sábado, 5 de noviembre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE CÓMO DEBEN USARSE LAS GRACIAS DE DIOS

 




I. Dios da a todos los hombres gracias suficientes para salvarse, si ellos quieren aprovecharlas; pero los cristianos reciben muchas más que los otros. Agradece a Dios estas gracias, sobre todo la de tu vocación al cristianismo, que es la fuente de gran número de otras, y sabe que serás castigado más severamente que los paganos, si no sacas provecho de las gracias que Dios te concede tan generosamente.

Tanto más graves son nuestros pecados cuanto más abundantes fueron en nosotros las gracias (San Cesáreo).

 

II. Abusase de la gracia cuando se resiste a sus inspiraciones, se aplaza el obedecerla, o se rehúsa escuchar lo que nos dice en el fondo del corazón. Escucha la voz de Dios que te habla; para oírla, huye del ruido del mundo, calma las tempestades que las pasiones excitan en tu alma, obedece sin tardanza.

Camina mientras tienes luz y no remitas tu conversión a la hora de la muerte.

 

III. Recompensa de los que aprovechan las gracias de Dios es recibir otras mayores; como castigo de los que de ellas abusan es ser privados de las que les estaban destinadas. ¡Ten cuidado!, la gracia que desprecias será, acaso, causa de tu reprobación. No has querido trabajar por tu salvación cuando lo podías; vendrá la muerte y te quitará la posibilidad de hacer algo por tu alma.

Justo castigo del pecado es no poder ya practicar la virtud después que se ha rehusado hacerlo cuando se podía (San Agustín).

 

Respetar a los eclesiásticos. Orad por los sacerdotes.


viernes, 4 de noviembre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN CARLOS BORROMEO.


 


I. La caridad de San Carlos Borromeo se extendía a todas las necesidades temporales y espirituales de su diócesis. Fundó hospitales, colegios y seminarios; catequizaba y confesaba a los pobres. Y vosotros, hombres sin corazón, ¡no pensáis sino en vuestra propia ventaja! Hasta olvidáis a vuestras almas, para ocuparos únicamente de vuestros intereses temporales. ¿Por qué eres tan mezquino con los pobres? Sabe que las riquezas, que idolatras, no te harán dichoso sino cuando las desprecies y las des a los pobres por amor de Jesucristo.

Las riquezas dejan pobres a los que las aman, hacen ricos y dichosos a los que las desprecian por Jesucristo (Guerrico).

 

II. El amor a la oración de tal modo unía a este prelado con Dios, que a veces se lo vio permanecer ocho horas seguidas en ella. Un día, un hombre perverso le lanzó un tiro de arcabuz mientras oraba; interrumpió su oración sólo para prohibir a sus servidores que persiguieran al criminal. ¡Cuán diferente a la vuestra es nuestra oración, oh gran santo! La menor cosa nos distrae.

Obtenednos (Señor) el espíritu de oración. Saber orar bien es saber vivir bien (San Agustín).

 

III. Tanto aborrecimiento tenía para consigo, como caridad para con el prójimo. Sus ayunos, sus disciplinas, sus peregrinaciones a pie, el cilicio que llevaba, hasta en su lecho de muerte, son otras tantas pruebas de su austeridad. ¿Cómo tratas a tu cuerpo? ¿Acaso tú no desprecias las mortificaciones que se imponía este prelado recargado de trabajos? ¡Ah! ¡Teme no sea que ellas te acusen en el día del juicio final!

 

Practicad la  caridad. Orad por el Colegio de Cardenales.


jueves, 3 de noviembre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE LA BUENA Y LA MALA CONCIENCIA



 



I. No hay en este mundo placer comparable al que nos proporciona una buena conciencia. Si tienes esta dicha, ningún tormento es capaz de afligirte; si no la tienes, ninguna diversión puede verdaderamente regocijarte. Que se acuse al justo; que se lo maltrate: su conciencia le procurará más consuelo que el que podrían darle los aplausos del mundo entero.

