sábado, 14 de agosto de 2021

HISTORIA DE LA VIGILIA DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN.


   Sabiendo la Iglesia que la abundancia de gracias que la bondad de Dios quiere repartir a los fieles con tanta liberalidad en las mayores festividades, depende por lo regular del modo con que ellos se disponen; destina a la oración, al ayuno, a las vigilias y a la penitencia el dia inmediato que las precede, para que, purificada y preparada el alma con estos santos ejercicios, se halle en estado de tener más parte en estos divinos favores. Regocijémonos, mostremos nuestra alegría, y demos la gloria al Señor Dios nuestro, dice el ángel del Apocalipsis, porque se llegó el dia de las bodas del Cordero, y ya está ataviada la esposa: Diósele licencia para que se vistiese de un lino blanquísimo y delicado; porque este lino representa las buenas obras de los santos. Este es con propiedad el motivo y el fin para que fueron instituidas las vigilias en las festividades más solemnes.

 

   Nota san Agustín que la costumbre de comenzarse la solemnidad del domingo y de las fiestas, desde las primeras vísperas, esto es, desde la tarde precedente, pasó de la sinagoga a la Iglesia, fundándose en las mismas órdenes que intimó Dios a Moisés en favor del pueblo escogido. Observemos, hermanos míos, dice el santo doctor, el dia de domingo y las demás fiestas, y santifiquemos estos santos días desde la víspera, como el Señor lo había ordenado ya en la ley antigua.

Celebraréis vuestras fiestas de un dia a otro, como se lee en el Targun de Jerusalén, esto es, en la glosa, o paráfrasis caldaica de la Escritura. Así se contaban entre los judíos de una tarde a otra, no solo las fiestas, sino también los ayunos; y la Iglesia retiene aun esta costumbre en el oficio divino y la solemnidad de las fiestas grandes, comenzándola desde las primeras vísperas; es decir, desde la tarde precedente.

 

   Por eso se daba principio a la pascua de los hebreos, que era la mayor de sus solemnidades, por el sacrificio del cordero, que se hacía, según la Escritura, el dia precedente hacia la tarde o entre las dos tardes, como se explica el texto hebreo: Inter duas vesperas. Por estas dos tardes se entiende todo el tiempo que corre desde un poco después de mediodía hasta ponerse el sol; de suerte que cuando el sol comienza a bajar hacia el ocaso, es la primera tarde; y cuando se pone, es la segunda. Refiriendo san Mateo el milagro de los cinco panes que bastaron para dar de comer y para hartar a cinco mil hombres, dice que, llegada ya la tarde, advirtieron los discípulos a su divino Maestro que podía despedir al pueblo que le seguía; pero que el Salvador mandó que todos se sentasen, y que se les distribuyesen los cinco panes, con que todos quedaron satisfechos, después de lo cual los despidió. Inmediatamente se retiró el Salvador a un monte para orar; y añade el evangelista que, Habiendo llegado ya la tarde, vespere autem facto, se encontró solo. En este texto están bien señaladas las dos tardes, y entre ellas comenzaba la solemnidad de la fiesta. De la misma manera los días que David consagraba al servicio de Dios, los comenzaba desde la tarde del dia precedente: Vespere et mane, et meridie, narrabo et annuntiabo. Por la tarde, por la mañana y a mediodía cantaré las alabanzas al Señor. 

 

   Siendo el mismo Espíritu Santo el que anima la santa Iglesia, siguió el mismo orden en sus solemnidades. Desde el tiempo de los apóstoles, esto es, desde, aquellos primeros siglos y días de fervor, comenzaron los fieles a celebrar las fiestas desde el día precedente, pasando toda la noche en oración y en otros devotos ejercicios. Por razón de estas sagradas vigilias, cuyo mérito y cuya santidad ignoraban los gentiles, llamaban a los cristianos gente enemiga de la luz y amiga de las tinieblas (Cels.); Gens lucífuga, natío tenebrosa: hombres que gustan de hacer sus oraciones y de celebrar sus misterios en la oscuridad de la noche: Soliti statutc die ante lucem convenire, carmen Christo quasi Deo dicere secum invicem, escribía Plinio el Menor en su célebre carta al emperador Trajano sobre las costumbres de los cristianos. Acostumbran, dice, en ciertos días señalados a levantarse antes de nacer el sol, y cantar a coros ciertos himnos en honor de Cristo a quien tienen por su Dios. De donde se infiere que el pasar las noches en oración y en devociones los primitivos cristianos, no era por la persecución, ni por el miedo de los tormentos, sino por práctica constante de aquellos primeros fieles; y que las sagradas vigilias de aquellos tiempos eran la principal parte de las fiestas más solemnes, como las primeras vísperas son el dia de hoy la parte principal del oficio divino en las mayores solemnidades. Por eso, Tertuliano, Minucio Félix, san Cipriano, san Ambrosio y san Agustín exhortan mucho a los fieles a la observancia de estas vigilias (Canon 1). El segundo concilio de Macón, celebrado el año de 585, cuenta la noche del sábado al domingo como si fuera parte de este, suponiendo se debe pasar toda en oración y en vigilia. Noctem quoque ipsam spiritualibus exigamus excubiis, porque solo serán cristianos de nombre, añade el concilio, los que no velaren y oraren en las noches que preceden a las fiestas: Nomine tenus christiani esse noscuntur; sed oremus et vigilemus. Teodulfo, obispo de Orleans, que floreció en el noveno siglo, ordena que todos los cristianos concurran a la iglesia el sábado para celebrar el domingo y la vigilia de las festividades mayores; Conveniendum est sabbato die cuilibet christiano. De esa manera siempre comenzaba la fiesta desde el dia precedente. Los obreros y todos los oficiales dejaban su trabajo, y asistían a las primeras vísperas; concluidas estas, se retiraban a sus casas, y pocas horas después se volvían a juntar en la iglesia para hallarse presentes a las Vigilias y a los maitines. Acabados los maitines, se iban a tomar algún descanso, y después asistían a la misa solemne, y comulgaban en ella. Por la noche, durante la vigilia, se celebraba otra misa, y era la que se llamaba missa vespertina, de la que se hace tan frecuente mención en los sagrados cánones. A los fieles que no podían pasar la noche en la iglesia, los exhortan mucho los santos padres que a lo menos la pasen en oración dentro de sus casas, para santificar las vigilias de las mayores solemnidades.

 

 


 

   Duraron por mucho tiempo estas vigilias tan santamente instituidas; pero después se introdujeron en ellas tantos abusos, que fué preciso prohibirlas a las personas legas. Primero se prohibieron a las mujeres por el concilio de Elvira en España; pero el de Auxerre en Francia las prohibió a todo el pueblo generalmente. San Bonifacio, obispo de Maguncia, se queja de aquellos que, después del oficio de la noche, se iban a comer y a beber, profanando con su intemperancia la santidad de las vigilias. No es lícito beber después de la media noche, ni en la vigilia de Navidad, ni en las otras de las fiestas más solemnes.

