domingo, 25 de septiembre de 2022

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL. DÍA QUINTO.

 

 


 

Adaptación de la Novena compuesta en 1827 por el padre fray Miguel Antonio Escalante OH, capellán del convento de San Juan de Dios; aprobada por Mons. Fernando Caicedo y Florez, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, el 6 de Noviembre de 1827, y por Mons. Juan Manuel González Arbeláez, Arzobispo coadjutor de dicha sede, en Octubre de 1936.

 

 

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PRÍNCIPE DE TODA LA MILICIA CELESTIAL, PROTECTOR UNIVERSAL DE LA SANTA IGLESIA Y ABOGADO PODEROSÍSIMO PARA PRESENTAR LAS ALMAS FIELES ANTE EL DIVINO TRIBUNAL.

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

 

Altísimo Señor y Dios eterno, uno en esencia y trino en personas, yo el más indigno, miserable y delincuente pecador, postrado ante vuestra divina y adorable Presencia, y la de todos los angélicos espíritus celestiales, Santos y Santas de la Corte del Cielo, y justos de la tierra, confieso, mi Señor y mi Dios, que os he ofendido un sin número de veces, mereciendo por tan graves y enormes ofensas los más terribles y justos castigos, como los que han sentido y sentirán eternamente en el Infierno el soberbio Lucifer y sus secuaces, en cuya infeliz compañía, mucho tiempo a que estaría yo padeciendo, a no haber mediado vuestra infinita piedad y misericordia, que no ha permitido que yo me pierda eternamente, sino que aún me esperáis para que arrepentido de tanta culpa y ofensa como ingratitudes he cometido contra Vos mi Dios, al fin las llore y haga por ellas la necesaria e indispensable penitencia. Y esta es, Señor, la que protesto hacer desde ahora, pidiéndoos como os pido de todo mi corazón me perdonéis todas mis culpas, delitos y pecados, pues de todos ellos me arrepiento, los detesto y aborrezco; y os doy palabra de no volver a ofenderos. Perdonadme, Señor, pues de verdad me pesa el haberos ofendido, y aquí me estaré, mi Dios, postrado ante vuestra divina Presencia, hasta que compadecido de mí os dignéis concederme por los méritos de la Pasión y muerte de vuestro divino Hijo mi Señor Jesucristo, también por los de su santísima Madre María, y por los ruegos de vuestro Arcángel San Miguel, el perdón de todos mis pecados, con vuestra amistad y gracia, para serviros y amaros fielmente hasta el fin de mi vida. Amén.

  

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

 

Glorioso y humildísimo Arcángel San Miguel, primer ministro del Altísimo, Príncipe supremo de las milicias de los ángeles, poderosísimo protector del Catolicismo, celosísimo defensor y fiel custodio de la Santa Iglesia, enemigo poderoso de la culpa y herejía, sustentáculo el más firme de la fe Católica, abogado de las almas fieles para presentarlas ante el divino tribunal, abanderado que llevaréis en vuestras manos la Santísima Cruz en el día grande del Juicio de Dios (Ofertorio, Misa de Difuntos), Ángel enviado de Dios para significar los misterios contenidos en su divina voz y santa palabra, compañero perpetuo de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael, y las otras cuatro lumbreras que con vos arden continuamente ante el trono de Dios; yo os suplico humildemente seáis nuestro intercesor para que vuestros devotos que os tributamos este humilde culto, consigamos por vuestra poderosa intercesión los bienes espirituales y corporales que os pedimos en esta novena, si ha de ser para mayor honra y gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.

 





 

DÍA QUINTO – 25 DE SEPTIEMBRE

 

 

Dios y Señor de los Principados, a quienes ilumináis por medio de otras superiores inspiraciones para que ayuden y cuiden de la salud y bien de los hombres, yo os ofrezco sus méritos y los de vuestro Arcángel San Miguel, que según se deduce del capítulo quinto del libro de Josué, apareciéndosele el Santo Arcángel ofreciéndosele a auxiliarle en la conquista de los cananeos y amorreos, como se le presentase en forma de héroe armado y con espada en mano, le preguntó Josué: «¿Eres de los nuestros, o de los enemigos?». «No, respondió el Santo Arcángel, yo soy el Príncipe de los ejércitos de Dios» (Josué 5, 14).