 

II. No hay suplicio comparable al de la mala conciencia: es un acusador, un juez, un verdugo que persigue en todo lugar al culpable y que no perdona a nadie; la conciencia ataca a Herodes, a Nerón, a Teodorico, y los hace temblar en medio de sus guardias. Nada es capaz de apaciguarla: te perseguirá hasta el fin de tu vida, si no la descargas del peso que la agobia.

 

III. La mala conciencia continúa, después de esta vida, atormentando al pecador; lo sigue al juicio de Dios, lo acusa, lo confunde, desciende con él al infierno. Uno de los más grandes suplicios de los condenados es el gusano roedor que nunca muere. ¿Quieres evitarlo? Nada hagas en este mundo contra tu conciencia, escucha los reproches que te hace y sigue sus advertencias; nada podrá afligirte en este mundo ni en el otro. Nada más agradable, nada más seguro que una buena conciencia. Aunque el cuerpo sufra, aunque el mundo nos tiente, aunque el demonio nos espante, ella permanece tranquila.

 

Haced examen de conciencia (al levantarte por la mañana y al ir a dormir por la noche). Orad por los pecadores

 



miércoles, 2 de noviembre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE LAS ALMAS DEL PURGATORIO Y UN EJEMPLO.


 


I. Las almas del purgatorio sufren la pena de daño, porque están privadas de la vista de Dios. ¡Qué cruel es esta separación! La naturaleza y la gracia los impulsan violentamente hacia Dios, pero no pueden llegar hasta Él. Lo que les causa más pena es ver que su dicha es aplazada porque, en la tierra, gozaron de algunos leves placeres que les estaban prohibidos. Ten piedad de estas almas y, con tus mortificaciones, trabaja por retirarlas de esta triste morada.

 

II. Estas almas son atormentadas por el mismo fuego que atormenta a los condenados, su pena es la misma; la única diferencia está en que los condenados sufrirán toda la eternidad y las almas del purgatorio solamente un tiempo. Puedes abreviar este tiempo con tus oraciones, ayunos y limosnas. ¿Negarás esta caridad a tus padres, a tus hermanos cristianos que te la piden? Oye su queja: ¡Tened piedad de mí, tened piedad de mí, por lo menos vosotros que fuisteis mis amigos!

 

III. Estas santas almas, sin embargo, tienen consuelos en medio de sus suplicios, porque están resignadas a la voluntad de Dios que en ellas se cumple para purificarlas, y porque ven, por un lado, el infierno que evitaron, y por el otro, el cielo que las espera. Cristianos, aprended de ellas cómo hay que sufrir y pasad lo más que podáis vuestro purgatorio en esta vida; sufrid con la misma fortaleza y la misma esperanza que las almas del purgatorio. Señor, purificadme en esta vida, a fin de que después de esta vida escape de las llamas del purgatorio (San Agustín).

 

 

Tened devoción por las almas del purgatorio. Orad por su liberación.

 

EJEMPLO.

martes, 1 de noviembre de 2022

MEMENTO MORI


 


MEDITACIÓN SOBRE LA PREPARACIÓN A LA MUERTE

 

I. Toda nuestra vida debe ser una preparación para la muerte, pues nuestra muerte, de todos nuestros negocios, es el más importante; ¿qué digo?, los demás nada son comparados con éste. ¿Cómo te preparas tú? ¿Vives como un hombre que en breve ha de morir? ¿Acaso miras la muerte como algo muy alejado de ti? En adelante mi principal afán será pensar en este gran viaje a la eternidad, no sea que me sorprenda la muerte. La muerte, que sorprende a los que no están preparados, debe encontrarnos siempre prestos (San Euquerio).

II. Morirás, no lo ignoras. Morirás sólo una vez, y de esta muerte única dependerá una eternidad de dicha o de desventura. No se trata aquí de una pérdida sin importancia, sino de la pérdida del mayor de todos los bienes y, no debes olvidarlo, de una pérdida irreparable. ¡Oh muerte, cuán temible eres! ¿Se puede pensar en ti sin despreciar al mundo y sin darse a Dios?

