I
¿Por qué es preciso que el soldado sea en tiempo de guerra un excelente cristiano?
Porque
arriesga su vida: ni más ni menos.
El soldado tiene dos banderas, la del cielo
y la de la tierra; y debe amar a las dos, sin olvidar jamás a la una por la otra.
Sería hacerle una ofensa, sobre todo en tiempo de guerra, el recomendarle que
fuera bien leal a la bandera de la patria; pero es hacerle un servicio y un servicio
muy grande el exhortarle a que piense en su alma en medió de los azares de la
guerra.
Durante
la guerra es preciso ser cristiano, más buen cristiano, si es posible, que durante
la paz. Más que nunca es preciso respetar a sus jefes, desvivirse por ellos,
obedecerles con fidelidad absoluta; más que nunca es preciso ser esclavo del
deber. «Los mejores cristianos son los mejores soldados» decía un célebre capitán.
Y despues cuando el alma, está en paz con Dios y por este lado nada hay que
temer el soldado marcha hacia el enemigo sin recelo y ni la misma muerte le
asusta. Para él todo es ganancia, si se salva, tiene la gloria, el ascenso, la
cruz honorífica, la alegría del regreso; si sucumbe, tiene todavía otra cosa
mejor, el cielo, la gloria verdadera, la felicidad que no tiene fin. ¿De qué queréis
que tenga miedo un hombre semejante?
Veamos pues en que consiste para el soldado
en campaña, el ser cristiano.
Ser
cristiano no consiste solamente ir los domingos a la misa militar y cumplir ciertos
actos exteriores de religión compatibles con el servicio; consiste en algo más,
consiste en acordarse a menudo de Dios, en rezar con todo corazon muy a menudo
y especialmente en las horas de facción, en las marchas y contramarchas, y en
todos los otros momentos en que se está un poco más libre: consiste en tener
arreglada su conciencia, por medio de una buena visitilla hecha al capellán o a
algún otro sacerdote de las poblaciones por donde se pasa, y, una vez hecha la
visita, guardar bien la pureza de conciencia que se ha obtenido; consiste en
evitar cuidadosamente las faltas en que con más facilidad cae el soldado, tales
como el blasfemar del santo nombre de Dios, el emborracharse, la rapiña, el
robo, las palabras deshonestas, los pecados contra la pureza, la indisciplina,
la desobediencia a los jefes los arrebatos de cólera y otras por el estilo.
Ser
cristiano, en tiempo de guerra, consiste además en portarse dignamente en país
enemigo. Nada de pillaje, nada de brutalidades, nada de ultrajes a mujeres,
niños y viejos; respeto a la religión, respeto a la propiedad y generosidad para
con todos. Va en ello el honor cristiano y el honor patrio. El verdadero soldado
no solamente sabe hacerse temer, sino que además sabe hacerse respetar y
hacerse amar por todas partes por donde pasa.
Ved
ahí en lo que consiste el ser cristiano en tiempo de guerra. El valiente soldado
que de esta manera se porta recibe la bendición de Dios; y si de improviso le
viene la muerte, sabe que está convenientemente dispuesto a recibirla, y que
puede estar seguro de la misericordia de su divino Juez.
“EL
SOLDADO EN TIEMPO DE GUERRA”
MONSEÑOR
SEGUR
Año
1872.
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