Yo os suplico, Dios y Señor mío, me concedáis el auxilio de este Santo Arcángel en todos mis caminos y empresas, para que conociendo y discerniendo entre el verdadero y falso amigo, y entre el ángel de virtud y el espíritu de las tinieblas, tanto en el camino de la virtud como en la comunicación precisa con mis prójimos, logre verme libre de cualquier ilusión y engaño; con lo demás que os pido en esta novena, a mayor gloria vuestra y salvación de las almas. Amén.

 

—Aquí se rezan tres Padrenuestros y Avemarías en honor a San Miguel Arcángel.

 

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

 

 

¡Oh Purísima e Inmaculada Virgen María!, Madre de Dios, Soberana Reina de los Ángeles y de los hombres, a vuestros sagrados pies se postra también este tan abominable e inmundo pecador que por la gravedad de mis culpas no merezco llegar a ver el rostro de vuestro divino hijo mi Señor Jesucristo, ni tampoco el vuestro, ¡oh Emperatriz de los cielos y tierra! Acordaos que sois el refugio de los pecadores, la esperanza de los que en Vos confían, y la luz que alumbra las conciencias para hacer buena confesión de todos los pecados: haced, Señora, que tanto en mí como en mis prójimos no se malogre el fruto preciosísimo de la Pasión y Muerte de vuestro Hijo Jesucristo, mi Señor y Dios. Esta gracia os la pido, por los dolores de vuestro corazón, y por los merecimientos de vuestro fiel siervo el Príncipe San Miguel. También os suplicamos que miréis se conserve la paz entre todos los cristianos, para la exaltación de nuestra fe Católica y conversión de los pecadores a verdadera penitencia, que protejáis al soberano pontífice, Vicario de Cristo en la tierra y a todos los miembros de la Santa Iglesia, y pues ella os elogia diciendo «Regocíjate, Virgen María, pues tú sola has dado muerte a todas las herejías en el mundo entero» (Oficio parvo de la Bienaventurada Virgen María), exterminadlas todas, ¡oh Reina poderosísima!, y no permitáis que ninguna de ellas, ni la que actualmente nos inquieta, de ningún modo prevalezcan: para que logrando vivir y morir en aquella Fe santa y Católica religión que en el sagrado Bautismo profesamos, y llegando todos al conocimiento de Jesucristo, podamos guardar la ley de Dios y ser felices eternamente en la gloria en compañía vuestra y de todos los santos. Amén.

  

 

—Aquí se pedirá a Dios nuestro Señor, que por los méritos de su Madre santísima y los de San Miguel Arcángel se digne oír nuestras humildes súplicas, y socorrer las necesidades de la Santa Iglesia y las de todos los Católicos.

 

  

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sábado, 24 de septiembre de 2022

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL. DÍA CUARTO.

 



Adaptación de la Novena compuesta en 1827 por el padre fray Miguel Antonio Escalante OH, capellán del convento de San Juan de Dios; aprobada por Mons. Fernando Caicedo y Florez, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, el 6 de Noviembre de 1827, y por Mons. Juan Manuel González Arbeláez, Arzobispo coadjutor de dicha sede, en Octubre de 1936.

 

 

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PRÍNCIPE DE TODA LA MILICIA CELESTIAL, PROTECTOR UNIVERSAL DE LA SANTA IGLESIA Y ABOGADO PODEROSÍSIMO PARA PRESENTAR LAS ALMAS FIELES ANTE EL DIVINO TRIBUNAL.