III. Una vida santa es la mejor de todas las preparaciones para la muerte. No te duermas con un pecado mortal en la conciencia. Por la mañana, al levantarte, piensa: Acaso no alcance a vivir hasta la noche; y por la noche, al acostarte: Acaso no me levante ya, y estas sábanas sean mi sudario. De vez en cuando pregúntate si estás preparado para morir. Nada hay que los hombres vean con más frecuencia que la muerte y nada que olviden con mayor facilidad (San Euquerio).

 

Medita en el pensamiento de la muerte. Ora por las almas del purgatorio.


MEDITACIÓN SOBRE LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS.

 



   I. La vida de los santos ha estado llena de miserias: han sido perseguidos y atormentados por los enemigos de Jesucristo; Dios les ha enviado aflicciones para probarlos y purificarlos; en fin, ellos mismos se rehusaron a los placeres más inocentes y ejercieron sobre sus cuerpos grandísimas austeridades. ¿Quieres ir tú a donde están ellos? He ahí el camino, sigue sus huellas; estos grandes hombres tenían un cuerpo como el tuyo, pero más valor que tú. No han sido de naturaleza superior a la nuestra, sino de mayor vigilancia; no estuvieron exentos de pecados, pero hicieron penitencia (San Ambrosio).

 

   II. Los santos a pesar de sus pruebas, siempre han estado alegres y contentos en esta vida, porque los consuelos que Dios derramaba en sus almas les quitaban todo sentimiento de los dolores del cuerpo. Míralos en el patíbulo y en los yermos: aquí, derraman lágrimas de consuelo; allí, están llenos de gozo en medio de las torturas. Dios es tan generoso que no quiere esperar la otra vida para recompensarlos, hasta lo hace en este mundo.

 

   III. Si fueron consolados en esta vida, que era el lugar de exilio, de sus combates y sufrimientos, ¡de qué gozo no serán colmados en el cielo, su patria y lugar de su triunfo! Allí poseen todos los bienes que su corazón puede desear, porque poseen a Dios; no son afligidos por incomodidad alguna. Escucha lo que te dicen: “Para llegar al cielo no pienses encontrar un camino más cómodo que el que recorrimos nosotros en pos de Jesucristo. No busques aquí abajo lo que ningún santo ha podido encontrar, lo que Cristo mismo no ha encontrado”.

 

   Imitad a los santos. Orad por la Iglesia.


lunes, 31 de octubre de 2022

DESCARGAR "MASONES Y PACIFISTAS" del presbítero Juan Tuquets.


 



         DESCARGAR: AQUÍ

La lucha con el demonio, enemigo del alma – Por Augusto Saudreau.

 



   Porque Dios quiere que seamos conquistadores y que nuestras glorias y gozos del cielo sean fruto de nuestros triunfos, permite que sus enemigos sean también los nuestros y que nos declaren una guerra incesante, viva, cruel “Nuestra pelea no es contra la carne y la sangre”, “— dice el apóstol, no contra los hombres, menos temibles — sino contra las potestades, dominaciones y principados de este mundo de tinieblas, contra los malos espíritus que vagan por el aire” (Eph., VI, 12).

   Cuando los hombres se hacen tentadores, y en tal caso son lazos de Satanás y auxiliares suyos, es más fácil conocerlos. Cierto, algunas personas, complacientes o halagadoras, con palabras de falsa compasión, o con afecto de mala ley, nos inducen a veces al mal humor, a murmurar, al odio, y no descubrimos bien pronto que estos falsos amigos son enemigos de nuestra alma; pero en general las tentaciones que nos vienen de las criaturas humanas son más manifiestas y por tanto mucho menos pérfidas o alevosas.

    El demonio es más hábil; disimula, sugiere falsas ideas, de tal modo que el alma casi siempre se persuade que los pensamientos en que anda proceden de su propio fondo interior; mientras no distingue las perfidias del enemigo, se deja fácilmente seducir.

