jueves, 16 de febrero de 2017

SEGUNDO OBSEQUIO (2 de 10) A NUESTRA SANTÍSIMA MADRE. – Por San Alfonso María de Ligorio





   Esta publicación es una colaboración de: Fátima de Jesús


LAS NOVENAS

   Los devotos de María ponen gran empeño en celebrar con fervor las novenas que preceden a sus festividades; y en éstas, la Virgen es todo amor al otorgar innumerables y muy especiales gracias. Vio Santa Gertrudis una multitud que la reina del cielo cobijaba y a la que miraba con inefable ternura, y entendió que eran fieles que se habían preparado con ejercicios devotos a la fiesta de la Asunción.

   En las novenas se pueden practicar ejercicios como éstos:

   I) Hacer oración mental por la mañana y por la tarde, con la visita al Santísimo Sacramento y rezar nueve veces el Padrenuestro, Ave María y Gloria.

  II) Visitar alguna imagen de María, agradeciendo al Señor las gracias concedidas a ella, pidiéndole a la Virgen cada vez alguna gracia especial. En alguna de estas visitas rezar la oración propia de la novena o de la fiesta.

   III) Hacer muchos actos de amor a Jesús y a María, cien o cincuenta al menos, ya que no podemos hacer cosa que más le agrade que amar a su Hijo, como ella lo manifestó a Santa Brígida: Si quieres tenerme favorable, ama a mi Hijo Jesús.

   IV) Leer durante un cuarto de hora, dentro de la novena, un libro que trate de sus glorias.

miércoles, 15 de febrero de 2017

PRIMER OBSEQUIO (1de10) A NUESTRA SANTÍSIMA MADRE – Por San Alfonso María de Ligorio.




   Publicación de nuestra colaboradora: Fátima de Jesús


¡EL AVE MARÍA!

   La Santísima Virgen agradece muchísimo este saludo, porque al oírlo se le renueva el gozo que sintió cuando el arcángel San Gabriel le anunció que iba a ser la Madre de Dios. Nosotros debemos saludarla con el Ave María con esta misma intención. Dice Tomás de Kempis: Saludadla con la salutación angélica, porque este saludo lo escucha muy complacida. Dijo la Virgen a santa Matilde que nadie puede saludarla mejor que con el Ave María. El que saluda a María, será saludado por ella. San Bernardo oyó cómo una vez la Virgen lo saludaba desde una imagen, y le decía: Dios te salve, Bernardo. El saludo de María consistirá en alguna gracia con que corresponde siempre al que le saluda. Añade Ricardo de San Lorenzo: Si uno se acerca a la Madre del Señor diciéndole Ave María, ¿acaso ella le podrá negar la gracia? La Virgen María le prometió a santa Gertrudis tantos auxilios en la hora de la muerte cuantas fuesen las avemarías que le había rezado. Afirma el beato Alano que al rezar el Ave María, así como goza todo el cielo, así tiembla y huye el demonio. Esto lo confirmó con su experiencia Tomás de Kempis, quien al decir Ave María puso en fuga al demonio que se le había aparecido.

Este obsequio lo podemos practicar así:

   l) Rezando por la mañana y por la noche tres avemarías con el rostro en tierra o al menos de rodillas, añadiendo después de cada avemaría la oración: “Oh María, por tu Pura e Inmaculada Concepción, haz casto mi cuerpo y santa mi alma”. Luego pedirle la bendición a María como nuestra Madre que es. Así lo hacía San Estanislao. Después colocarse bajo el manto protector de nuestra Señora, pidiéndole que nos libre durante el día o la noche sin pecado. A conseguir esto ayuda tener una imagen de la Virgen cerca del lecho.

   II) Rezando el Ángelus con las tres avemarías acostumbradas al amanecer, al mediodía y al caer la tarde. En tiempo de pascua se reza la antífona Regina coeli.

   III) Saludando a la Madre de Dios con el Ave María al oír el reloj. San Alonso Rodríguez saludaba a María cada hora. De noche, los ángeles le despertaban para que no interrumpiese esta devoción.

   IV) Saludando a la Virgen al salir de casa o al entrar, para que dentro o fuera nos libre del pecado.

   V) Saludando con el Ave María a toda imagen de la Virgen que encontremos. Con esta intención es bueno que haya imágenes devotas de María en las puertas o en los muros de las casas para dar ocasión de reverenciarla a los que pasan. En Nápoles, y más en Roma, se encuentran por las calles hermosísimas imágenes de nuestra Señora colocadas por sus devotos.

   VI) Será cosa muy saludable rezar un Ave María al principio o al fin de las acciones, ya sean éstas espirituales, como la oración, la confesión, la comunión, la lectura espiritual, oír la predicación, etc., ya sean temporales, como estudiar, dar buenos consejos, trabajar, sentarse a la mesa, acostarse y otras semejantes. ¡Dichosas las acciones que van enmarcadas entre dos avemarías! Y así, al levantarse por la mañana o al cerrar los ojos para dormir, en toda tentación, en todo peligro, en todo impulso de cólera y cosas similares, rezar siempre el Ave María. Hazlo así, mi querido lector, y verás el gran provecho que de esta práctica sacarás. Refiere el P. Auriema que la Santísima Virgen prometió a Santa Matilde la gracia de una santa muerte si le recitaba todos los días tres veces el Ave María en honor de su sabiduría, potencia y bondad.

