lunes, 23 de marzo de 2026

EL DEMONIO EN LAS OBRAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ – Por el P. LUCIEN-MARIE DE SAINT–JOSEPH, OCD. (Traducido del francés).

 



 

   El diablo compite con Dios por los afectos del alma humana y, a su manera, juega el juego de imitar a Dios. Pero frente a la plenitud del Ser de Dios y su Realidad infinita, ¿qué puede ofrecer? Solo una cosa, que adopta múltiples aspectos: la simulación, la apariencia del Ser de Dios. Es el hombre empobrecido que se adorna con ropas de rico. Cualquier máscara que le permita hacer creer al alma que encontrará en él la plenitud completa que anhela le es aceptable. Y puesto que no puede lo que Dios lo puede, es decir, actuar como amo y soberano del alma humana, utilizará la sugestión como su arma predilecta; y al servicio de esta arma, todos los medios, incluso aquellos más alejados de la naturaleza espiritual, de todo se vale.

 

   El mayor daño que el diablo puede causar no es asustar a un alma apareciéndole en una forma horrible, sino más bien impedirle apegarse a Dios. Privar a un alma de Dios, incluso temporalmente; detenerla en el camino a la unión con Dios, con cualquier pretexto; mantenerla en lo relativo cuando está llamada al absoluto; engañarla incluso con una apariencia piadosa, para distraerla de la realidad de Dios: esto es lo que busca el diablo, y esto es lo que el alma debe temer de él.

 

   Todas las tentaciones del diablo apuntan a destruir dos puntos esenciales en la fortaleza del alma: la fe, por un lado, que es el fundamento de toda la vida teológica; y la humildad, que por otro lado,  desempeña el mismo papel fundamental en el ámbito moral.

 

“SATÁN de los  Estudios Carmelitas”

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