   Este enemigo invisible y astuto es más fuerte que él hombre; sabe mucho mejor que las criaturas humanas calentar la imaginación, soliviantar las pasiones, excitar las concupiscencias, enardecer interiormente los sentimientos de desagrado, irritación, o bien suscitar en la inteligencia nieblas sombrías, angustias crueles, ideas que desalientan, y nos arrebatan todo esfuerzo. Es también muy tenaz; rechazado una vez, veinte, cien veces, vuelve al combate y redobla sus esfuerzos.

   Hablando San Pablo de los enemigos del alma, los llama príncipes, poderes, dominadores de este mundo de tinieblas; con lo cual parece indicar a los demonios de coros superiores. Pues en efecto hubo rebeldes en todos los grados de la jerarquía angélica, y como conservan su naturaleza, se sigue que entre ellos hay algunos cuya fuerza es diez veces, cien veces, probablemente mil veces mayor que la de otros. Cuando los golpes vienen de estos príncipes del reino infernal la lucha puede alcanzar una violencia inaudita.

   “Sálvame Dios mío, porque las aguas han subido hasta mi alma; estoy hundido en hondo lodazal, y no hallo donde hacer pie; me hallo en alta mar y las olas de la tempestad me sumergen” (Salm., 68, 1).

   Y con todo eso, contra estos temerosos enemigos la victoria es siempre posible; por hábiles que sean los demonios, su estrategia les falla con frecuencia. Pues, ¿cómo están ofuscados muchas veces estos miserables, siempre llenos de furor, siempre inspirados por el odio, siempre desatinados por el orgullo? Si, conocen maravillosamente nuestra naturaleza y sus defectos y pasiones, todos los males que son consecuencia del pecado original y de nuestros pecados personales, desconocen los elementos sobrenaturales, las gracias, las inspiraciones divinas, los auxilios que Dios nos da; y cuanto mayor es en nosotros la medida de lo sobrenatural más obscuro lo ven. “A un bautizado lo desconocen más que a un infiel, a un justo más que a un pecador, un santo les es más recóndito que un justificado” (Mr. Gay, Vie et Vertus, t, II, p. 122). A más de esto cuanto más difiere su mentalidad de la nuestra menos la entienden. Muchas veces atacan a destiempo, y así demasiado confiados en sus artes van torcidamente a fracasos ciertos.

   Aunque su perspicacia fuera indeficiente y su habilidad perfecta y aun siendo la criatura muy ignorante y débil no podrían jamás dar por seguro el triunfo, porque “Dios es fiel y nunca permite que seamos tentados sobre nuestras fuerzas” (I Cor. X, 13). Si el alma es apocada, Dios contiene su violencia, los acorrala, pone límites a sus ataques y así la victoria es siempre posible al que está tentado.

    Dios estableció esta ley—más de una vez, los demonios obligados por los exorcistas la tuvieron que reconocer rabiosos — que la tentación rechazada recae pesadamente sobre el tentador y así le aumenta sus penas (Cass. Confér., VII, 20). Con lo cual le obliga a retirarse por algún tiempo como lo declara Santiago: “Resistite diabolo et fugiet a vobis. Resistid al diablo, y huirá de vosotros”  Los demonios superiores poseen más fuerza y pueden prolongar el combate que además lo llevan con mayor eficacia, pero si el alma no cede también éstos acaban por retirarse y dejan al alma vencedora alguna tregua y descanso. Volverán más tarde pero el alma que los derrotó habrá recobrado nuevos bríos. Estos poderosos malignos pelean con las almas de mayor fortaleza; pero también inspiran, dominan y traen de cabeza a los miserables que hundidos en el pecado en vez de resistirles se entregan a ellos buscando los medios de hacer más mal. Los diablos de menos fuerza atacan a las almas menos esforzadas. Así todos los demonios del infierno, los principales espíritus malos, como los inferiores, no pueden jamás vencer sino al que consiente en ser vencido. Dios que sostiene a sus hijos les da siempre los medios de sacar ventaja de las tentaciones.

