martes, 3 de septiembre de 2024

MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL – DÍA TERCERO.

 


TERCER DÍA —3 de septiembre.

 

San Miguel, el más perfecto de los Ángeles fieles.

 

   Los Ángeles, esas sublimes criaturas que Dios sacó de la nada, están divididos en nueve coros distintos entre sí, no sólo en sus funciones, sino especialmente en su gloria y majestad. No describiremos aquí las perfecciones y los privilegios de cada una de estas jerarquías celestiales, sino que nos limitaremos a recordar que los Ángeles, después de la victoria decisiva de San Miguel, fueron confirmados en gracia y glorificados, y que, en consecuencia, gozan de una perfección y belleza inauditas. En efecto, a juicio de San Anselmo, la belleza o perfección del último de los Ángeles es tan brillante que es capaz de borrar tantos soles, si existieran, como estrellas hay en el firmamento. Pero cómo podemos hablar entonces de la belleza y las perfecciones de San Miguel, ya que, según San Basilio y varios otros Padres de la Iglesia, no hay ningún Ángel en el cielo cuya gloria sea igual a la de este ilustre Arcángel. Esta opinión, además, es justa y razonable, dice San Alfonso María de Ligorio, pues San Miguel fue elegido para abatir el orgullo de Lucifer y de los Ángeles rebeldes y expulsarlos del Paraíso para siempre. Ahora bien, Lucifer pertenecía al orden de los Serafines y era, tal vez, la figura más perfecta de la creación angélica. Por lo tanto, añade el mismo Doctor, ¿podemos suponer que San Miguel es de un rango inferior al del Ángel apóstata? No, responde Corneille Lapierre; esta suposición sería absurda, y si se reflexiona, no se puede dudar de ella, San Miguel es el primero de los Serafines porque se erigió en el general del ejército fiel contra Lucifer; y así como Lucifer es el primero de los demonios, San Miguel por su parte es el primero de los Ángeles buenos. ¿No es, se pregunta San Ligorio, esa otra obra maestra de la creación angélica que llevaba con Lucifer antes de su caída el calificativo de archiserafín? Todo nos lleva a creer esto, en opinión de doctores de renombre, comentaristas eruditos y un buen número de Teólogos serios, quienes afirman que Dios creó dos tipos separados para gobernar el mundo de los Ángeles; uno de estos dos líderes se rebela; el otro, cuya humildad y amor han conciliado a la mayoría de estos seres sobrenaturales, se inclina ante Dios y lo adora, y por su sumisión queda como el tipo único de belleza, perfección y gloria completa de los coros celestiales. Este es también el pensamiento de San Bernardo, cuando dice: del mismo modo que el hombre es el rey de la creación material, así San Miguel es el rey de la creación angélica. Y San Pantaleón llega a decir que San Miguel supera al resto de los Ángeles tanto como el hombre a las demás criaturas animadas de nuestro mundo. Que nadie objete que San Miguel es un simple Arcángel, porque así lo llaman San Pablo y San Judas. Esto sería realmente olvidar el significado que los Libros Sagrados dan a esta palabra. En efecto, según los Padres de la Iglesia y los comentaristas, d'Estius en particular, el nombre de Ángel es un nombre genérico que la Sagrada Escritura utiliza siempre cuando habla de los nueve coros de ángeles; tomada en su sentido general, la palabra Ángel designa la universalidad de los Espíritus bienaventurados; la palabra Arcángel, que implica la idea de mando, designa en este caso al jefe, al príncipe de las celestiales jerarquías. Y, como señala San Gregorio, no indica naturaleza o rango, sino empleo y el más alto empleo. Por tanto, este calificativo de Arcángel, decimos con San Dionisio y con todos los que han tratado de las jerarquías angélicas, no prueba en absoluto que San Miguel pertenezca a este orden; este nombre sólo se utiliza para indicarnos de manera más precisa que es verdaderamente un espíritu superior a todos los demás espíritus angélicos, que está a la cabeza de ellos y que es su príncipe.

 

   Y el docto teólogo Stengel, basándose en el texto sagrado y en la tradición, declara formalmente que: “siempre que los Serafines son vistos en misión, se les llama Ángeles, es decir, embajadores; o Arcángeles, es decir, embajadores principales.” También nos dice un autor erudito que ha estudiado a fondo esta cuestión que la Sagrada Escritura, al dar el nombre de Arcángel a San Miguel, ha querido mostrarnos las bellezas, las perfecciones y la suprema dignidad de este Espíritu celestial, porque es el único, nótese bien, el ÚNICO al que atribuye este título. De hecho, da a San Gabriel y a San Rafael el simple nombre de ángeles: Angelus Gabriel, Angelus Raphael, como se puede comprobar leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento.

 

   Pero en cuanto a San Miguel, se le llama el Arcángel glorioso: Michael Archangelus. Y San Pablo incluso lo llama EL ARCANGELUS, como si fuera el ÚNICO que lleva ese nombre; y, por este mismo hecho, sostiene enérgicamente Corneille Lapierre, San Pablo confiesa que San Miguel es un Ángel del primer orden y que incluso es el JEFE de los espíritus benditos que componen este orden supremo de Serafines. Además, San Rafael dice de sí mismo en la Sagrada Escritura: “Yo soy el Ángel Rafael, uno de los Siete que están presentes ante el Señor.” San Miguel es reconocido por la Santa Iglesia y por todos los Doctores e intérpretes de los Libros Sagrados, como uno de estos siete Espíritus privilegiados. Ahora bien, en opinión de todos, los siete Espíritus que asisten al trono de Dios pertenecen al orden de los Serafines. Por lo tanto, San Miguel es indudablemente un Serafín. Este es el razonamiento de San Gregorio. Además, San Gabriel presenta a San Miguel al profeta Daniel como el más bello y grande de los Espíritus celestiales, y lo muestra como un generalísimo que dirige todos los ejércitos y manda a cada uno de sus jefes como un soberano; Ezequiel lo describe como un Querubín dotado de una naturaleza y privilegios verdaderamente excepcionales; e incluso, según las juiciosas observaciones de San Dionisio, San Pantaleón, Santa Catalina y muchas otras autoridades, es un Serafín.

