martes, 8 de septiembre de 2026

El ESCLAVO DE LOS NEGROS – SAN PEDRO CLAVER. (9 de septiembre)

 



 

   Hay que  confesar —dice san Agustín—que tenemos libre albedrío para hacer el bien y el mal. Por esto decía Donoso Cortés que Dios había compartido su imperio con el hombre, puesto que a la par que había sujetado todas las cosas a leyes indeclinables, había dejado en el hombre la facultad de merecer, obrando el bien, o de abusar de aquella facultad incurriendo en el pecado.

 

   La más soberana manifestación de esa facultad de realizar el bien la hicieron durante todos los siglos que caen del lado acá de la cruz, todos aquellos que amando a Dios, más que a sí mismos se despreciaron, dieron origen a la ciudad divina, así como el amor propio exaltado hasta el desprecio de Dios, ha conducido a los hombres a la edificación de sus pasiones y a la proclamación de la libertad para el mal, que es, en suma, el condenado liberalismo.

 

   ¿Qué efectos ha producido la libertad para el mal? En el orden de la actividad práctica monstruos como Carrier, Marat, Ravachol y todos los criminales; en el orden del pensamiento libre, antes todos los heresiarcas y recientemente, por ejemplo, el filosofastro Nietzsche, a quien su demencia atea arrojó sobre el suelo para que sobre él anduviese como los cuadrúpedos, lo mismo que Nabucodonosor por su soberbia.

 

   En cambio, ¡qué preciosa eflorescencia de heroicas virtudes es la vida de los que levantan la ciudad del amor de Dios sobre el desprecio de sí propios! Así fueron, en general, todos los santos. Así nos toca hoy recordar que fué el hijo insigne de la gloriosa Compañía de Jesús, el gran SAN PEDRO CLAVER, canonizado el 8 de Enero de 1888, por el Sumo Pontífice reinante.

 

   Entre los padres jesuítas de Cartagena de Indias estaba en el año 1610 el P. Sandoval, que habiendo consagrado parte de su vida a la evangelización de los negros africanos vendidos como esclavos en América, había bautizado a más de 30.000 de ellos. Y siendo así ¿No se hubiera juzgado temeridad el predecir que un joven sacerdote, recién llegado de España, que al pisar tierra americana lá besó, como sitio de sus futuros trabajos apostólicos, y el cual se agregó al P. Sandoval como discípulo y coadjutor; no hubiera sido temerario, repetimos, el afirmar que este joven, el P. Pedro Claver, excedería portentosamente las hazañas evangélicas de su maestro el P. Sandoval?

 

   Y sin embargo, asi fué. Este joven apóstol que comenzó firmando su fórmula de profesión de este modo: «Pedro, esclavo para siempre de los negros»; cuando llegó al término de su vida, a los setenta y tres años de edad, había bautizado, durante cuarenta y cuatro que estuvo en América, a más de 300 000 negros.

 

   Millares de éstos eran anualmente capturados por la violencia de infames mercaderes en las costas africanas do Guinea, Angola o del Congo, y hacinados en las sentinas de los buques, con menos miramiento que el que hubieran tenido con los brutos, transportábanlos desnudos y encadenados a los puertos americanos, donde mejor que desembarcarlos, debe decirse que los arrojaban, en espera de los que habían de comprar a aquellos niños, ancianos, jóvenes y mujeres, a quienes había convertido en cosas vendibles el amor propio de los negreros levantado sobre el desprecio de Dios.

 

   Y por eso el amor de Dios, llevado hasta el desprecio de sí mismo, hizo a San Pedro Claver el esclavo de los negros para aguardarlos en el muelle donde los recibía como cariñosa madre, los regalaba con licores, dulces, alimentos y hasta cigarros; bautizaba a los pequeñuelos, consolaba a los afligidos, asistía a los enfermos, restauraba a los débiles, y de tal manera comunicaba a todos la llama de su caridad, que daban por bien empleadas las fatigas de su cautiverio los que desde los infiernos preparados por la codicia de los negreros habían pasado a la gloria de la paz y del amor que hallaban en el apóstol, en cuya presencia y con cuyo contacto comenzaron a sentir la libertad que procede del espíritu de Dios.

 

TEOBALDO.

Año. 1900

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