En vísperas de su muerte, Luis entregó a su
hijo Felipe, heredero del trono el testamento espiritual, fruto de sus
experiencias y de sus meditaciones. Lo ofrecemos a la admiración y a la
reflexión de nuestros lectores. Helo aquí en su esplendor paterno, real y
religioso:
✠Hijo amadísimo, lo
primero que quiero enseñarte, es que ames a Dios con todo tu corazón: sin ello
nadie puede salvarse.
✠Guárdate de hacer algo
que desagrade a Dios, es decir, el pecado mortal. Al contrario, has de estar
dispuesto a sufrir toda clase de martirios antes que cometer un pecado mortal.
✠Si Dios te envía
adversidades, sopórtalas pacientemente y da gracias a Dios. Piensa que lo
mereciste y que todo será para tu bien.
✠Si te concede
prosperidad, agradécelo con humildad y vigila que no sea en detrimento tuyo,
por vanagloria o por cualquier otro motivo; porque los dones de Dios no han de
ser causa de que lo ofendas.
✠Confiésate
frecuentemente y elige un confesor prudente que sepa enseñarte lo que has de
hacer y lo que has de evitar. Y con el confesor y con tus asesores te has de
portar de tal modo que se animen a corregirte de tus defectos.
✠Asiste de buena gana y
con devoción al culto divino, especialmente a la Misa.
✠Ten un corazón dulce y
compasivo hacia los pobres y los desgraciados y los afligidos; y ayúdalos y
consuélalos según tus posibilidades.
✠Guarda las buenas
costumbres del reino y lucha contra las malas. No codicies contra tu pueblo y
no graves tu conciencia con impuestos excesiv
✠Si tu corazón está en
angustias, confíate con tu confesor o con algún hombre prudente, y te sentirás
aliviado.
✠Procura tener por
compañeros a personas prudentes y leales, tanto religiosas como laicas; y evita
las malas compañías.
✠Escucha con gusto la
palabra de Dios y guárdala en tu corazón. Solicita oraciones e indulgencias.
Ama lo útil y lo bueno; odia lo malo, dondequiera se halle. No permitas que en
tu presencia se digan palabras disolutas, calumnias o blasfemias.
✠Da gracias a Dios por
todos sus beneficios y así te harás digno de recibir otros mayores.
✠Para con tus súbditos,
obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la
izquierda.
✠Ponte siempre más del
lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón.
✠Procura con la mayor
diligencia que todos vivan en paz y con justicia.
✠Honra, y ama, a todas
las personas de la Santa Iglesia, y disimula sus defectos. Otorga los
beneficios eclesiásticos a personas honestas y capaces.
✠Honra y reverencia, a
tu padre, y a tu madre, y guarda sus consejos.
✠Esfuérzate por evitar
toda guerra; y si estás obligado a hacerla, reduce al máximo los perjuicios. Si
hay querellas o guerras entre tus vasallos, apacígualos lo más pronto,
✠Procura tener siempre
buenos magistrados, y contrólalos con frecuencia y controla también al personal
de tu palacio. Averigua si se dejan tentar por el soborno, la mentira o el
fraude. Ajusta los gastos de tu palacio para que no superen lo razonable.
✠Destierra de tu reino
toda ruindad, el perjurio y la herejía.
✠Haz celebrar Misas por
mi Alma y que en todo el reino se rece por mí.
✠Hazme partícipe de los
méritos de tus buenas obras.
✠Querido y hermoso hijo,
te doy todas las bendiciones que un buen padre puede dar a su hijo. Y que la
Santísima Trinidad y todos los Santos te protejan y te guarden de todo mal Que
el Señor te dé la gracia de cumplir su voluntad y de honrarlo y servirlo. Así,
después de esta vida, los dos nos podremos reunir junto a Él y alabarlo sin fin
¡Amén!
SAN
LUIS, REY DE FRANCIA.
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