   Queriendo, pues, perder las almas, el demonio les ofrece la ocasión de purificarse, robustecerse, santificarse; hace santos intentando hacer condenados.

   “Considerad como objeto de sumo gozo el caer en varias tribulaciones”: “Omne gaudium existimóte, fratres, cum in tentátiones varias incideritis. Tened por sumo gozo, hermanos, cuando os halléis en diversas tentaciones.” (Sant. 1, 2). Los soldados valerosos se regocijan cuando se les anuncia que la batalla está cerca, y, con todo eso, a pesar de su valor, pueden ser vencidos, pero el soldado de Dios si quiere vencer está seguro de la victoria.

 

“EL IDEAL DEL ALMA FERVIENTE”

AUGUSTO SAUDREAU

Canónigo honorario de Angers


De la ciencia de los Santos – Por San Alfonso María de Ligorio.


 



   Hay sobre la tierra dos clases de ciencia, una celestial y otra mundana. La primera es la que nos conduce a agradar a Dios y a ser grandes en el Reino de los cielos: la segunda es la que nos lleva a sólo complacernos A nosotros mismos, y hacernos grandes en el mundo. Pero esta ciencia mundana es una locura delante de Dios. Locura, porque esta ciencia vuelve locos a todos los que la cultivan, los hace locos y semejantes a las bestias, enseñándoles a satisfacer sus apetitos sensuales, como hacen las bestias. San Juan Crisóstomo dice: Llamamos hombre al que conserva la imagen de hombre sin lunar. ¿Pero en qué consiste esta imagen? En ser racional. Para conservar la imagen del hombre es menester ser racional, o sea, obrar conforme a razón.

 

   De donde debemos concluir que, así como una bestia que obrase racionalmente obraría como hombre, del mismo modo se conduce como animal el hombre que obra según el apetito de sus sentidos.

 

   Pero aun concretándonos a la ciencia humana y natural de las cosas de la tierra, ¿qué es lo que saben los hombres después de todos sus estudios? ¿Qué alcanzamos a ser nosotros sino ciegos como topos, pues que fuera de las verdades que conocemos por la fe, no conocemos lo demás sino por conducto de los sentidos y por conjeturas, de modo que casi todo es para nosotros incierto y falible? ¿Qué escritor de tales materias se ha visto exento de la crítica de los unos, después de haber sido aplaudido por los otros? Pero la desgracia que hay en esto consiste en que la ciencia mundana, como dice San Pablo, hincha, los hace soberbios y despreciadores de los demás, defecto muy pernicioso al alma, porque Dios, según el apóstol Santiago, niega sus gracias a los soberbios, y no las concede más que a los humildes.

 

    ¡Oh, si los hombres obrasen según la razón y la ley de Dios! ¡Si supiesen tomar sus precauciones, no sólo por la vida temporal, que no dura más que un instante, sino por la vida que es eterna! Ciertamente se ocuparían en adquirir ante todo la ciencia aquella por cuyo medio se obtiene la eterna felicidad y se evita la desgracia eterna.

 

   San Juan Crisóstomo nos aconseja que vayamos a los sepulcros de los muertos, para aprender en ellos la ciencia de la salvación. ¡Que vayamos a los sepulcros! ¡Oh, cuán hermosa escuela de verdad no es el sepulcro, para comprender la vanidad del mundo! ¡Qué vayamos a los sepulcros! Yo no descubro allí más que huesos y gusanos, añade el Santo Doctor; ¡huesos! ¡Podredumbre, gusanos! Allí yo no sabría distinguir quién fué el ignorante, quién fué el letrado: allí no se descubre otra cosa sino que la muerte pone fin a todas las glorias de este mundo. ¿Qué queda ahora de un Demóstenes, de un Cicerón, de un Ulpiano? Durmieron su sueño, y nada encontraron en sus manos.