 

   De todas ellas solo conservó la Iglesia la referida vigilia de Navidad. No obstante, se continuó por largo tiempo la de Pascua, hasta que, en fin, se suprimió enteramente, contentándose con celebrar el oficio la mañana del sábado santo, como lo muestran aquellas palabras del prefacio que se canta en la misa: In hac potissimum nocte; y el Exullet jam angélica turba coelorum, que antiguamente solo se cantaba a media noche. Pero, aunque la Iglesia prohibió dichas vigilias nocturnas, no por eso fué su intento privar a los fieles del mérito que pueden tener, celebrando las de las mayores solemnidades. Fuera del ayuno que intima en los días que las preceden, desea que en estos mismos días se multipliquen las buenas obras, las penitencias y las oraciones. Aunque siempre indulgente con sus hijos, cuando les dispensa el velar, no les dispensa los saludables rigores de la mortificación. Quiere que se supla el silencio de la noche con el recogimiento interior que se debe observar entre dia, y que se disponga el alma para santificar el dia siguiente con devotos ejercicios, con aumento de fervor, con la meditación y la oración. Ya en los primitivos tiempos de la Iglesia se comenzaba a celebrar el domingo desde las vísperas del sábado, y todas las demás fiestas solemnes desde sus primeras vísperas. Observad cuidadosamente el ayuno, dice san Ambrosio, porque es eficaz medio para celebrar la fiesta con provecho. Esta es la misa que se llamaba vespertina, porque no se separaba de las vísperas, y aun se retiene hoy alguna memoria de esta antigua rúbrica el sábado santo, en que las vísperas están como incorporadas con la misa.

 

   Los verdaderos fieles, dice san Bernardo, que quieren celebrar en espíritu y en verdad las fiestas de los santos, deben celebrar también sus vigilias. Porque las vigilias se hicieron para que nos despabilemos, si acaso estamos dormitando, amodorrados con algún pecado, o con alguna culpable negligencia. Pasemos las vigilias, prosigue el mismo santo, en ejercicios de devoción y de penitencia, si en el dia de la fiesta queremos estar dispuestos para recibir las gracias que por los méritos y por la intercesión de los santos derrama Dios en un corazón puro y preparado. Es cierto que, entre todas las solemnidades de la Iglesia, después de los principales misterios de Jesucristo, la que más nos interesa, y la más célebre es la fiesta de la Asunción de la santísima Virgen; esto es, aquella fiesta que celebra la santa Iglesia en honor de haber sido milagrosamente elevada en cuerpo y alma a los cielos: fiesta no menos solemne en la iglesia de Oriente que en la de Occidente, cuyo rito es el mismo que el de Navidad y el de Pascua.

 

   En el misal gótico todas las fiestas de la Virgen se comprenden en la de su Asunción: Assumptio sanctæ Mariæ matris Domini nostri. En el leccionario galicano se llama por excelencia la fiesta de santa María: Festivitas sanctæ Mariæ. En el orden romano se asigna en este dia una procesión solemne, que se dice instituida por el papa Sergio en el séptimo siglo. Se celebraba de noche; las calles estaban adornadas y las ventanas de las casas iluminadas con faroles; se llevaba una imagen de la santísima Virgen, cantándose himnos en honor suyo, y repitiéndose cien veces el Kyrie, eleison, y otras tantas el Christe, eleison. En el sacramentarlo de san Gregorio el Magno, que ocupaba la silla apostólica en el sexto siglo, se lee la vigilia de esta gran fiesta: Vigilia Assumptionis beatæ Mariæ, con misa propia. El papa Nicolao I, que floreció en el siglo nueve, escribiendo a los búlgaros, habla de la vigilia de la Asunción como de costumbre antigua, haciendo también mención de una cuaresma que precedía a esta festividad; la que muchos santos y santas observaron después muy religiosamente, y muchas comunidades religiosas observan aún en el dia de hoy para disponerse mejor a celebrarla, como la cuaresma de la Iglesia es disposición para la solemnidad de la resurrección del Señor. El gran padre san Francisco y su hija santa Clara se disponían para la fiesta de la Asunción con una cuaresma de cuarenta y seis días, que comenzaban el último dia de ayuno. No pide hoy tanto a los fieles la santa Iglesia; solamente los obliga a ayunar la vigilia, y es el único ayuno de obligación que impone en todas las fiestas de la Virgen. ¿Pues qué se podrá pensar de los que sin justo motivo se dispensan en él? No se puede dudar, dice san Jerónimo, que todo lo que se hace en honra de la Madre de Dios, cede en gloria de Jesucristo. “Abre María a todos los hombres, dice san Bernardo, su seno misericordioso, para recibirlos en él como en seguro asilo. El cautivo halla en María su rescate; el enfermo, la salud; el triste, el consuelo; el justo, la gracia; el pecador, la misericordia y el perdón. En ella enviamos desde la tierra al cielo una abogada, continúa el mismo padre, que, siendo madre de nuestro juez y madre de misericordia, tratará eficazmente el negocio de nuestra salvación”. El que encontró a María, dice el sabio Idiota, encontró en ella todo el bien; porque no solo ama a los que la aman, sino que ella misma sirve a los que la sirven. Este es el concepto que tienen hecho todos los santos y todos los fieles verdaderos. Si en los tres o cuatro primeros siglos de la iglesia se mostraron los santos padres menos celosos, y al parecer un poco reservados en hablar de la devoción a la Madre de Dios; y si los primeros cristianos no se dieron priesa a erigir muchos templos en su honor, ni a celebrar con aparato sus festividades, fue porque en aquellos tiempos temía prudentemente la Iglesia que los nuevos fieles, como criados en las supersticiones de la idolatría, no tuviesen a la Madre de Dios por alguna diosa, principalmente si se les hablara mucho de su Asunción al cielo en cuerpo y alma, y de todas sus excelentes prerrogativas. Adoraban los paganos una máquina de diosas, como madres de sus falsos dioses, y era de recelar que los cristianos adorasen como tal a la Madre del verdadero Dios; por lo que era razón proceder en este punto con tiento y con cautela. Por la misma razón, había prohibido Dios a los israelitas tener imágenes de escultura ni pintadas para adorarlas; porque era fácil que con esta ocasión se deslizase en la idolatría un pueblo nacido y criado en Egipto entre tanta multitud de ídolos. Sabemos la precaución con que se hablaba de la Eucaristía y de la Trinidad en aquellos primeros tiempos de la Iglesia, en los cuales se echaba mano de todo para hacer burla, y para desacreditar a los cristianos, dando siempre la más maligna interpretación a nuestros más sagrados misterios. Pero luego que cesaron las persecuciones, y se tuvo libertad para predicar descubiertamente las mayores verdades de nuestra religión, sin temerse el contagio de la idolatría, ¡con qué elocuencia, con qué franqueza y efusión de corazón se extendieron los santos en las alabanzas de la Madre de Dios, y en el culto que se debía a la santísima Virgen! Entonces se publicaron sin miedo la gloria y las maravillas de su admirable Asunción. ¡Cuántos templos se consagraron a Dios con la advocación de su nombre! ¡cuántas fiestas se instituyeron en su honor! ¡qué elogios tan magníficos no le tributaron para excitar a los pueblos y los corazones a la confianza en María! No porque esta confianza ni esta devoción no fuesen tan antiguas como la misma Iglesia; pues desde la misma cruz la recomendó el Salvador a todos los fieles en la persona de san Juan, como dicen los padres, Ten continuamente el nombre de María en la boca; grábale en el corazón, dice san Bernardo; invócala, y ten en ella una entera confianza.

