viernes, 14 de octubre de 2022

¿Campo santo o cementerio masón municipal?




Sobre la secularización de los cementerios ver mi publicación EN DOS PARTES: AQUÍ Y  AQUÍ


Recomiendo su lectura completa, y verán cómo en el siglo XIX ya se hablaba de convertir los cadáveres en abono (práctica del siglo XXI) ver publicación de la BBC:  Aquí


jueves, 13 de octubre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE LA FELICIDAD DEL HOMBRE EN ESTA VIDA



 



I. Tres cosas pueden hacernos felices, tanto al menos cuanto lo podemos ser en este lugar de destierro. La primera es la buena conciencia: sin ella, ni los placeres, ni los honores, ni el cumplimiento de todos nuestros deseos podrían contentarnos. Si tienes el alma pura, todo lo desagradable que pueda sucederte no debe turbarte. ¡Qué consuelo poder decirse: Hago lo que depende de mí para estar bien con Dios! ¿Puedes, tú, con verdad, decirlo? ¿No te reprocha nada tu conciencia?

 

   II. La segunda condición para ser feliz es abandonarse generosamente a la providencia de Dios, consagrarse a Él sin reserva, no querer sino lo que Él quiere y recibir de su mano con agradecimiento el bien y el mal, pues lo uno y lo otro son efectos de su bondad. Las aflicciones, el ayuno, las enfermedades, no son penosos para los que los soportan, sino solamente para los que los reciben a disgusto (Salviano).

 

   III. La tercera condición es considerar cuál es voluntad de Dios en todo lo que nos acaece. Dios tiene sus designios y el demonio los suyos. ¿Cuál es designio de Dios en esta enfermedad que te envía? Que la soportes con resignación, mediante el pensamiento de la muerte y del paraíso. El demonio, por su lado, quiere arrojarte en la impaciencia y en la murmuración. Dios es tan bueno que no permitiría más que sucediese ningún mal en el mundo, si no fuese lo suficientemente poderoso como para sacar bien del mal (San Agustín).

 

 

   Conformidad con la voluntad de Dios. Orad por los que os gobiernan


miércoles, 12 de octubre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE LAS CUALIDADES QUE HA MENESTER UN BUEN SOLDADO DE JESUCRISTO.

 




  I. Para ser verdadero soldado de Jesucristo, hay que resistir generosamente al demonio, que es su enemigo capital, oponerse en todas partes a sus designios, declarar abiertamente la guerra a sus partidarios. ¿Eres tú enemigo del demonio? Antes bien, ¿no te alistas en su partido? ¿No obedeces a todos los malos pensamientos que te sugiere? Cuando buscas tus placeres y comodidades, cuando trabajas únicamente en vista de adquirir gloria, a ese espíritu soberbio es a quien obedeces.

 

   II. Es menester sufrir las persecuciones de los hombres sin oponerles resistencia y sin quejarte. Si quieres marchar siguiendo los pasos de Jesucristo, saldrás victorioso cediendo en esas circunstancias, soportando con resignación las burlas y los oprobios de que se te hace objeto. Si amas a Jesús, lo imitarás sufriendo como Él hasta el fin de tu vida. Si se amase la cruz, se pasaría una vida crucificada (San Crisóstomo).

 

   III. Es menester que te venzas a ti mismo: es la victoria más gloriosa, más difícil y más agradable a Dios que puedes obtener. Hazte violencia en las cosas pequeñas tanto como en las grandes. ¿No podrías acaso privarte de los pequeños halagos, que tu molicie te hace buscar con tanto afán? Sacrifícalos a Jesús crucificado, no sea que te rehuse Él la gloria preparada para los que llevan valientemente la cruz. Renuncia a ti mismo para no ser negado por Cristo; huye de ti mismo a fin de ser recibido por Cristo; piérdete a fin de ser salvado (Salviano).

 

 

Pedid la fortaleza. Orad por los Pastores de la Iglesia


martes, 11 de octubre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE CÓMO DEBEMOS PORTARNOS EN LAS AFLICCIONES.

