoy Dumbritón. A los dieciseis años de su edad le prendieron unos salteadores irlandeses juntamente con una hermana suya llamada Lupita, y le vendieron en Irlanda a un amo que le hacía apacentar su ganado de cerda.

   Mas el ángel del Señor le sacó de aquella esclavitud, manifestándole donde hallaría la cantidad de oro que bastase para su rescate. Estuvo después debajo de la enseñanza de San Germán dieciocho años, y por su consejo fué a recibir la bendición del Papa Celestino I, para consagrarse del todo a la conversión de los gentiles en Irlanda.

   Era aquella gente dura y bárbara, y hacían gran resistencia al santo predicador muchos magos y hechiceros, entre los cuales había uno, llamado Docha, muy querido del rey, el cual se hacía dios, y con varios engaños resistía a San Patricio como Simón Mago a san Pedro. Quiso para confirmación de su divinidad subirse a los cielos; mas estando ya muy alto, hizo oración San Patricio, y luego cayó muy mal herido a los pies del santo.

   Había en aquella tierra un ídolo muy célebre al cual llamaban cabeza de todos los dioses: era muy grande y estaba cubierto de oro y plata: viendo pues el siervo de Dios que la adoración de este ídolo detenía a muchos que no se rindiesen a su predicación, hizo oración al Señor, y levantando contra él el báculo llamado de Jesús, que traía en la mano, al momento cayó en tierra el ídolo y se hizo pedazos.

   De esta suerte convirtió a aquellas gentes a fuerza de prodigios innumerables y estupendos, y gozando después algunos años de quietud y mayor contemplación, cada día rezaba el Salterio; hincábase muchas veces de rodillas adorando al Creador de todo, y rezaba con tierna devoción las Horas canónicas. Gastaba gran parte de la noche en devotos ejercicios, y tomaba un breve descanso sobre el duro suelo, teniendo por cabecera una piedra.

   Con esta santa y admirable vida se preparó a una santísima muerte, que alcanzó a los ochenta años de su edad después de haber reducido todo el país de Irlanda a la fe de Cristo y, edificado numerosas iglesias, y consagrado muchos obispos, y ordenado gran numeró de sacerdotes.

   En la provincia de Ultonia se ve hasta el día de hoy una pequeña isla hacia la mitad de un lago que forma el Líffer, donde estaba el célebre purgatorio de san Patricio. Es una cueva, donde se dice que el Santo pasó toda una cuaresma en grande penitencia, para alcanzar del Señor la conversión de aquellos isleños; y dónde se retiraban después muchos santos varones para purificar sus almas dedicándose algunos días a ejercicios de penitencia y oración en unas pequeñas celdas que allí edificaron: las cuales se llamaban las celdas de los Santos.

 

   Reflexión: Es cosa de maravilla, que estando este grande apóstol de Irlanda tan fatigado con tantos trabajos de peregrinaciones, y cuidados de tantas iglesias, hallase tiempo y sazón para rezar tantos salmos y oraciones mayormente en los postreros años de su vida. Tomen de ahí ejemplo los hombres engolfados en los negocios de este mundo, y aprendan a buscar y hallar tiempo para encomendarse a Dios, y mirar por el principal negocio, que es el de su alma, y de su eternidad. Porque, como nos dice el Señor en su Evangelio: “¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si viene después a perder su alma?”

 

   Oración: Oh Dios que te dignaste enviar al bienaventurado Patricio tu confesor y pontífice, para que anunciase tu gloria a los gentiles, concédenos que con tu gracia y por su intercesión y merecimientos, cumplamos fielmente todo lo que tú nos mandas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

“FLOS SACTORVM”


miércoles, 8 de marzo de 2023

San Juan de Dios, fundador. — 8 de marzo. (+ 1550.)


 