 

 

 

AÑO CRISTIANO

POR EL P. J. CROISSET, DE LA CAMPAÑÍA DE JESÚS.
 

viernes, 13 de agosto de 2021

MEDITACIÓN SOBRE TRES PELIGROS QUE SE ENCUENTRAN EN EL MUNDO.


 


   I. Las máximas del mundo son tan contrarias a las de Jesucristo, que no hay que asombrarse de ver en él al vicio honrado y a la virtud despreciada. Dice Jesucristo que hay que despreciar las riquezas, el mundo pretende que hay que valerse de todo para adquirirlas; recomienda el Salvador que se perdone a los enemigos, el mundo declara que un hombre que se precie de serlo no debe sufrir una afrenta sin vengarse: como si no fuese honorable obedecer a Jesucristo e imitarle. Considera una por una las máximas del mundo, y verás que son el polo opuesto de las máximas de Jesucristo.

 

   II. A máximas peligrosas, une el mundo malos ejemplos. En el mundo, cada uno busca los placeres, los honores, la fortuna; pocos piensan seriamente en su salvación. En el mundo, exhíbese el vicio sin embozo y sin vergüenza, mientras que la virtud se esconde para escapar de las burlas y del odio de los malvados. Quien no imita a los malvados, los ofende (San Cipriano).

 

   III. En fin, en el mundo, no se obedece ni a la razón ni al Evangelio, no se sigue sino la costumbre cobarde; ésta es la que glorifica al vicio y denigra a la virtud. Cuídate de estos tres peligros, y regula tu vida según el Evangelio y no según los usos del mundo, donde los buenos son tan raros y los malos tan numerosos. Excepto algunos cristianos que huyen del mal, ¿qué es el resto de los hombres, sino la sentina de los vicios? (Salviano).

 

   La devoción. Orad por los que se consagran a la enseñanza.

 

 ORACIÓN: Haced, os lo suplicamos, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad de vuestros bienaventurados mártires Hipólito y Casiano aumente en nosotros la devoción y el amor de la salvación. Por J. C. N. S.


DE LA RENUNCIA SINCERA Y TOTAL DE SÍ MISMO PARA ALCANZAR LA LIBERTAD DEL CORAZÓN.


 



   Cristo, Hijo, despréndete de ti, y me encontrarás a mí. Vive indiferente a todo sin ser propietario de nada, y ganarás siempre.

   Porque se te dará mayor gracia tan pronto como renuncies a ti mismo irrevocablemente.

   El discípulo. Señor, ¿cuántas veces debo renunciar a mí mismo, y en qué cosas debo desprenderme de mí?

   Cristo. Siempre y a toda hora, en lo poco y en lo mucho. Quiero verte despojado de lodo, sin exceptuar nada.

   De otra manera, ¿cómo podrás ser mío y yo tuyo sin renunciar enteramente a tu voluntad, así en las cosas exteriores como en las interiores?

   Cuanto más pronto lo hagas, tanto mejor estarás, y cuanto más completa y sincera fuere tu renuncia, tanto más me agradarás y tanto mayor será tu ganancia.

   Algunos renuncian a sí mismos, pero exceptuando algo. Quieren proveer para sí por no tener plena confianza en Dios.

   Otros renuncian al principio a todo; pero, cediendo a las tentaciones, después lo recuperan. Por eso no progresan en la virtud. Nunca alcanzarán la libertad verdadera del corazón puro, ni gozarán la gracia de mi amorosa familiaridad, si cada día no se inmolan renunciando a sí mismos por completo. No hay, no puede existir sin esta condición la feliz unión de amor.

   Te lo he dicho muchísimas veces y te lo repito ahora: despréndete, renuncia a tí mismo, y gozarás de profunda paz interior.

   Dalo todo por el Todo. Nada pidas; nada recobres. Apóyate en mí solo, sin vacilar, y me poseerás. Tendrás el corazón libre, y no te envolverán las tinieblas.

   Desea, pide, esfuérzate por alcanzar esto: despojarte por completo de todo lo tuyo; seguir así desnudo a Jesús desnudo; morir para tí, y eternamente vivir para mí.

   Se acabarán entonces las imaginaciones vanas, las perturbaciones impías, los cuidados inútiles. El excesivo temor también se te quitará entonces, y el amor desordenado morirá.

 

“LA IMITACIÓN DE CRISTO”


jueves, 12 de agosto de 2021

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SANTA CLARA DE ASÍS


 



SANTA CLARA DE ASÍS,  Virgen.

 

   Santa Clara, a ejemplo de San Francisco de Asís, su conciudadano, distribuyó todos sus bienes a los pobres, y formó, bajo la dirección de este gran santo, una sociedad de vírgenes decididas como ella a vivir en el recogimiento y en la penitencia. Habiendo los moros atacado su monasterio, los puso en fuga presentándose ante ellos precedida por el Santísimo Sacramento. Ayunaba a pan y agua todo el Adviento y la Cuaresma; durante mucho tiempo, pasó sin tomar alimento alguno los lunes, miércoles y viernes de cada semana. Siempre llevaba un cilicio, andaba descalza y acostábase sobre sarmientos tirados en el suelo. Murió en 1253.

 

   I. Se representa a Santa Clara con el Santísimo Sacramento en la mano, y se puede decir que contempló a Jesucristo, en este adorable misterio, para reproducir en su vida las virtudes de que nos da ejemplo. ¿Qué más pobre que Jesucristo oculto en la Eucaristía? Está despojado de todos sus tesoros y todos los atributos de su divinidad están allí como anonadados. Santa Clara ha imitado esta pobreza; fundó una Orden de religiosas que viven sólo de limosnas. ¿Qué amor tenemos nosotros por la pobreza? Para desposarse con ella, Jesús descendió del cielo a la tierra, y tú, por evitarla, te precipitas en el infierno. ¡Cuán dichosos son los cristianos de poder adquirir el reino de los cielos mediante la pobreza! (San Agustín).