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

 

Altísimo Señor y Dios eterno, uno en esencia y trino en personas, yo el más indigno, miserable y delincuente pecador, postrado ante vuestra divina y adorable Presencia, y la de todos los angélicos espíritus celestiales, Santos y Santas de la Corte del Cielo, y justos de la tierra, confieso, mi Señor y mi Dios, que os he ofendido un sin número de veces, mereciendo por tan graves y enormes ofensas los más terribles y justos castigos, como los que han sentido y sentirán eternamente en el Infierno el soberbio Lucifer y sus secuaces, en cuya infeliz compañía, mucho tiempo a que estaría yo padeciendo, a no haber mediado vuestra infinita piedad y misericordia, que no ha permitido que yo me pierda eternamente, sino que aún me esperáis para que arrepentido de tanta culpa y ofensa como ingratitudes he cometido contra Vos mi Dios, al fin las llore y haga por ellas la necesaria e indispensable penitencia. Y esta es, Señor, la que protesto hacer desde ahora, pidiéndoos como os pido de todo mi corazón me perdonéis todas mis culpas, delitos y pecados, pues de todos ellos me arrepiento, los detesto y aborrezco; y os doy palabra de no volver a ofenderos. Perdonadme, Señor, pues de verdad me pesa el haberos ofendido, y aquí me estaré, mi Dios, postrado ante vuestra divina Presencia, hasta que compadecido de mí os dignéis concederme por los méritos de la Pasión y muerte de vuestro divino Hijo mi Señor Jesucristo, también por los de su santísima Madre María, y por los ruegos de vuestro Arcángel San Miguel, el perdón de todos mis pecados, con vuestra amistad y gracia, para serviros y amaros fielmente hasta el fin de mi vida. Amén.

  

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

 

Glorioso y humildísimo Arcángel San Miguel, primer ministro del Altísimo, Príncipe supremo de las milicias de los ángeles, poderosísimo protector del Catolicismo, celosísimo defensor y fiel custodio de la Santa Iglesia, enemigo poderoso de la culpa y herejía, sustentáculo el más firme de la fe Católica, abogado de las almas fieles para presentarlas ante el divino tribunal, abanderado que llevaréis en vuestras manos la Santísima Cruz en el día grande del Juicio de Dios (Ofertorio, Misa de Difuntos), Ángel enviado de Dios para significar los misterios contenidos en su divina voz y santa palabra, compañero perpetuo de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael, y las otras cuatro lumbreras que con vos arden continuamente ante el trono de Dios; yo os suplico humildemente seáis nuestro intercesor para que vuestros devotos que os tributamos este humilde culto, consigamos por vuestra poderosa intercesión los bienes espirituales y corporales que os pedimos en esta novena, si ha de ser para mayor honra y gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.

 







DÍA CUARTO – 24 DE SEPTIEMBRE

 

 

Dios y Señor de las Potestades, a quienes habéis concedido poder especial para refrenar a los demonios, yo os ofrezco los méritos de tan poderosos espíritus, con los de vuestro Arcángel San Miguel, quien después de haber refrenado en el Cielo al soberbio Lucifer y a sus secuaces, cuando pretendió semejarse a Vos mismo, también los refrenó en la tierra cuando pretendieron que del cuerpo de Moisés, como obrador que había sido de tantas maravillas (Juan Croisset SJ, Año Cristiano, tomo IX, día 29 de Septiembre), formase el pueblo de Israel, tan propenso a la idolatría, un ídolo y lo adorasen como Dios; pero vuestro Santo Arcángel, como protector del pueblo israelítico, dispuso las cosas de tal manera que nunca llegaron los israelitas a descubrir el cuerpo de Moisés (Deuteronomio 34, 6; Judas cap. único, 9).

Yo os suplico, Dios y Señor mío, me concedáis que este Santo Arcángel, con el poder que de Vos tiene, refrene mis pasiones y malas inclinaciones, para que no pudiendo formar de ninguna de ellas ídolo alguno de carne y sangre, soberbia o ambición, a Vos sólo os ame, os adore y venere como a mi Dios y Señor, para gozaros con vuestros Ángeles en la gloria que habéis prometido a los humildes; con lo demás que os pido en esta novena, a mayor gloria vuestra y bien de las almas. Amén.

  



—Aquí se rezan tres Padrenuestros y Avemarías en honor a San Miguel Arcángel.

