miércoles, 3 de julio de 2019

“Solamente para hoy” – Fr. Marie Michel Philipon. O.P.





Uno de los frutos más fecundos del camino de abandono es la santificación del momento presente. El alma fundada en la paz y en la libertad, permanece ocupada solo en Dios, con una fe absoluta en su Providencia, sin pensar en sí misma, sin inquietud por su porvenir. ¡Cuántos seres humanos se han disipado en su vida espiritual y paralizado en su vuelo hacia Dios por la idea obsesionante sobre el pasado y el porvenir! Sin embargo, ¿por qué gemir por un pasado, que ya no existe, o preocuparse por un futuro, que sólo pertenece a Dios? Sor Teresa del Niño Jesús se encerraba sin reserva “en el momento presente”, sin querer mirar ni el pasado ni el porvenir. Actitud dominadora de todas las contingencias de este mundo, simple corolario práctico de su vida de abandono, que condujo a su alma hasta aquel método tan inculcado por los grandes varones espirituales: “la santificación del momento presente”. “Los que corremos por el camino del amor, no nos hemos de atormentar por nada. Si no sufriese de minuto en minuto, me sería imposible conservar la paciencia, pero SOLO VEO EL MOMENTO PRESENTE: olvido el pasado y me guardo muy bien de mirar el porvenir” (Historia de un alma XII, 236)

   “Pensar en lo que pueda acaecemos de doloroso en el porvenir, es faltar contra la confianza y como entrometerse a crear” (Novissima Verba, 23 de julio de 1897).

   Sus “últimas confidencias”, sus “Novissima Verba” (las de Santa teresa del Niño Jesús)  están llenas de esta preocupación por el momento presente: fuente que derrama la gracia, expresión soberana de la Voluntad actual de Dios sobre cada uno de nosotros. “No sufro sino de instante en instante. Es porque se piensa en el pasado y en el porvenir que uno se desalienta y desespera” (Novissima Verba, 19 de agosto 1897). “Padezco de minuto en minuto” (Novissima Verba, 26 de agosto de 1897). “Él me da en cada momento lo que puedo soportar, y no más” (Historia de un alma XII 247).

   “Estoy muy contenta de no haber pedido a Dios el sufrimiento; así Él se ve obligado a darme valor” (Novissima Verba, 26 de agosto de 1897). “Dios me da valor en proporción con mis sufrimientos. Siento que de momento no podría soportar más; pero no tengo miedo, puesto que si los sufrimientos aumentan, Dios aumentará al mismo tiempo mi valor” (Novissima Verba 15 de agosto de 1897) “Dios no me hace presentir una muerte próxima, sino sufrimientos mucho mayores. Sin embargo, no me inquieto. QUIERO PENSAR TAN SÓLO EN EL MOMENTO PRESENTE” (Novissima Verba 23 de agosto de 1897). “Estoy segura de que en este momento únicamente se cumple su voluntad”. (Novissima Verba 27 de julio de 1897) El beneplácito divino se ha convertido en la regla constante de sor Teresa del Niño Jesús. Dios dispone de ella a voluntad.

   Un grado tal de abandono nos eleva hasta la más alta sabiduría cristiana. Es una realización viviente de las más puras enseñanzas de Jesús. ¿No había dicho el Maestro: “No os inquietéis por nada, ni para el cuerpo ni para el alma? ¿No es más la vida que el alimento y el vestido? Mirad las aves del cielo: ni siembran ni siegan, y, sin embargo, nuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis mucho más que ellas? Mirad también los lirios de los campos: no trabajan ni hilan. Y, sin embargo, ¿vistió jamás como el más pequeño de ellos Salomón, en todo el esplendor de su gloria? No os inquietéis, pues, por el porvenir, porque el mañana ya traerá el cuidado de sí mismo. Bástale a cada día su mal” (San Mateo, VI, 25-34)

   ¡Cuántas veces meditó Teresa estos pasajes del Santo Evangelio! Esta última frase le inspiró la divisa de su vida de abandono: Solamente para hoy.

   Mi vida es un instante, una hora pasajera; mi vida es un instante, que escapa y huye de mí. Tú lo sabes, Dios mío: para amarte en la tierra, no tengo más que “hoy”.

   ¿Qué me importa, Señor, si el porvenir es sombrío? Pedirte para mañana... ¡Ah! No, no puedo... Conserva mi corazón puro, cúbreme con tu sombra. Solamente para hoy.

   Si pienso en mañana, temo mi inconstancia. Siento nacer en mi corazón la tristeza y el enojo. Pero bien quiero, Señor, la prueba y el sufrimiento. Nada más que por hoy.

   Pronto volaré para cantar tus alabanzas, cuando el día sin ocaso brillará para mi alma. Entonces cantaré con la lira de los ángeles el eterno hoy.


“UN CAMINO ENTERAMENTE NUEVO”


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