   Las expresiones de este Profeta sólo pueden ser propias de un Serafín, e incluso sólo de un Serafín revestido de un poder incuestionable sobre los Ángeles que forman este sublime coro. Finalmente, el Apóstol San Juan, al revelar los secretos de Dios que San Miguel le anunció, declara expresamente que este incomparable mensajero es un Serafín tan elevado en dignidad y tan penetrado de las comunicaciones divinas que parece, por así decirlo, ser uno con su Dios. Por lo tanto, es necesario, dice Viegas, colocar a San Miguel en la jerarquía suprema, mucho más en el orden más alto de esta jerarquía que es el de los Serafines. Belarmino y muchos teólogos y comentaristas le dan incluso el título de Primado de los Serafines: Seraphinorum PRIMAS; por eso Corneille Lapierre no teme afirmar que es realmente el primero de los Ángeles que asisten al trono de Dios y, por consiguiente, el primero de los Serafines. Y exponiendo el sentir de la mayoría de los doctores y teólogos, declara que esta primacía no sólo es consecuencia de su victoria sobre Lucifer, sino que se debe a la superioridad de su naturaleza. Así pues, ¡qué belleza! ¡qué perfección! ¡qué majestuosidad! Ya no me pregunto por qué San Juan toma a San Miguel por Dios mismo y se dispone a adorarlo; comprendo por qué los Patriarcas y los Profetas creen estar hablando con Dios, cuando este augusto mensajero desciende del cielo para revelarles los designios del Altísimo. Comprendo por qué los hebreos pidieron a Moisés que no les hablara para no morir de miedo, pues el padre Faber y varios autores eminentes declaran que el brillo de la belleza y el poder de San Miguel sería capaz de darnos la muerte, si se nos manifestara en la carne.

  

   Postrémonos, pues, a los pies de este glorioso Serafín, repitiendo con San Pantaleón, diácono de Constantinopla: “Tú eres la primera y más hermosa de esas afortunadas legiones que pueblan el Paraíso; más cercana, y sin vacilar, cantas el himno tres veces santo y tres veces admirable. Eres la estrella más grande y radiante de la orden angélica, ocupas el rango más distinguido entre esos miles y miríadas de Ángeles que pueblan la morada afortunada y salvaguardan a la frágil humanidad con benévola solicitud durante los breves momentos de su peregrinaje en la tierra del exilio.”

 

MEDITACIÓN

 

   La belleza y las perfecciones admirables de San Miguel deben elevar nuestros corazones a Aquel que es la belleza infinita y la fuente inagotable de todas las perfecciones. Sin embargo, confesemos que, sea cual sea el atractivo de esta contemplación, tan útil y tan fructífera para nuestra alma, la mayoría de las veces hoy en día somos insensibles a ella, e incluso diría que sentimos cierta repulsión hacia ella. ¿Y por qué es así? Porque el materialismo y el sensualismo nos impiden saborear las cosas que no golpean nuestros sentidos. ¿Acaso pensamos en ello? Aunque nuestra naturaleza es muy inferior a la de los Ángeles, sin embargo, llevamos en nosotros, como estos benditos Espíritus, el sello de la semejanza divina, ya que somos igualmente creados a imagen y semejanza de Dios. Pensemos a menudo en este glorioso privilegio, y no olvidemos que un día se nos pedirá cuenta de este inefable don de Dios, de estos inestimables talentos que se nos han ofrecido tan gratuitamente, de estos divinos dracmas que se nos han confiado tan generosamente. Guardémonos de enterrar este precioso tesoro; como el siervo bueno y fiel del Evangelio, hagamos fructificar este sagrado depósito, y para lograrlo con mayor seguridad, meditemos sin cesar en las perfecciones de nuestro Dios para reproducirlas en nosotros, en la medida en que nuestra frágil naturaleza lo permita.

 

ORACIÓN

 

   Oh San Miguel, tú, a quien se nos permite llamar capataz de la Compañía Angélica que ha permanecido fiel a Dios, dígnate encender en nuestras almas el fuego de la Caridad que te devora, y ayúdanos con tu poderosa intercesión a desarrollar aquellas perfecciones que el Creador puso en nuestra naturaleza cuando nos creó a su imagen y semejanza, para que un día podamos admirarte y agradecerte en el cielo, y contemplar cara a cara al autor de todo don, de toda perfección y de toda gloria, en el tiempo como en la eternidad. Amén.


lunes, 2 de septiembre de 2024

MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL – DÍA SEGUNDO.

 


SEGUNDO DÍA —2 de septiembre.


 

San Miguel, nombre de victoria y poder.

 

   Según un autor del siglo IV, y en opinión de un gran número de comentaristas, después de los de Jesús y María, no hay nombre más grande, más famoso, más venerable que el de San Miguel, ni por su significado, ni por su origen, ni por su virtud o poder. Sin duda, añade el mismo autor, el nombre de Jesús es un nombre infinitamente superior a todos los nombres, y el de María brilla con un resplandor especial, pero el de Miguel está más cerca de este último y se cierne sobre el de las demás criaturas. En primer lugar, el nombre de este glorioso Arcángel (que algunos autores traducen como Grande, Maravilloso, Admirable, Fuerte, Incomparable, Divino, etc.) es un nombre simbólico compuesto por tres palabras hebreas: Mi cha-el, que significa: ¡Quién como Dios; quis ut Deus! Es, como señala un Santo Doctor, el resumen completo de la adoración, la alabanza y el amor que la criatura debe a su Creador. En efecto, exclama el abate Soyer, es alabar en una sola palabra todas las perfecciones y es alabarlas con un realce, brillo y eminencia infinitos; es decir que Dios es singular, único e incomparable en todas sus perfecciones, que sólo Él está dotado de ellas, que sólo Él tiene el ser, que sólo Él es Jehová. Miguel, nombre sublime, continúa el cardenal Déprez, nombre que cierra todo el culto que la criatura debe a su Creador, nombre que contiene en sustancia los actos de Fe, Esperanza, Caridad y Contrición. Por otra parte, si entendemos cuándo y cómo se ganó este nombre simbólico el Santo Arcángel, comprenderemos aún más su grandeza. Fue en el primer y más grande campo de batalla que fue conquistado contra el más poderoso enemigo de Dios. Es la coronación del valor de este héroe invencible en aquella gran batalla, prælium magnum (gran batalla), cuya furia, acontecimientos y desenlace ya hemos trazado. Ahora bien, si hay alguna gloria en la conquista de un nombre, de un título en un campo de batalla por una acción de brillo, por una prueba de valor, ¿qué gloria incomparable lleva el nombre de San Miguel? Y como se trataba en esta lucha suprema del honor de Dios directamente ultrajado por los ángeles, ¿no es este nombre incluso superior al de los más grandes héroes del Antiguo y del Nuevo Testamento en proporción a la dignidad de los combatientes y sobre todo a la causa de esta revuelta que expondremos más adelante? Pero, ¿qué podemos decir del poder del nombre de Miguel? Basta recordar que, por este nombre, o por esta palabra atronadora, el orgulloso Lucifer fue arrojado del cielo. Escuchemos a Bossuet: ¿Qué podéis vosotros, mentes débiles, débiles, digo, por su orgullo? ¿Qué pueden hacer contra el humilde ejército del Señor, que se reúne con estas palabras: ¿Quién como Dios? Caes del cielo como un rayo... Huid, tropa miserable: ¿Quién como Dios? Huye ante Miguel y sus ángeles. Entonces la tropa rebelde, golpeada por este grito victorioso, cae tan rápidamente como un rayo en el abismo cavado por la venganza divina: Videbam Satanam sicut fulgur de calo cadentem (Vi a Satanás caer como un rayo por el calor).  Y puede añadirse que los resultados de esta espada de la palabra del Arcángel son irrevocables, pues por este mismo grito de amor y de triunfo, ha estampado en la frente de los Ángeles caídos el signo indeleble de la reprobación eterna. “Oh, nombre mil y una veces bendito, -dice un autor del siglo X-, nombre todopoderoso en el Cielo, en la tierra y en el infierno, nombre aclamado y alabado por la Santísima Trinidad en el Cielo, donde será siempre el nombre y el grito de triunfo, nombre grande y saludable para la tierra y para la Iglesia militante de la que es baluarte y escudo, nombre formidable para los demonios a los que sin cesar derrota; que me gusta repetirte sin cesar y celebrarte siempre, porque, según la expresión de los Santos Padres, cada vez que eres pronunciado, el cielo repite su grito de victoria, de gratitud y de santa alegría: la tierra tiembla como el día en que el Arcángel desciende sobre ella, y el cristiano recobra su fuerza y su esperanza a pesar de sus fracasos; el infierno, ¡ay! vuelve a gritar de rabia y de impotencia, e inclina su frente desalentada para ocultar la vergüenza de sus constantes derrotas”.