   Nació el admirable varón San Juan de Dios en la villa de Monte-mayor en el reino de Portugal, de padres, virtuoso y pobre. En su mocedad andaba mudándose de pastor a soldado, y de soldado a pastor, sin hallar reposo en ningún ejercicio. Púsose después a vender libros y estampas, y en traje de mercader se hizo predicador apostólico, porque repartiendo estampas a los niños les enseñaba la doctrina, y a los mayores exhortaba a huir de las culpas, reduciendo muchos pecadores a penitencia. Así pasó algunos años, y andando un día su camino, encontró un niño muy hermoso, con vestido pobre y roto y los pies descalzos. Tomóle, pues, en hombros, y era al principio la carga liviana, pero luego hízose tan pesada que sudaba el santo, y se fatigaba en gran manera, por lo cual, hallando una fuente, dejóle para beber y reposar. Pocos pasos había dado hacia la fuente cuando oyó a su espalda una voz del niño que le decía: Juan, Granada será tu cruz, y volviendo el rostro, vio que el niño celestial le mostraba una granada abierta que tenía en la mano, y en medio una cruz, y luego desapareció. Encaminóse el santo a Granada, y en una mala casilla puso su pequeña librería, más ansioso de ganar almas que dineros. Predicaba a la sazón en Granada el beato Padre maestro de Ávila, y oyendo sus sermones el santo, quedó tan encendido en un divino fervor, que comenzó a servir a Dios con una muestra de altísima y perfectísima santidad. Porque repartió todo lo que tenía a los pobres y encarcelados, y se dio a tan maravillosos extremos de penitencia y humildad, que se hizo espectáculo del pueblo, hasta el punto de tenerle muchos por loco y afligirle como tal en las calles y en el hospital de locos. Fué allí a verle el maestro Ávila, que dirigía su conciencia, y le dijo que ya era tiempo de quitarse aquella máscara de fingida locura, para atender a otras obras del servicio divino. Entendiendo, pues, que el Señor le llamaba a los oficios de misericordia con los pobres enfermos, echó los cimientos de la Orden de los Hermanos Hospitalarios, y alcanzó poco tiempo médico, cirujanos, boticarios, regalos y medicinas, e hizo entre sus amados enfermos indecibles proezas de caridad. Encendióse fuego en el hospital real de Granada; nadie se atrevía a entrar dentro por estar la puerta ocupada de humo y de fuego. Vino corriendo San Juan de Dios, y fué sacando cuantos pobres había en la sala que ardía, trayéndolos a cuestas, y saliendo ileso al cabo de media hora de entre las llamas. Finalmente, después de una vida llena de prodigios, méritos y virtudes, a la edad de cincuenta y cinco años descansó en la paz del Señor, quedando su cuerpo hermosísimo y arrodillado como cuando oraba.

 

   Reflexión: Presenten a la admiración del mundo los modernos filántropos un solo ejemplo de caridad como San Juan de Dios, y así podrán blasonar de amor al prójimo; pero mientras se vean tan lejos de los hospitales, de las cárceles y de las moradas de los pobres, sin enjugar jamás una lágrima, ni oír un suspiro, ni presenciar un espectáculo de dolor y de miseria, bien podemos decir que la única verdadera caridad es la que nos enseña el Santo Evangelio y que fuera de ella no hay más que hipocresía y detestable egoísmo. Nunca han producido otra cosa la falta de religión y la impiedad.

 

   Oración: Señor Dios nuestro, que concediste al bienaventurado Juan la virtud de andar sin lesión en medio de las llamas, e ilustraste tu Iglesia con su nueva Religión, concédenos por sus méritos el fuego de la caridad para enmendar nuestros vicios, y alcanzar los eternos remedios.

Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

 

“FLOS SANCTORVM”


sábado, 4 de marzo de 2023

San Casimiro, príncipe. — 4 de marzo. (+ 1484.)




   Fué el purísimo joven san Casimiro hijo del rey Casimiro de Polonia y de Isabel de Austria, hija del emperador Alberto.

   Crióse muy temeroso de Dios y devoto, y no gustando de ricos vestidos ni de los regalos de palacio, dormía en la tierra desnuda y afligía su inocente cuerpo por imitar a nuestro Redentor Jesús en sus dolores. Muchas veces estaba en larga oración enajenado de los sentidos del cuerpo y con el alma unida a Dios. De noche se levantaba a escondidas y con los pies descalzos se iba a orar a alguna iglesia, postrándose a los umbrales de ella, los cuales regaba con muchas lágrimas, perseverando de este modo toda la noche, hasta que le encontraban así por la mañana. Era notablemente devoto de la Virgen María y tiernísimo hijo suyo, y la saludaba cada día de rodillas con unos versos latinos que él mismo había compuesto con grande artificio y elegancia.

   Fué modestísimo en el hablar, y jamás permitió hablar delante de sí cosa que pudiera desdorar a tercero. Tenía gran celo de la fe y aumento de la santa iglesia, y para esto hizo que el rey mandase por un riguroso decreto, que ninguna iglesia de los que no eran católicos y obedientes  al Pontífice romano, se edificase de nuevo, ni reparasen las suyas los herejes, los cuales en su tiempo anduvieron muy oprimidos, y en gran disminución, no atreviéndose ninguno a levantar cabeza.

