Son
tres los reinos sobre los que reina María: el cielo, la tierra y el infierno.
En cada uno de estos reinos, uno de sus atributos se revela de manera especial:
En el cielo; su gloria. En la tierra; su bondad. En el abismo de la justicia
eterna; su poder. EL BENDITO NOMBRE DE MARÍA, que es como un dulce canto para
el cielo y la tierra, en el infierno, resuena como un terrible trueno. Pero
todos los esfuerzos furiosos de Satanás
son en vano, y los demonios deben doblar las rodillas en el nombre de María, de
la misma forma que lo hacen ante el nombre de su hijo Jesús. La Virgen
Valiente, como su Divino Hijo, infligió a Satanás las derrotas más vergonzosas.
El
gran triunfo de María sobre Satán se remonta a los albores de la creación:
Lucifer, el más exaltado de los Serafines, debe rendir homenaje al Verbo
encarnado y, en consecuencia, a su Madre; él rechaza este vasallaje “No serviré
dijo”. ¿Cómo es eso? Soñó Lucifer con elevarse a las alturas de Dios, con
colocar su trono en el Monte Santo, y ahora una mujer disipa sus sueños, ocupa
su lugar, aparece revestida del sol.
Su
orgullo no puedo soportar esto, por eso se rebeló. Pero San Miguel, defensor de
los derechos de Dios y de María, derrotó a los ángeles rebeldes. ¿Quién cómo
Dios? fue su grito de vitoria. Es de imaginar que en su boca el nombre de
María, como consigna de batalla, debió estar unido al nombre de Dios. El
pensamiento de María animó al Arcángel, un caballero devoto de Ella. Satanás,
fue arrojado al abismo del infierno, y es obligado a doblar las rodillas en el
Nombre de Jesús y de María, y grita: “¿Quién es esta Mujer, que ya antes de
nacer, es tan terrible como un ejército en orden de batalla contra los poderes
infernales?”
Padre
Józef Stanisław Adamski. S.I.
Año.1908
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