“LAS GLORIAS DE MARÍA”


Amoris Laetitia. ¡¡¡Best Seller en el infierno!!! - Meme


"El pequeño número de los que se salvan" MP3 - Por San Leonardo de Porto Maurizio





OBSEQUIOS Y PLEGARIAS A MARÍA. – Por San Alfonso María de Ligorio.

SAN JUAN Y LA VIRGEN MARÍA



   Agradecemos a nuestra nueva colaboradora Fátima de Jesús por esta publicación

   Es tan generosa y agradecida la reina del cielo, que a los pequeños obsequios de sus siervos corresponde con grandes mercedes. Siendo munificentísima, dice san Andrés Cretense, suele premiar con gracias excelentes a cambio de pequeñeces.

   Mas para esto se necesitan dos cosas: la primera, que le ofrezcamos nuestros obsequios con el alma limpia de pecado; de otra manera, María dirá lo que dijo a un soldado vicioso, el cual, como refiere san Pedro Celestino, todos los días le ofrecía algún obsequio a la Virgen. Un día que se encontraba muy hambriento, se le apareció nuestra Señora y le ofreció una exquisita vianda, pero en una vasija tan sucia que el hombre no se atrevía a comerla. “Soy la Madre de Dios que ha venido a remediar tu hambre”. “Pero en este plato no puedo comer”. Y respondió María: “¿Cómo quieres que acepte tus devociones ofreciéndomelas con alma tan sucia?”. El soldados se convirtió, se hizo ermitaño, vivió treinta años en el desierto y en la hora de la muerte se le apareció de nuevo la Virgen para llevarlo al cielo.

   Decíamos en la primera parte que es moralmente imposible que se condene un devoto de la Virgen María. Pero esto ha de entenderse con la condición de que éste o viva sin pecados o al menos tengan deseos de salir de ellos, porque en ese caso nuestra Señora lo ayudará. Pero si alguno pretendiera seguir en sus pecados con la presunción de que nuestra Señora lo había de salvar, por su culpa se haría indigno de la protección de María.

   La segunda condición es que persevere en la devoción a María. Sólo la perseverancia merece la corona, dice san Bernardo. Tomás de Kempis, siendo joven, recurría todos los días a la Virgen con ciertas oraciones. Un día las dejó; luego las abandonó durante una semana, y al fin del todo. Una noche, en sueños, vio cómo la Virgen abrazaba a todos sus compañeros, pero al llegar a él le dijo: ¿Qué esperas tú que has abandonado tus devociones? Vete, que eres indigno de mis abrazos. Tomás despertó despavorido y reanudó las oraciones que acostumbraba. Bien dice Ricardo de San Lorenzo: El que persevera en la devoción a María no verá defraudada su esperanza, porque todo lo que desea se cumplirá.

   Pero como nadie puede estar seguro de perseverar, por eso nadie está seguro de su salvación hasta la muerte. Memorable fue el testimonio que san Juan Berchmans, religioso jesuita, dejó al morir. Al preguntarle qué obsequio sería el mejor hacia la Señora para conseguir su protección, respondió: cualquiera, por pequeño que sea, pero constante.

   Por eso voy a enumerar simple y sucintamente algunos obsequios que podemos ofrecer a nuestra Madre para merecer que nos obtenga las gracias. Esto lo considero lo más provechoso de toda esta obra. No recomiendo a mi querido lector que los practique todos, sino que practique los que elija con perseverancia y con temor de perder la protección de la Madre de Dios si se descuida en continuarlos. ¡Cuántos, tal vez, que ahora están en el infierno se habrían salvado si no hubieran abandonado los obsequios a María que un tiempo practicaron!

NOTA: SON DIEZ LOS OBSEQUIOS A NUESTRA MADRE, PUBLICAREMOS TODOS LOS DÍA UNO.



“LAS GLORIAS DE MARÍA”

martes, 14 de febrero de 2017

Las oraciones aplacan al Señor y nos libran de las penas que tenemos merecidas, con tal que queramos corregirnos. – Por San Alfonso María de Ligorio.



   COMENTARIO del blog: Esta lectura nos enseña que debemos pedir en la oración. Como debe ser nuestra oración en cuanto a nuestra intención. Después que la lean verán porque muchos no son escuchados. No se pierdan este publicación, que seguro les enseñará cosas importantes para tener en cuenta a la hora de ponerse a rezar y a pedir a Dios. “SI DE VERDAD QUIEREN  SALVAR SUS ALMAS”

   “Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis” (Juan;  XVI, 21.)

   Dios es la bondad infinita por esencia; así tiene naturalmente un deseo inmenso de librarnos de nuestros males, de hacernos felices y partícipes de su beatitud. Quiere, no obstante, y por nuestro provecho, que le pidamos las gracias necesarias para quedar libres de los castigos que hemos merecido, y para llegar a la felicidad eterna. El Señor ha prometido escuchar al que le pide y al que espera en su bondad. Quiero, pues, convenceros de que las súplicas aplacan a Dios; y que, si queremos corregirnos, nos librarán de las penas que hemos merecido.

