Durante
la Revolución francesa, las religiosas Hospitalarias de Cartois habían
protestado contra las profanaciones sacrílegas de los invasores del convento:
lo habían hecho de viva voz y por escrito.
Una de ellas, a quien el comisario quería
salvar –de una muerte segura–no había aún puesto su nombre en la página de protesta,
página por cierto tan gloriosa como fatal para las firmantes. Quiso pues la
religiosa, estampar allí, a toda costa, su firma.
— Pero ciudadana— dijo el comisario que ocultamente,
había vaciado el tintero — no hay tinta en el tintero, —Ciudadano— replicó la
hermana — Pero hay sangre en las venas.
(Extracto de los archivos de Quimper.)
MORALEJA: Recuerden el ejemplo de esta heroína
aquellos católicos cobardes, que por sólo respeto humano dejan de confesar la
fe cuando lo exige la causa de Cristo. ¡Que gloria ver a aquella hermana firmar
la protesta con la sangre de sus venas! ¡Y qué vergüenza ver a católicos
cobardes, permitir que se arrastre por los
suelos, la honra de Dios y de Cristo, por excusar la molestia de oír una
palabra desagradable contra ellos! Por respeto humano, venden a Cristo, los
cristianos pusilánimes.
“APOTOLADO
DE LA PRENSA”
Año.
1894
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