sábado, 16 de enero de 2021

LOS TRES ENEMIGOS DEL ALMA


 


   P. ¿Por qué nos signamos tantas veces?

   R. Porque en todo lugar nos combaten y persiguen nuestros enemigos.

 

   Nuestros enemigos nunca duermen, nunca se cansan, nunca dejan de perseguirnos. Nos tientan en todos tiempos y en todas partes; en el día y en la noche, en la compañía y en la soledad, en casa y en la calle, y tal vez hasta en el templo, porque nada respetan. Para defendernos, pues, de estos continuos, empeñados e incansables enemigos, necesitamos usar tantas veces de la señal de la Cruz.

 

   Estos enemigos son el demonio, el mundo y la carne. El primero es un ángel de la primera jerarquía, que habiéndose rebelado contra Dios en el cielo, fue arrojado de él y sepultado en el infierno con una multitud de ángeles que le acompañaron en su rebelión. Todos estos ángeles rebeldes que llamamos demonios, presididos por aquel gran rebelde, son nuestros enemigos, y se comprenden en el primero de nuestra alma. El segundo es él mundo; pero no este globo que nos sostiene y esos cielos que nos cubren, sino los hombres mundanos que nos rodean. La sociedad se compone de hombres buenos y hombres malos: los primeros son los que guardan la ley de Dios; y los segundos los que la quebrantan y dan mal ejemplo. Esta segunda clase de hombres que escandalizan y provocan a pecar, son los que llamamos mundo, y este es el segundo enemigo del alma. El tercero es la carne, no precisamente la que llamamos cuerpo humano, sino las máximas y apetitos desordenados. Criado el hombre en el orden más perfecto, perdió, por el pecado original, este maravilloso orden. Antes del pecado, el alma estaba gustosamente sumisa a Dios, el cuerpo sujeto al alma, la carne al espíritu, las pasiones a la razón, y los apetitos a la voluntad; pero en el momento que el hombre, pecando, se rebeló contra Dios, todo se rebeló contra el hombre. El cuerpo desconoció el dominio del alma, la carne resistió al espíritu, las pasiones a la razón, y los apetitos a la voluntad. Pues este cuerpo, esta carne rebelde, a la que llama San Pablo aguijón de Satanás; esta voluntad indócil, esta razón soberbia y falsa, esta imaginación inquieta, estas pasiones desordenadas, estos apetitos antojadizos e impetuosos, forman el tercer enemigo del alma.

 

“CATECISMO EXPLICADO DE LA DOCTRINA CATÓLICA”

PADRE RIPALDA – AÑO 1852

 

 


lunes, 4 de enero de 2021

SALMO 90 (91) Premio de la confianza

 




   Tú que te abrigas en el retiro del Altísimo, y descansas a la sombra del Omnipotente, di a Yahvé: “¡Refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío!”  Porque Él te librará del lazo de los cazadores y de la peste mortífera. Con sus plumas te cubrirá, y tendrás refugio bajo sus alas; su fidelidad es escudo y broquel.

 

   No temerás los terrores de la noche, ni las saetas disparadas de día, ni la pestilencia que vaga en las tinieblas, ni el estrago que en pleno día devasta. Aunque mil caigan junto a ti y diez mil a tu diestra, tú no serás alcanzado. Antes bien, con tus propios ojos contemplarás, y verás la retribución de los pecadores.

 

   Pues dijiste a Yahvé: “Tú eres mi refugio”, hiciste del Altísimo tu defensa. No te llegará el mal ni plaga alguna se aproximará a tu tienda. Pues Él te ha encomendado a sus ángeles, para que te guarden en todos tus caminos. Ellos te llevarán en sus manos, no sea que lastimes tu pie contra una piedra. Caminarás sobre el áspid y el basilisco; hollarás al león y al dragón.

 

   “Por cuanto él se entregó a Mí, Yo lo preservaré; lo pondré en alto porque conoció mi Nombre. Me invocará, y le escucharé; estaré con él en la tribulación, lo sacaré y lo honraré. Lo saciare de larga vida, y le haré ver mi salvación.