 

   II. Nada hay más puro, más casto que Jesucristo en la Eucaristía: tiene cuerpo, pero este cuerpo está glorificado y está privado de todas las satisfacciones de los sentidos. Santa Clara ha imitado esta mortificación; tal era su celo por el ayuno y las austeridades, que San Francisco se vio obligado a moderarlo. ¿Qué dices a esto, cristiano afeminado? El solo pensamiento de las mortificaciones que ha practicado esta santa, ¿no basta ya para asustar tu pusilanimidad?

 

   III. La obediencia de Jesucristo en la Eucaristía es admirable: obedece a la voz del sacerdote, sin tener en cuenta el mérito de la persona que lo manda; está a su disposición tanto de día como de noche. Así es como Santa Clara obedecía a San Francisco, y es así como debes obedecer tú a tus superiores. Mira a Jesús en el Santísimo Sacramento, míralo en la Cruz, y ya no te costará obedecer las órdenes que Él te da por boca de tus superiores.

 

   La pobreza. Orad por los religiosos.

 

   ORACIÓN: Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y que la fiesta de la bienaventurada Clara, vuestra virgen, regocijando nuestra alma, la enriquezca con sentimientos de tierna devoción. Por J. C. N. S.

 


miércoles, 11 de agosto de 2021

La Revolución Soviética: El comunismo como religión invertida – Por el Padre Alfredo Sáenz. S. J.


 



   Entremos en un tema de particular trascendencia. El marxismo es enemigo frontal de la religión. El odio al misterio, la lucha contra el misterio, he ahí el pathos que lo dinamiza. Su filosofía, esclava del tiempo presente, no medita jamás sobre el sentido del sufrimiento y de la muerte, sobre el minusvalor de lo efímero, sobre la eternidad. Sin embargo su lucha no es la de un ateo escéptico, sino la de un creyente invertido, la del que cree... pero en la antirreligión.

 

   1. Karl Marx, ateo y anti-teo

   Marx no inventó la concepción del mundo que proclama. De la filosofía burguesa del siglo XVIII tomó el materialismo, y de la sociedad capitalista del siglo XIX la visión economicista. Pero todo lo revistió de colores metafísicos y cuasi religiosos, poniendo en ello sus esperanzas de salvación. (N. Berdiaeff, El cristianismo y el problema comunista…, pp. 132-133) La vida mecanizada, la supresión de la personalidad del hombre, su transformación en instrumento del progreso, la mengua de su espiritualidad, todo eso ya había comenzado con el capitalismo liberal en la civilización técnica del siglo XIX. La sociedad contra la cual se rebeló Marx era en gran parte atea. Y contra ese ateísmo jamás se rebeló. Por eso no hay que buscar en el marxismo el origen último del mal: en su negación de Dios y del hombre no dio pruebas de originalidad, sino que en buena parte lo copió de su enemigo.

 

   a. Marx y la religión.

   Para Marx, la religión no es tan sólo una ficción o una idea falsa, sino también una máscara tras la cual se oculta un enemigo. Por eso, como dice Yurre, “siempre que Marx haga una clasificación de valores, colocará la religión en la vereda de enfrente, en el sistema de valores opuestos que Marx combate y trata de revolucionar. Marx defiende la libertad, la religión encarna la tiranía; Marx se siente identificado con lo racional, con las luces del nuevo mundo intelectual, la religión es lo irracional; Marx es comunista, la religión es la superestructura del capital; Marx está encandilado con el gran ideal la revolution proletaria, la religión es el factor conservador y retrógrado que se opone al progreso y al devenir de la historia”. (Cit. En Oligatti, Carlos Marx, Difusión, Buenos Aires, 1950, p.53.)

   La crítica de la religión instaurada por Marx comienza en el plano político a través de una crítica del Estado cristiano, tal como él lo veía encarnado en la Prusia protestante de los años cuarenta, Esta crítica del estado cristiano le llevó a la crítica de las instituciones religiosas mismas. A través de ellas, creyó captar la esencia de la religión como signo de la enajenación del hombre. (Cf. H. Chambre, E marxismo en la Unión Soviética…, P. 288)

   A semejanza de su maestro Hegel, Marx toma las ideas cristianas para vaciarlas de su contenido sobrenatural, pero a diferencia de aquel no la vuelve a llenar de una significación solamente filosófica. Lo que intenta es elaborar una especie de teología al revés, una teología del más acá en donde el Hombre venga a ocupar el lugar de Dios. En el fondo no hay ateísmo sino antiteísmo. Marx no prescindirá de la religión sino que construirá una religión al revés. (Sobre el ateísmo de Marx cf. El excelente artículo de D.F. Cardozo Biritos, “Redención y Transfiguración en Calos Marx” en Mikael 26 “1981”, 53-75, donde el autor describe los tres ateísmos de Marx, siempre “in crescendo”).

   Comienza Marx por afirmar que Dios no es sino una proyección que el  propio hombre realiza de su esencia. Tal idea le viene de Feuerbach. Espíritu penetrante, sin duda el más genial de los filósofos ateos del XIX quien, atraído por el problema del hombre, trató de convertir la teología en antropología. Según Feuerbach, no es el hombre quien ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, sino que es Dios quien ha sido hecho a imagen y semejanza humana. Para crear a Dios el hombre se ha vaciado, se ha empobrecido, se ha despojado, en orden a enriquecer a ese Dios inventado por su imaginación. El hombre miserable posee un Dios rico. La fe que el hombre pone en Dios expresa su debilidad, su pobreza y su esclavitud. Si hubiese sido fuerte, rico y libre, no hubiera tenido necesidad de Dios. “Dios es el género humano, pero enajenado, alienado”.

   De esas premisas feuerbachianas, Marx sacaría sus propias conclusiones, aplicando aquellas ideas a la vida social. En uno de sus primeros trabajos, La introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, propuso su definición de la religión. Allí encontramos la célebre máxima que luego figuraría sobre todos los muros soviéticos: “La religión es el opio del pueblo”. La religión es un obstáculo para la liberación del hombre, para el ejercicio de su poder y para la realización de su felicidad, porque le promete bienes ilusorios y adormece su conciencia con la promesa de vanas esperanzas ultraterrenas. Por consiguiente, si realmente se quiere obtener la felicidad autentica es preciso independizarse de lo que no es más que una quimera, es decir, de la mentira religiosa. La religión constituye la expresión de la impotencia del hombre, por eso es el opio del pueblo. La religión es igualmente el instrumento de explotación del hombre por el hombre, de la clase por la clase. Presentando a Dios como supremo señor, la religión sacraliza a los poderosos y dominadores de este mundo. Así impidió que las clases oprimidas, esclavizadas, pobres y laboriosas, se rebelasen contra sus perseguidores, prometiéndoles a cambio de su resignación una recompensa en el reino de los cielos. La religión ha bendecido siempre el sufrimiento, la injusticia, la desgracia real de los hombres, dándoles únicamente la esperanza en la posibilidad de una dicha celestial. Las clases dominantes, que explotan al individuo, fomentan las creencias religiosas para que el hombre pobre, oprimido y desgraciado soporte con paciencia su triste suerte. (Cf. N. Berdiaeff, el Cristianismo y el problema comunista…, pp. 22-24). Si se quiere liberar a la clase obrera y a la humanidad será pues preciso sacudir el yugo de la fe religiosa.