 




   I. Siempre tendremos aflicciones en esta vida; nuestro cuerpo es tan débil y está tan expuesto a innumerables enfermedades; nuestra alma está sujeta a tantas pasiones y la malicia de los hombres es tan grande, que siempre tendremos ocasión de ejercer nuestra paciencia. Esperemos esas ocasiones con valor y sin temblar. Preparémonos a soportar todas las tempestades que vemos se precipitan sobre los demás, y digamos a Dios: Señor, heme aquí; estoy dispuesto a llevar mi cruz y a sufrir todo lo que ordenéis o permitáis me suceda. Meditemos sobre los sufrimientos y no los sentiremos (Tertuliano).

 

   II. Cuando Dios nos envía una prueba, hay que recibirla con humildad como un castigo merecido por nuestros pecados. Un niño que se ve castigado por su padre no se enoja contra él: deplora la pena que su desobediencia le ha causado y promete no volver a caer en su falta. Haz lo mismo cuando Dios te castiga.

 

   III. Hay cristianos a quienes el castigo hace más malos. En lugar de acusar su propia malicia, murmuran contra la divina Providencia y la hacen responsable de los males que sufren. ¡Desventurados! No queréis corregir vuestras faltas en este mundo: vuestras penas no son sino el preludio de los suplicios que os esperan en el infierno. Somos tratados por el hierro y el fuego, pero no nos curamos ni por los cauterios ni por el filo del hierro; y, lo que es más grave, el remedio empeora nuestro estado (Salviano).

 

 

Practicad la  paciencia. Orad por las personas casadas


domingo, 9 de octubre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE LA PRUDENCIA

 




   I. Santiago en su Epístola, dice que la prudencia del mundo es terrena, animal o diabólica. La prudencia terrena es la de los avaros; la prudencia animal, la de los voluptuosos; y la prudencia diabólica, la de los ambiciosos. ¿En cuál de estas tres categorías se te puede catalogar a ti? ¿No es verdad acaso que no trabajas sino para procurarte riquezas, placeres u honores? ¿No son éstos los tres ídolos a quienes ofreces sacrificios? Les inmolas tu espíritu, les consagras tus afanes, les ofreces en holocausto tu prudencia (Tertuliano).

 

   II. La prudencia del cielo desprecia estas tres clases de bienes. Desprecia las riquezas, porque no es a los ricos sino a los pobres a quienes Jesucristo promete la felicidad. Ella se priva de los placeres pasajeros de esta vida, para poder gozar de las delicias eternas en compañía de los bienaventurados. En nada cuenta la estima de los hombres: bástale la de Dios. En una palabra, desprecia todo lo que es de este mundo, para alcanzar el cielo, mientras que la sabiduría del mundo nos hace olvidar el cielo para no hacernos pensar más que en la tierra. Esta sabiduría funesta presenta ante nuestras miradas los bienes pasajeros y nos esconde los bienes eternos (San Eusebio).

 

   III. Para conducirte en todo según la verdadera prudencia, piensa siempre en el fin que debes alcanzar. Hay que ir al cielo, he ahí mi gran negocio; si lo logro, soy feliz; si fracaso, todo está perdido para mí. ¿Qué medidas tomas para llegar al cielo? Proponte este fin en todas tus acciones y mira si ellas te conducen a él. Porque, después de todo, una sola cosa es necesaria.

 

 

   Practicad la prudencia que os lleva al cielo. Orad por vuestra patria


viernes, 7 de octubre de 2022

Las quince promesas del santo Rosario (Maravillosa lectura, ¡¡¡Imperdible!!!)


 


   En el año 1475 el fraile dominico Alano de Rupe puso por escrito los acontecimientos milagrosos de que había sido protagonista unos años antes: especialmente lo que la Virgen había prometido “a todos los que recen devotamente mi Rosario”

   “Alguien que rezaba el Salterio de la Virgen María fue acometido durante siete años enteros, a veces con los sentidos y otras materialmente, por espantosas tentaciones de los demonios. Y en estos años no tuvo ningún consuelo, ni siquiera el más mínimo. Al fin, por misericordia de Dios se le apareció la Reina de Clemencia, la cual acompañada por algunos santos, visitándole de vez en cuando, al haber abatido ella personalmente las tentaciones, lo libró del peligro (…) y le encargó que predicase este Rosario”.

   Estamos a comienzos del año 1475 cuando el fraile dominico Alano de Rupe decidió poner por escrito los acontecimientos milagrosos de los que había sido protagonista unos años antes. En aquel momento se encontraba en Lille, donde participaba, como maestro de teología, en el capítulo de la Congregación reformada de Holanda.