 

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN 

 

¡Oh Purísima e Inmaculada Virgen María!, Madre de Dios, Soberana Reina de los Ángeles y de los hombres, a vuestros sagrados pies se postra también este tan abominable e inmundo pecador que por la gravedad de mis culpas no merezco llegar a ver el rostro de vuestro divino hijo mi Señor Jesucristo, ni tampoco el vuestro, ¡oh Emperatriz de los cielos y tierra! Acordaos que sois el refugio de los pecadores, la esperanza de los que en Vos confían, y la luz que alumbra las conciencias para hacer buena confesión de todos los pecados: haced, Señora, que tanto en mí como en mis prójimos no se malogre el fruto preciosísimo de la Pasión y Muerte de vuestro Hijo Jesucristo, mi Señor y Dios. Esta gracia os la pido, por los dolores de vuestro corazón, y por los merecimientos de vuestro fiel siervo el Príncipe San Miguel. También os suplicamos que miréis se conserve la paz entre todos los cristianos, para la exaltación de nuestra fe Católica y conversión de los pecadores a verdadera penitencia, que protejáis al soberano pontífice, Vicario de Cristo en la tierra y a todos los miembros de la Santa Iglesia, y pues ella os elogia diciendo «Regocíjate, Virgen María, pues tú sola has dado muerte a todas las herejías en el mundo entero» (Oficio parvo de la Bienaventurada Virgen María), exterminadlas todas, ¡oh Reina poderosísima!, y no permitáis que ninguna de ellas, ni la que actualmente nos inquieta, de ningún modo prevalezcan: para que logrando vivir y morir en aquella Fe santa y Católica religión que en el sagrado Bautismo profesamos, y llegando todos al conocimiento de Jesucristo, podamos guardar la ley de Dios y ser felices eternamente en la gloria en compañía vuestra y de todos los santos. Amén.

  

 

—Aquí se pedirá a Dios nuestro Señor, que por los méritos de su Madre santísima y los de San Miguel Arcángel se digne oír nuestras humildes súplicas, y socorrer las necesidades de la Santa Iglesia y las de todos los Católicos.

 


viernes, 23 de septiembre de 2022

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL. DÍA TERCERO.

 



Adaptación de la Novena compuesta en 1827 por el padre fray Miguel Antonio Escalante OH, capellán del convento de San Juan de Dios; aprobada por Mons. Fernando Caicedo y Florez, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, el 6 de Noviembre de 1827, y por Mons. Juan Manuel González Arbeláez, Arzobispo coadjutor de dicha sede, en Octubre de 1936.

 

 

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PRÍNCIPE DE TODA LA MILICIA CELESTIAL, PROTECTOR UNIVERSAL DE LA SANTA IGLESIA Y ABOGADO PODEROSÍSIMO PARA PRESENTAR LAS ALMAS FIELES ANTE EL DIVINO TRIBUNAL.

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

 

Altísimo Señor y Dios eterno, uno en esencia y trino en personas, yo el más indigno, miserable y delincuente pecador, postrado ante vuestra divina y adorable Presencia, y la de todos los angélicos espíritus celestiales, Santos y Santas de la Corte del Cielo, y justos de la tierra, confieso, mi Señor y mi Dios, que os he ofendido un sin número de veces, mereciendo por tan graves y enormes ofensas los más terribles y justos castigos, como los que han sentido y sentirán eternamente en el Infierno el soberbio Lucifer y sus secuaces, en cuya infeliz compañía, mucho tiempo a que estaría yo padeciendo, a no haber mediado vuestra infinita piedad y misericordia, que no ha permitido que yo me pierda eternamente, sino que aún me esperáis para que arrepentido de tanta culpa y ofensa como ingratitudes he cometido contra Vos mi Dios, al fin las llore y haga por ellas la necesaria e indispensable penitencia. Y esta es, Señor, la que protesto hacer desde ahora, pidiéndoos como os pido de todo mi corazón me perdonéis todas mis culpas, delitos y pecados, pues de todos ellos me arrepiento, los detesto y aborrezco; y os doy palabra de no volver a ofenderos. Perdonadme, Señor, pues de verdad me pesa el haberos ofendido, y aquí me estaré, mi Dios, postrado ante vuestra divina Presencia, hasta que compadecido de mí os dignéis concederme por los méritos de la Pasión y muerte de vuestro divino Hijo mi Señor Jesucristo, también por los de su santísima Madre María, y por los ruegos de vuestro Arcángel San Miguel, el perdón de todos mis pecados, con vuestra amistad y gracia, para serviros y amaros fielmente hasta el fin de mi vida. Amén.

