Un hombre, que tenía tres amigos, fué
acusado de un crimen.
— «¿Quién de vosotros, preguntó, quiere
acompañarme ante el juez para probar mi inocencia?»
El
primero, con quien más contaba, se disculpó con sus negocios.
El
segundo le acompañó hasta la puerta del tribunal, y allí se volvió atrás por
miedo al juez.
El
tercero, solamente, y con quien menos
contaba, le acompañó hasta el fin, habló por él y le salvó.
El hombre tiene tres amigos en esta vida: Cuando muere y tiene que presentarse a Dios,
justo juez, el dinero y poder le abandonan; los parientes y amigos le acompañan
hasta el cementerio, y sólo las buenas obras le siguen a todas partes,
consiguiendo su perdón y su gracia.
Sólo las buenas obras nos acompañan hasta el
tribunal de Nuestro Señor Jesucristo, y sólo las buenas obras pueden hablar en
favor nuestro.
“EL
APOSTOLADO DE LA PRENSA” (Año 1906)
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