   Comienza a escribir su memorial justo a tiempo: el 8 de septiembre de ese mismo año, el fraile dominico muere en olor de santidad en el convento de Zwolle, Holanda, a la edad de 47 años, entregando al pueblo cristiano un tesoro de inestimable valor recibido directamente da la Virgen María durante una de sus apariciones: quince promesas “para todos los que recen devotamente mi Rosario”.

   Pero ¿quién era Alano de Rupe para granjearse tanto afecto y predilección? Probablemente su nombre lo conocen sólo los historiadores de la orden dominica. Nació en Bretaña en 1428, y entró en el monasterio de la Orden de los Predicadores de Dinan, diócesis de Saint-Malo. Hizo la profesión religiosa muy joven y luego se trasladó al convento de Lille. Tras terminar los estudios de filosofía y teología en el colegio Saint-Jacques de París, el capítulo general de la Orden lo destinó en 1459 a la enseñanza para el año académico 1460-61. Mientras tanto había hecho una visita a Lille, en 1460, donde había sido nombrado miembro de la Congregación reformada de Holanda para tratar de reconducir los conventos a la estricta observancia.

“Cuando santa María le salvó”

   En aquellos años llenos de compromisos, su fama de gran teólogo se extendió por toda la Orden. Pero aún más se extendió la fama de su extraordinaria devoción a la Virgen. “El susodicho padre durante largo tiempo solía ofrecer el Rosario de María, en una asidua devoción diaria a Dios, a través de la abogada María, Madre de Dios” escribe Alano, que habla de sí mismo en tercera persona, transcurriendo pues “una vida segura con Dios en el Instituto de su vocación”. Este estado de gracia, sin embargo, no duró mucho. Cuenta Alano que, a partir de 1457, “estuvo muy afligido por la grandísima importuna molestia de otras tentaciones y por luchas muy crueles y tuvo que combatir”. “En efecto, permitiéndolo así Dios (como sólo él podía sacarlo de la tentación: cosa que la Iglesia conoce por experiencia, y hoy también sufre), fue tentado durante siete años enteros muy cruelmente por el diablo, fue azotado con látigos, y recibió duramente golpes con bastones”.

   La vida del religioso se había transformado en un verdadero calvario. Un día imprecisado del año 1464, mientras estaba como lector en el convento de la ciudad francesa de Douai, decidió incluso quitarse la vida. “Estaba una vez en una lúcida desesperación del alma, en la iglesia de su Sagrada Orden” escribe Alano. “Con la mano ya tendida de quien ha caído en tentación, pues había sacado el cuchillo, dobló el brazo y con la hoja afilada, tiró hacia su garganta un golpe tan decidido y certero para la muerte, que sin duda se hubiera cortado la garganta”. Pero en el momento en que todo parecía irremediable, sucedió algo, de improviso. “Se acercó en su socorro, misericordiosísima, la salvadora María, y con un golpe resuelto le aferró el brazo, no le permitió hacer lo que tenía pensado, le dio una bofetada al desesperado”, y le dijo: “¿Qué haces, oh mísero? Si hubieras pedido mi ayuda, como has hecho otras veces, no habrías caído en tan gran peligro”. Tras decir esto desapareció, y el desdichado se quedó solo.

Las quince Promesas

   Después de esta primera aparición la situación no cambió. Al contrario, empeoró: las tentaciones volvieron a ser tan apremiantes que maduró en él la idea de abandonar la vida religiosa. Por si fuera poco, cayó enfermo tan gravemente que sus hermanos de hábito decidieron darle la extremaunción. Pero una noche, mientras “yacía desdichadamente en ardientes lamentos” se puso a invocar a la Virgen María. Y por segunda vez ella vino a visitarlo. Una luz cegadora “entre la décima y la undécima hora” iluminó su celda y “apareció majestuosa la Bienaventurada Virgen María, que lo saludó muy dulcemente”. Como verdadera madre, la Virgen se inclinó a curar la enfermedad del pobre hombre. Le colgó en el cuello una cadena entrenzada de su cabello de la que pendían ciento cincuenta piedras preciosas, con otras quince insertadas “según el número de su Rosario”, anota el fraile. María estableció un vínculo no sólo con él, sino que lo extendió “de modo espiritual e invisible a los que rezan devotamente su Rosario”.

