Estáis llenos de deseos... y no conseguís lo que deseáis. (Santiago, 4,
2).
I. Nuestra felicidad en esta vida depende de
la regla que impongamos a nuestros deseos. Aprende a limitarte en el deseo de
los bienes naturales. Quisieras gozar de mejor salud, poseer más ingenio, más
fuerzas, más hermosas cualidades naturales; este deseo es fuente de
inquietudes. Conténtate con lo que Dios te ha dado, agradécele; acaso te
condenarías si tuvieses los brillantes talentos que deseas. Aunque ahora
tuvieras lo que deseas, no por ello estarías más contento.
Sólo Dios puede colmar tus anhelos. Dedícate
a hacer su voluntad y todos tus deseos serán satisfechos.
II. Conténtate asimismo con los bienes de
fortuna que Dios te ha dado; no son las riquezas, ni los honores, los que te
harán feliz. ¡Cuántas personas hay más pobres que tú y sin embargo son más
dichosas, porque no desean sino lo que Dios quiere que posean!
El pecador es infeliz, tenga o no tenga lo
que él desea (San Próspero).
III. Un deseo te es permitido: es el llegar
a un grado más alto de santidad; hasta debes imitar las heroicas virtudes que
admiras en los santos, en la medida en que tu estado y condición te lo
permitan. Examínate acerca de los deseos de tu alma; desea con ardor llegar a
la santidad.
Nada esperes, nada temas, y habrás reducido
a la impotencia la cólera de tu enemigo (Boecio).
La
resignación a la voluntad de Dios.
Orad
por vuestra patria.
ORACIÓN: Pastor
eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño, y custodiadlo con
protección constante por vuestro bienaventurado mártir y Sumo Pontífice
Ceferino, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S.
Amén.
“SANTORAL
DE GROSEZ. S. J.”
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