   Tras este diagnóstico, Marx proyecta la “redención” del hombre despojado. En sus escritos se encuentran dos propuestas o tipos de redención: una automática, operada por el mero devenir histórico, y otra violenta —que al parecer se contradice con la anterior, pese a las explicaciones de los pensadores marxistas—, lograda por la revolución del proletariado. Este proceso terminará finalmente con la Transfiguración del hombre y su entrada triunfal en el mundo feliz del paraíso comunista.

 

De la Rus´de Vladímir al “hombre nuevo” soviético.

EDICIONES GLADIUS


sábado, 7 de agosto de 2021

"SAN CAYETANO" Cazador de almas - Por el R. P. Francisco Alves. Descargar "LIBRITO" en PDF. AÑO 1956


 



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MEDITACIÓN SOBRE LA POBREZA

 



   I. No puede imaginarse pobreza más rigurosa que la que este santo (San Cayetano) estableció en su Orden; si tú no puedes abrazarla enteramente, por lo menos desase tu corazón despojarse de las riquezas que posees. No te entristezcas cuando algo te falte; alégrate, más bien, de participar de la pobreza de Jesucristo al nacer y morir. No te acongojes, tampoco, por lo por venir. Espera en Dios, haz el bien, y te alimentará con sus riquezas (El Salmista).

 

   II. Basta cualquier accidente adverso para que te veas despojado de todos tus bienes. No te fíes, pues, en tus riquezas y no te afanes por adquirir otras nuevas. Si vives según la recta razón y las máximas del Evangelio, no te hará falta sino muy poco para tu vida, y siempre estarás contento. Si, en cambio, sigues los deseos desordenados de tu corazón, ni todos los tesoros de las Indias podrían satisfacerte.

 

   III. Comenzaste tu vida en la pobreza y lo mismo la acabarás. ¿Para qué, pues, tomarte tanta pena en amasar una fortuna de la que no podrás gozar sino durante el breve intervalo que separa tu nacimiento de tu muerte? Emplea ese tiempo tan corto, más bien, en acumular en el cielo tesoros de que puedas gozar durante toda la eternidad. Es absurdo que quien entró desnudo al mundo, y a quien desnudo recibió la Iglesia, quiera entrar rico en el reino de los cielos (San Máximo).

 

   La confianza en Dios. Orad por los pobres.

 

 

   ORACIÓN: Oh Dios, que habéis concedido a San Cayetano la gracia de imitar la manera de vivir de los Apóstoles, acordadnos, siguiendo su ejemplo y por su intercesión, la gracia de poner siempre en Vos nuestra confianza y no desear más que los bienes del cielo. Por J. C. N. S.

 


viernes, 6 de agosto de 2021

MEDITACIÓN SOBRE LA TRANSFIGURACIÓN DE JESUCRISTO

 




   I. Jesús, para transfigurarse, se retira a una apartada montaña. ¿Quieres tú revestirte del hombre nuevo, que es Jesucristo? Huye de los estorbos y del tumulto del mundo. Además, recuerda que la obra de la conversión es una obra difícil; que hay que subir desde el fondo del abismo hasta las altas cumbres. Si quieres sanar de tus enfermedades y adquirir la verdadera sabiduría has de cambiar totalmente de vida y has de hacerte un hombre nuevo (Salviano).

 

   II. Cuando los Apóstoles estuvieron en el Tabor, sus ojos fueron iluminados y vieron a Jesucristo radiante de gloria. Cuando hayas comenzado seriamente la obra de tu conversión, te asombrarás de la ceguera en que vivías antes. Te llenarás de gozo en medio de tus dolores, porque siempre tendrás ante tus ojos a Jesús crucificado y porque imitando su paciencia en la tierra, te será dada la esperanza de su gloria en el cielo.

 

   III. Jesús manifiesta su gloria a sus discípulos e inmediatamente después les habla de sus sufrimientos, a fin de animarlos a soportar los oprobios de su Pasión. Aprendamos de este misterio a sufrir por Jesús, con la esperanza de participar en sus recompensas; si nos niega los consuelos terrenales, lo hace para procurarnos más abundantes en el cielo. No nos extrañemos de las aflicciones que nos sobrevengan: no es en este mundo, sino en el otro, donde Jesucristo nos ha preparado la felicidad. ¿Qué te ha prometido Cristo? Si Él te ha prometido la felicidad de aquí abajo, tienes derecho a murmurar porque no te la dé (San Agustín).

 

   La mortificación. Orad por los afligidos.

 

   ORACIÓN: Oh Dios, que, en la gloriosa Transfiguración de vuestro Hijo unigénito, habéis confirmado los misterios de la fe en el testimonio de vuestros profetas, y que, mediante una voz celestial surgida de una nube resplandeciente, habéis anunciado de admirable manera la perfecta adopción de vuestros hijos, concedednos la gracia de ser coherederos del Rey de la gloria, y participar un día de su reino. Por el mismo J. C. N. S.

 


martes, 3 de agosto de 2021

Conclusiones del Congreso Antimasónico Internacional de Trento – Por el Padre Alberto Ezcurra Medrano.


 



   El 26 de septiembre de 1896 se reunió en Trento el Primer Congreso Antimasónico Internacional. Fue presidido honorariamente por numerosos obispos y arzobispos de Europa y América, siendo su presidente efectivo el Príncipe Carlos de Lowenstein.

   Las conclusiones a que llegó el mencionado Congreso fueron redactadas, luego de una brillante exposición, por el sabio Profesor Vicente Longo, después de haberse ocupado durante más de veintidós años del problema masónico y de haber estudiado más de ciento cincuenta obras oficiales masónicas. Todas sus afirmaciones, pues, fueron probadas por citaciones y documentos auténticos de la propia Masonería. “Ningún desmentido ha podido producirse después del Congreso para defender la Masonería de las acusaciones que la Sección ha formulado contra ella, lo que prueba una vez más que la Sección ha juzgado exactamente al adversario” (Actes, t. II, pág. 51).

   La Masonería, que recibió la noticia del Congreso con sarcasmos y amenazas, se amedrentó ante la profundidad del ataque, incapaz de una refutación seria, se llamó a silencio, pretendiendo ahogar en él las conclusiones del Congreso.