   Y entonces la Virgen le dijo: “Regocíjate y alégrate, oh esposo, porque me has hecho regocijar tantas veces cuantas veces me has saludado en mi Rosario. Y, sin embargo, mientras yo era feliz, tú muy a menudo estabas angustiado (…), pero ¿por qué? Había establecido darte cosas dulces, por eso durante muchos años, te llevaba cosas amargas” (...) “Ea, alégrate ahora”.

   Y así sucedió: tras siete años de infierno, comenzaba para Alano otra vida: “Rezando el Rosario de María era especialmente luminoso, de una admirable delicia unida a una inexplicable alegría”. Y un día, justo mientras estaba rezando, la Virgen de nuevo “se dignó hacerle muchas brevísimas revelaciones”, anota. “Aquí están a continuación y las palabras son de la Madre de Dios:

1. A todos los que recen devotamente mi Rosario, les prometo mi protección especial y grandísimas gracias.

2. Quien persevere en el rezo de mi Rosario recibirá grandes beneficios.

3. El Rosario es un escudo poderoso contra el infierno; destruirá los vicios, librará del pecado, abatirá las herejías.

4. El Rosario hará germinar las virtudes y las buenas obras para que las almas consigan la Misericordia divina. Sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios, elevándoles a desear los bienes celestiales y eternos. ¡Cuántas almas se santificarán con este medio!

5. El que se encomiende a mí con el Rosario, no perecerá.

6. El que rece devotamente mi Rosario, meditando sus misterios, no se verá oprimido por la desgracia. Si es pecador se convertirá; si justo, perseverará en gracia y será digno de la vida eterna.

7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos de la Iglesia.

8. Todos los que recen mi Rosario tendrán durante su vida y en su muerte la luz de Dios, la plenitud de su gracia y serán partícipes de los méritos de los bienaventurados.

9. Libraré bien pronto del purgatorio a las almas devotas de mi Rosario.

10. Los verdaderos hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.

11. Todo lo que pidáis por medio del Rosario, lo alcanzaréis.

12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.

13. He obtenido de mi Hijo que todos los miembros de la Confraternidad del Rosario tengan como hermanos a los santos del cielo durante su vida y en la hora de su muerte.

14. Los que rezan fielmente mi Rosario son todos hijos míos muy amados, hermanos y hermanas de Jesucristo.

15. La devoción a mi Rosario es una señal manifiesta de predestinación de Gloria.

Tras “entregar” las quince promesas, la Virgen se despidió pidiéndole a Alano un gesto de obediencia: “Predica cuanto has visto y oído. Y no temas, porque yo estaré siempre contigo y con todos los devotos de mi Rosario. Castigaré a los que se opongan a ti”.

   Y Alano obedeció inmediatamente: desde el bienio 1464-1465, periodo de las apariciones, hasta su muerte, el dominico no hizo más que difundir con la predicación la amada devoción mariana y crear las relativas Confraternidades. Y convenció, en 1474, al capítulo de los dominicos de Holanda a prescribir, por primera vez, el rezo del Rosario como oración que rezar por los vivos y por los muertos. En este mismo año, se erigió en la iglesia de los dominicos de Frankfurt el primer altar para una Confraternidad del Rosario.

   Mientras tanto, en su último año de vida, 1475, Alano se puso a escribir la Apología del Rosario de María, destinada a un tal Ferrico, obispo de Tournai, para contar todo lo que le había sucedido once años atrás. Antes de volver a Rostock donde tenía que comenzar el año escolástico, se detuvo en Zwolle, donde, el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de María, enfermó gravemente.

   Rodeado de sus hermanos dominicos, que desde hacía tiempo lo consideraban beato, murió la víspera de la fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, el 8 de septiembre.

NOTA: Ya podemos decir en esta época BEATO ALANO DE RUPE

Fuente: Revista mensual 30 DÍAS n° 9 Año 2007. Por Pina Baglioni


jueves, 6 de octubre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN BRUNO

 




I. Resolvióse San Bruno a prepararse para la muerte mediante una vida santa; dejó el mundo y se retiró a la soledad. El mundo es uno de los más grandes enemigos de nuestra salvación y la soledad nos proporciona el medio para triunfar de él, alejándonos de los objetos que nos incitan al pecado, ¡Oh amable soledad! si los hombres conociesen la inefable alegría de que colmas a tus dichosos moradores, las ciudades se despoblarían y los hombres irían a buscar a Jesús en el seno de los desiertos más inhóspitos. La soledad es la morada habitual del Salvador (Tertuliano).

