¡Mi Dios, qué mal te he
servido!
¡Mi Señor, cuan mal te
he amado!
¡Ay Jesús, cuan
engañado
ausente de Ti he
vivido!
vivo no, más muerto he
sido
mientras contra Ti
pequé;
y cuando me desperté
del abismo de la culpa,
fué para pedir disculpa
del tiempo que
malgasté.
El hijo pródigo soy,
que de Ti me he
separado,
a tus pies ya estoy
postrado,
hagamos las paces hoy;
pues roto y desnudo
estoy,
en Ti me vengo a
amparar,
tu bendición me has de
dar,
como mi Padre querido,
por lo mal que he
vivido,
sólo me queda el pesar.
FRAY
PAULINO DE LA ESTRELLA.
Año
1899.
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