domingo, 15 de marzo de 2026

SAN LONGINO, mártir. – (15 de Marzo)


 


   En Cesárea de Capadocia, algunos cristianos convertidos por el primer discurso de San Pedro, después de la fiesta de Pentecostés, concitaron la ira de los judíos que veían con enojo la propagación de las doctrinas del que por ellos fué crucificado.

 

   Uno de aquellos cristianos hallábase junto a una pobre vivienda fuera de la ciudad, humildemente atareado en labrar la tierra, cuando se le acercaron unos soldados que Pilatos enviaba para que se apoderasen de Longino, nacido en Sardial, antiguo centurión de los soldados romanos, y jefe de aquella infame turba armada que durante una noche entera insultó al divino Maestro y entre crueles ultrajes le condujo desde Anas á Caifas y desde éste á Pilatos.

 

   —¿Puedes decirnos—preguntó uno de los soldados recién llegados a Cesárea—dónde vive Longino?

 

    —¿Para qué le queréis?—les contestó el anciano agricultor.—

 

   Dijéronle ellos la misión que el gobernador de Judea les había encomendado para poner término a los trabajos que el antiguo centurión hacía propagando la enseñanza evangélica, y el desconocido les prometió poner a Longino en poder de ellos así que hubiesen descansado, para lo cual los introdujo en su casa, y les sirvió abundantísima comida.

 

   Transcurridos tres días, durante los cuales trató con toda generosidad a sus huéspedes, el anciano labrador mandó a estos que saliesen tras él, y ya en el campo, les dijo:

 

   «Ese Longino, a quien enviados por Pilatos buscáis para matarle con el pretexto de que es desertor del ejército del César, pero en realidad por ser discípulo y anunciador del Mesías, a quien los judíos crucificaron, ese Longino soy yo».

 

   Atónitos se quedaron aquellos por comprender que habrían de ser verdugos de quien con tan bondadosa hospitalidad les había ganado la voluntad; y aunque se negaron a reconocer en él a quien buscaban, tanto insistió el Santo, que había procurado aquella tregua de tres días para dar tiempo a que viniesen a participar de la gloria del martirio dos compañeros suyos que recorrían la Capadocia predicando el Evangelio, que los soldados cumplieron su terrible encargo, no sin que antes se vistiese el Santo con blanca vestidura para entrar dignamente ataviado en el celestial banquete, y después de abrazar a sus dos compañeros y hasta a sus mismos verdugos.

 

   Tan perfectamente se había transformado en cordero el león, que había atravesado el pecho de Jesús crucificado, y que recibió en sus ojos las primeras gotas de agua y sangre al golpe de su lanza desprendida del costado del Rey de los judíos, a quien en medio de las universales tinieblas, quebrantamiento de las piedras, luto de tierra y cielo y conmoción del mundo, reconoció y proclamó como verdadero Hijo de Dios.

 

“LA LECTURA DOMINICAL”

Año 1899.

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