 

   II. Después de haber vencido al mundo, hay que someter a la carne, este enemigo que nos sigue a todas partes y lleva contra nuestra virtud asaltos incesantes. Para hacerse señor de ella, San Bruno se sirvió del silicio, del ayuno y otras austeridades. No creas que la penitencia conviene sólo a los religiosos: tú que estás en el mundo, la necesitas más que ellos, sea para expiar tus pecados, sea para resistir las tentaciones que continuamente te atacan.

 

   III. Al demonio, que es el tercer enemigo que debemos vencer, este ilustre ermitaño opuso la oración. Gran parte del día y de la noche la pasaba en oración y contemplación; los consuelos que gustaban en estos piadosos ejercicios trocaban su soledad en un verdadero paraíso. Retírate, siguiendo su ejemplo, para escapar al peligro del mundo y gustar los encantos del amor de Dios. Encontré la contradicción en la ciudad y me alejé de ella huyendo y habité en la soledad (El Salmista).

 

 

   El amor a la soledad. Orad por la Orden de los Cartujos

 

   San bruno es invocado contra los posesos.


lunes, 3 de octubre de 2022

MEDITACIÓN: “EL CRISTIANO DEBE SER CIEGO, MUDO Y SORDO”.

 



   I. Para ser dichoso en este mundo, para vivir en él santamente, hay que ser ciego para muchas cosas. Cierra los ojos a todo lo que pueda hacerte concebir malos pensamientos, causarte tristeza o inspirarte orgullo; no mires los defectos de tu prójimo, o los tuyos. Dios mío, hazme ver la fealdad del pecado y la hermosura de la virtud. Aparta mis ojos para que no vean la vanidad (El Salmista).

   II. Hay que saber ser mudo para vivir como cristiano. Cuando se presenta una ocasión de hablar bien de ti mismo, de hablar mal del prójimo, de faltar la caridad, guarda silencio; porque generalmente sucede que quien habla mucho comete muchos pecados y profiere palabras que lamenta después amargamente. No hay nada más provechoso que vivir en el recogimiento, hablar poco con los demás y mucho consigo mismo (Séneca).

   III. ¿Para qué querer oír todo y saber todo? ¡Muchas palabras criminales, muchas maledicencias, muchos discursos impíos o atrevidos turbarán la paz de tu alma y despertarán en ella pensamientos vanos o peligrosos! El retiro te facilitará la observancia los tres consejos que hemos dado. Retírate a la soledad, no con el cuerpo sino con el espíritu; la soledad del espíritu es la que se te recomienda, no la del cuerpo (San Bernardo).

Amad la solead. Orad por la Orden del Carmelo


jueves, 29 de septiembre de 2022

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL. DÍA NOVENO.

 



Adaptación de la Novena compuesta en 1827 por el padre fray Miguel Antonio Escalante OH, capellán del convento de San Juan de Dios; aprobada por Mons. Fernando Caicedo y Florez, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, el 6 de Noviembre de 1827, y por Mons. Juan Manuel González Arbeláez, Arzobispo coadjutor de dicha sede, en Octubre de 1936.

 

 

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PRÍNCIPE DE TODA LA MILICIA CELESTIAL, PROTECTOR UNIVERSAL DE LA SANTA IGLESIA Y ABOGADO PODEROSÍSIMO PARA PRESENTAR LAS ALMAS FIELES ANTE EL DIVINO TRIBUNAL.

