viernes, 16 de febrero de 2018

TENTACIONES – Por Cornelio Á Lápide. (Parte 2)


LA TENTACIÓN DE SAN HILARIÓN


La tentación es una prueba que distingue al bueno del malo.

   La Escritura compara la tentación a un tamiz. (Luc. XXII. 31). El tamiz separa el trigo del mal grano y de la paja; el buen grano se queda, el grano malo cae y desaparece; asi los verdaderos fieles, los justos resisten a las tentaciones, mientras que los cobardes, los pecadores y los impíos sucumben y caen en el infierno...

Hay varias clases de tentaciones: son frecuentes y muchas veces terribles.

   Las tentaciones se suceden como las olas a las olas, los vientos a los vientos, el eslabón de una cadena a otro eslabón; y muchas veces se experimentan varias tentaciones á la vez...

   La tentación comprende también las aflicciones, las tribulaciones y las pruebas...

   La prosperidad es también una tentación peligrosa; la elevación, el honor y la alabanza son tentaciones terribles... (Nuestra nota: cuidado querido hermano con estas tentaciones, tan comunes en estas épocas, tentaciones de las cuales ya ni se hablan ni se predican contra ellas)

   Hay tentaciones del demonio, del mundo y de la carne...
   Se llama propiamente tentación todo lo que solicita al hombro al pecado...

   Hay tentaciones que no hacen cometer más que un solo pecado; otras hacen
Cometer muchos a la vez, como la tentación de Adán y de Eva, que contenía en sí el orgullo, el descontento, la curiosidad, la fe en las palabras de la serpiente, la desobediencia y la gula.

   Siempre que hemos vencido a semejantes enemigos, dice San Gregorio, hemos de estar necesariamente dispuestos a vencer a otros. (In Job.)

   Dice el Apocalipsis que el dragón, es decir, Satanás, se fué, lleno de rabia, dispuesto a hacer una guerra cruel e incesante. (XII. 17).

   Cobardía, mentira, habilidad, promesas, furor, crueldad y malicia, todo lo emplea el maligno espíritu...

   Cuando solo, o con todas sus legiones, no puede triunfar, Satanás llama en su auxilio a los demonios encarnados, es decir, a los escandalosos y corruptores... Llama en su auxilio a las tres concupiscencias de que habla San Juan. (1San Juan. II. 16).

Necesidad de las tentaciones.

   Nuestra vida en este destierro no puede pasar sin tentaciones, dice San Agustín porque nuestro adelanto espiritual se verifica por la tentación; no podemos conocernos sino por la tentación; no podemos ser coronados sin haber vencido; no podemos vencer sin combate, y no podemos combatir sin enemigos ni tentaciones.

   No hay victoria sin combate, dice San Cipriano. (Lib. de Mortalitate).

   No hay grandes obras de virtud sin las pruebas de las tentaciones, dice San León; la fe se confirma con las agitaciones, no hay combate sin enemigo, y no hay victoria sin llegar a las manos. Si queremos triunfar, es preciso combatir.

   Soldados de Jesucristo, sois  demasiado delicados, dice San Crisóstomo, si creéis vencer sin lucha y triunfar sin batiros. (Serm de Mart.)

   El humo precede a la llama, dice San Crisóstomo; y el combate procede a la victoria antes  del triunfo de Jesucristo en el último día, habrá la tentación del Anticristo. (Serm de Mart.)

   Porque erais agradable al Señor, dijo el ángel a Tobías, ha sido preciso que fuéseis experimentado por la tentación. (Tob. XII. 13).

   El reino de los Cielos sufre violencia, dice Jesucristo, y sólo por violencia puede arrebatarse. (Mateo. XI. 12).

   Por muchas tentaciones hemos de entrar en el reino de Dios, dice el gran Apóstol. (Act. XIV. 21).

El verdadero valor y la verdadera fuerza, consisten en vencer las tentaciones.

   ¿Quién es poderoso y valiente? El qne combate las tentaciones y las vence...

   El bienaventurado Pablo. Dice San Crisóstomo, veía cada día que montañas de tentaciones se desplomaban sobre él, y se alegraba, se conducía como si se hubiese hallado en medio del Paraíso.

   El mejor y el más grande de los reyes es el que puede mandar a sus pasiones, dice Sócrates. Heroísmo en vencer las tentaciones... Hay vergüenza y cobardía en dejarse vencer...


“Tesoros de Cornelio Á Lápide”





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