lunes, 14 de septiembre de 2026

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ.

 




EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

 

   Mensaje espiritual: «Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos». Romanos. XII; 18

 

   Durante el reinado del emperador Heraclio I, los persas conquistaron Jerusalén y se llevaron la parte principal de la Vera Cruz (Verdadera Cruz) de Nuestro Señor, que Santa Elena, madre del emperador Constantino, había dejado allí.

 

   Heraclio decidió reconquistar este preciado objeto, la nueva Arca de la Alianza para el nuevo pueblo de Dios. Antes de partir de Constantinopla, acudió a la iglesia, calzado de negro, en espíritu de penitencia; se postró ante el altar y rogó a Dios que le infundiera valor; finalmente, llevó consigo una imagen milagrosa del Salvador, decidido a luchar con ella hasta la muerte.

 

   El cielo ayudó grandemente al valiente emperador, pues su ejército cosechaba victoria tras victoria; una de las condiciones del tratado de paz fue la devolución de la Cruz de Nuestro Señor en el mismo estado en que había sido tomada.

 

   A su regreso, Heraclio fue recibido en Constantinopla con aclamaciones del pueblo; salieron a su encuentro con ramas de olivo y antorchas, y la Vera Cruz fue honrada con un magnífico triunfo. El propio emperador, en agradecimiento, deseó devolver a Jerusalén esta madera sagrada, que había estado en manos de los bárbaros durante catorce años.

 

   Al llegar a la Ciudad Santa, cargó la preciosa reliquia sobre sus hombros; pero al llegar a la puerta que conducía al Calvario, le resultó imposible avanzar, para su gran asombro, y estupefacción de todos: «¡Cuidado, oh emperador!», exclamó el patriarca Zacarías; «sin duda, la vestidura imperial que llevas no se corresponde con la condición humilde y pobre de Jesús cargando su cruz». Conmovido por estas palabras, Heraclio se quitó sus ornamentos imperiales, se descalzó y, vestido como un pobre, pudo subir sin dificultad al Calvario y depositar allí su gloriosa carga.

 

   Para añadir aún más esplendor a esta procesión triunfal, Dios permitió que se realizaran varios milagros por el poder de este bosque sagrado: un muerto resucitó, cuatro paralíticos sanaron, diez leprosos recuperaron la salud, quince ciegos la vista, varias personas poseídas por espíritus malignos fueron liberadas y un número considerable de enfermos se curaron por completo. Tras estos acontecimientos, se instituyó la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz para perpetuar su memoria.

 

Abate L. Jaud, Vidas de los santos para cada día del año, Tours, Mame, 1950.

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