 

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

 

Altísimo Señor y Dios eterno, uno en esencia y trino en personas, yo el más indigno, miserable y delincuente pecador, postrado ante vuestra divina y adorable Presencia, y la de todos los angélicos espíritus celestiales, Santos y Santas de la Corte del Cielo, y justos de la tierra, confieso, mi Señor y mi Dios, que os he ofendido un sin número de veces, mereciendo por tan graves y enormes ofensas los más terribles y justos castigos, como los que han sentido y sentirán eternamente en el Infierno el soberbio Lucifer y sus secuaces, en cuya infeliz compañía, mucho tiempo a que estaría yo padeciendo, a no haber mediado vuestra infinita piedad y misericordia, que no ha permitido que yo me pierda eternamente, sino que aún me esperáis para que arrepentido de tanta culpa y ofensa como ingratitudes he cometido contra Vos mi Dios, al fin las llore y haga por ellas la necesaria e indispensable penitencia. Y esta es, Señor, la que protesto hacer desde ahora, pidiéndoos como os pido de todo mi corazón me perdonéis todas mis culpas, delitos y pecados, pues de todos ellos me arrepiento, los detesto y aborrezco; y os doy palabra de no volver a ofenderos. Perdonadme, Señor, pues de verdad me pesa el haberos ofendido, y aquí me estaré, mi Dios, postrado ante vuestra divina Presencia, hasta que compadecido de mí os dignéis concederme por los méritos de la Pasión y muerte de vuestro divino Hijo mi Señor Jesucristo, también por los de su santísima Madre María, y por los ruegos de vuestro Arcángel San Miguel, el perdón de todos mis pecados, con vuestra amistad y gracia, para serviros y amaros fielmente hasta el fin de mi vida. Amén.

  

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

 

Glorioso y humildísimo Arcángel San Miguel, primer ministro del Altísimo, Príncipe supremo de las milicias de los ángeles, poderosísimo protector del Catolicismo, celosísimo defensor y fiel custodio de la Santa Iglesia, enemigo poderoso de la culpa y herejía, sustentáculo el más firme de la fe Católica, abogado de las almas fieles para presentarlas ante el divino tribunal, abanderado que llevaréis en vuestras manos la Santísima Cruz en el día grande del Juicio de Dios (Ofertorio, Misa de Difuntos), Ángel enviado de Dios para significar los misterios contenidos en su divina voz y santa palabra, compañero perpetuo de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael, y las otras cuatro lumbreras que con vos arden continuamente ante el trono de Dios; yo os suplico humildemente seáis nuestro intercesor para que vuestros devotos que os tributamos este humilde culto, consigamos por vuestra poderosa intercesión los bienes espirituales y corporales que os pedimos en esta novena, si ha de ser para mayor honra y gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.

 





 DÍA NOVENO – 29 DE SEPTIEMBRE

 


 

Dios y Señor de los Serafines, los cuales empleados siempre en amaros y cantar vuestras alabanzas alternativamente en todo tiempo, diciendo: «Santo, Santo, Santo es el Señor, Rey de los ejércitos: llenos están los cielos y la tierra de la majestad de vuestra gloria» (Himno Te Deum). «Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo», cántico solemne y de santa alegría que llena de amor ardentísimo a todos los bienaventurados, cántico que la Iglesia Católica repite a vuestra Divina Majestad como un homenaje de reconocimiento y adoración por todos los beneficios que diariamente dispensáis a todos los hombres.

Yo os suplico, Dios y Señor mío, por los méritos de vuestro fidelísimo Arcángel San Miguel nos concedáis su asistencia con  vuestra divina gracia, para guardar y cumplir vuestros santos mandamientos, para amaros sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos, y logrando amaros con ferviente amor en esta vida, consigamos alabaros después de nuestra muerte, en compañía de los Santos Ángeles repitiendo con gozo: «Santo, Santo, Santo es el Señor, Rey de los ejércitos: llenos están los cielos y la tierra de la majestad de vuestra gloria. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo». Amén.

 

—Aquí se rezan tres Padrenuestros y Avemarías en honor a San Miguel Arcángel.

 

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

 

 