 

 

MEDITACIÓN

 

   Oh, hombre, escucha, detente, como dice la Sagrada Escritura, y considera las maravillas de Dios. Tiembla en su presencia; adora en el más profundo olvido la infinita Majestad del Señor de los Señores, cuya grandeza, gloria y magnificencia están por encima de toda alabanza. Esto es lo que recuerda este nombre: ¡Michael, Quis ut Deus! Pero, oh prodigio de ingratitud, ¿no oyes las imprecaciones y blasfemias de los impíos? Ah, repite, repite a menudo, para reparar el insulto hecho a Dios, repite siempre este nombre tan querido por la Santísima Trinidad: ¡Michael, quién es como Dios! Que este nombre te enseñe a conocer a Dios; que sea la norma de tu conducta durante tu destierro aquí abajo; que esté en tus labios en la hora suprema y suba con tu alma al cielo para que puedas repetirlo de nuevo en compañía de los ángeles en la eternidad bienaventurada: ¡Michael, Quis ut Deus!

 

ORACIÓN

 

   Oh, Santo Arcángel, que la Santísima Trinidad y los espíritus bienaventurados honran con un nombre tan glorioso y tan poderoso, derrama sobre nosotros una mirada de compasión, y por el poder de tu nombre victorioso obtén luz para los que están tan cegados como para decir que no hay Dios; que los que dudan o vacilan caigan bajo tu bandera, y que los que son verdaderamente de Dios se sientan fortalecidos en sus creencias, para que todos no tengan otros sentimientos que los tuyos: Quién como Dios; gloria a Él siempre y en todo lugar. Amén.

 


MES DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL – DÍA PRIMERO.

 



PRIMER DÍA —1º de septiembre

 

San Miguel, vengador de los derechos de Dios.

 

   Conforme a los escritos de Moisés, en el principio Dios creó los Cielos y a cuantos los habitan. Es decir, a los ángeles, los “primeros nacidos de Dios”, según la expresión de Santo Tomás: puros espíritus o criaturas incorpóreas, invisibles, incorruptibles, espirituales y dotados de inteligencia y voluntad. El Señor los situó en un mundo espiritual adecuado a su naturaleza, lo que los teólogos llaman el Cielo de la Prueba, un lugar donde estos espíritus superiores celebran con todo su ser la gloria infinita del Creador.

   Entonces, dicen estos mismos teólogos, se les apareció un día Jehová sosteniendo entre sus brazos a su Divino Hijo, revelando así el Misterio de Amor que había establecido en su infinita sabiduría. Mas Lucifer, uno de los principales, puede que el primero de los Serafines, se rebeló y clamó: “Yo me alzaré hasta el Cielo, colocaré mi trono por encima de las estrellas, me sentaré a la derecha del Todopoderoso y seré semejante al Altísimo: ¡Non serviam!” Y, así, la tercera parte de las inabarcables multitudes que forman las falanges angélicas se separaron repitiendo aquel grito de apostasía: Non serviam! (no serviría) ¿Se dejaría el resto de los ángeles arrastrar por tan funesto ejemplo? Un solo momento de duda podría, quizás, condenar toda una eternidad. También San Miguel se lanzó, con la velocidad del rayo, contra Lucifer, para vengar los derechos desafiados de Dios, exaltando su grandeza y poder. Como relata el apóstol San Juan, se libró entonces un gran combate en el Cielo. San Miguel y sus ángeles combatieron contra el Dragón (Lucifer), y el Dragón y sus ángeles contra él. Pero los ángeles rebeldes resultaron los más débiles y fueron expulsados para siempre del Cielo. ¡Quién podrá alguna vez hacerse una idea exacta de esta lucha incomparable! ¿Qué pluma osará tratar de describir las peripecias de este combate? ¿No es este el más grande y temible de los combates que han existido y que pueden existir? Es grande por el número y por el poder de los combatientes, por ser el comienzo de todos los demás, por sus inmensos y eternos resultados y por tener como objeto la misma Verdad. No es menester imaginar miembros mutilados, ni armas materiales ni sangre corriendo entre nosotros: es un choque de pensamientos y de sentimientos. Una lucha terrible, junto a la cual nuestras batallas más intensas no son sino una débil imagen, pues la lucha entre los espíritus, entre las inteligencias, y entre las voluntades sobrepasa la lucha entre los cuerpos, es trascendental la diferencia que separa el orden espiritual del material.

