lunes, 27 de julio de 2026

EL SOLDADO EN TIEMPO DE GUERRA – Por Monseñor Segur.

 


 


I

 

   ¿Por qué es preciso que el soldado sea en tiempo de guerra un excelente cristiano?

 

   Porque arriesga su vida: ni más ni menos.

 

   El soldado tiene dos banderas, la del cielo y la de la tierra; y debe amar a las dos, sin olvidar jamás a la una por la otra. Sería hacerle una ofensa, sobre todo en tiempo de guerra, el recomendarle que fuera bien leal a la bandera de la patria; pero es hacerle un servicio y un servicio muy grande el exhortarle a que piense en su alma en medió de los azares de la guerra.

 

   Durante la guerra es preciso ser cristiano, más buen cristiano, si es posible, que durante la paz. Más que nunca es preciso respetar a sus jefes, desvivirse por ellos, obedecerles con fidelidad absoluta; más que nunca es preciso ser esclavo del deber. «Los mejores cristianos son los mejores soldados» decía un célebre capitán. Y despues cuando el alma, está en paz con Dios y por este lado nada hay que temer el soldado marcha hacia el enemigo sin recelo y ni la misma muerte le asusta. Para él todo es ganancia, si se salva, tiene la gloria, el ascenso, la cruz honorífica, la alegría del regreso; si sucumbe, tiene todavía otra cosa mejor, el cielo, la gloria verdadera, la felicidad que no tiene fin. ¿De qué queréis que tenga miedo un hombre semejante?

 

   Veamos pues en que consiste para el soldado en campaña, el ser cristiano.

 

   Ser cristiano no consiste solamente ir los domingos a la misa militar y cumplir ciertos actos exteriores de religión compatibles con el servicio; consiste en algo más, consiste en acordarse a menudo de Dios, en rezar con todo corazon muy a menudo y especialmente en las horas de facción, en las marchas y contramarchas, y en todos los otros momentos en que se está un poco más libre: consiste en tener arreglada su conciencia, por medio de una buena visitilla hecha al capellán o a algún otro sacerdote de las poblaciones por donde se pasa, y, una vez hecha la visita, guardar bien la pureza de conciencia que se ha obtenido; consiste en evitar cuidadosamente las faltas en que con más facilidad cae el soldado, tales como el blasfemar del santo nombre de Dios, el emborracharse, la rapiña, el robo, las palabras deshonestas, los pecados contra la pureza, la indisciplina, la desobediencia a los jefes los arrebatos de cólera y otras por el estilo.

 

   Ser cristiano, en tiempo de guerra, consiste además en portarse dignamente en país enemigo. Nada de pillaje, nada de brutalidades, nada de ultrajes a mujeres, niños y viejos; respeto a la religión, respeto a la propiedad y generosidad para con todos. Va en ello el honor cristiano y el honor patrio. El verdadero soldado no solamente sabe hacerse temer, sino que además sabe hacerse respetar y hacerse amar por todas partes por donde pasa.

 

   Ved ahí en lo que consiste el ser cristiano en tiempo de guerra. El valiente soldado que de esta manera se porta recibe la bendición de Dios; y si de improviso le viene la muerte, sabe que está convenientemente dispuesto a recibirla, y que puede estar seguro de la misericordia de su divino Juez.

 

“EL SOLDADO EN TIEMPO DE GUERRA”

MONSEÑOR SEGUR

Año 1872.

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