SAN
AICARDO, ABAD DE JUMITEGUES.
(15
de septiembre)
IMAGEN:
San Aicardo visitando el dormitorio de su
comunidad, y la visión.
De las más nobles familias de Poiton, hijo
de Anscario, distinguido entre los caudillos del rey Clotario, de Francia, y de
Ermena, esclarecida por su piedad, este Santo se resolvió desde sus primeros
años a consagrarse en la vida religiosa al servicio del Señor.
Acostumbraba
el Santo, después que los monjes se entregaban al descanso, visitar los dormitorios
armado con la santa cruz y provisto de agua bendita para expeler de aquellos
lugares las asechanzas satánicas. Santamente preocupado con el deseo de que ni
aun después de su muerte, que sospechaba cercana, decayesen los religiosos de
su elevación espiritual, rogó una noche con todo fervor que, antes de que tal
infortunio acaeciera, llamase Dios a su seno a aquellos monjes que corrían
peligro de relajarse y perderse.
Fué
escachada la oración de San Aicardo, y en una visión que tuvo, un ángel que le
manifestó que a su custodia había sido desde su fundación confiado aquel
Convento de que el Santo era Abad, le reveló que los monjes que a la sazón en
sus lechos de cansaban, y a quienes el ángel iría sucesivamente señalando, morirían
pocos días despues.
Cuando
al día siguiente refirió a la Comunidad congregada el Santo Abad esta visión
espantable aterrorizáronse los monjes, pues no menos de la mitad de los
religiosos habían sido designados como víctimas propiciatorias de la muerte.
¡Con
cuanto fervor no se prepararían éstos para la hora tremenda! ¡Huyó el sueño de
sus ojos, castigaron incesantemente las disciplinas aquellos cuerpos avezados a
la penitencia, su único alimento era la oración, resonaban las confesiones con
acento de contrición conmovedora!
Cuatro
días después, recibido por todos el Santísimo Cuerpo de Cristo, mientras sus
almas se elevaban con los sagrados cánticos, dulcemente y como en éxtasis
admirable, entre los ósculos de paz de sus hermanos, y bajo la bendición de San
Aicardo iban acudiendo aquellas almas purificadas a la cita de los cielos.
“LA
LECTURA DOMINICAL”
Año
1905.
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