  

   En todo momento hace Miguel tronar en los cielos su grito: ¿Quis ut Deus? ¿Quién como Dios? ¿Quién se puede igualar a Dios? ¿Puede dudarse en acudir al combate ante semejante llamada?

   Ya está hecho: un abismo se abre, es el infierno. El ángel de luz devenido ángel de las tinieblas rueda hasta el fondo de ese abismo, arrastrando en su caída a todos los cómplices de su rebelión: Caudat ejus trahebat tertiam partem stellarum coeli, (Su cola atraía la tercera parte de las estrellas del cielo). En el mismo instante el Cielo se abre también. Es el Cielo de la Gloria, que sucede al Cielo de la Prueba. Miguel y los suyos se lanzan ante el Dios tres veces santo para contemplarle cara a cara y regocijarse eternamente en la compañía de las tres personas de la augusta Trinidad. ¡Pero qué triunfo es para San Miguel! Cuando accede a los campos sagrados y la tropa victoriosa repite tras el vencedor de Satán: Hoy es el día en que se estableció la salvación, la fuerza y el reinado de nuestro Dios y el poderío de su Ungido. Cuando en presencia de la Santísima Trinidad gloriosamente vengada él repite ¿Quis ut Deus? y los ángeles fieles cantan Santo, santo, santo es el Señor; Dios de los ejércitos; llenos están el Cielo y la tierra de su gloria. ¡Qué grandioso espectáculo! ¡Sí, forma una bella visión la del sello de los siglos, este primero entre todos los triunfadores, en su entrada en el reino celestial con sus valerosas legiones que desfilan cantando su victoria bajo los ojos complacidos de nuestra fe!

 

   ¡Qué acogida recibirá de Dios! ¡Qué corona depositará el Rey inmortal de los siglos sobre la frente de su heroico campeón! Ved todos a la Santísima Trinidad mirando con complacencia al mayor de los héroes sosteniendo en sus manos la más bella corona que el Señor puede depositar sobre la frente de alguna de sus criaturas, con la excepción de la reservada a la Maternidad Divina, y diciéndole a tan admirable triunfador: “Ven, ven, entra en la alegría de tu Señor, recibe la corona que te he preparado en el seno mismo de tu Dios y goza de los privilegios y el poderío tales que nada ni nadie alcanzará nunca una dignidad tan eminente como la tuya.”

   

MEDITACIÓN

 

   Vengando los derechos de Dios, San Miguel nos hace ver una vez más el soberano dominio del Creador sobre todas las criaturas: nada puede existir fuera de Dios, es por Él y en Él que tenemos el ser, el movimiento y la vida. ¿Comprendemos esto? ¡Quizás! ¿Pero es nuestra conducta acorde con nuestros sentimientos? ¿No actuamos a menudo como si lo ignorásemos? ¿No abusamos a veces hasta el punto de violentar directa o indirectamente los derechos imprescriptibles de Dios? Y, si no estiramos nuestra temeridad hasta ese punto, ¿estamos seguros de no poder fallar y reducir nuestro temor dando rienda suelta a nuestras pasiones? Y cuando, delante de nosotros, estos derechos de Dios son reclamados, ¿tenemos el valor de defenderlos? ¿Estamos prestos a luchar, si se tercia, con el celo y la entrega desinteresada de San Miguel que nos han sido dados como modelo?

  

ORACIÓN

 

   Oh, San Miguel, tú que has vengado gloriosamente los derechos de Dios, danos el coraje y la fuerza de luchar, si es necesario, por la gloria de Dios y para establecer su reinado sobre la tierra, a fin de que todos aquellos que han sido creado puedan conocerle, amarle y servirle, sostenidos y fortificados por tu ejemplo, sabiendo siempre y en todo lugar reconocer su insignificancia ante la suprema majestad de Aquel que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.  


miércoles, 28 de agosto de 2024

ELOGIO DE LA CARIDAD – POR SAN AGUSTÍN.


 



El amor por el que amamos a Dios y al prójimo, resume en sí toda la grandeza y profundidad de los demás preceptos divinos. He aquí lo que nos enseña el único Maestro celestial: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu entendimiento; y amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la Ley y los profetas (Mateo. XXII, 37 - 40). Por consiguiente, si te falta tiempo para estudiar página por página todas las de la Escritura, o para quitar todos los velos que cubren sus palabras y penetrar en todos los secretos de las Escrituras, practica la caridad, que lo comprende todo. Así poseerás lo que has aprendido y lo que no has alcanzado a descifrar. En efecto, si tienes la caridad, sabes ya un principio que en sí contiene aquello que quizá no entiendes. En los pasajes de la Escritura abiertos a tu inteligencia la caridad se manifiesta, y en los ocultos la caridad se esconde. Si pones en práctica esta virtud en tus costumbres, posees todos los divinos oráculos, los entiendas o no.

 

Por tanto, hermanos, perseguid la caridad, dulce y saludable vínculo de los corazones; sin ella, el más rico es pobre, y con ella el pobre es rico. La caridad es la que nos da paciencia en las aflicciones, moderación en la prosperidad, valor en las adversidades, alegría en las obras buenas; ella nos ofrece un asilo seguro en las tentaciones, da generosamente hospitalidad a los desvalidos, alegra el corazón cuando encuentra verdaderos hermanos y presta paciencia para sufrir a los traidores.

 

Ofreció la caridad agradables sacrificios en la persona de Abel; dio a Noé un refugio seguro durante el diluvio; fue la fiel compañera de Abraham en todos sus viajes; inspiró a Moisés suave dulzura en medio de las injurias y gran mansedumbre a David en sus tribulaciones. Amortiguó las llamas devoradoras de los tres jóvenes hebreos en el horno y dio valor a los Macabeos en las torturas del fuego.

La caridad fue casta en el matrimonio de Susana, casta con Ana en su viudez y casta con María en su virginidad. Fue causa de santa libertad en Pablo para corregir y de humildad en Pedro para obedecer; humana en los cristianos para arrepentirse de sus culpas, divina en Cristo para perdonárselas. Pero ¿qué elogio puedo hacer yo de la caridad, después de haberlo hecho el mismo Señor, enseñándonos por boca de su Apóstol que es la más excelente de todas las virtudes? Mostrándonos un camino de sublime perfección, dice: aunque yo hablara las lenguas de los hombres y los de ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Y aunque tuviera el don de profecía y supiera todos los misterios y toda la ciencia; y aunque tuviera tal fe que trasladara los montes, si no tengo caridad, nada soy. Y aunque distribuyera todos mis bienes entre los pobres, y aunque entregara mi cuerpo para ser quemado, si no tengo caridad, de nada me aprovecha. La caridad es paciente; es benigna; la caridad no es envidiosa, no obra precipitadamente, no se ensoberbece, no es ambiciosa, no busca su interés, no se irrita, no piensa mal, no se goza con el mal, se alegra con la verdad. Todo lo tolera, todo lo cree, todo lo espera, lo soporta todo. La caridad nunca fenece (1Corintio. XIII, 1 – 8).

