sábado, 17 de octubre de 2026

REFLEXIÓN DE UN NIÑO — El Faro de la Costa (Año 1936).

 



 

   Un niño pobre pero muy bueno frecuentaba una escuela católica, y un sujeto que se jactaba de ser descreído solía burlarse de Él. Un día viéndole descalzo y tiritando de frío, le dijo:

 

   — Tú comulgaste ayer y fuiste hoy a misa; si Dios te quiere tanto ¿por qué no le dices  que te ayude?

 

   El niño se quedó un momento en silencio y luego echándole una mirada mezcla de tristeza y ternura le respondió llorando:

 

   — Dios le dice a muchos que me ayuden, pero ninguno le hace caso.

 

   El caballero se sintió conmovido y respondió:

 

   — Tienes razón; perdóname niño, que no soy tan malo como parezco. Nuestro Señor nos ínsita interiormente a hacer el bien y los hombres no correspondemos a su gracia. Hace algún tiempo me lo está diciendo a mí, que te ayude. 

 

   A la salida de la escuela lo llevó a su casa, y viendo su miseria, lo socorrió generosamente.

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