   Hemos creído conveniente dar a conocer aquí dicho documento, que a pesar de su interés e importancia, no ha tenido la difusión que merece.

 

CONCLUSIONES

 

Primera Sección

 

   Doctrina Masónica. Respuesta a las cuestiones examinadas por la Sección.

   1) ¿Cuáles son las doctrinas religiosas en las cuáles se ha inspirado la Masonería?

 

   A esta cuestión, apoyándose en la autoridad oficial que ha sancionado las doctrinas contenidas en más de 150 volúmenes de obras masónicas, volúmenes que han figurado en la pequeña exposición del Congreso de Trento, se ha declarado por unanimidad.

   Que las doctrinas religiosas y filosóficas reproducidas y propagadas por la Francmasonería son las doctrinas phalicas de los antiguos Misterios de la India, de la Persia, de la Etiopía, del Egipto, de la Fenicia, de la Grecia, de los Romanos, de los Druidas; y, después del Cristianismo, de los Gnósticos, de los Maniqueos, de los Albigenses, de los Pataros y otros semejantes, de los Templarios, de los Filósofos del Fuego o Alchimistas o Rosacruces.

   Estos últimos, el 24 de junio de 1717 fundaron la Masonería en su símbolo actual, para perpetuar bajo su nombre el culto del Phallus, llamado asimismo Naturalismo, o culto de la Naturaleza. Por esto la Masonería se define a sí misma, por boca de la Gran Madre Logia de todas las logias del mundo, Madre Logia de Inglaterra: “La capacidad de la naturaleza, la inteligencia del poder que existe en la naturaleza en sus diversas operaciones”. “En cuanto es la capacidad de la naturaleza, se define por esa simple palabra Luz, la luz por excelencia que ilumina a todo hombre que viene al mundo.”

   “En cuanto es la inteligencia del poder que existe en la naturaleza, se define: “La ciencia que abraza todas las ciencias, sobre todo la ciencia del hombre: “Nosce te ipsum” (Conócete a ti mismo).”

   “Y en cuanto es la variedad de las operaciones de la naturaleza, se proclama: “Un hermoso sistema de moral, bajo el velo de las alegorías y el adorno de los símbolos”.

   “En fin, para resumir, en pocas palabras las precedentes definiciones: “Ella es la ciencia del Santo Nombre de Dios, de la palabra Jehováh, pronunciada e interpretada en logia por Hi-Ho, que quiere decir El-Ella, los dos sexos, las dos potencias generadoras”.

 

   2) ¿Cuáles son las relaciones de la Masonería con el Satanismo?

 

   Respecto de las relaciones de la Masonería con el Satanismo se convino por unanimidad que la simple Masonería o Masonería de los tres primeros grados, de Aprendiz, de Compañero y de Maestro, hallándose como se halla, común y necesariamente dividida en exotérica y esotérica, es decir, que sus miembros, ignorando como ignoran, en su mayor parte, la significación de sus símbolos, y, por consiguiente, no hallándose todavía moralmente preparados y dispuestos para un comercio físico y sensible con los espíritus, o bien con Satán, no existe esta relación bajo el punto de vista físico o sensible entre la Masonería común y los espíritus. Bajo el punto de vista moral e intelectual, sin embargo, tienen una perfecta relación con el satanismo, puesto que es una asociación que se llama a sí misma “Dios”, o como la define Mazzini, “Ecclesia Sancta Dei”, entendiendo por este Dios, a Lucifer o el Sol, principio de la generación material universal.

   Que, en fin, los Maestros de la simple Masonería, bien distintos por sus símbolos y por la separación de sus reuniones, de los Aprendices y Compañeros, a los cuales no les son explicados sus símbolos, pueden practicar, si quieren, el Arte Hermético o negro, la Magia, bajo el nombre de Masonería Sacerdotal, supuesto que por el hecho mismo de ser Maestros, son sacerdotes de Satán, representado en todas las logias simbólicas por la Estrella flamígera o flamente.

 

   3) Las diversas doctrinas profesadas, al menos en apariencia, por los masones ¿tienen una relación entre ellas? Y si la tienen ¿cuál es?

 

   A esta cuestión se ha unánimemente respondido que las diversas doctrinas públicamente profesadas por los masones bajo los diferentes nombres, se resumen en el Masonismo “por el todo en el todo” o en el Dios Gran Todo del Panteísmo idealista y del Materialismo bajo el nombre de ciencia positiva o Positivismo.

   Que esas doctrinas, en el lenguaje simbólico universal de los masones, reciben de ellos el nombre de “Masonería ostensible a los profanos”.

   Que tienen entre ellas una íntima relación, en cuanto todas identifican al universo con Dios.

   Que provienen todas de la Masonería, escuela y seminario de ateísmo.

   Que su relación consiste únicamente en la sustitución del concepto de un Dios generador del Universo, al concepto cristiano del Dios creador del Cielo y de la Tierra.

   Y que esta institución se halla indicada en la Masonería por el nombre del Arquitecto del Universo, aplicado a Dios. Y el Arquitecto supone la preexistencia o la coexistencia de la materia sobre la cual debe ejercerse la arquitectura y emplearse los instrumentos para ponerla en obra.

 

   4) ¿Cuál es el fin de la Masonería?

 

   A esta cuestión, después de una larga discusión, se ha respondido unánimemente: Que el objeto de la Masonería es la destrucción universal en el orden físico, intelectual y moral.

   a) En el orden físico, o de la existencia, puesto que la Masonería ha divinizado la muerte o la destrucción universal, sustituyendo a la Santísima Trinidad Cristiana por la Trinidad india de un Dios Generador, Destructor y Regenerador, representado por su Triángulo, realizado en el Cosmos por el principio general según el que “mors unius est generatio alterius” (la muerte de uno es la generación del otro), y viceversa, sucesiva y eternamente, y puesto en práctica por los masones con grave perjuicio de la sociedad humana, bajo los especiosos nombres de lucha por la vida, revolución perpetua y progreso indefinido.

   b) En el orden moral, el objeto de la Masonería es la destrucción universal, puesto que deifica el principio del mal, y con él, todos los vicios bajo el nombre de todas las virtudes.

   c) En el orden intelectual, su objeto es la destrucción universal de la verdad, por la profesión explícita y necesaria del secreto, de la mentira, del perjurio y de la blasfemia cotidiana.

   En una palabra, resumiendo todo lo que precede, se ha concluido que así como apagando u oscureciendo, en cierta manera, el Sol, los que cierran los ojos a su luz, apagan y oscurecen la vida, el orden y la belleza del Universo; los masones, falseando el concepto cristiano de un Dios Creador, por la sustitución del concepto de un Dios Generador, tienden a la destrucción universal, visto que en todos los ritos simbólicos y en todas las ceremonias religiosas profesan la adoración y el culto del maldito pecado mortal en acto, “per peccatum mors”; y visto que adoran la rebeldía universal de Satán y la lujuria infinita de la humanidad, que son el Alpha y Omega de su dios, la Destrucción.