 

¡Cuántos tesoros encierra la caridad! Es el alma de la Escritura, la virtud de las profecías, la salvación de los misterios, el fundamento de la ciencia, el fruto de la fe, la riqueza de los pobres, la vida de los moribundos. ¿Se puede imaginar mayor magnanimidad que la de morir por los impíos, o mayor generosidad que la de amar a los enemigos?

 

La caridad es la única que no se entristece por la felicidad ajena, porque no es envidiosa. Es la única que no se ensoberbece en la prosperidad, porque no es vanidosa. Es la única que no sufre el remordimiento de la mala conciencia, porque no obra irreflexivamente. La caridad permanece tranquila en los insultos; en medio del odio hace el bien; en la cólera tiene calma; en los artificios de los enemigos es inocente y sencilla, gime en las injusticias y se expansiona con la verdad.

Imagina, si puedes, una cosa con más fortaleza que la caridad, no para vengar injurias, sino más bien para restañarlas. Imagina una cosa más fiel, no por vanidad, sino por motivos sobrenaturales, que miran a la vida eterna. Porque todo lo que sufre en la vida presente es porque cree con firmeza en lo que está revelado de la vida futura: si tolera los males, es porque espera los bienes que Dios promete en el cielo; por eso la caridad no se acaba nunca.

 

Busca, pues, la caridad, y meditando santamente en ella, procura producir frutos de santidad. Y todo cuanto encuentres de más excelente en ella y que yo no haya notado, que se manifieste en tus costumbres.

 

“Sermones”


domingo, 11 de agosto de 2024

“La Libertad Avanza”, los católicos retroceden hasta la incongruencia – Por Antonio Caponnetto

 

“La Libertad Avanza”, los católicos retroceden hasta la incongruencia – Por Antonio Caponnetto

Mi Ley
Por Antonio Caponnetto

“Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”.
-Jeremías, 31,33.

La Libertad Avanza. Los católicos retroceden hasta la incongruencia y la doblez pocas veces vista. Y no hablamos de los católicos de misa y olla –que con ambas cosas se salvan, quede dicho- sino de los ilustrados, con sus latines y griegos que suelen escandir pulidamente.

No importa que Milei sea una excreción humana, ufanándose de sus vicios, nigromancias, brujerías y degeneraciones por doquier. La respuesta será que no debemos pedir que gobierne un santo o un héroe. La heterodoxia podrá ser desaprobada en el ámbito religioso; en el resto manda la diosa praxeología, paradójicamente devenida en la nueva e implacable ortodoxia.

Son tradicionalistas, claro; de vetus ordo incluso, y bien por éso. Pero han aprendido rápido la moderna lección de Maquiavelo: el príncipe tiene que aunar las cualidades del zorro y del león, astucia y fuerza, habilidad y eficacia. Virtud y sabiduría al arcón de los recuerdos medievales.

Mejor un pervertido que nos asegure el bienestar, que un Monseñor Tiso, gobernante de Eslovaquia, muerto mártir de Cristo por defender a su pueblo. Mejor un psicópata alucinado y gnóstico al que le cierren las cuentas, que un Oliveira Salazar, mitad asceta, mitad sabio, pero derrotado al final por el mundo.

Buenos gobernantes llenos de pecados, los hubo en la historia. A veces con conciencia de tenerlos, otras no. En ocasiones contritos, otras no. Pero que se inste a elegir a un pervertido convicto y confeso, en nombre de la doble moral, separando la vida privada de la pública, como si ningún correlato hubiera, éso ya linda la justificación de la indecencia. Bien dice García Morente que la “publificación” de la existencia, sin rendirle cuentas a la vida interior, es el sello nefasto que caracteriza al demócrata.

La Libertad Avanza. Los católicos reculan hasta la esquizofrenia. No importa que Milei se presente explícitamente como aquel que “se arrodilla” -literaliter- ante cabalistas, talmudistas, sinagogas y logias masónicas transnacionales. Quien se ampare en estos argumentos será tenido por conspiracionista, y expulsado fuera de las redes, donde todo es llanto y rechinar de led. En la política juego que transitamos –según la retratara el insigne Gueydan de Roussel- el testigo de la verdad vuelve al casillero número cero del ludo democrático, y no tira más los dados hasta que no se arrepienta de su teoría del complot.

No importa tampoco que, en su batiburrillo de liberalismo y anarquismo, Milei explaye cada vez con mayor minucia y convicción su ideario monstruosamente transhumanista, idolatrando la amalgama siniestra de la robótica, la inteligencia artificial, el darwinismo, la ingeniería genética, la tecnologización del sexo y la postverdad. Con propuestas que incluyen, entre otras, la reducción de los embarazos a seis meses, para aligerar “la carga” de las mujeres.

Quien recuerde estos postulados –vistos y oídos y a disposición documentada de cualquiera- es un purista, principista, poeta o cartujo. Un singular, como diría el “novelista” Castellani ¡Afuera con estos soñadores! ¡Si Milei es pro vida, vamos! Empezando por la vida de sus hijos caninos, para quienes toda pasión paternal es poca.

La Libertad Avanza. Los católicos retrechan y recejan sin los antañones escrúpulos de la moral evangélica. Nada de quedarse en la Nicomaquea comentada por Santo Tomás. Hay que llegar a Max Weber con su taxonomía de las diversas éticas, a piacere del consumidor. No importa que Milei haya sostenido que los culpables de delitos de lesa humanidad no deben ser indultados sino cumplir con su pena, aceptando incluso la expresión “delitos de lesa humanidad” impuesta por la guerra semántica. Fantasías de nosotros, los aguafiestas del carnaval democrático. Milei es el nuevo San Pedro Nolasco de los militares presos.

No importa que prometa plebiscitar la ley del aborto, sometiendo así al poder de los guarismos herodianos la legitimidad o ilegitimidad del genocidio embrionario. Y que algunos de sus principales acólitos –tienen nombres y apellidos y cargos: los conocemos muy bien- estén a favor de la legalización del infanticidio y lo hayan aprobado. Milei, nos dicen, es “pañuelo celeste”. Somos nosotros los daltónicos.