“LA SANTA BIBLIA” Mons. Dr. Juan Straubinger.


martes, 17 de noviembre de 2020

Ejemplos de (vida) que nos invitan a rezar el Santo Rosario – San Juan María Vianney (el cura de Ars).

 





   El santo Cura de Ars, daba tantas limosnas, que frecuentemente se encontraba con que no tenía siquiera lo necesario para él. En una ocasión no tenía con que pagar una capilla que –había hecho construir en la iglesia–. ¿Qué hacer? Toma su rosario y va a pasearse por el campo, como solía hacerlo cuando se veía en semejantes apuros. Mas apenas  había llegado a las puertas de la ciudad, se encontró a un caballero que le preguntó –cómo le iba–   –Estoy bien–, contestó el cura de Ars –pero muy afligido, porque no tengo con que pagar una capilla que acabo, de hacer construir– El caballero reflexiona un poco, saca del bolsillo veinticinco monedas de oro y se las entrega al sacerdote, encomendándose a sus oraciones, desapareciendo en seguida sin dar lugar a que el varón de Dios le manifieste su agradecimiento.

 

   En otra ocasión, que debía el trigo empleado en el mantenimiento  de su instituto “La Providencia”, rezaba el Rosario con la mayor confianza en María, cuando de repente se le presenta una mujer preguntándole si él era el cura de Ars; y como le respondiese que sí, –he aquí– dijo la mujer, –los que envían el dinero y que me han mandado entregarle; además de pedirle que se encomiendan a sus oraciones– La mujer desapareció al instante sin decir quiénes eran, ni quienes le habían enviado a ella con el dinero. El santo lleno de agradecimiento, llevó el dinero al propietario que le había vendido el trigo. (Vida del Cura de Ars.)

 

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO

 

   San Antonio de Padua fué devotísimo del Rosario. Refiere la crónica de su Orden que, habiéndole sorprendido en despoblado un fuerte aguacero, y no teniendo con que abrigarse, se colocó sobre la cabeza su Rosario, rogando a la Virgen que le defendiese de la lluvia y que el Rosario, cual si se hubiese convertido en solidísimo techo, le cubrió y protegió de tal manera, que llegó a la ciudad sin que le tocase una gota de agua. (Revista del Rosario.)

 

   La reina María de Médicis hizo que el pueblo, la corte y muchos Obispos se reuniesen en París en la iglesia de los PP. Dominicos, para rezar el Rosario, pidiendo el triunfo de las armas católicas en el sitio de la Rochela. (P. Álvarez.)

 

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO

 

   Los monstruos de los errores modernos serán destruidos por el Rosario. (Pío IX.)

 

 


martes, 13 de octubre de 2020

Ejemplos de (vida) que nos invitan a rezar el Santo Rosario – Las Almas del purgatorio, el Santo Rosario y el Padre Luis.

 




   En la Historia de los Clérigos Regulares Menores se cuenta de un Padre Luis, devotísimo de las almas del Purgatorio, que viajando al ponerse el sol por un campo solitario, donde no faltaban malhechores, empezó, como es costumbre, a rezar el Rosario en sufragio de los fieles difuntos, para que lo librasen de todo peligro. Desde lejos le vieron dos ladrones que por allí andaban merodeando, y se propusieron asaltarle. Pero de improviso oyeron una corneta militar y descubrieron que detrás del Padre iba una compañía de soldados, a cuya vista huyeron y se escondieron.

 

   Entretanto él Padre; que nada había visto, continuó su viaje rezando, hasta que encontró una posada donde se quedó para pasar allí la noche. Poco después entraron en la misma posada los dos malhechores, y encontrando al Padre solo, le preguntaron qué tropa era aquella que consigo traía. Sorprendido el religioso de tal pregunta, contestó que él había viajado sin compañía de nadie. De lo cual muy admirados los ladrones prosiguieron haciéndole más preguntas, hasta que vinieron en conocimiento de la devoción que el Padre tenía a las benditas almas, y cómo rezaba por ellas en su camino el Santo Rosario para librarse de todo mal. Cayeron entonces en cuenta aquellos forajidos de que lo ocurrido era un prodigio; descubrieron al Padre las intenciones que tenían de acometerle, la corneta que habían oído, los soldados que habían visto; y tocados de la divina misericordia, determinaron dejar su mala vida, y allí mismos en la posada, se confesaron de sus pecados. (P. Álvarez.)

