1. Vela y trabaja con
ardor en el servicio de Dios, y a menudo piensa: «¿A qué vine?», «¿para qué
abandoné el mundo?» ¿No fue para hacerte varón espiritual y vivir para Dios? Inflámate,
pues, en deseos de adelantar; que pronto recibirás el premio de tus fatigas y
ya no habrá dolor ni temor en la otra vida. Ahora trabajarás un poquito, para
después descansar mucho; más bien dicho, para ser eternamente feliz. Si tú
perseveras fiel y fervorosamente en practicar la virtud, Dios será ciertamente
fiel y generoso en recompensarte. Ten firme esperanza de alcanzar la palma:
pero la seguridad absoluta no te conviene, pues podrías entibiarte o
envanecerte.
2. Un día sucedió que
se sentía consumido de tristeza un hombre que lleno de angustia fluctuaba a
menudo entre la esperanza y el temor. El cual, postrado en oración ante un
altar, así discurría en su corazón: «¡Ojalá supiera que había de perseverar!»
De repente sintió que le decía Dios dentro del alma: «¿Y qué harías, si lo
supieras? Haz ahora lo que en ese caso querrías hacer, y así estarás bien
seguro.» Y de esa manera confortado, y consolado se confió luego a la voluntad
de Dios, y se le quitó aquella angustiosa incertidumbre. Y ya no cedió a la
curiosidad de saber qué sería de él: lo que sí procuraba saber qué cosas son
las más perfectas y agradables a Dios para hacer su voluntad en todo y
agradarle. «Espera en Dios, obra bien, y habitarás la tierra y gozarás de sus
riquezas», dice el Profeta (Sal 36, 3).
3. Una sola cosa
arredra a muchos de emprender ardientemente la enmienda de la vida y el
adelanto en la virtud: horror a las dificultades, a los sudores de la lucha. Lo
que realmente hacen mayores adelantos en
la virtud son los que con más valor combaten para vencer lo que más se lo
impide, lo que sienten más difícil. Porque cuanto más se vence el hombre, y más
sujeta la carne al espíritu, tanto mayor gracia merece y más adelanta en la
virtud.
4. No todos tienen
tanto que vencer y mortificar. Y uno que tenga celo y diligencia, aunque por
otra parte tenga muchas pasiones que vencer, tendrá más vigor para el
aprovechamiento espiritual que otro más bien inclinado, pero también menos
fervoroso para la virtud. Dos son las cosas que más ayudan para una gran
enmienda de la vida: la una es la vigorosa represión de las malas tendencias
naturales; la otra, la firme y fervorosa persistencia en adquirir las virtudes
de que uno necesite más. Pon también empeño particular en evitar o corregir de
las faltas que suelen desagradarte en los demás.
5. Aprovecha todos los
medios de adelantar. Anímate a imitar los buenos ejemplos que vieres y oyeres
contar. Y si observares alguna falta en otros, guárdate de caer en lo mismo. Y
si ya hubieses caído, enmiéndate pronto. Así como tú observas a los demás, así
los demás te observan a ti. ¡Cuánta alegría y consuelo se siente de ver a los
hermanos llenos de fervor y devoción, viviendo en estrecha disciplina, con
santas costumbres! Pero ¡qué pesar y tristeza de verlos vivir,
desordenadamente, sin hacer las obras propias de su vocación! ¡Cuánto daño hace
descuidar el fin de la vocación y aplicar la atención a cosas que no nos
atañen!
6. Acuérdate del
propósito que hiciste, y pon ante tus ojos la imagen del Crucificado. ¡Qué
vergüenza debiera darte al meditar la vida de Jesucristo! Porque, aunque hace
ya tanto tiempo que vas por el camino de Dios, no te has esforzado todavía
bastante por conformar tu vida con la suya. El religioso que medite atenta y
devotamente en la vida y pasión del Señor, allí encontrará en abundancia cuanto
sea necesario y útil para su alma, y no podrá hallar cosa mejor fuera de Jesús.
¡Oh, que pronto y bien enseñados quedáramos, sólo con que Jesús crucificado
penetrase hasta nuestro corazón!
7. El religioso
ferviente recibe y aguanta bien cuanto se le ordena. Mas el negligente y tibio
padece tribulación sobre tribulación, y de todos lados sufre angustia, porque
ni tiene consuelos interiores, ni se le permite buscar los exteriores. El
religioso inobservante se expone a graves caídas. Quien ande buscando lo más
suave y menos estricto, vivirá siempre angustiado, porque una cosa u otra le
disgustará.
8. ¿Cómo emplean el
tiempo tantos otros religiosos que con tanta austeridad viven en la rígida disciplina
del claustro? Poco salen, viven retirados, comen pobrísimamente, visten toscos
hábitos, trabajan mucho, hablan poco, velan buena parte de la noche, se
levantan temprano, hacen largas horas de oración, leen a menudo, y se guardan
bien, observando todos los puntos de la regla. Mira cómo los cartujos,
cistercienses y otros monjes y monjas de diversas órdenes se levantan todas las
noches a cantar himnos al Señor. ¡Qué vergüenza si para tan santo ejercicio te
venciera la pereza a la hora en que tan gran muchedumbre de religiosos comienza
a entonar cánticos de júbilo al Señor!
9. ¡Ojalá que no
tuviéramos otro quehacer sino cantar alabanzas a nuestro Dios y Señor con todo
el corazón! ¡Ojalá jamás necesitaras comer, ni beber ni dormir; sino que
pudieras estar siempre alabando a Dios, entregado exclusivamente a cosas
espirituales! Serías mucho más feliz que ahora que tienes que atender al cuerpo
en sus varias necesidades. ¡Ojalá que no las hubiera, sino puros banquetes
espirituales para nuestras almas, de los cuales, ¡ay!, cuán pocas veces
gozamos!
10. Cuando ha llegado
el hombre al grado de perfección de no buscar ya su consuelo en criatura
alguna, entonces es cuando por vez primera se deleita plenamente en Dios, y se
hace indiferente a cuanto pueda suceder.
Entonces ni se alegra
de la abundancia, ni se entristece de la escasez; con plena confianza se pone
en manos de Dios, quien es para él todo en todas las cosas; para quien nada
muere o perece; para quien viven todas las criaturas, las cuales le obedecen y
a una señal le sirven sin tardar.
11. Jamás olvides la
muerte y que el tiempo perdido ya no vuelve. Sin trabajo y esfuerzo nunca
adquirirás las virtudes, empieza a entibiarte, empezarás también a turbarte. Pero,
si te entregas al fervor, hallarás profunda paz, y el trabajo se te hará más
ligero por la gracia de Dios y el amor a la virtud. El hombre fervoroso y diligente
a todo está preparado. Es más duro trabajar en resistir a las pasiones y vicios
que en faenas corporales pesadas. Quien no evita faltas leves, cae poco a poco
en graves Siempre estarás contento en la noche, si aprovechas bien el día. Vigílate,
anímate y amonéstate, y sea lo que fuere de los otros, de ti no te descuides. Según
te hicieres violencia, así aprovecharás. Así sea.
“LA IMITACIÓN DE
CRISTO”

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