   Coronaba estas y otras virtudes, con la caridad,  que es reina de todas ellas. Daba a los pobres grandes limosnas, consolaba a los afligidos, era el amparo de las viudas, padre de los huérfanos, y él mismo salía a buscar a los necesitados, y se informaba de los más desvalidos para ayudar a todos; y así era muy querido en el reino, y aunque tenía otro hermano mayor, le quisieron señalar por rey, mas no se pudo contar con él, por más que su padre deseó fuese elegido. Porque queriéndole casar el rey, así por la sucesión que esperaba como porque corría evidente peligro de la vida a juicio de los médicos, el santo y angelical mancebo quiso antes perder la vida que violar la flor de su virginidad, diciendo que no conocía la vida eterna quien con algún menoscabo de ella quiere alargar la vida temporal.

   Finalmente, habiendo tenido revelación del día de su muerte, a la edad de veinticuatro años y cinco meses, entregó su purísimo espíritu al Señor y fué recibido entre los coros de los ángeles. Fueron innumerables los milagros que hizo Nuestro Señor para honrarle y publicar cada día más su santidad.

 

   Reflexión: No son tan raros como podrías imaginar, los ilustres ejemplos de grandes virtudes donde no parece que puedan brotar sino malas raíces de vicios y pecados. No sólo hay santos en los monasterios, mas también en los palacios, en los cuarteles, y hasta en las cárceles y presidios. Y derrámase a veces con tanta abundancia la gracia celestial sobre toda condición de personas, que es para alabar a Dios, el cual quiere ser magnificado y servido en todos los estados y condiciones de la vida humana, de manera que nadie pueda excusarse con razón, diciendo que en su condición y oficio, no puede santificarse y servir al Señor de todos. Por esta causa no debes excusar con algún pretexto tu indolencia y tibieza en el servicio divino, sino acusarte de ella con humildad y propósito de enmendarte.

 

   Oración: Señor Dios nuestro, que entre las delicias de la corte y los peligros del mundo, esforzaste al bienaventurado Casimiro con la virtud de la constancia, rogámoste que por su intercesión desprecien tus fieles siervos todo lo terrenal y aspiren siempre a las cosas celestiales. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

Flos Sanctorvm.

 

jueves, 19 de enero de 2023

San Canuto, rey de Dinamarca, mártir. — 19 de enero. (†1087)




   San Canuto, cuarto de este nombre, nació para rey y para santo, pues el Señor le dotó de prendas reales y grandes virtudes. Cuando apenas tenía fuerzas para subir a caballo, mostró capacidad para mandar un ejército. Limpió el mar de piratas, sujetó la provincia de Sembia, y más tarde las naciones incultas y feroces del norte de Dinamarca, y las provincias de Curlandia, de Samogitia y de Estonia. En todas sus expediciones militares siempre salió vencedor, nunca vencido; pareciendo a todos que en él había resucitado Canuto el Grande. No teniendo ya enemigos que domar, se consagró a la nobilísima empresa de labrar la felicidad de sus vasallos. Dio prudentísimas leyes enderezadas a la reformación de las costumbres, eligió varones de reconocido mérito para el gobierno y la magistratura, reedificó muchas iglesias, fundó nuevos monasterios y hospitales, y no pocas veces agotó sus tesoros en beneficio de los pobres. A la iglesia de Roschlit dio su corona real que era de mucho precio, diciendo que mejor empleada estaba en servicio de la Majestad de Dios, que para ornamento de su persona. Pasaba horas enteras en oración, bañados los ojos de dulces lágrimas, delante del Santísimo Sacramento; y tenía una muy tierna devoción a la Virgen Santísima, queriendo que sus fiestas se hiciesen con gran solemnidad. Teniendo ya ordenadas todas las cosas del reino, los enemigos de la Religión y de la Justicia, llevados de la ambición de reinar, tramaron contra él una sacrílega conjuración, y cercando el templo donde el santo monarca estaba oyendo misa, le asaetaron y traspasaron con una lanza. En sintiéndose herido de muerte, hincadas las rodillas, se ofreció al Señor como inocente víctima, y dijo:

Yo os ofrezco, Dios mío, este poco de vida que me resta. Muero, Señor, por defender vuestra Iglesia santa; dignaos recibir agradablemente mi pobre sacrificio, y haced que algún día se arrepientan mis enemigos de su pecado, para que vos se lo perdonéis, así como yo les perdono de todo corazón la muerte que me dan. Mientras pronunciaba estas últimas palabras, cayó su cuerpo en tierra, y voló su espíritu al reino celestial, donde añadió a la corona de santo rey la de mártir glorioso de Jesucristo.

   Al punto manifestó Dios la santidad de su fiel siervo con multitud de milagros. En aquel mismo año fué castigada Dinamarca con una extraordinaria enfermedad, para la cual no se descubría otro remedio que la invocación del santo rey. Finalmente, movido el Papa Clemente X de los muchos prodigios que obraba Dios cada día por san Canuto, ordenó que se celebrase el oficio de este santo en toda la Iglesia universal.