  

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

 

Glorioso y humildísimo Arcángel San Miguel, primer ministro del Altísimo, Príncipe supremo de las milicias de los ángeles, poderosísimo protector del Catolicismo, celosísimo defensor y fiel custodio de la Santa Iglesia, enemigo poderoso de la culpa y herejía, sustentáculo el más firme de la fe Católica, abogado de las almas fieles para presentarlas ante el divino tribunal, abanderado que llevaréis en vuestras manos la Santísima Cruz en el día grande del Juicio de Dios (Ofertorio, Misa de Difuntos), Ángel enviado de Dios para significar los misterios contenidos en su divina voz y santa palabra, compañero perpetuo de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael, y las otras cuatro lumbreras que con vos arden continuamente ante el trono de Dios; yo os suplico humildemente seáis nuestro intercesor para que vuestros devotos que os tributamos este humilde culto, consigamos por vuestra poderosa intercesión los bienes espirituales y corporales que os pedimos en esta novena, si ha de ser para mayor honra y gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.

 




 

DÍA TERCERO – 23 DE SEPTIEMBRE

 

 

 

Dios y Señor de las Virtudes, por las cuales obráis prodigios propios de vuestro soberano poder, yo os ofrezco los méritos de estos prodigiosos espíritus, con los de vuestro humilde Arcángel San Miguel, quien entre los varios milagros que ha obrado, el más admirable fue el que se vio en el monte Gárgano con un pastor, que habiéndole éste disparado una flecha a un toro que estaba acostado dentro de una cueva, retrocediendo la saeta con la misma violencia, hirió al pastor, con cuyo suceso quedaron todos atónitos y ordenándose por el obispo de aquella diócesis, San Lorenzo Mayorano, un ayuno de tres días, conocieron ser voluntad de Dios se erigiese allí un templo y altar en honor del Santo Arcángel San Miguel (Juan Croisset SJ, Año Cristiano, tomo V, día 8 de Mayo).

Yo os suplico, Dios y Señor mío, me concedáis por los méritos de vuestro humilde Arcángel, el verme libre de las saetas, de las tentaciones y sugestiones del mortal enemigo de nuestras almas; para que, sirviéndoos en adelante de templo vivo de vuestra Divina Majestad y alumbrado con tantas luces como ejemplos de virtudes, seáis glorificado y alabado por todos los hombres y los Ángeles; con lo demás que os pido en esta novena, a mayor gloria vuestra y bien de las almas. Amén.

   

 

 

—Aquí se rezan tres Padrenuestros y Avemarías en honor a San Miguel Arcángel.

 

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

 

 

¡Oh Purísima e Inmaculada Virgen María!, Madre de Dios, Soberana Reina de los Ángeles y de los hombres, a vuestros sagrados pies se postra también este tan abominable e inmundo pecador que por la gravedad de mis culpas no merezco llegar a ver el rostro de vuestro divino hijo mi Señor Jesucristo, ni tampoco el vuestro, ¡oh Emperatriz de los cielos y tierra! Acordaos que sois el refugio de los pecadores, la esperanza de los que en Vos confían, y la luz que alumbra las conciencias para hacer buena confesión de todos los pecados: haced, Señora, que tanto en mí como en mis prójimos no se malogre el fruto preciosísimo de la Pasión y Muerte de vuestro Hijo Jesucristo, mi Señor y Dios. Esta gracia os la pido, por los dolores de vuestro corazón, y por los merecimientos de vuestro fiel siervo el Príncipe San Miguel. También os suplicamos que miréis se conserve la paz entre todos los cristianos, para la exaltación de nuestra fe Católica y conversión de los pecadores a verdadera penitencia, que protejáis al soberano pontífice, Vicario de Cristo en la tierra y a todos los miembros de la Santa Iglesia, y pues ella os elogia diciendo «Regocíjate, Virgen María, pues tú sola has dado muerte a todas las herejías en el mundo entero» (Oficio parvo de la Bienaventurada Virgen María), exterminadlas todas, ¡oh Reina poderosísima!, y no permitáis que ninguna de ellas, ni la que actualmente nos inquieta, de ningún modo prevalezcan: para que logrando vivir y morir en aquella Fe santa y Católica religión que en el sagrado Bautismo profesamos, y llegando todos al conocimiento de Jesucristo, podamos guardar la ley de Dios y ser felices eternamente en la gloria en compañía vuestra y de todos los santos. Amén.

