martes, 21 de abril de 2026

El Rosario de Ampére (*).


 

   —Todo el mundo conoce el nombre del ilustre Ampére, una de las glorias más puras de la ciencia moderna. Nadie ignora la belleza de su genio, ni las lágrimas que este prodigioso sabio derramó para acrecentar más en su alma el fervor y la fe.

 

   Con este grande hombre y gran cristiano vino a trabar relaciones un joven que más adelante habla de adquirir fama europea. Federico Ozanam (Beato fundador de la Sociedad de San Vicente de Paúl), contaba entonces diez y ocho años: llegó a París, no incrédulo, pero con el alma más o menos trabajada por lo que el P. Gratry llamaba crisis de la fe.

 

   Un día Ozanam entró en una iglesia de la capital de Francia, y observó, hincado en un rincón del templo, un hombre, un anciano que rezaba fervorosamente su Rosario. Se acerca a él, y reconoce a Ampére, el hombre para él ideal, la ciencia y el genio vivos. A su vista se pone de rodillas sin el menor ruido detrás de él, y en ese momento la oración y las lágrimas brotan como de suyo de su corazón.

 

   Era la completa victoria de la Fe. Ozanam se complacía más tarde en repetir: «El Rosario de Ampére ha tenido sobre mí más eficacia que todos los libros y discursos»

 

   (*) André-Marie Ampère Matemático y físico francés, un sabio cristiano: Fué un matemático y físico francés. Formuló en 1827 la teoría de la electrodinámica, esencial al desarrollo del electromagnetismo, inventó el solenoide, e imaginó la primera teoría microscópica del magnetismo de materiales y una teoría del magnetismo terrestre. El amperio (en francés ampère) se llama así en su honor. Hombre de gran corazón, sufrió pruebas enormes. Fue también un cristiano cuya vida espiritual atormentada acabó arraigando en una fe profunda que marcó profundamente al joven Ozanam.

 

Publicación tomada de varias fuentes.


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