 

   Reflexión: Mientras imperó el santo rey Canuto en Dinamarca, había en el reino virtud, paz, justicia y prosperidad verdadera; sólo estaban descontentos los ambiciosos; mas después del sacrílego regicidio, vino el azote de Dios sobre aquella nación, y al general desconcierto de todas las cosas se juntó el hambre, que duró muchos años, y fué tal, que hasta los grandes y el mismo rey se despojaban de sus posesiones para comprar a excesivos precios el sustento necesario. ¡Recio castigo el de un reino que cae en las manos de hombres codiciosos, y en las de Dios irritado! Roguemos por nuestra pobre patria, para que convirtiéndose al Señor, vuelva a su antigua cristiandad y gloria.

 

   Oración: ¡Oh Dios! que para ilustrar a tu Iglesia te dignaste honrar con la palma del martirio y con gloriosos milagros al bienaventurado Canuto, rey; concédenos por tu bondad que así como él fue imitador de la Pasión de Jesucristo, así nosotros, imitando al santo, merezcamos llegar a la felicidad de que goza en los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

FLOS SANCTORVM.

 

 

martes, 3 de enero de 2023

Santa Genoveva, virgen. — 3 de enero. (+ 512.)


 



   La santa virgen Genoveva, defensora y patrona de la ciudad de París, nació en la aldea de Nanterre, a dos leguas de aquella capital. Desde niña, resplandeció en ella la gracia de Dios en tanto grado, que al verla san Germán entre la muchedumbre del pueblo que le salía a recibir, dijo a sus padres que aquella niña, a la sazón de siete años, era singularmente escogida de Dios, y que eran dichosos por ser padres de tal hija. Consagróla después a Jesucristo, y le puso una cruz al cuello, para que la llevase como preciosa joya de su Esposo divino.

   Toda la vida de esta santa doncella fué un portento de extraordinarias virtudes. Desde los quince años hasta los cincuenta, solamente comía dos días de la semana, que eran domingo y jueves. Desde la fiesta de los Reyes hasta el Jueves santo, jamás salía del encerramiento de su celda, donde tenía su paraíso y sus dulcísimas comunicaciones con el divino Esposo de su alma.

  Notorios eran en París y en toda Francia sus milagros y profecías. Resucitó a un niño muerto que había caído en un pozo y aún no estaba bautizado; y a un hombre manco le restituyó la mano.

   Llegó en este tiempo a Francia, Atila, rey de los hunos, que se llamó azote de Dios, y realmente lo fué por las provincias que destruyó y arruinó y por la mucha sangre que derramó. Acercóse a la ciudad de París, y temiendo los naturales de ella que la asolase como había hecho con otras muchas ciudades, determinaron para salvar sus personas, hijos y hacienda, abandonar la población y retirarse a partes remotas y seguras. Súpolo Genoveva y les persuadió que no se arredrasen ni temiesen tanto, sino que acudiesen a Dios con oraciones, ayunos y limosnas, porque aquella bestia fiera no destruiría la ciudad ni entraría en ella. Y así fué, como había dicho la santa. Estando muy afligida la ciudad por falta de pan, embarcóse Genoveva con otra gente en el río Sena en busca de sustento y volvió a París con las naves cargadas de trigo. El rey Childerico, aunque no era bautizado, tenía gran devoción a la santa virgen, y por su gracia perdonaba a los delincuentes condenados a muerte.

   El gran Simeón Estilita, desde las más remotas partes del oriente, solía mandar a visitarla. Murió a la edad de ochenta y nueve años, el día 3 de enero, y fué sepultada con grande pompa y devoción de todo el pueblo de París. El rey Clodoveo y la reina Clotilde le dedicaron un suntuoso templo.

 

   Reflexión: Cuando profetizó santa Genoveva que el feroz Atila no había de arruinar la ciudad de París, ni entrar en ella, muchos ciudadanos temerosos y descreídos querían quemarla por hechicera. Así tratan los hombres sin fe a los santos; y con todo, la virtud de los santos es la que conserva el mundo. ¡Ay del mundo, si no hubiese aún en la tierra almas santas y puras que desarmasen la ira de Dios, y diesen al Creador la gloria debida! Presto acabaría el Señor con la raza humana por inútil y perjudicial a los fines de su adorable providencia. ¿Qué ha de sacar Dios de un mundo de réprobos? ¿No tiene para ellos un infierno?

   Oración: ¡Oh Señor y Dios santo! Vengan en nuestra ayuda los méritos de tu gloriosa virgen santa Genoveva, para que gozando por su intercesión de la salud del cuerpo y del alma, alcancemos con la cooperación de tu gracia, la salvación y la vida eterna. Por Cristo, Señor nuestro. Amén.

 

 

FLOS SANCTORVM