VIRGEN
DE LAS LÁGRIMAS – Pensamientos del “Breviario de la confianza” para el mes de
septiembre.
El
canto litúrgico dice que al pie de la cruz estaba la MADRE DE LOS DOLORES. (Stabat Mater) ¡Benditas
lágrimas de María! ¡Lágrimas redentoras que, con la sangre de Jesús, nos
liberaron de la culpa y nos abrieron las puertas del Cielo! ¡Qué hermosa es la dulce
invocación de NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES! Es reconfortante saber que Jesús y
María lloraron como nosotros, pobres mortales, que lloramos en este mundo de
exilio.
Hoy, la Santa Iglesia nos invita a honrar
los dolores de María, nuestra amada Madre, al pie de la cruz, llorando. Jesús
sufrió en el cuerpo, y María, en el corazón. Mientras de las llagas abiertas
del Redentor brotó la sangre que nos redimió, de los ojos angustiados de María
brotaron lágrimas, lagrimas del corazón, esas perlas ricas y preciosas que nos
fueron dadas como prenda de salvación eterna. ¡Sangre de Jesús y lágrimas de
María, sois nuestro tesoro, nuestra vida, nuestra redención!
Digamos las jaculatorias más queridas a
Nuestra Señora: ¡Jesús, escucha nuestras oraciones! ¡Por las lágrimas de tu
Santísima Madre!
¿Qué puede negarnos el Santísimo y
Amantísimo Hijo cuando le presentamos nuestra súplica, invocando lo más
preciado y santo: las lágrimas de su Santísima Madre María? Cuando nuestra vida
triste, amarga y dolorosa nos haga llorar, miremos al Cielo, o mejor aún,
vayamos al Calvario y, a los pies de Jesús Crucificado, digamos, llenos de
amor, con el corazón abierto: Mira, Jesús, estas son las lágrimas de Aquella
que más te amó en la tierra y más te ama en el Cielo. ¡Sangre de Jesús, lávanos
de nuestra culpa! ¡Lágrimas de María, alcánzanos perdón y misericordia!
Pensamientos
para cada día del año. Tomado del “Breviario de la Confianza” Monseñor Brandão,
Ascânio. Año 1936.
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