 

SEGUNDA SECCIÓN

 

Acción Masónica. Definiciones.

MEDITACIÓN SOBRE LA HONRA CON QUE DIOS COLMA A LOS SANTOS.

 





   I. Dios honra a los santos en la tierra, les da poder casi absoluto sobre la naturaleza, les da a conocer lo secreto de los corazones, les alza el velo de lo porvenir y les granjea el respeto de los pueblos. Mientras la gente se aleja horrorizada de los cadáveres comunes, tiene gran veneración por las cenizas y las reliquias de los santos. Si realmente amas tú la gloria verdadera, si quieres dejar aquí abajo memoria verdaderamente inmortal, trabaja por hacerte santo. ¡Tus amigos son muy honrados, oh Dios mío! (El Salmista).

 

   II. En el cielo, los santos son aun incomparablemente más honrados. Son todos más gloriosos que los reyes en su trono: son los favoritos de Dios, los príncipes de su corte, y no temen ya perder la dicha de que gozan. Si tan grandes peligros se corren para ganar el favor de los príncipes de la tierra, ¡qué no deberemos hacer para hacernos amigos de Dios! ¿Qué haces para esto? ¿Buscas, acaso, la ocasión de agradar a Dios en todo?

 

   III. ¿Quieres participar de los honores que se tributan a los santos en el cielo y en la tierra? Imítalos; ama, como ellos, la humildad; oculta tus virtudes, y Dios las manifestará; desprecia las riquezas y los honores del mundo, y Dios te coronará de luz y te colmará de riquezas en el cielo. ¡Quieres llegar adonde llegaron los santos y tomas un camino diametralmente opuesto al que ellos siguieron! Aspiras sólo a los bienes de la tierra, ¿cómo puedes esperar que alguna vez Dios te conceda los bienes del cielo?

 

   El deseo de la santidad. Orad por la conversión de los pecadores.

 

   ORACIÓN: Señor, concedednos la gracia de imitar a los que honramos, y enseñadnos a amar a nuestros enemigos, ya que celebramos el Hallazgo de aquél que imploró, para sus perseguidores,  la misericordia de J. C. N. S.


lunes, 2 de agosto de 2021

Celo de San Alfonso María de Ligorio para reformar las costumbres de su grey y remover los escándalos.


 



Pero si tanto trabajó Alfonso por la exacta disciplina del clero y de las sagradas vírgenes, ¡oh! ¡y cuánto no se ocupó y se afanó todavía por el bien y provecho espiritual del resto de su grey! Comprendía él muy bien que antes de edificar y de plantar, es necesario descombrar y destruir los obstáculos, esto es, extirpar el vicio y desterrar el mal, para poder despues establecer el bien y radicar la virtud; por lo que sus primeros pensamientos y sus primeros afanes con respecto al pueblo, fueron corregir las costumbres y desterrar los vicios, a fin de poder luego conducir más fácilmente al bien y aun procurar la perfección, según la vocación y el estado de cada uno. Con este objeto, sin omitir fatiga y sin atender a ninguna indisposición de salud o a cualquiera otra cosa, se ocupaba continuamente, como ya se ha dicho, en predicar en forma de misiones, y en dar instrucciones, y en hacer catequismos, exhortaciones y novenas, ya en una, ya en otra iglesia, y aun algunas veces en las plazas públicas. Hallándose en la visita de algunos distritos en que habia muchos pueblecillos o aldeas próximas, en los días festivos, particularmente después de haber predicado por la mañana en uno de ellos, iba por la tarde a predicar a otro: de esta manera, desatándose unas veces contra el vicio y representando toda su deformidad, y otras mostrando la infinita misericordia de un Dios que da tiempo al pecador para volver en sí y espera su arrepentimiento, y otras explicando é insinuando los deberes de la vida cristiana, procuraba la conversión de los pecadores, la reanimación de los débiles y de los tímidos, y un más exacto cumplimiento de las obligaciones propias de cada estado.

 

   Y no contento con todo esto, también hacia venir todos los años misioneros, esto es, sacerdotes de su congregación o de la de Nápoles, o a los padres operarios píos, a los religiosos del orden de predicadores u otros celosos ministros evangélicos, para que recorriesen su diócesis en varias direcciones, predicando la palabra divina y convirtiendo almas a Dios. Quería además que los predicadores cuaresmales de su diócesis predicasen de modo que todos los comprendiesen, para sacar fruto de sus fatigas, por lo que muchas veces iba él mismo a escucharlos y los obligaba a dar en la semana de Pasión los ejercicios espirituales a todo el pueblo en forma de misión, de lo cual, se saca mucho provecho. Por esto solía decir por este tiempo a su secretario: Me alegro de que en esta semana de Pasión se haga misión en toda mi diócesis. El celo de Alfonso nunca satisfecho y cada vez más industrioso, pasó aún más adelante, porque tanto en Airola como en Durazzan, estableció una congregación de sacerdotes que debían reunirse una vez a la semana en un lugar destinado al efecto, y allí despues de haber hecho oración mental, debían ocuparse de adquirir la debida instrucción en confesar por medio de confesiones prácticas, así como en predicar, haciendo ejercicios propios de las misiones. Y a fin de que se amaestrasen aún más para estar en estado de ir a su tiempo a las misiones, los mandaba en compañía de otros misioneros, particularmente con los de su congregación cuando iban a predicar a su diócesis. Instruidos de este modo, los mandaba despues, de cuando en cuando, a los sitios más distantes y remotos de ella, donde habia ranchos y pequeñas aldeas de gente pobre, idiota y dispersa; y bendiciendo el Señor esta obra, no era poco el fruto que se recogía. No dejaba al mismo tiempo de instruir y amonestar su grey con cartas pastorales, edictos, notificaciones, avisos y otras cosas semejantes, según lo exigía la necesidad y él lo juzgaba oportuno. Quería también que sus vicarios foráneos y los párrocos vigilasen cuidadosamente a cerca de las buenas costumbres, y que de palabra o por escrito le informasen plenamente de cualquier desorden que ocurriese. Frecuentemente llamaba a estos mismos y a algunos religiosos y otras personas de saber, para consultar con ellos y dictar las medidas más eficaces y adaptadas al bien y provecho de su grey; y si llegaba a saber que entre sus diocesanos habia sinsabores, litigios, odios o enemistades, no omitía diligencia alguna para componer, tranquilizar y reconciliar sus ánimos y mantener por todas partes la paz y la caridad fraterna. Habiendo sabido, una vez que se hallaba en Arienzo, que habia sido herido mortalmente un joven bien nacido de aquel país, corrió inmediatamente a visitarlo, y con sus dulces e insinuantes palabras lo indujo, así como a la madre, a perdonar al ofensor: le mandó diariamente los alimentos durante el tiempo que sobrevivió, y despues de su muerte asignó a  la madre una pensioncita por cuenta de su mesa episcopal. Murió también en la misma ciudad otro diocesano suyo, a resultas de una herida que le infirió un soldado, y Alfonso acudió a interponerse con el hermano y la madre del difunto para obtener el perdón y la remisión en favor del matador, como en efecto la obtuvo.