 

   Dichoso aquél que ha recibido de Dios la ciencia de los Santos. ¡Esta ciencia consiste en saber amar a Dios! ¡Cuántas personas hay en este mundo, eminentes en las bellas letras, en las matemáticas, en las lenguas extranjeras y antiguas! Pero ¿de qué les aprovecharán todos estos conocimientos, si no saben amar a Dios? Feliz aquel, decía San Agustín, que conoce a Dios, aunque no sepa más. El que conoce a Dios y le ama, aun cuando ignorase todo lo que saben los demás hombres, sería más sabio que todos los sabios que no saben amar a Dios.

 

   Los ignorantes se levantan y cogen el cielo, exclamaba el mismo San Agustín. ¡Oh! cuán sabios fueron un San Francisco de Asís, un San Pascual, un San Juan de Dios, privados en verdad de la ciencia mundana, pero sabios en la divina. ¡Oh Padre mío! dice el Salvador, habéis ocultado estas cosas a los sabios y prudentes, y las habéis revelado a los párvulos. Por los sabios se entienden aquí los sabios del mundo, aquellos que no piensan más que en procurarse las riquezas y los honores mundanos, haciendo poco caso de los bienes eternos. Por los párvulos deben entenderse las almas sencillas como niños, poco instruidas en la ciencia del siglo, pero muy atentas a agradar a Dios.

  

   ¡Ah! no envidiemos a los que saben mucho, envidiemos si a los que saben amar a Jesucristo. Imitemos a San Pablo, que escribe no querer saber más que a Jesucristo, a Jesucristo crucificado. Dichosos nosotros, si llegarnos a conocer el amor que nos ha tenido Jesús crucificado, y si con el auxilio de este documento de la caridad de todo un Dios, alcanzarnos la ciencia de su amor.

 

   ¡Oh Dios mío! ¡Mi verdadero y perfecto amigo! ¡En dónde podré encontrar quien me ame tanto como vos me habéis amado! Hasta ahora no he hecho más que perder el tiempo en aprender muchas cosas que ningún socorro ha traído a mi alma, y he pensado poco en aprender amaros. Conozco que he perdido mi vida. No obstante siento ¡Oh Dios mío! que me llamáis a vuestro amor; ved ahí pues que lo abandono todo para siempre; mi único pensamiento será de hoy en adelante agradaros a vos, Soberano bien mío. Yo me entrego todo a vos; recibidme, dadme fuerza para seros fiel, no quiero tener más dominio sobre mí, sino ser todo vuestro, sí, todo de vos. ¡Oh Madre de Dios, socorredme todavía con vuestro ruego!

 

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

 


domingo, 30 de octubre de 2022

Vídeo sobre Halloween (fiesta pagana) Gentileza de Convicción Radio.


 



SANTO ROSARIO, unamos nuestra oraciones contra la satánica fiesta de Halloween.


 


A las 00:00 Horas de mi país Argentina voy a dar comienzo al Santo Rosario (los 3 Misterios completos) invito a los que quieran unirse en desagravio por los pecados cometidos con motivo de la Satánica Fiesta de Halloween.

-En desagravio, de las profanaciones y sacrilegios contra la Santa Eucaristía en las llamadas misas negras y otros rituales.

-En desagravio, contra la profanación y sacrilegio de tumbas en los cementerios, y los cuerpos que serán o ya fueron robados para rituales satánicos, de brujería etc.

-Contra los asesinatos rituales.

-Contra los atentados a los templos católicos e imágenes de María Santísima y los santos.

-En fin pidiendo a Dios Misericordia, por estas pobres almas que se van a entregar al demonio en toda clase de excesos.

Que nuestras humildes oraciones, unidos a los méritos de NSJ y su Madre María Santísima aplaquen en algo tanta maldad contra Dios, su Santa Religión, y su Santa Iglesia. Y por cualquier intención particular que quieran agregar, por ejemplo parientes y amigos  que sabemos van a celebrar Halloween, este 31 de octubre.