No importa que no crea en la institución del matrimonio; que lo reduzca a un contrato entre miembros de la sexualidad que se me antoje; que cada quien es libre de drogarse, suicidarse, vender sus órganos, negociar con sus hijos o decidir el día en el que muere. Que grite a los cuatro vientos su orfandad de padres vivos, a quienes repudia con un odio crispado de torpor y de venganza incesante. Milei –según sus prosélitos- está en contra del feminismo y de lgbteísmo. Y hasta va a reemplazar la ESI por la pornografía, tal cual proclamó sin rubores uno de sus alfiles y candidatos de primera línea. Toda una garantía.

No habrá ESI, ni gremios maricas, ni ministerios de mujeres ni Inadis. Y todo esto por una única y última ratio: que son gastos para el Estado, incompatibles con el minarquismo. Privadamente, cada quien podrá hacer de su pandero un búcaro o de sus pompis unos tiestos con legumbres y hortalizas. ¿Contranatura, aberración, vicio nefando, enfermedad, protervia? Nada de eso. Ha llegado la hora del proyecto personal de vida, como una nueva hora de la espada lugoniana. Pero esta vez con admitidas resonancias freudianas. Somos nosotros los que no sabemos nada de tácticas y de estrategias electorales. Por suerte una gavilla de youtubers nos desasnan. Como a Alcibíades o a Cratilo, a ellos les ha dicho el número de “like” que son los más bellos del cyberespacio.

La Libertad Avanza. Los católicos huyen y se repliegan a un universo en el que ya no existen las condenas al liberalismo, ni las sentencias excomulgantes para los hermanos tres puntos, ni las maldiciones contra los deicidas y la repulsa para los fariseos. No importa que Milei tenga sus ídolos entre los rapiñadores de nuestras Malvinas y los asesinos de nuestros soldados. Traer a colación este pequeño detalle ahora, que está a punto de ganar la tómbola sufragista, es propio de nacionalistas recalcitrantes. ¡A por ellos mis influencers!

No importa que el sujeto abisal no sepa dirigirse al auditorio sin destruir la sintaxis, la gramática, la prosodia, el buen gusto y la belleza idiomática. Que confunda el arte retórico con el relincho y no pueda salir de la segunda palabra sin repetir sus torpes muletillas. No habrá más lenguaje inclusivo. Coprolalia para todos. Ni importa asimismo que sus gestos y sus exabruptos sean los propios de una bestia frenética y un basilisco poseso. Tranquilos. Suprimirá el lenguaje inclusivo, repetimos. ¿Entendieron pedazos  de m…y manga de h.d.p., o les tengo que meter a cada uno una patada en el c…?

¡Basta de violencia de género! Es un gasto que el Estado no se puede permitir, mucho menos si lo vamos a destruir violentamente. De ahora en más, el que quiera violencia de género que se la costee por sí mismo. Como con las escuelas y los centros educativos. Se acabó el monopolio estatal. Que cada quien adoctrine, ideologice y lave el cerebro de sus hijos como se le dé la gana. En el respeto irrestricto al proyecto de vida del otro, da lo mismo que una universidad de medicina esté presidida por la doctora Rímolo, o que otra de Derecho la conduzca Justiniano.

Terminemos al fin. Milei no es el fracaso del progresismo ni su vencedor en la supuesta batalla cultural. Milei es el economicismo atroz, la cuantofrenia, la numerolatría, el inmanentismo, el naturalismo, el laicismo, la moral de situación y el consecuencialismo ético. El apatridismo de los cipayos decimonónicos y el posmodernismo de los millennials. El cerebro binario, el chip para evolucionar y la genitalidad tántrica para vivir zoológicamente satisfechos. Más progresista no se consigue.

Por mucho que vayan con el mejor manual casuístico bajo el sobaco, no habrá artilugio que pueda mitigar las culpas graves del católico argentino que le entregue su voto a este demente.

Somos conscientes de que puede salir un despistado, creyendo que este ataque a Milei supone de parte nuestra otra opción electoral. Por las dudas, que alguien le explique que somos mucho peor de lo que suponen. Somos ultramontanamente antidemocráticos. La partidocracia toda –entera, completa, redonda- nos da náuseas. Si nos centramos en Milei es porque su nombre, hoy, es una sinécdoque; esto es una parte que se puede tomar por el todo. En mejores palabras: una basura genérica que engloba y tipifica al resto.

Y puede salir otro espetándonos bravuconamente qué proponemos nosotros, entonces, ya que el sistema es intrínsecamente perverso y no estamos dispuestos a cooperar con él. Pues hemos tomado la precaución de escribir cuatro volúmenes para ello, amén de un centenar de artículos. Y sobre todo, hemos tomado la precaución de vivir setenta y dos años, gastados -según creemos con sencillez- en aprender y enseñar la recta doctrina heredada de los maestros.

Dios nos hizo de barro, pero su soplido nos infundió dignidad creatural. Dignidad que se conserva y se cultiva en tanto obedezcamos y alabemos a Dios, privada y públicamente. Cuando se prefiere volver a ser sólo barro y embarrarse, se peca contra Dios y su Orden Creado.

Embarrarse no es ni medio ni fin en política. Es inmoralidad, desesperación, estupidez y culpa. Es cooperación activa con los hijos de las tinieblas. La libertad anarco-libertaria puede avanzar cuanto quiera, secundada por sus cómplices católicos y derechistas. Lo mismo el resto de la partidocracia regiminosa. Pero a Jesucristo, la libertad genuina, pues es la Verdad Encarnada, no lo para nadie.

viernes, 9 de agosto de 2024

SATANÁS EN LA POLÍTICA – Por Virgilio Filippo (Cura Párroco de Belgrano) – Año 1949.

 



   Una verdad hay innegable, y es que el PODER POLÍTICO es de los más formidables medios de dominación en manos de los que usan más la astucia y el egoísmo que el criterio recto y el bien general de una nación. Este poder se concentra bajo las apariencias de la más amplia libertad, de la más sincera fraternidad y la más cordial igualdad. El sufragio universal ha sido en la mayoría de los casos una farsa; y preciso es confesarlo, los argentinos estuvimos largos años sojuzgados por este espejismo. Se votó pero no se eligió, porque los elegidos ya lo estaban de antemano por una comandita que utilizo a un partido como pantalla.

