LAS
LLAGAS DE SAN FRANCISCO
(17
de septiembre)
Muchos
santos personajes —dice J. M. A. Vacant, de quien tomamos los conceptos de este
artículo — han llevado visiblemente llagas semejantes a las del Salvador
crucificado: el más célebre es San Francisco de Asís.
He aquí como recibió sus estigmas:
Dos años
antes de su muerte se hallaba en el monte de Alvernia; era hacia la fiesta de
la exaltación de la Santa Cruz, cuando una mañana en que oraba fué arrebatado
en éxtasis. Vió a un serafín que tenía seis alas, entre las cuales había un
hombre con los pies y las manos extendidas en cruz y semejante al Salvador
crucificado. Después de esta visión el alma de Francisco quedó llena de
ardiente caridad, y las señales de las cinco llagas del Salvador aparecieron en
su cuerpo y fueron vistas, a pesar del cuidado que tenía de ocultarlas, durante
su vida, y sobre todo después de su muerte. No eran solamente cicatrices, pues
llevaba en los pies y en las manos verdaderos clavos formados con su carne y de
color de hierro. Estos clavos tenían una cabeza redonda y negra que se apoyaba
en lo interior de las manos y en lo alto de los pies; sus largas y aceradas
puntas pasaban al otro lado volviendo sobre sus manos y pies, de modo que
parecían haber sido encorvadas con un martillo. El costado derecho de Francisco
llevaba una herida roja y cicatrizada, como si hubiera sido taladrado con una
lanza; durante su vida, con frecuencia salía de ella sangre que manchaba sus
hábitos. San Francisco murió en 1226 y sus llagas fueron instrumento de una
porción de milagros.
He aquí los principales documentos en que
estos hechos son referidos con las expresadas circunstancias: 1° Una biografía del
Santo, escrita antes de 1230 por orden de Gregorio IX, por Tomás Celano,
discípulo y compañero de San Francisco. 2 ° Obra biografía escrita por Coperan
viviendo el mismo Papa, es decir, antes de 1241, 3 ° Una leyenda de los
milagros del santo hombre escrita en 1246 por tres discípulos suyos
franciscanos, uno de los cuales, llamado Rufino, había tocado sus llagas
mientras vivió. 4 ° La vida de San Francisco, escrita por San Buenaventura
hacia 1260, después de haber visitado los lugares en que el Santo había vivido
y de interrogar a los que la habían visto. Los Bolandistas (4 de Octubre) han
probado que estas diversas biografías no habían sido alteradas posteriormente
en lo que concierne a los detalles que hemos referido. Para este aserto se
apoyan en la lectura do los ejemplares más antiguos, en muchas Letras
apostólicas de Gregorio IX y de Alejandro IV, que habían conocido a San
Francisco, y on otros varios testimonios.
No hay
duda que autores que han venido luego han añadido hechos legendarios a la
historia de San Francisco; algunos hasta han pretendido deducir del hecho de esas
llagas conclusiones doctrinales arriesgadas y singulares; pero la autoridad
eclesiástica nunca se ha hecho cómplice de estos errores, que no pueden
invocarse contra la realidad de los hechos que hemos referido, porque estos
están justificados.
Los que quieren la demostración de los
milagros no pueden, razonablemente, exigir mayores pruebas de los estigmas con
que el Señor Crucificado regaló a su seráfico siervo San Francisco.
“APOSTOLADO
DE LA PRENSA”
Año
1903.
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