   Para vernos libres de la calamidad que actualmente nos aflige, y sobre todo del castigo eterno, preciso es que roguemos y que esperemos; y, además, es necesario que roguemos y que esperemos como se debe. La súplica es tan poderosa, que suspende el castigo y alcanza el perdón. Dios hace las mayores promesas al que ruega. (Ps., XLIX, 15.) Invócame, dice el Señor: Yo te libraré de todas las desgracias (Job, XXXIII, 3); pide y te escucharé. (Job, XV, 7.) Pedid, pues, lo que quisiereis, y lo alcanzaréis: la oración puede conseguirlo todo.

   Dios concede al que ruega mucho más de lo que pide.  Si pedís algún favor a personas a quienes habéis ofendido, se os maltrata, se os echa en cara lo que habéis obrado. No se porta Dios así con nosotros; si le pedimos alguna gracia para la salud de nuestra alma, no nos increpa por las ofensas pasadas: nos escucha y nos consuela, como si le hubiésemos servido con fidelidad toda la vida. “¿Por qué os quejáis de Mí, dice el Señor? Quejaos más bien de vosotros mismos, porque no habéis pedido las gracias que podíais obtener por medio de la oración. Pedidme en adelante todo lo que queráis; Yo os escucharé. (Juan; XIV, 14.) Si no tenéis mérito para obtener, dirigíos en nombre mío al Eterno Padre, rogadle por mis méritos, y os aseguro que alcanzaréis todo lo que deseareis.” (Juan; XVI, 23.) Los príncipes de la Tierra dan rara vez audiencia, y no reciben sino pocas personas; mas Dios recibe siempre, escucha y atiende a todos cuantos le invocan.

   Fiaos, pues, de estas grandiosas promesas que hallamos tan a menudo repetidas en las Santas Escrituras; pidamos siempre las gracias que nos son necesarias para salvarnos; pidamos el perdón de nuestros pecados; pidamos la gracia, el santo amor, la resignación a la voluntad del Cielo; pidamos una buena muerte y el Paraíso. Con la oración lo obtendremos todo; sin la oración no conseguiremos nada. Los Santos Padres y los teólogos enseñan que la oración es necesaria a los adultos de necesidad de medio, es decir, que nadie sin ella puede salvarse. Lesio dice ser de fe que la oración es esencialmente necesaria para alcanzar la salud eterna, y lo prueba por la Escritura Santa: el que pide consigue, el que no pide no consigue. Estas palabras, petite, orate, oportet, contienen, según Santo Tomás y los teólogos, un precepto absoluto. Roguemos, pues, roguemos con grande confianza; fiaos en las promesas divinas; porque Dios, dice San Agustín, se ha obligado a nosotros por sus promesas. Él lo ha prometido; de consiguiente, imposible es que falte a su palabra. Roguemos, pues, esperemos, y estemos seguros de nuestra salvación. Nunca se ha perdido ninguno de los que han esperado en Dios. (Eccl, II, 11. Ps., XVII, 31.) Mas ¿cómo acontece que muchos piden la gracia sin conseguirla? Porque no la piden como deben. (Jac, IV, 3.) Así que no basta pedir y esperar, sino que también es necesario pedir y esperar como se debe.

   Dios tiene grande deseo de librarnos de los males, y de hacernos partícipes de todos sus bienes; mas, para oírnos, quiere que se lo pidamos como corresponde. ¿Cómo pudiera escuchar Dios a un pecador que, mientras está rogando para ser libertado de los castigos, no quiere dejar el pecado que es la causa y de aquéllos? Cuando el impío Jeroboán levantó la mano para herir al profeta que le echaba en rostro sus crímenes, el Señor le dejó la mano inmóvil. Entonces el rey rogó al varón de Dios que alcanzase del Cielo la curación de su mano. El insensato pedía al profeta que intercediese para curarle, y no le hablaba de obtener el perdón de su pecado.

lunes, 13 de febrero de 2017

LA VOLUNTAD DE DIOS, HOY – Por Andrés de Asboth.





   “He aquí la esclava del Señor, hágase en Mí según tu palabra” (Lucas 1, 38). Esta contestación de María Santísima al anuncio del Arcángel San Gabriel encierra toda la perfección y sabiduría humana, la absoluta conformación de la voluntad con la de Dios. Nada más a propósito para los tiempos actuales, tan llenos de “cristianismo adulto” y de “autonomías” que meditar estas palabras. Nuestra Señora, que es la Inmaculada, la que nuca tuvo pecado alguno, dijo en verdad ––pues de su boca no podía salir mentira–– que era la esclava del Señor, es decir, éste era el estado que le correspondía. No pretendió hablar como la más perfecta de las criaturas, ni alegar méritos, si no tan sólo cumplir la voluntad del Altísimo. Por eso mereció ser llamada Bienaventurada por todas las generaciones, ser Madre del Redentor, Mediadora de todas las gracias y Reina de todo lo creado, lo que significa Señora en el sentido más estricto de la palabra, es decir a la que todo está sujeto en los cielos y tierra. Ella es un ejemplo viviente de la palabra de Cristo: “Cualquiera que se ensalza será humillado y quien se humilla será ensalzado” (Lucas 14, 11).