  

 

—Aquí se pedirá a Dios nuestro Señor, que por los méritos de su Madre santísima y los de San Miguel Arcángel se digne oír nuestras humildes súplicas, y socorrer las necesidades de la Santa Iglesia y las de todos los Católicos.

 

  

jueves, 22 de septiembre de 2022

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL. DÍA SEGUNDO.

 



Adaptación de la Novena compuesta en 1827 por el padre fray Miguel Antonio Escalante OH, capellán del convento de San Juan de Dios; aprobada por Mons. Fernando Caicedo y Florez, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, el 6 de Noviembre de 1827, y por Mons. Juan Manuel González Arbeláez, Arzobispo coadjutor de dicha sede, en Octubre de 1936.

 

 

NOVENA EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PRÍNCIPE DE TODA LA MILICIA CELESTIAL, PROTECTOR UNIVERSAL DE LA SANTA IGLESIA Y ABOGADO PODEROSÍSIMO PARA PRESENTAR LAS ALMAS FIELES ANTE EL DIVINO TRIBUNAL.

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

 

Altísimo Señor y Dios eterno, uno en esencia y trino en personas, yo el más indigno, miserable y delincuente pecador, postrado ante vuestra divina y adorable Presencia, y la de todos los angélicos espíritus celestiales, Santos y Santas de la Corte del Cielo, y justos de la tierra, confieso, mi Señor y mi Dios, que os he ofendido un sin número de veces, mereciendo por tan graves y enormes ofensas los más terribles y justos castigos, como los que han sentido y sentirán eternamente en el Infierno el soberbio Lucifer y sus secuaces, en cuya infeliz compañía, mucho tiempo a que estaría yo padeciendo, a no haber mediado vuestra infinita piedad y misericordia, que no ha permitido que yo me pierda eternamente, sino que aún me esperáis para que arrepentido de tanta culpa y ofensa como ingratitudes he cometido contra Vos mi Dios, al fin las llore y haga por ellas la necesaria e indispensable penitencia. Y esta es, Señor, la que protesto hacer desde ahora, pidiéndoos como os pido de todo mi corazón me perdonéis todas mis culpas, delitos y pecados, pues de todos ellos me arrepiento, los detesto y aborrezco; y os doy palabra de no volver a ofenderos. Perdonadme, Señor, pues de verdad me pesa el haberos ofendido, y aquí me estaré, mi Dios, postrado ante vuestra divina Presencia, hasta que compadecido de mí os dignéis concederme por los méritos de la Pasión y muerte de vuestro divino Hijo mi Señor Jesucristo, también por los de su santísima Madre María, y por los ruegos de vuestro Arcángel San Miguel, el perdón de todos mis pecados, con vuestra amistad y gracia, para serviros y amaros fielmente hasta el fin de mi vida. Amén.

  

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

 

 

Glorioso y humildísimo Arcángel San Miguel, primer ministro del Altísimo, Príncipe supremo de las milicias de los ángeles, poderosísimo protector del Catolicismo, celosísimo defensor y fiel custodio de la Santa Iglesia, enemigo poderoso de la culpa y herejía, sustentáculo el más firme de la fe Católica, abogado de las almas fieles para presentarlas ante el divino tribunal, abanderado que llevaréis en vuestras manos la Santísima Cruz en el día grande del Juicio de Dios (Ofertorio, Misa de Difuntos), Ángel enviado de Dios para significar los misterios contenidos en su divina voz y santa palabra, compañero perpetuo de los Santos Arcángeles Gabriel, Rafael, y las otras cuatro lumbreras que con vos arden continuamente ante el trono de Dios; yo os suplico humildemente seáis nuestro intercesor para que vuestros devotos que os tributamos este humilde culto, consigamos por vuestra poderosa intercesión los bienes espirituales y corporales que os pedimos en esta novena, si ha de ser para mayor honra y gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.

