—Padre,
si echa usted al abuelo no le dé entera la manta; saque usted el cuchillo y córtela,
que con la mitad le basta.
—Ten compasión, hijo mío; mira que la manta
está vieja y mala...
—No
importa, padre, no importa, que con la mitad le basta.
—Pero...
— ¿Y la mitad restante?
— Téngala usted bien guardada, para cuando
sea usted abuelo... Por si su hijo lo despacha.
Lloró
abrazándolo el padre, y el abuelo quedó en casa.
Más no espere buenos frutos, quien da malas
enseñanzas.
E. SOLANA.
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