¡Oh Purísima e Inmaculada Virgen María!, Madre de Dios, Soberana Reina de los Ángeles y de los hombres, a vuestros sagrados pies se postra también este tan abominable e inmundo pecador que por la gravedad de mis culpas no merezco llegar a ver el rostro de vuestro divino hijo mi Señor Jesucristo, ni tampoco el vuestro, ¡oh Emperatriz de los cielos y tierra! Acordaos que sois el refugio de los pecadores, la esperanza de los que en Vos confían, y la luz que alumbra las conciencias para hacer buena confesión de todos los pecados: haced, Señora, que tanto en mí como en mis prójimos no se malogre el fruto preciosísimo de la Pasión y Muerte de vuestro Hijo Jesucristo, mi Señor y Dios. Esta gracia os la pido, por los dolores de vuestro corazón, y por los merecimientos de vuestro fiel siervo el Príncipe San Miguel. También os suplicamos que miréis se conserve la paz entre todos los cristianos, para la exaltación de nuestra fe Católica y conversión de los pecadores a verdadera penitencia, que protejáis al soberano pontífice, Vicario de Cristo en la tierra y a todos los miembros de la Santa Iglesia, y pues ella os elogia diciendo «Regocíjate, Virgen María, pues tú sola has dado muerte a todas las herejías en el mundo entero» (Oficio parvo de la Bienaventurada Virgen María), exterminadlas todas, ¡oh Reina poderosísima!, y no permitáis que ninguna de ellas, ni la que actualmente nos inquieta, de ningún modo prevalezcan: para que logrando vivir y morir en aquella Fe santa y Católica religión que en el sagrado Bautismo profesamos, y llegando todos al conocimiento de Jesucristo, podamos guardar la ley de Dios y ser felices eternamente en la gloria en compañía vuestra y de todos los santos. Amén.

  

 

—Aquí se pedirá a Dios nuestro Señor, que por los méritos de su Madre santísima y los de San Miguel Arcángel se digne oír nuestras humildes súplicas, y socorrer las necesidades de la Santa Iglesia y las de todos los Católicos.

 


NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL. DÍA OCTAVO.

 




Adaptación de la Novena compuesta en 1827 por el padre fray Miguel Antonio Escalante OH, capellán del convento de San Juan de Dios; aprobada por Mons. Fernando Caicedo y Florez, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, el 6 de Noviembre de 1827, y por Mons. Juan Manuel González Arbeláez, Arzobispo coadjutor de dicha sede, en Octubre de 1936.

 

 

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PRÍNCIPE DE TODA LA MILICIA CELESTIAL, PROTECTOR UNIVERSAL DE LA SANTA IGLESIA Y ABOGADO PODEROSÍSIMO PARA PRESENTAR LAS ALMAS FIELES ANTE EL DIVINO TRIBUNAL.

 

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

 

Altísimo Señor y Dios eterno, uno en esencia y trino en personas, yo el más indigno, miserable y delincuente pecador, postrado ante vuestra divina y adorable Presencia, y la de todos los angélicos espíritus celestiales, Santos y Santas de la Corte del Cielo, y justos de la tierra, confieso, mi Señor y mi Dios, que os he ofendido un sin número de veces, mereciendo por tan graves y enormes ofensas los más terribles y justos castigos, como los que han sentido y sentirán eternamente en el Infierno el soberbio Lucifer y sus secuaces, en cuya infeliz compañía, mucho tiempo a que estaría yo padeciendo, a no haber mediado vuestra infinita piedad y misericordia, que no ha permitido que yo me pierda eternamente, sino que aún me esperáis para que arrepentido de tanta culpa y ofensa como ingratitudes he cometido contra Vos mi Dios, al fin las llore y haga por ellas la necesaria e indispensable penitencia. Y esta es, Señor, la que protesto hacer desde ahora, pidiéndoos como os pido de todo mi corazón me perdonéis todas mis culpas, delitos y pecados, pues de todos ellos me arrepiento, los detesto y aborrezco; y os doy palabra de no volver a ofenderos. Perdonadme, Señor, pues de verdad me pesa el haberos ofendido, y aquí me estaré, mi Dios, postrado ante vuestra divina Presencia, hasta que compadecido de mí os dignéis concederme por los méritos de la Pasión y muerte de vuestro divino Hijo mi Señor Jesucristo, también por los de su santísima Madre María, y por los ruegos de vuestro Arcángel San Miguel, el perdón de todos mis pecados, con vuestra amistad y gracia, para serviros y amaros fielmente hasta el fin de mi vida. Amén.