   Para santificarse es necesario hacer la voluntad de Dios. Hasta la mortificación, la pobreza y las obras, si se hacen contra su voluntad, no sólo no sirven un ápice para la salvación si no que son  nefastos, pues el hombre ha sido creado para conocer, amar y servir a Dios y después gozarlo eternamente y no para realizar tal o cual acto heroico y  vanagloriarse de él.

   No es con la constante afirmación de unos pretendidos derechos humanos que se eleva el hombre sino siguiendo el camino de la Cruz. Jesucristo no dijo: reclama derechos, sino: “si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo y cargue su cruz y sígame” (Marcos 8, 34). No predicó el orgullo ni la rebelión, sino la humildad y la pureza, virtudes de María, contra las cuales mueve Satanás la guerra religiosa de la revolución anticristiana, utilizando profundas transformaciones sociales para crear un mundo ateo en que esas virtudes serían borradas de la faz de la tierra.

   Todas las épocas cristianas han sido marianas, más la actual debe serlo actualmente Dios lo quiere de un modo manifiesto. ¿Si es, como vivimos más arriba condición indispensable para cualquier progreso espiritual cumplir con la voluntad de Dios, cómo podemos imaginarnos que sea posible conseguir algún bien oponiéndose al deseo de Nuestro Señor que hizo bailar al sol delante de cincuenta mil personas para confirmarnos que quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María, al que puso como piedra fundamental de la historia contemporánea? Para conseguir la paz tan ansiada por las naciones, necesitamos de poderosa intercesión. No sólo en FÁTIMA se ha visto el poder de Dios desplegarse para mostrarnos el único camino sino la Virgen ––que siempre hace la voluntad del Señor–– ha hablado en muchas oportunidades en los tiempos modernos desde su aparición en la rue du Bac a Santa Catalina Labouré. El mismo desarrollo dentro de la Iglesia del culto mariano, que tantos frutos excelentes ha dado, se debe atribuir a la acción del Espíritu Santo.

   Recordar esto es más actual  que nunca, en especial ahora en el cincuentenario de FÁTIMA, (NOTA: este año 2017 se cumplen los cien años de la aparición de Fátima) donde la grandeza de Dios se puso de manifiesto en alabanza de María, mostrándonos, por medio  de Ella, el único camino para construir la ciudad católica ––oración y penitencia.

   En el año 1917 se produjeron los dos acontecimientos de mayor significación histórica de nuestro siglo: el mensaje del cielo que nos infunde esperanza en el caos y la decadencia actual, y la tentativa del infierno ––por medio de la revolución de octubre–– de edificar una sociedad comunista, tentativa condenada al fracaso, por más éxitos temporales que se coseche, pues nadie puede vencer a Cristo Rey, quien en estos tiempos reservó a su Madre la misión de triunfar sobre los enemigos.

   Por eso los locos ––sí, locos, no dudamos subrayarlo y repetirlo otra vez–– y también instrumentos del Demonio, los que minimizan al cuto mariano y desalientan a la devoción popular, poniendo obstáculos en el camino de la solución de la crisis iniciada por la Reforma, cuya última es consecuencia es el comunismo que nos amenaza tanto desde afuera como desde adentro, infiltrado en todas nuestras instituciones, sien la toma de conciencia de esa civilización moderna con la cual, como lo señala el Syllabus, es imposible la reconciliación para la Iglesia.

   La solución única e irremplazable  es Nuestra Señora. Por eso la devoción mariana es tan actual y es una necesidad absoluta. Esto lo siente el pueblo fiel al resistirse de abandonarla a pesar de tantos profetas que andan por el mundo combatiéndola. La Virgen Santísima aplastará los errores modernos, para que se haga realidad lo anunciado hace cincuenta años (Nota: ya fue aclarado arriba el tema de las fechas):

   “AL FIN MI INMACULADO CORAZÓN TRIUNFARÁ”

   (“Roma”, n° 2, noviembre de 1967)


“PROGRAMA PARA LA TRADICIÓN”

Editorial ICTION. Año 1981. Bs. As. Argentina.

Si encuentra este libro, cómprelo.






DE DIOS NADIE SE BURLA (en la Eucaristía)




Cuenta la Historia Sagrada, en el capítulo I del Libro de los Reyes, que, al devolver los filísteos, castigados por Dios, el Arca Santa tomada a los israelitas, se detuvo ésta en el campamento de los betsamitas, que celebraron gran fiesta al tenerla entre ellos; pero algunos, por exceso de curiosidad, se acercaron y la abrieron para ver lo que contenía. Esta falta de respeto, que a nosotros parece ligera y sin importancia costó la vida a más de cincuenta mil de ellos, que cayeron muertos en tierra, mientras el pueblo gritaba:  
    
–– ¡Cuan terrible es la presencia de un Dios tan santo y poderoso!

D. –– Por lo visto, Padre, de Dios nadie se burla.

M. –– Así es. Por esto, si nosotros fuéramos hombres de fe, deberíamos prorrumpir en las mismas palabras y temblar de espanto al acercarnos a Jesús, que vive en la Santísima Eucaristía; más, por el contrario, cuántos imitadores tienen los betsamitas. Son cristianos, van alegres y deseosos a ver y recibir a Jesús, pero no hacen lo que deben para honrarle como merece. No son capaces de ver las llagas de su alma: están pegados a la tierra, a sus sentidos, a su egoísmo.