POSDATA: Pueden rezar empezando a las 00:00 horas de su país natal. Es una gota en el océano, no podemos detener esta fiesta diabólica, pero si no lo hiciéramos sería una gota menos en la lucha contra el demonio.  No se olviden de sus familiares especialmente, pidan a Dios proteja a los Niños. Si no pueden rezar por falta de tiempo u otro motivo. Asistan a Misa, confiesen, comulguen si están en gracia o visiten unos 15 minutos el Santísimo. Todo sea para mitigar en algo esta nube oscura e infernal que se cierne sobre todo los católicos del mundo el 31 de octubre.  

Por favor difundir. Nicky Pío.

A.M.D.G.

Y salvación de las almas.


ORACIÓN A CRISTO REY POR LA PATRIA


 


Señor nuestro Jesucristo,

Rey de las Naciones y de los corazones;

Dios que todo lo creaste, lo redimiste,

y has hecho a nuestro pueblo cristiano;

mira con ojos benévolos a ésta nuestra querida Patria

Consagrada a Tu Santísima Madre

y escucha a tus hijos que quieren volver a Ti.

***

¡Oh Rey! cristianos hemos nacido,

y cristianos queremos ser

Nuestra Patria es su historia católica,

y su destino de grandeza es llevar

Tu nombre como Bandera.

Atiéndenos, Señor, en esta jornada aciaga,

y, si está en Tu Santísima Voluntad,

aparta de nosotros este cáliz de amargura

dándonos la gracia de reconquistarte la Argentina

(Colocar el nombre de la patria donde viven)

***

Que tu Madre, Reina nuestra,

Conductora y Vencedora en la Lucha Final,

aplaste la cabeza del enemigo que avanza

extendiendo su Poder Internacional.

Que el Ángel que custodia nuestro suelo

aparte de nosotros la perfidia sionista,

el terror comunista y la siniestra masonería.

Aniquilen Tus Arcángeles a las Sectas Invasoras,

y guarden a nuestras juventudes

de la corrupción mental y moral.

***

Pero no se haga nuestra voluntad, sino la Tuya;

y si prefieres para nosotros

la noche oscura de una pasión nacional.

Te pedimos, Rey de los Reyes,

no permitas que tu pueblo sea traidor,

Antes prepáranos y danos el triunfar en el martirio,

para la Gloria de Tu Divina Majestad,

en reparación por tanta historia laica,

y para que, bajo el Manto de la Virgen Soberana,

Te adoremos en la Patria Eterna,

con los que lucharon por Ti.

 

AMÉN

 

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA LA VIRGEN DE LUJÁN!

 


jueves, 27 de octubre de 2022

MEDITACIÓN SOBRE TRES GRADOS DE AMOR AL PRÓJIMO


 


I. Debemos amar a nuestros parientes y amigos; es un deber que nos impone la naturaleza; pero Dios quiere que en esto sigamos su voluntad más bien que nuestra inclinación. Ámalos, porque Dios lo quiere y como Dios lo quiere. Demuéstrales este amor trabajando todo lo que puedas en su salvación y soportando pacientemente sus defectos; la amistad y la caridad cristiana te obligan a ello.

 

II. Poca cosa es amar a los parientes y amigos; esta ley la observan hasta los paganos mismos; tú debes amar a las personas con las que no te vinculan ni parentesco ni amistad. Son verdaderamente hermanos nuestros aquellos que han reconocido como Padre suyo a Dios (Tertuliano).

 

III. Hagamos más: amemos a nuestros enemigos. El cristiano es capaz de un acto tal de caridad. ¡Cuán difícil es este amor para aquél que no consulta sino la naturaleza; pero cuán fácil para aquél que considera a Jesús expirando en la cruz por sus enemigos! Al hablar de San Esteban, dice San Gregorio: Ofrece a Dios algo más grande que la muerte: la moderación del alma y el amor a los enemigos.

 

Practicad la Caridad (incluso con los enemigos). Orad por vuestros parientes y amigos