   La POLÍTICA se ha hecho por esto una MALA PALABRA. Satanás se ha servido de los políticos venales para comprar todas las conciencias y vender a sus fieles servidores todas las patrias. Todavía les repite la frase que le dijo a Cristo cuando lo tentó de ambición mostrándole todos los pueblos de la tierra: “Todo esto es mío y te lo daré si arrodillándote  me adoras”. ¡Cuántos políticos no supieron vencer la tentación se arrodillaron, lo adoraron, y gobernaron para ensanchar más aún el reinado de Satanás! La ambición política es la más terrible y la más subyacente de las tentaciones. Es la que más ciega y ata.

   Si Satanás es el padre de la mentira, los Parlamentos han sido con frecuencia los cenáculos de la hipocresía, del artificio, del maquiavelismo, de la farsa más estúpida y más satánica. Son todavía en muchas naciones escuelas de sofistas. Las leyes se votan no con libertad sino con autoridad presionante. Se arma la máquina para representarse la farsa de la deliberación. A veces se defienden personas a costa de los conceptos más puros de la democracia y se pone el interés de un partido, que es el de un cenáculo de privilegiados, por encima del INTERÉS DE UNA NACIÓN.

   ¡Cuántas veces se defiende masónicamente a un adversario y se desprecia a un partidario, porque aquel conoce debilidades inconfesables!

   Hoy hay pueblos que tienen sus Cámaras al servicio de una doctrina “intrínsecamente perversa”. En efecto, los comunistas, en frase del Cardenal Francisco Spellman, defienden un programa de acción que “odia a Cristo, y han hecho un PACTO CON SATANÁS”. (“La Época”, 6 de enero de 1949).

   Maquiavelo ha sido un gran pregonero del reinado de Satanás en la política. Ha enseñado a los gobernantes y a los legisladores a poner la utilidad por encima de la LEY. Les ha enseñado a actuar como león o como zorro, según las circunstancias. Porque las circunstancias, según este filósofo bastardo de la política degenerada, pueden más que las leyes y las buenas costumbres, enunciadas en la fuerza de la sana opinión pública. A veces se le hace decir a la ley lo contrario de su sentido real, para salvar, según dicen, su espíritu, manteniendo las expresiones constitucionales. Es que hay que salvar la legalidad constitucional. El fin supremo consiste en hacerse  CÉLEBRE para dominar mejor. Como el medio de la violencia no es FÁCIL, los políticos apelan al arte de la estafa. El fin justifica para el político inmoral o amoral todos los medios, por crueles que fueren. La virtud no suele ser recompensada; el engaño y el crimen son senderos más fáciles. Además, para esquivar responsabilidades no hay como achacarle al adversario lo que uno hace. Hay que ofrecer un brillante y justiciero programa de acción y luego hacer todo lo contrario. Llamarse con un nombre pomposo y ser condecorado con títulos de dignidad, aunque en realidad la regla de conducta sea la de un infame. Arrodillarse ante todos los ídolos para lucrar más poderío. La sed indefinida de poder lleva a los gobernantes a hacer de sus Estados poderosas potencias e imperios, para aplastar a los débiles y explotarlos como una mina de oro. Hay que enriquecerse aunque sea a costa de la miseria ajena. La VIRTUD, dicen,  nunca hizo progresista a los pueblos. No dicen, que si esto fuera cierto, los vicios habrían de haberlos hecho dichosos. Si el porvenir no es de los HOMBRES HONESTOS, el porvenir habría de ser de los HOMBRES BESTIAS. Una existencia empleada solamente en buscar la UTILIDAD, al fin ESCLAVIZA a los hombres a la oportunidad de los egoístas, poderosos y criminales. Así muchos llamados GRANDES políticos han resultados MISERABLES AMBICIOSOS Y HOMBRES PEQUEÑOS sin sentido de la base que engrandece a los pueblos: LA JUSTICIA.

   Satanás les entrega todo el poderío a los políticos sin fe, con tal que se arrodillen y lo adoren sirviéndole en su empresa de DESUNIÓN SOCIAL. En los crímenes de las guerras, en las convulsiones políticas, en las sinuosidades de la astucia y la violencia facciosa.

   ¡Cuántas veces hemos oído hablar de TRIUNFOS POLITICOS asentados sobre la EXPLOTACIÓN DE LA CLASE TRABAJADORA, y la CONCENTRACIÓN DE LA RIQUEZA en manos de unos pocos!

   Satanás es el enemigo del género humano; y los malos políticos sus áulicos  que se encargan de dictar leyes que secunden su empeño exterminado del bien, borrando a Dios de las Constituciones, y despojando a las leyes de su espíritu evangélico. El matrimonio se conceptúa como un simple contrato sin sentido religioso, la familia se aprecia como instrumento biológico de reproducción para engordar la boa del Estado, según lo establecen los rusos en su Código de la Familia, declarando que hay familia donde hay hijos (artículo 133, titulo 3, capítulo I del Código de Familia). Viviani grito en el Parlamento francés que llegaría a borrar el nombre de Dios de las estrellas; los socialistas clamaron por el divorcio absoluto, en nombre de la libertad, que ellos conceptúan legítima, cuando se deja a la mujer en condición disminuida a la de una joven engañada, pues ésta siempre tiene posibilidad de matrimonio legítimo. El divorcio ofrece el espectáculo de niños abandonado LEGÍTIMAMENTE por el padre o la madre. Los malos políticos, genuflexos ante Satanás, arrancan toda cultura religiosa de la escuela, y se ufanan de insertar en sus programas de acción la reintegración de la escuela laica e implantación del divorcio en los países que dominan. Los políticos fieles a Satanás tratan no de distinguir poderes, sino de SEPARAR Y OPONER LOS DERECHOS DE LA IGLESIA A LOS DERECHOS DEL ESTADO, y porque adoran al dios Mamon, al becerro de oro, cuyo templo es la Bolsa Internacional, vociferan contra los que dan medios de independencia económica  a los trabajadores, sin la cual no tendrán jamás plena libertad civil ni política. El hombre nunca ha podido ser vulnerado en el nombre de Dios; siempre en cambio lo fue en nombre de la LEGALIDAD FABRICADA POR IMPÍOS al servicio de Satanás.

 

   NO AMAN EL BIEN, POR ESO NO ODIAN EL MAL.

 

 

Tomado del libro: “EL REINADO DE SATANÁS”


domingo, 4 de agosto de 2024

Las marcas que salvan. (Autor anónimo).

