jueves, 14 de mayo de 2026

UNAS PINCELADAS DE LA VIDA DE SAN ISIDRO LABRADOR ¡BIENAVENTURADOS LOS HUMILDES!

 



 

   ¡Que bella es la mañana! Una espléndida mañana primaveral. El sol brilla radiante en el puro firmamento; la brisa juguetea en la enramada y las aves se agitan bulliciosas en los espacios. ¡Qué en consonancia con la hermosura de la naturaleza se halla el espíritu de aquel varón justo!  Sí; el humilde labriego, el creyente y piadoso asalariado del linajudo hidalgo Ivan de Vargas, el predestinado Isidro, prototipo exacto del trabajador cristiano, es feliz en cuanto se puede acá en la tierra de los sinsabores, y de las lágrimas conseguir la dicha.

 

   Su vida se desliza en un curso alegre, diáfano, luminoso; la fe brilla con celestes irradiaciones en el sereno y tranquilo horizonte de su conciencia, la esperanza acaricia con suavísimos aleteos su corazón y la caridad, inflamándole en su fuego santo, llena de poesía excelsa su penosa y accidentada existencia terrena.

 

   El no ignora que la calumnia y la maledicencia, envidiosas de sus virtudes esclarecidas, se ceban voraces en su persona; pero también tiene muy presente que estos engendros satánicos han de quedar destruidos totalmente por la invencible fuerza del Señor. En Este confía, todo lo demás lo desprecia como cosa superflua e inútil; no tiene más vida que para su Dios, y viviendo unido a Él está persuadido de que ningún mal le sobrevendrá; marchará enjuto sobre el tempestuoso piélago de la humana existencia, y guiado por la mano de su Salvador arribará al puerto seguro de la perdurable bienandanza.

 

FRANCISCO PINTADO

(Año 1906)

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