viernes, 17 de abril de 2026

LA ORACIÓN DEL PINTOR

 



 

    Señor, no soy digno... no soy digno de lo que debo emprender, y que debo emprender en tu honor. No soy digno porque tengo poco que ofrecerte. Mi alma es débil y mis talentos escasos. Solo estoy seguro de mi buena voluntad, y eso no es nada —excepto para ti, que eres misericordioso— nada para la obra, que es exigente y de la que sé que no sería digno sin tu ayuda.

 

   No sería digno de ello; esto no es un acto de humildad, no soy humilde, y Tú sabes cuánto orgullo me domina en presencia de los hombres, pero también cuánto me perturba en Tú presencia. Temo que, en estas paredes que son para Tí, este orgullo pretenda exhibir un conocimiento que solo me pertenece, una comprensión que solo me pertenece, una razón que solo me pertenece; todo ello insignificante a Tus ojos si no se une a esa Caridad que solo puede venir de Tí.

 

   Así pues, es mi orgullo el que clama a Tí que es indigno y que yo no soy digno, Señor, no soy digno de Ti que me deslumbras, de Ti a quien, sin embargo, me encomiendo.

 

 Esta oración, compuesta por un pintor quien deseaba permanecer en el anonimato, apareció en “Las oraciones más bellas” de Amiot-Dumont, 1953.

 

 

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