martes, 25 de agosto de 2026

TESTAMENTO ESPIRITUAL DE SAN LUIS REY A SU HIJO HEREDERO DEL TRONO.

 



 

   En vísperas de su muerte, Luis entregó a su hijo Felipe, heredero del trono el testamento espiritual, fruto de sus experiencias y de sus meditaciones. Lo ofrecemos a la admiración y a la reflexión de nuestros lectores. Helo aquí en su esplendor paterno, real y religioso:

 

Hijo amadísimo, lo primero que quiero enseñarte, es que ames a Dios con todo tu corazón: sin ello nadie puede salvarse.

Guárdate de hacer algo que desagrade a Dios, es decir, el pecado mortal. Al contrario, has de estar dispuesto a sufrir toda clase de martirios antes que cometer un pecado mortal.

Si Dios te envía adversidades, sopórtalas pacientemente y da gracias a Dios. Piensa que lo mereciste y que todo será para tu bien.

Si te concede prosperidad, agradécelo con humildad y vigila que no sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo; porque los dones de Dios no han de ser causa de que lo ofendas.

Confiésate frecuentemente y elige un confesor prudente que sepa enseñarte lo que has de hacer y lo que has de evitar. Y con el confesor y con tus asesores te has de portar de tal modo que se animen a corregirte de tus defectos.

Asiste de buena gana y con devoción al culto divino, especialmente a la Misa.

Ten un corazón dulce y compasivo hacia los pobres y los desgraciados y los afligidos; y ayúdalos y consuélalos según tus posibilidades.

Guarda las buenas costumbres del reino y lucha contra las malas. No codicies contra tu pueblo y no graves tu conciencia con impuestos excesiv

Si tu corazón está en angustias, confíate con tu confesor o con algún hombre prudente, y te sentirás aliviado.

Procura tener por compañeros a personas prudentes y leales, tanto religiosas como laicas; y evita las malas compañías.

Escucha con gusto la palabra de Dios y guárdala en tu corazón. Solicita oraciones e indulgencias. Ama lo útil y lo bueno; odia lo malo, dondequiera se halle. No permitas que en tu presencia se digan palabras disolutas, calumnias o blasfemias.

Da gracias a Dios por todos sus beneficios y así te harás digno de recibir otros mayores.

Para con tus súbditos, obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la izquierda.

Ponte siempre más del lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón.

Procura con la mayor diligencia que todos vivan en paz y con justicia.

Honra, y ama, a todas las personas de la Santa Iglesia, y disimula sus defectos. Otorga los beneficios eclesiásticos a personas honestas y capaces.

Honra y reverencia, a tu padre, y a tu madre, y guarda sus consejos.

Esfuérzate por evitar toda guerra; y si estás obligado a hacerla, reduce al máximo los perjuicios. Si hay querellas o guerras entre tus vasallos, apacígualos lo más pronto,

Procura tener siempre buenos magistrados, y contrólalos con frecuencia y controla también al personal de tu palacio. Averigua si se dejan tentar por el soborno, la mentira o el fraude. Ajusta los gastos de tu palacio para que no superen lo razonable.

Destierra de tu reino toda ruindad, el perjurio y la herejía.

Haz celebrar Misas por mi Alma y que en todo el reino se rece por mí.

Hazme partícipe de los méritos de tus buenas obras.

Querido y hermoso hijo, te doy todas las bendiciones que un buen padre puede dar a su hijo. Y que la Santísima Trinidad y todos los Santos te protejan y te guarden de todo mal Que el Señor te dé la gracia de cumplir su voluntad y de honrarlo y servirlo. Así, después de esta vida, los dos nos podremos reunir junto a Él y alabarlo sin fin ¡Amén!

 

SAN LUIS, REY DE FRANCIA.

 

 

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