 





 

DÍA SEGUNDO – 22 DE SEPTIEMBRE

 

 

Dios y Señor de los Arcángeles, a los cuales encomendáis los negocios de mayor honra y gloria vuestra, utilidad y bien de los hombres, yo os ofrezco los méritos de estos diligentísimos espíritus y especialmente los de vuestro fidelísimo Ministro San Miguel, al que por su grande humildad le comunicasteis vuestro divino poder, para que por virtud de vuestro Santo Nombre, precipitara al Infierno a Luzbel, aquél ángel del primer coro, quien no contento con estar adornado de varios dones de naturaleza y gracia, aún quiso elevarse mucho más diciendo: «Colocaré mi asiento sobre lo más alto del cielo, seré semejante al Altísimo» (Isaías 14, 14). Pero combatiendo vuestro fiel Ministro San Miguel tan orgulloso como altivo pensamiento, lleno del más humilde reconocimiento a vuestra Suprema Majestad, levantando la voz dijo: «¿Quién como Dios?». Voz terrible de trueno, que despidiendo consigo el rayo de la divina Justicia, en el mismo instante, tanto Lucifer como los demás espíritus rebeldes fueron lanzados al profundo abismo del Infierno, donde transformados en demonios horribles, han padecido y padecerán eternamente en castigo de su soberbia. Yo os suplico, Dios mío, me concedáis imitar a vuestro Santo Arcángel, para no aspirar ni desear más dones de los que Vos me habéis comunicado, y emplearlos en vuestro santo servicio; con lo demás que os pido en esta novena, a mayor gloria vuestra y bien de las almas. Amén.

 

 

—Aquí se rezan tres Padrenuestros y Avemarías en honor a San Miguel Arcángel.

 

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

 

 

¡Oh Purísima e Inmaculada Virgen María!, Madre de Dios, Soberana Reina de los Ángeles y de los hombres, a vuestros sagrados pies se postra también este tan abominable e inmundo pecador que por la gravedad de mis culpas no merezco llegar a ver el rostro de vuestro divino hijo mi Señor Jesucristo, ni tampoco el vuestro, ¡oh Emperatriz de los cielos y tierra! Acordaos que sois el refugio de los pecadores, la esperanza de los que en Vos confían, y la luz que alumbra las conciencias para hacer buena confesión de todos los pecados: haced, Señora, que tanto en mí como en mis prójimos no se malogre el fruto preciosísimo de la Pasión y Muerte de vuestro Hijo Jesucristo, mi Señor y Dios. Esta gracia os la pido, por los dolores de vuestro corazón, y por los merecimientos de vuestro fiel siervo el Príncipe San Miguel. También os suplicamos que miréis se conserve la paz entre todos los cristianos, para la exaltación de nuestra fe Católica y conversión de los pecadores a verdadera penitencia, que protejáis al soberano pontífice, Vicario de Cristo en la tierra y a todos los miembros de la Santa Iglesia, y pues ella os elogia diciendo «Regocíjate, Virgen María, pues tú sola has dado muerte a todas las herejías en el mundo entero» (Oficio parvo de la Bienaventurada Virgen María), exterminadlas todas, ¡oh Reina poderosísima!, y no permitáis que ninguna de ellas, ni la que actualmente nos inquieta, de ningún modo prevalezcan: para que logrando vivir y morir en aquella Fe santa y Católica religión que en el sagrado Bautismo profesamos, y llegando todos al conocimiento de Jesucristo, podamos guardar la ley de Dios y ser felices eternamente en la gloria en compañía vuestra y de todos los santos. Amén.

  

 

—Aquí se pedirá a Dios nuestro Señor, que por los méritos de su Madre santísima y los de San Miguel Arcángel se digne oír nuestras humildes súplicas, y socorrer las necesidades de la Santa Iglesia y las de todos los Católicos.