Somos caminantes y estamos de paso en el
mundo, pero en camino a nuestra patria verdadera, que es el cielo; y asi como un
viajero soporta todas las molestias del camino y aún contento y resignado,
porque su única aspiración es regresar a su patria y volver al regazo de su
familia, asi nosotros no hemos de reparar en las angustias, sinsabores y desdichas
de esta vida, haciéndonos siempre la reflexión de que esta vida terrena es
parada y fonda, y que el término de nuestro viaje es el paraíso.
Sufrir
un poco las molestias del prójimo, verse un poco privado de las dulzuras de una
familia amante, vivir un poco bajo el peso de calumnias e injurias,
mortificarse un poco, contener un poco los apetitos desordenados, para después
recibir la corona que Dios tiene reservada a los que pelearen legítimamente y
perseveraren hasta el fin.
Nuestro Señor Jesucristo nos recuerda estas verdades
y nos anima a practicarlas en el Evangelio de su vida terrena, en la que pasó
haciendo el bien.
“APOSTOLADO
DE LA BUENA PRENSA”
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