No advierten que, cometiendo siempre las mismas faltas y teniendo los mismos defectos, sin enmendarse de ellos, se acercan con excesiva temeridad a aquel tremendo Misterio del que el arca no era más que una simple imagen; convierten el remedio en veneno, hallando la muerte en las fuentes mismas de la vida. En el Libro segundo de los Reyes se encuentra este otro episodio:

El rey David hizo trasladar el Arca a la ciudad de su residencia, en medio del júbilo y transporte del pueblo. Puesta sobre una carroza nueva, los bueyes se negaron a seguir y coceando la hicieron ladear. Entonces Oza, un levita, levantó el brazo para sostenerla, cuando al instante la ira de Dios cayó sobre él, y rodó muerto junto al Arca a causa de este atrevimiento.

D. ¡Pobrecillo! ¿Y qué contenía el Arca?

M.El Arca Santa, además de las Tablas de la Ley y la Vara de Aarón, contenía el Maná, figura de la Eucaristía. Con esto debemos darnos cuenta de que este Pan celestial no se debe dar a las almas indignas, ya sea porque están en pecado o porque no tienen fe.

Esta semejanza del Arca Santa con la Santísima Eucaristía la recuerda San Pablo cuando dice que en los primeros tiempos de la Iglesia eran castigados muchos cristianos con enfermedades y hasta con la muerte, como Oza, por haberse atrevido a comulgar en forma indigna de la santidad de tan gran Sacramento.

D.¿Hay también en nuestros días hechos semejantes que nos recuerdan aquellos castigos?

M. —Tenemos muchos como el que sigue: Una muchacha de dieciséis años había pasado toda la noche bailando y a la mañana siguiente se acercó, atrevida, a comulgar para disimular su falta ante el párroco y las demás compañeras. Pero, ¡pobrecilla!, apenas hubo comulgado, se apoderó de ella un escalofrío, se le descompuso el interior, y en breves momentos, seguidos de un vómito tremendo, echó fuera, juntamente con la Sagrada Forma, toda la comida y después las entrañas a trozos.

D. —Cierto que de Dios nadie se burla. Por esto yo comulgaré siempre dignamente, con el más profundo respeto y reverencia hacia tan sublime misterio.

M. — ¡Muy bien! Todos deberían proponerse lo mismo, y comulgar cada vez con la mejor disposición, con los mejores sentimientos de piedad y devoción de que uno es capaz.

D. — ¿Y qué han de hacer los que, aun queriendo, no sienten esta piedad y devoción?

M. —A muchos les basta la fe interna y los esfuerzos que hacen para conservarse en gracia de Dios; otros lo suplen con la sencillez de corazón libre de culpas voluntarias. Los que Jesús detesta son los desgraciados maliciosos, los indiferentes, los tibios, y más aún, los que pretenden servir a dos señores, ser cristianos y paganos, creyentes y liberales, buenos y malos, castos y deshonestos.

D. —Aquellos, en fin, que cantan para espantar sus males, ¿no es cierto, Padre?

M. —Esos, esos; no me atrevía a decirlo. Pero llegará el día en que, desprendidas las vendas de sus ojos, cuando acaben los misterios, aparecerán claros y diáfanos los sacrilegios cometidos por haber comulgado mal, y se llenarán de general vergüenza los que profanaron a Jesucristo, al Salvador bondadoso. Ahora Jesús se oculta y calla, pero entonces aparecerá con todo el esplendor de su majestad y como Juez riguroso.

D. — ¡Ya basta, Padre, que tiemblo!

M. —Ojalá temblaran todos los presumidos, todos los indignos, los traidores, los miserables sacrílegos... Jesús, que es tan bondadoso, les conceda conocimiento, temor y conversión.


Pbro. Luis José Chiavarino

"COMULGAD BIEN"


Modo práctico de confesarse. Examen.




Discípulo. —Padre, ya que me ha dicho hasta aquí cosas tan buenas sobre la confesión, tenga la bondad de añadir algunas pocas palabras, acerca del modo de confesarse. Siempre temo no saberme confesar y hasta recelo que me confieso mal.

Maestro.¿A qué viene ese miedo? La confesión, como la definió el suavísimo Pontífice Pío X, es el invento más oportuno con que Jesús haya podido proveer a la humana enfermedad.

Lo que quiere decir, que es el sacramento más fácil de recibir, al alcance de todos y que no requiere condiciones difíciles. De modo que todo aquel que tenga simplemente la buena voluntad de confesarse bien, siempre conseguirá su objeto. Aquéllos, pues, que tienen gran temor de confesarse mal, por este mismo temor, son los que mejor se confiesan.

D. — ¿Debemos rogar antes de confesarnos?

M. — Siendo de fe que sin la ayuda de la gracia no podemos confesarnos bien, esta ayuda la debemos pedir con la oración, y así debemos:

1) Reavivar la fe en este sacramento, que es el medio más principal de santificación.

2) Dar rendidas gracias a Jesús, que ha querido hacernos tan gran regalo, a costa de su pasión y muerte.

3) Encomendarnos a nuestra buena madre María Santísima, refugio de pecadores, a nuestra Ángel Custodio, a las almas del Purgatorio; luego se hace el examen de conciencia.