  

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

 

Glorioso y humildísimo Arcángel San Miguel, primer ministro del Altísimo, Príncipe supremo de las milicias de los ángeles, poderosísimo protector del Catolicismo, celosísimo defensor y fiel custodio de la Santa Iglesia, enemigo poderoso de la culpa y herejía, sustentáculo el más firme de la fe Católica, abogado de las almas fieles para presentarlas ante el divino tribunal, abanderado que llevaréis en vuestras manos la Santísima Cruz en el día grande del Juicio de Dios (Ofertorio, Misa de Difuntos), Ángel enviado de Dios para significar los misterios contenidos en su divina voz y santa palabra, compañero perpetuo de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael, y las otras cuatro lumbreras que con vos arden continuamente ante el trono de Dios; yo os suplico humildemente seáis nuestro intercesor para que vuestros devotos que os tributamos este humilde culto, consigamos por vuestra poderosa intercesión los bienes espirituales y corporales que os pedimos en esta novena, si ha de ser para mayor honra y gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.

 




 

DÍA OCTAVO – 28 DE SEPTIEMBRE

 

 

 

Dios y Señor de los Querubines, a los cuales adornasteis de perfecta sabiduría e inteligencia, y sobre cuyas alas, como dice el profeta y rey David, estáis sentado y sois conducido en ellos (Salmo 98, 1), yo os ofrezco los méritos de estos sapientísimos espíritus y los de vuestro Arcángel San Miguel, el cual, según enseña la Iglesia Católica, aplicándole las palabras del primer capítulo del Apocalipsis, él es el Ángel enviado por Vos mismo a vuestro siervo San Juan Evangelista para significarle lo que convenía hacer prontamente, y darle la voz revelada de profecía para todos los tiempos (Apocalipsis 1).

Os suplicamos, Dios y Señor nuestro, por los méritos de vuestro humilde y sapientísimo Arcángel San Miguel, para que aspirando agradar a Jesucristo crucificado haciendo en todo su Voluntad divina, en cuyo cumplimiento consiste la verdadera sabiduría, y que no aspirando (como lo aconseja vuestro Apóstol San Pablo) a saber más de lo que con sobriedad nos conviene saber, logremos hacer al fin acá en la tierra vuestra divina Voluntad como lo hacen los Ángeles en el Cielo y los justos en la tierra; y lo demás que os pedimos en esta novena, si es para la gloria de Dios y salvación de las almas. Amén.

 

 

—Aquí se rezan tres Padrenuestros y Avemarías en honor a San Miguel Arcángel.

 

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

 

 

¡Oh Purísima e Inmaculada Virgen María!, Madre de Dios, Soberana Reina de los Ángeles y de los hombres, a vuestros sagrados pies se postra también este tan abominable e inmundo pecador que por la gravedad de mis culpas no merezco llegar a ver el rostro de vuestro divino hijo mi Señor Jesucristo, ni tampoco el vuestro, ¡oh Emperatriz de los cielos y tierra! Acordaos que sois el refugio de los pecadores, la esperanza de los que en Vos confían, y la luz que alumbra las conciencias para hacer buena confesión de todos los pecados: haced, Señora, que tanto en mí como en mis prójimos no se malogre el fruto preciosísimo de la Pasión y Muerte de vuestro Hijo Jesucristo, mi Señor y Dios. Esta gracia os la pido, por los dolores de vuestro corazón, y por los merecimientos de vuestro fiel siervo el Príncipe San Miguel. También os suplicamos que miréis se conserve la paz entre todos los cristianos, para la exaltación de nuestra fe Católica y conversión de los pecadores a verdadera penitencia, que protejáis al soberano pontífice, Vicario de Cristo en la tierra y a todos los miembros de la Santa Iglesia, y pues ella os elogia diciendo «Regocíjate, Virgen María, pues tú sola has dado muerte a todas las herejías en el mundo entero» (Oficio parvo de la Bienaventurada Virgen María), exterminadlas todas, ¡oh Reina poderosísima!, y no permitáis que ninguna de ellas, ni la que actualmente nos inquieta, de ningún modo prevalezcan: para que logrando vivir y morir en aquella Fe santa y Católica religión que en el sagrado Bautismo profesamos, y llegando todos al conocimiento de Jesucristo, podamos guardar la ley de Dios y ser felices eternamente en la gloria en compañía vuestra y de todos los santos. Amén.

  

 

—Aquí se pedirá a Dios nuestro Señor, que por los méritos de su Madre santísima y los de San Miguel Arcángel se digne oír nuestras humildes súplicas, y socorrer las necesidades de la Santa Iglesia y las de todos los Católicos.