Aunque
el apócrifo de Pedro no forma parte de los textos canónicos, el pasaje relativo
al encuentro de Pedro y Jesús en Roma sí formó parte de la tradición
hagiográfica sobre Pedro. La
referencia culta más notable se encuentra en la hagiografía de San Pedro que
incluyó a Santiago de la Vorágine en su libro “La leyenda dorada”. El pasaje sobre San Pedro es el siguiente:
«Cuando Pedro salió de la cárcel, sus
hermanos en la fe le rogaron que huyera de la ciudad, y, aunque él al principio
se resistió a hacerlo, finalmente convencido por ellos se dispuso a salir de
Roma, y al llegar a una de las puertas de la muralla situada en el lugar que
actualmente lleva el nombre de Santa María «ad passus», según la versión que de
este hecho nos han dejado San Lino y San León, vio a Cristo que venía hacia él.
Pedro, al verlo, le dijo:
—Domine, quo vadis? o sea, Señor, ¿a dónde
vas?
—A Roma, para que me crucifiquen de nuevo.
— ¿Para qué te crucifiquen de nuevo?
—preguntóle Pedro.
—Sí —contestó el Señor.
Entonces
Pedro exclamó:
—En
ese caso me vuelvo para que me crucifiquen también a mí contigo.
En
aquel preciso momento el Señor subió al cielo ante la mirada atónita de san Pedro
que comenzó a llorar de emoción, porque repentinamente se dio cuenta de que la
crucifixión de que Cristo había hablado era la que a él le aguardaba, es decir,
la que el Señor iba nuevamente a padecer a través de su propia crucifixión.
Inmediatamente pues, volvió sobre sus pasos, se internó en la ciudad y refirió
a los hermanos la visión que había tenido. Poco después, los soldados de Nerón
lo detuvieron, y en calidad de prisionero lo condujeron a la presencia del
prefecto Agripa. Según el relato de san Lino, la cara del apóstol, al
comparecer ante el juez, brillaba como el sol.»
“La
Leyenda Dorada”
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