D. ¡Ah! Padre, aquí empiezan mis inquietudes. Yo no soy capaz de hacer el examen de conciencia... No recuerdo los pecados, o bien se me olvidan a los pies del confesor.

M. —Despacio, amigo, despacio, no enturbiemos el agua con el desmedido afán. Con miedo nunca se conseguirá hacer nada de bueno; si, por el contrario, procuramos obrar con calma y confianza en Dios, ciertamente conseguiremos lo que deseamos. Hagamos nosotros lo que está de nuestra parte, qué lo demás lo suplirá el Señor. Ordinariamente. El queda más satisfecho, cuanto menos satisfechos quedamos nosotros.

D.¿Están todos obligados a examinar su conciencia?

M. —En seguida te contesto. El examen de conciencia para algunos es obligatorio, para otros útil, para ciertas personas nocivo.

D.¿Para quiénes es obligatorio?

M. — Es obligatorio un examen serio y diligente:

1) Para aquellos que cometen pecados mortales.

2) Para los que se confiesan raras veces.

3) Para los que desde algún tiempo no se han confesado bien.

Todos esos deben acusarse de los pecados, graves, de las circunstancias que cambian la especie del pecado, y también el número de los pecados, y claro está que deben anticipadamente examinar con seriedad y cuidado su conciencia.

D.¿Cómo debe procederse para hacer bien el examen?

M. —Para hacer bien el examen, hay que ir considerando uno por uno los mandamientos de Dios y de la Iglesia, juntamente con las obligaciones del propio estado; examinándonos sobre cada uno si hemos faltado contra y cuántas veces, en pensamientos, palabras, obras y omisiones, teniendo muy en cuenta la pasión dominante y la causa generadora de nuestras faltas más ordinarias.

Se deberá notar en el primer mandamiento, si se ha faltado contra la fe en cualquiera de las verdades de nuestra religión sacrosanta; si se han proferido palabras o escuchado; leído libros, diarios o periódicos contrarios a la religión; si se han cometido sacrilegios, ya confesándose mal o haciendo malas comuniones, ya despreciando las cosas o personas sagradas; si se ha dado a prácticas supersticiosas o participando en actos espiritistas.

En, el segundo mandamiento, si se han blasfemado los santos nombres de Dios, de la Virgen Santísima, de los Santos o cosas sagradas, si se han hecho juramentos falsos o ilícitos.

En el tercer mandamiento, si no se ha oído debidamente la Santa Misa los Domingos y días de guardar; si de propósito no se ha ido al catecismo o al sermón: si se ha trabajado en obras serviles, o si se han profanado los días festivos en diversiones ilícitas o peligrosas, frecuentando la crápula, o pasando el día en tabernas, hosterías o sitios peligrosos.

En el cuarto mandamiento, si se ha faltado al respeto a los padres o superiores, de palabra o de obra, si se les ha insultado; si se ha atrevido a levantar la mano contra ellos; si por la mala conducta se les ha hecho llorar.

En el quinto mandamiento, si se ha herido gravemente a alguno; si se tiene odio a alguna persona: si se ha jurado vengarse; si se han lanzado imprecaciones o maldiciones; si se ha dado escándalo, es decir, si con palabras o acciones se ha inducido a otros a pecar.

En el sexto y noveno mandamiento, si se han tenido pensamientos o deseos contrarios a la castidad y si se han consentido o sido negligente en desecharlos, si se han tenido u oído conversaciones escandalosas o leído libros obscenos; si se han cometido actos torpes o impuros, y si fue sólo o bien con otros y de qué naturaleza, de qué género y de qué condición eran los compañeros de tales actos; ya que estas circunstancias cambian la malicia del pecado, y si se es reincidente o bien habituado a ellos; si se han frecuentado bailes o espectáculos deshonestos.

En el séptimo y décimo mandamiento, si se ha robado dinero u otra cosa de valor más o menos considerable, ya sea de su casa o de otras personas; si se han perjudicado a otros en su hacienda o intereses; si se ha tenido pensamientos o deseos de apropiarse injustamente las cosas ajenas.

En el octavo mandamiento, si se han dicho mentiras graves o perjudiciales al prójimo; si se ha murmurado o calumniado gravemente: si se ha quitado a otro la buena fama o el honor.

Pasando ahora a los mandamientos de la Santa Madre iglesia, bastará observar si se ha violado la abstinencia de carnes en los días preceptuados o el ayuno, cuando se está obligado a observarlos, o si se ha omitido la confesión o la comunión anual bien hechas, durante el tiempo prescrito.

A este examen sobre los mandamientos de Dios y de la Iglesia, se ha de añadir también algo sobre los vicios o pecados capitales, considerando si se han cometido pecados graves de soberbia, de gula, de ira, de envidia, y finalmente dese una mirada a las obligaciones del propio estado.

D. ¿También sobre las obligaciones del propio estado?

jueves, 9 de febrero de 2017

Conciliábulo que hizo Lucifer con sus demonios en el infierno, después de la muerte de Cristo nuestro Señor. – Por Sor María Jesús de Ágreda.