 


Se cuenta de un hombre que ante la inminencia de la muerte, y a las puertas del juicio, era asaltado por pensamientos de temor, pues se sabía gran pecador y falto de obras. De hecho, después de recibir los sacramentos con poca disposición y con la misma frialdad con la paso su vida, así partió esta pobre alma al juicio “Al que los mismos Santos tienen terror” –¿Qué será de mi alma se decía este pobre pecador?– En un segundo, Nuestro Señor Jesucristo le mostro toda su vida, cargada de los más terribles pecados. Los demonios se relamían por el alma que reclamaban para sí, y así le decían a tan justo Juez, –¡sus manos! mira, ¡sus manos!– ¡Pobre alma! ya sentía todo el horror del infierno, pues, esas manos estaban vacías. –¿Dónde están tus frutos?–  ¿Dónde tus obras?– Esta pobre alma ya, recordaba no sin espanto, que había leído en las Escrituras donde van a terminar aquellos que pasaron por el mundo, tan vacíos de méritos. 

 

María siempre junto a su hijo, pues así será por toda la eternidad, contemplaba con humilde silencio esta terrible escena, y cuando el justo Juez ya, a punto estaba por dictar la inexorable sentencia, y los demonios alborotados, ya veían a un alma más cómo ganancia. La Madre, levanta la mano derecha y señala unas marcas en la rodilla de esta pobre alma. Con que sorpresa los demonios vieron con espanto aquellas marcas. ¡Que Sorpresa para la misma alma! ¿Qué es lo que la Madre del Cielo veía? ¿Qué hasta demonios gritaban de dolor por la presa que ya tenían por segura ? Son las marcas que quedan en quienes, por mucho tiempo pasaron arrodillados rezando El Santo Rosario.

 

Nuestro amoroso y misericordioso juez, que murió en la Cruz para salvarnos, no pudo menos que dirigir una tierna mirada a su Madre, a quien nunca nada se le niega, cuya voluntad es la misma que la de su Hijo, ese Hijo que desde la Cruz nos dio a María por nuestra Madre.

 

Cuando los demonios quisieron protestar, pues ya veían la infinita misericordia de este Juez caer sobre tan pecadora alma, la madre levantando con toda autoridad su mano izquierda, mando a callar a tan viles demonios, enemigos de la raza humana y de nuestra salvación. Los demonio, que no tienen más poder que la Madre de Cristo, quedaron mudos de rabia, y de miedo, pues temen, temen a la Madre de los hombres, y les humilla ser más, vencidos por tan humilde criatura, que por el mismo Dios.

 

Esta pobre alma era perdonada de ir al infierno por haber rezado, no muy bien, pero sí constantemente su Santo Rosario, arrodillado, en la soledad, aparente, pues todo el Cielo acompaña tan hermosa oración, delante de una imagen de la Virgen María, regalo de su madre terrena, de quien aprendió tan sublime oración. Se dice que fue condenado a padecer por mucho tiempo las penas del Purgatorio, pero siempre es visitado y consolado por la Virgen María.

 

Mira tus rodillas, tu que puedes arrodillarte, ¿tienes esa benditas marcas? Quien sabe, pues talvez tú no tengas la misma suerte, ni puedas salvar tu alma tan fácilmente, cómo lo hizo el caso que te he contado.  Rezando con constancia el Santo Rosario.

 

Que hermosa oración, que dulce refrigerio, que hace más liviana la carga de las penas y sufrimientos, que colma de bienes a los pobres que, enjuga las lágrimas de los afligidos, y que abre las puertas del cielo, y arranca a tantas almas del infierno tan temido.

 

Nunca dejes de Rezar tu Rosario, pide a María la constancia de no faltar un solo día de tu vida. Medita la pasión de Cristo y los dolores de su Madre, en cada misterio. Talvez no haya muchas obras en tus manos, pero si la marca de muchos ruegos en tus rodillas.

lunes, 22 de julio de 2024

Grandeza contra mezquindad, del Caballero Cristiano – Por Manuel García Morente.

 



   De esa condición primaria del caballero, paladín de su propio ideal, derívanse un cierto número de preferencias más concretas, que vamos a enumerar rápidamente. En primer lugar, la preferencia de la grandeza sobre la mezquindad. Pero ¿qué es la grandeza y qué es la mezquindad? Grandeza es el sentimiento de la personal valía; es el acto por el cual damos un valor superior a lo que somos sobre lo que tenemos. Mezquindad es justo lo contrario, esto es, el acto por el cual preferimos lo que tenemos a lo que somos. El caballero cristiano cultiva la grandeza, porque desprecia las cosas incluso las suyas, las que él posee. Pone siempre su ser por encima de su haber. Se confiere a sí mismo un valor infinito y eterno. En cambio, no concede valor ninguno a las cosas que tiene. Vale uno por lo que es y no por lo que posse. Don Quijote lo afirma: “Dondequiera que yo esté, allí está la cabecera.”

 

   Antes, pues, consentirá el caballero cristiano sufrir toda clase de penurias y de pobrezas y verse privado de toda cosa, que rebajar su ser con el gesto vil, innoble, de la mezquindad, que es adulación a las cosas materiales. El adulador atribuye falsamente al adulado valores y modalidades que éste no tiene; de igual modo el mezquino supone falsamente en las cosas materiales valores que éstas no poseen. El caballero cristiano no adula ni a las personas ni a las cosas. Su grandeza le protege de cualquier mezquindad. Prefiere padecer toda escasez y sufrir trabajos que doblegar la conciencia que de sí mismo tiene.

 

   Esta preferencia por lo grande sobre lo mezquino, documentaríase fácilmente en mil hechos de la historia española, en innumerables productos del arte y de la vida españoles. El Escorial, por ejemplo, es la ilustración en piedra de esa preferencia; es pura grandeza pobre. La sobriedad de las formas personales y estéticas —a veces rayana en austeridad y aun en tosquedad— impresiona a todo el que se acerca a la vida española; y no es sino un derivado inmediato de esa preferencia esencial de lo grande a lo mezquino. La generosidad, a veces loca, del español; el desprecio impresionante con que trata las cosas materiales; la sencillez sublime con que se despoja de todo; la disposición tranquila al sacrificio de todo bien material; he aquí algunas de las consecuencias prácticas de esa condición hispánica que hemos llamado grandeza. El alma española no puede nunca conceder a lo material más valor que el de un simple medio para realzar y engarzar el valor supremo de la persona.

 

“IDEA DE LA HISPANIDAD”