¡Ay,
no te vayas ya más,
mi
Dios, pues vivir no puedo,
ni si yo sin ti me quedo,
ni si tú sin mí te vas!
Estáte,
Señor, conmigo,
siempre
sin jamás partirte,
y
cuando acordares irte
allá
me lleva contigo ;
que
el pensar si te me irás
me
causa un terrible miedo
de si yo sin tí me
quedo,
de si tú sin mí te vas.
Llévame
en tu compañía,
¡Oh
mi dulce y buen Jesús!,
porque
bien sé que eres tú
la
vida del alma mía;
y
si tú no se la das
cierto
es que vivir no puedo
ni si yo sin tí me
quedo,
ni si tú sin mi te vas.
Por,
esto más que a la muerte
temo,
Señor, tu partida,
y
quiero perder la vida
mil
veces más que perderte,
pues
la inmortal que tú das,
¡Ay!,
¿cómo alcanzarla puedo
cuando yo sin tí me
quedo
cuando tú sin mí te vas?
DAMIÁN
DE VEGAS.
(1926)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.