  A mis lectores: Les puedo asegurar que esta lectura o no la han hecho nunca, o muy pocos, y si no la hacen ahora es muy posible que jamás la hagan. Pues bien en sus manos dejo estas líneas, y no exagero en lo que voy a decir: puede que el destino eterno de sus almas este en que lean esta publicación. Aclaro que no es una lectura para almas frívolas, sino para almas que de verdad buscan la perfección. Las frívolas nada entenderán ni sabrán degustar la belleza, que acompaña a toda verdad, y siempre causa el bien en las almas. NICKY PÍO.

   La caída de Lucifer con sus demonios desde el monte Calvario al profundo del infierno, fue más turbulenta y furiosa que cuando fue arrojado del cielo. Y aunque siempre aquel lugar es tierra tenebrosa y cubierta de las sombras de la muerte, de caliginosa (tenebrosa) confusión, de miserias, tormentos y desorden, como dice el santo Job: pero en esta ocasión fue mayor su infelicidad y turbación; porque los condenados recibieron nuevo horror y accidental pena con la ferocidad y encuentros que bajaron los demonios, y el despecho que rabiosos manifestaban. Cierto es que no tienen potestad en el infierno para poner las almas a su voluntad en lugares de mayor o menor tormento; porque esto lo dispensa el poder de la divina justicia, según los deméritos de cada uno de los condenados, porque con esta medida sean atormentados. Pero, a más de la pena esencial, dispone el justo Juez que puedan sucesivamente padecer otras penas accidentales en algunas ocasiones; porque sus pecados dejaron en el mundo raíces y muchos daños para otros que por su causa se condenan, y el nuevo efecto de sus pecados no retratados les causa estas penas. Atormentaron los demonios a Judas con nuevas penas, por haber vendido y procurado la muerte a Cristo. Y conocieron entonces que aquel lugar de tan formidables penas, donde le habían puesto, era destinado para castigo de los que se condenasen con fe y sin obras, y los que despreciasen de intento el culto de esta virtud y el fruto de la redención humana. Y contra estos manifiestan los demonios mayor indignación, como la concibieron contra Jesús y María.

   Luego que Lucifer tuvo permiso para esto y para levantarse del aterramiento en que estuvo algún tiempo, procuró intimar a los demonios su nueva soberbia contra el Señor. Para esto los convocó a todos, y puesto en lugar eminente les habló, y dijo: A vosotros, que por tantos siglos habéis seguido y seguiréis mi justa parcialidad en venganza de mis agravios, es notorio el que ahora he recibido de este nuevo Hombre y Dios, y como por espacio de treinta y tres años me ha traído engañado, ocultándome el ser divino que tenía, y encubriendo las operaciones de su alma, y alcanzando de nosotros el triunfo que ha ganado con la misma muerte que para destruirle le procuramos. Antes que tomara carne humana le aborrecí, y no me sujeté a reconocerle por más digno que yo de que todos le adorasen como superior. Y aunque por esta resistencia fui derribado del cielo con vosotros, y convertido en la fealdad que tengo, indigna de mi grandeza y hermosura; pero más que todo esto me atormenta hallarme tan vencido y oprimido de este Hombre y de su Madre. Desde el día que fue criado el primer hombre los he buscado con desvelo para destruirlos; y si no a ellos, a todas sus hechuras, y que ninguna le admitiese por su Dios ni le siguiese, y que sus obras no resultasen en beneficio de los hombres. Estos han sido mis deseos, estos mis cuidados y conatos; pero en vano, pues me venció con su humildad y pobreza, me quebrantó con su paciencia, y al aún me derribó del imperio que tenía en el mundo con su pasión y afrentosa muerte. Esto me atormenta de manera, que si a él le derribara de la diestra de su Padre, donde ya estará triunfante, y a todos sus redimidos los trajera a estos infiernos, aun no quedara mi enojo satisfecho, ni se aplacara mi furor.

   ¡Es posible que la naturaleza humana, tan inferior a la mía, haya de ser tan levantada sobre todas las criaturas! ¡Que ha de ser tan amada y favorecida de su Criador que la juntase a sí mismo en la persona del Verbo eterno! ¡Que antes de ejecutarse esta obra me hiciese guerra, y después me quebrantase con tanta confusión mía! Siempre la tuve por enemiga cruel; siempre me fue aborrecible e intolerable. ¡Oh hombres tan favorecidos y regalados del Dios que yo aborrezco, y amados de su ardiente caridad! ¿Cómo impediré vuestra dicha? ¿Cómo os haré infelices cual yo soy, pues no puedo aniquilar el mismo ser que recibisteis? ¿Qué haremos ahora, o vasallos míos? ¿Cómo restauráremos nuestro imperio? ¿Cómo cobraremos fuerzas contra el hombre? ¿Cómo podremos ya vencerle? Porque si de hoy mas no son los mortales insensibles ingratísimos, si no son peores que nosotros contra este Hombre y Dios que con tanto amor los ha redimido, claro está que todos le seguirán a porfía; todos le darán el corazon y abrazarán su suave ley; ninguno admitirá nuestros engaños; aborrecerán las honras que falsamente les ofrecemos, y amarán el desprecio; querrán la mortificación de su carne, y conocerán el peligro de los deleites; dejarán los tesoros y riquezas, y amarán la pobreza que tanto honró su Maestro; y a todo cuanto nosotros pretendamos aficionar sus apetitos, les será aborrecible por imitar a su verdadero Redentor. Con esto se destruye nuestro reino, pues nadie vendrá con nosotros a este lugar de confusión y tormentos; y todos alcanzarán la felicidad que nosotros perdimos; todos se humillarán hasta el polvo, y padecerán con paciencia, y no se logrará mi indignación y soberbia.

