Rogámoste,
Señor, prevengas nuestras acciones con tu inspiración, y las prosigas con tu
ayuda para que toda nuestra obra y oración, por tí siempre empiece y en tí
siempre acabe.
Oración preparatoria, o acto de constricción
que se hará antes de dicho santo ejercicio.
Clementísimo
Jesús mío, porque sois infinitamente bueno y misericordioso, os amo sobre todas
las cosas, y de todo corazon me arrepiento de haberos ofendido, Dios mío, y
sumo bien mío: ofreciéndoos este santo viaje, en honra y veneración de aquel viaje
doloroso, que vos hicisteis por mí, indignísimo pecador; e intento ganar todas
las indulgencias, y rogar por todos aquellos fines y motivos por los cuales fué
con cedido un tan grande tesoro: suplicándoos humildemente que yo haga este
santo ejercicio de tal modo que me ayude a conseguir vuestra misericordia en
esta vida, y en la otra, la vida; eterna. Amen.
ESTACIÓN PRIMERA.
V. Adorámoste Señor mío
Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz
redimiste al mundo.
En
esta primera estación se representa la
casa y pretorio de Pilatos, donde nuestro buen Jesús, coronado de
penetrantes espinas, y todo bañado en sangre recibió la inicua sentencia de
muerte.
Considera la admirable
sumisión del inocente Jesús en recibir una tan inicua sentencia de muerte: y
sabe; que tus culpas y pecados fueron los falsos testigos que la firma ron, y
tu obstinación, indujo a aquel impío juez a proferirla, y si asi es vuélvete
hacia tu Dios amoroso, y más con lágrimas del corazón, que con las expresiones
de la lengua dile así:
¡Ay de mí! ¡Amado Jesús mío! Y que amor tan
entrañable es el vuestro, pues por una criatura tan ingrata sufrís prisiones,
cadenas y azotes tan crueles hasta ser sentenciado a una ignominiosa muerte la
que solo esto basta para herirme el corazón, y hacerme detestar tantos, pecados
míos, que fueron la causa de tantos trabajos vuestros. Ya, Señor, abomino mis
pecados, ya los lloro y por todo este camino doloroso andaré suspirando y
repitiendo. Jesús mío misericordia, Jesús misericordia. Amén.
Padre
nuestro, Ave María y Gloria.
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACIÓN SEGUNDA.
V. Adorámoste
Señor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz
redimiste al mundo.
Recibe
Jesús la pesada cruz, sobre sus hombros.
En esta segunda estación se representa el
lugar, donde por mano de cruelísimos ministros, fué cargado sobre los
lastimados hombros de Jesús el Madero pesado de la Cruz.
Considera como el
Benignísimo Jesús, lleno de inmensos dolores, se abraza con la Santa Cruz; y
mira con cuanta mansedumbre sufre los golpes y escarnios de aquellos viles hombres,
cuando tú, o miserable, huyes cuanto puedes la Cruz de la verdadera penitencia,
sin reflexionar que sin Cruz no hay entrada en la Gloria. Llora, pues, tu ceguedad,
con la cual, hasta ahora has aborrecido el padecer, y vuelto de corazon a tu
Señor, dile suspirando así:
A mí, Jesús mío, a mí, y no a Vos, se debe esa
pesada Cruz. ¡Oh Cruz pesadísima, que fuiste fabricada de mis feas y enormes culpas!
Ea, pues, Salvador mío, dadme fortaleza para abrazar con amor las cruces de los
trabajos, que merecen mis pecados, a fin de que, en el breve tiempo de esta
vida, teniendo la dichosa suerte de vivir abrazado con la Santa Cruz, muera
crucificado, y por medio de la Cruz, arribe finalmente a gozaros eternamente en
el Cielo. Amén.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Señor ten piedad y misericordia de nosotros.
ESTACION TERCERA.
V. Adorámoste
Señor mío Jesucristo y te bendecimos.
R. Que por, tu santa cruz
redimiste al mundo.
Cae
Jesús con la Cruz la primera vez.
En
esta tercera, estación, se representa el lugar, donde el pacientísimo Jesús cayó la primera vez con la Cruz.
Considera como el afligidísimo Jesús, decaído
de fuerzas por la sangre que vertía, y por la fatiga, que con el tropel le
ocasionaban aquellos viles ministros de Satanás, | cayó la primera vez en
tierra, debajo del pesado madero de la Cruz. Ea, pues, mira como aquello envenenados
verdugos lo hieren con palos, puntillones y desprecios; y el pacientísimo Jesús
a todo no abre su boca, sufre y calla, cuando tú en tus ligerísimos trabajos; eres
tan impaciente, que luego te alteras, impacientas y ensoberbeces; y aun por ventura,
tal vez temerariamente blasfemas. Pues esta vez, a lo menos, arrepentido de tus
altiveces, detesta tu soberbia, y ruega a tu afligido Dios de esta manera:
Amantísimo Redentor mío, aquí está postrado,
a vuestros pies el pecador más pérfido de cuantos viven sobre la tierra. ¡Oh
cuantas caídas! ¡Oh cuantas veces he sido precipitado en un abismo de
iniquidad! Ea, pues, dadme vuestra mano soberana para levantarme. Ayudadme,
Jesús mío, ayudadme, a fin de que en lo restante de mi vida, no vuelva a caer
en culpa alguna mortal, y en la muerte asegure el conseguir la eterna salvación. Amen.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Señor, ten piedad y misericordia de
nosotros.
ESTACIÓN CUARTA.