 

   En una ocasión dos caballeros jovencillos, por ese vano puntillo de honor tan perjudicial al alma como al cuerpo, se desafiaron, y habiéndolo sabido Alfonso los hizo llamar al instante y les demostró que habían cometido un pecado mortal con solo el hecho del desafio y su aceptación, aunque no se hubiese verificado el duelo, amonestándolos para que no volviesen a intentarlo. Luego tomó el mayor empeño en promover todos los obstáculos y medidas más eficaces para impedir en lo sucesivo semejantes desordenes y aun recurrió a la autoridad civil: además de que habiendo sabido que los duelos no eran tan raros en Nápoles hizo una súplica al rey mismo para que se dignase refrenarlos, y al estar dictándola exclamaba de cuando en cuando: Pobres almas, pobres almas que van en, derechura al infierno. Despues de esto compuso una disertación sobre la impiedad de los duelos, en la que recopiló todas las leyes no solo eclesiásticas, sino civiles del reino de Nápoles, que los prohíben, y la mandó al rey y aun a muchos ministros, a fin de que dictasen los remedios más oportunos, como en efecto sucedió, pues se promulgó una ley bastante severa contra ellos. Ni tampoco fué nunca menor el empeño de Alfonso para reprimir y corregir el atrevimiento de los que no tienen ningún embarazo en abrir su boca profana contra el cielo y de proferir con su sacrílega lengua infames blasfemias. Habiéndosele referido que uno de estos incorregibles había vomitado una blasfemia abominable, mandó inmediatamente suplicar en su nombre al gobernador de Arienzo, que hiciese poner en la cárcel al que había osado cometer un delito tan execrable y digno del mayor castigo, para reparar el escándalo y sirviese de público ejemplo a los demás.

 

   Si el celo de Alfonso fué siempre tan fervoroso y tan incansable para alejar y quitar de su grey cualquiera vicio, nunca lo fué tanto respecto de otros, como lo fué en hacer una continua y vigorosa guerra al de la deshonestidad, y en procurar remover los escándalos públicos; porque este vicio, como él decía, lleva la mayor parte de los hombres al infierno. Y en verdad que con él  también corre pareja la sed inmoderada e ilícita del oro, que forman los dos caminos más espaciosos y más frecuentados por donde las almas corren afanosas para precipitarse en el antro infernal. Sin embargo, no es posible referir todo cuanto practicó con las obras y de palabra para extirpar completamente de su grey este vicio brutal. Luego que sabía que alguno de los soldados que estaban de guarnición en Arienzo, tenía malas relaciones con una mujer, hablaba al comandante para hacerlo mudar de residencia, y lo mismo hacía con los dependientes del tribunal, escribiendo al comisario y mandando llamar con frecuencia al jefe de ellos para recomendarle que tuviese la mayor vigilancia con ellos. Vió con desagrado que en Arienzo solían dejar detenidas a las mujeres delincuentes en las habitaciones de los alguaciles por falta de una cárcel separada, y para cortar este escándalo rogó al duque de aquel lugar que destinase otra cárcel para esas mujeres, el que tanto por lo racional de la petición, cuanto por la opinión que tenía de la santidad de Alfonso, no vaciló un momento en hacer lo que le pedía.

MEDITACIÓN SOBRE LAS CUALIDADES DEL VERDADERO CELO





   I. Todos debemos estar animados de un ardiente celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas. Quien ama a Dios no puede ver con indiferencia que se ataque su honor. Si ve a su prójimo internado por mal camino, hace todo por volverlo al bien; y, si no lo logra, gime y reza por él. ¿Así haces tú? Si no tienes celo, deduce que careces de amor. El celo es la señal de que Dios ha descendido a un alma (San Bernardo).

 

   II. No basta que nuestro celo sea ardiente; es menester, para que dé fruto, que sea tierno y compasivo. Los pecadores, decía San Alfonso, son ovejas descarriadas que Jesucristo iba buscando por entre las zarzas del camino y que volvía a traer al redil llevándolas sobre sus hombros para ahorrarles las fatigas del retorno. Es el modelo que se propuso en toda su conducta; de ese modo, ¡a cuántas ovejas descarriadas recondujo al ovil del divino Pastor! Mira si en las advertencias que haces a tus hermanos y en todas las buenas obras que realizas, no entra tu amor propio en gran medida en vez del amor de Dios y del prójimo. Que sea la caridad la que inflame tu celo.

 

   III. En fin, nuestro celo debe ser constante. San Alfonso, al fundar su Congregación del Redentor, hizo voto de no perder nunca el tiempo. Quería que Dios no hallase en su vida ni una sola hora que no estuviese consagrada a su gloria y a la salvación de las almas. ¿Qué intereses persigues tú? ¿Son los tuyos o los de Jesucristo? ¿Cuánto tiempo dedicas a ellos? No te olvides de la suerte reservada para el servidor que enterró su talento. Fue acusado, no de haberlo perdido, sino de haberlo dejado improductivo. No te canses de ganar almas para Jesucristo, pues tú mismo fuiste ganado por Jesucristo (San Agustín).

 

   El celo. Orad por el éxito de las misiones.

 

   ORACIÓN: Oh Dios, que habéis inflamado de celo apostólico al bienaventurado Alfonso María, vuestro confesor pontífice, y os servisteis de su ministerio para dar una nueva familia a la Iglesia, haced, os lo suplicamos, que instruidos por sus saludables consejos y fortificados con sus ejemplos, podamos llegar a Vos dichosamente. Por J. C. N. S.

 




VIDA DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO EN AUDIO MP3 (Para escuchar y descargar)

 

SAN ALFONSO MARÍA LIGORIO,

Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia

 

San Alfonso María de Ligorio, nacido en Nápoles en 1696, dejó el foro por el sacerdocio. Obró un gran número de conversiones y fundó la Congregación del Redentor. Toda su vida estuvo consagrada a ganar almas para Jesucristo, a inspirar a los fieles una tierna devoción a la Pasión del Salvador, a la Santa Eucaristía y a la Virgen Madre de Dios. Empleó los momentos que le dejaba la predicación de la palabra de Dios en la composición de gran número de obras de teología y piedad, que lo hicieron elevar al rango de los Doctores de la Iglesia, por disposición de Pío IX. Murió en 1787.