   ¡Oh infeliz de mí, y qué tormento me causa mi propio engaño! Si le tenté en el desierto fue darle ocasión para que con aquella victoria dejase ejemplo a los hombres, y que en el mundo le hubiese tan eficaz para vencerme. Si le perseguí, fue ocasionar la enseñanza de su humildad y paciencia. Si persuadí a Judas que le vendiese, y a los judíos que con mortal odio le atormentasen y pusiesen en la cruz, con estas diligencias solicité mi ruina, y el remedio de los hombres, y que en el mundo quedase aquella doctrina que yo pretendí extinguir. ¿Cómo se pudo humillar tanto el que era Dios? ¿Cómo sufrió tanto de los hombres, siendo tan malos? ¿Cómo yo mismo ayudé tanto para que la redención humana fuese tan copiosa y admirable? ¡Oh qué fuerza tan divina la de este Hombre, que así me atormenta y debilita! Aquella mi enemiga, Madre suya, ¿cómo es tan invencible y poderosa contra mí? Nueva es en pura criatura tal potencia, y sin duda la participa del Verbo eterno, a quien vistió de carne. Siempre me hizo grande guerra el Todopoderoso por medio de esta Mujer tan aborrecible a mi altivez, desde que la conocí en su señal o idea. Pero si no se aplaca mi soberbia indignación, no me despido de hacer perpetua guerra a este Redentor, a su Madre y a los hombres. Ea, demonios de mi séquito, ahora es el tiempo de ejecutar la ira contra Dios. Llegad todos a conferir conmigo por qué medios lo haremos, que deseo en esto vuestro parecer.

AVISOS A UNA JOVEN QUE VACILA ACERCA DEL ESTADO QUE HA DE ELEGIR – Por San Alfonso María de Ligorio.

SANTA TERESITA DE LISIEUX



   Una nueva y fantástica publicación de nuestro colaborador Benito Javier de Nursia. Esta es una lectura muy recomendable para las jóvenes de hoy que no saben qué hacer con su vida. Esta lectura es toda una joya que ninguna joven debería dejar de leer. Agradezco de todo corazón a Benito Javier de Nursia. Primero por su apoyo y segundo por darnos esta lectura que no tiene valor material en cuanto a su contenido. Nicky Pío.

   Hermana mía en Jesucristo: Me dice usted que está deliberando acerca del género de vida que debe abrazar. Advierto que usted vacila, porque por una parte el mundo la convida a escoger el estado del matrimonio, y por otra la invita Jesucristo a tomar el velo de religiosa en un monasterio observante.

   Piénselo bien, porque de la elección que haga depende su eterna salvación. Por esto, le recomiendo muy encarecidamente que pida a Dios todos los días su santa gracia, y comience ya a hacerlo hoy mismo en que comienza a leer estas páginas, a fin de que el Señor le dé la luz y la fortaleza que necesita para elegir aquel estado en que mejor asegure su salvación, y no tenga que arrepentirse de la elección hecha, durante toda su vida y por toda la eternidad, cuando le falte el tiempo de enmendar su yerro.

   Piense bien cuál sea para usted el partido más ventajoso y el que le haga más feliz y dichosa, si el tener por esposo a un hombre del mundo, o a Jesucristo, Hijo de Dios y Rey del Cielo; vea cuál de los dos le parece mejor, y elija entre ambos. Trece años tenía la virgen Santa Inés cuando, por su extremada belleza, se vio pretendida de muchos jóvenes, entre los cuales se encontraba el hijo del Prefecto de Roma; mas ella, dirigiendo una mirada a Jesucristo, que la quería para sí, contestó: “He hablado a un esposo mejor que tú y que todos los reyes de la tierra; justo es que no lo cambie por otro”. Y en efecto, antes que consentir en cambio tan desigual, prefirió gustosa perder la vida, en tan temprana edad, muriendo mártir por amor de Jesucristo. La misma respuesta dio la virgen Santa Domitila al Conde Aurelio, gran señor de Roma, y antes que abandonar a Jesucristo prefirió ser martirizada y quemada viva. ¡Cuán alegres y gozosas estarán ahora en el Cielo y lo estarán por toda la eternidad estas santas vírgenes por haber hecho tan buena elección! Suerte tan feliz y dichosa tiene el Señor deparada a todas las doncellas que por entregarse a Jesucristo han abandonado el mundo.

   Examine, pues, las consecuencias que se han de seguir de la elección que usted haga entre el mundo y Jesucristo. El mundo le ofrece los bienes de la tierra: honores, riquezas, placeres, pasatiempos. Jesucristo, por el contrario, le presenta azotes, espinas, oprobios, cruz; que éstos fueron los bienes que disfrutó mientras vivió en el mundo. Pero en cambio, Jesucristo le ofrece dos inapreciables bienes que no puede darle el mundo, a saber: la paz del corazón en esta vida y el paraíso en la otra.