La
mejor oración es el “Pater Noster”, y dentro del Padre Nuestro, la mejor
oración es: «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo ». En este
concepto reside el secreto de la santidad.
No
basta decir: ¡Señor! ¡Señor! Es
necesario añadir: Hágase tu voluntad. No son los que dicen: “¡Señor! ¡Señor!”
—Dice el Evangelio— quienes entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que
hacen la voluntad del Padre Eterno.
Mil
coronas y devociones originales no importan mucho si no sabemos conformar
nuestra voluntad a la de Dios. Lo he dicho antes y lo diré otra vez: “Hacer lo
que Dios quiere, y querer lo que Dios hace, es la mejor oración” Y esta es la suma total de toda la vida
cristiana. La oración de conformidad es la más perfecta y agradable a Nuestro
Señor.
¿Por
qué nos agobiamos a menudo con tantas devociones, incluso en detrimento de los
deberes de estado más importantes, y las observamos todas con tanta
escrupulosidad, si olvidamos y despreciamos lo esencial, que es el deber,
quizás monótono, y no aceptamos sin rebeldía los sufrimientos y las cruces que
Dios Nuestro Señor nos envía?
Digamos,
sí, el Padrenuestro, todos los días y con fervor. No olvidemos, sin embargo,
que si el Padrenuestro es la mejor de las oraciones, es precisamente porque en
esta parte de la oración —
«Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» — se resume toda la vida
cristiana.
Pensamientos para cada
día del año. Tomado del “Breviario de la Confianza” Monseñor Brandão, Ascânio.
Año 1936.

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