 

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO.

 

   El Beato Juan Masías, hermano converso de la Orden de Predicadores, fué devotísimo del Rosario en sufragio de las almas del Purgatorio, y sacó con él· más de un millón de, estas benditas álmas de aquel lugar de expiación. (P. Álvarez.).

 

   Jacobo II, rey de Inglaterra, hacía rezar el Rosario a su corte con la explicación de los Misterios. (Lectura Dominical.)

 

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO.

 

   El Rosario es árbol de vida, que resucita muertos, cura enfermos y conserva a los sanos. (Nicolás V.)

 

 

                 


domingo, 11 de octubre de 2020

Ejemplos de (vida) que nos invitan a rezar el Santo Rosario – Peleas familiares (rencor), el Santo Rosario, y un humilde Fraile fueron la solución.


 



   Un religioso que salía a pedir limosna por los pueblos tuvo que pasar la noche y parte de un día en una gran casa, habitada por una viuda, el hijo casado, la nuera y los hijos de éstos. A 1a hora de comer el religioso observó cierta tristeza y malestar en la familia. Todos obsequiaban al buen fraile, todos hablaban con él, pero ellos entre sí no se dirigían la palabra. Después de concluida la comida el religioso quedó un momento sólo con la nuera, y no por curiosidad, sino por caridad, le preguntó: – ¿Que os sucede, hija mía? Veo aquí una tristeza que no comprendo. – ¡Ay, Padre! dijo la joven: –lo que sucede en casa es que tenemos en ella un verdadero infierno. Mi suegra tiene un genio atroz. Hace ya cerca de un año que tuvimos una reyerta, y desde entonces no nos hemos hablado, ni nos hablaremos hasta el día del juicio. – ¿Y rezáis el Rosario juntas? dijo el Padre. – Todos los días contestó la nuera. M i suegra lo guía como ama de casa, y los demás la acompañamos en el rezo. – ¿Y las dos juntas habláis con Dios; y con su Santísima Madre, durante el rezo del Rosario, y no os habláis después? ¿Y piensas tú que Dios, ni la Santísima Virgen os escuchan rezando con el corazón lleno de odio y de resentimiento? La joven bajó la cabeza y no contestó.

 

Antes de cenar rezaron el Rosario. Al fraile le pareció observar que la nuera contestaba con voz trémula y conmovida. Al decir el Padre “Ave María Purísima” se levantó, cogió la mano a su suegra delante de toda la familia y se la besó, diciendo con voz entrecortada por las lágrimas: – Perdonadme, madre mía; os he faltado hace un año y os pido perdón, pues soy mal educada y poco cristiana. Toda la culpa es mía – La anciana cogió entre sus brazos a la esposa de su hijo y entre lágrimas, y besos, dijo: – ¡No!, que es mía; pues tengo un genio que no me aguantarían los Santos del cielo – No, no, que soy yo la que he faltado, no haciéndome cargo de vuestra edad y de lo que habéis sufrido durante vuestra vida, y al fin y al cabo, nuestra disputa vino de que no queríais que se gastase el dinero, que de seguro no os llevaríais al otro mundo, sino que lo ahorrabais para vuestro hijo, y todo quedaba en casa. – De todos modos – intervino el religioso  – resulta que érais dos personas buenas, y que el diablo se había metido en medio, teniendo bastante ganancia, y la Virgen del Rosario le ha obligado a huir. –

 

   El buen fraile se marchó al día siguiente. Un año después volvió a visitar a la familia. Allí todos estaban alegres, y vió a la viuda que tenía en sus rodillas a una criatura de pocos meses. – ¡Hola! – dijo el religioso: – gente nueva tenemos –  Es una niña – dijo la anciana –qué Dios nos ha mandado hace tres meses. – Y se llama Rosario – dijo el ama joven – ¡Bendito sea Dios! – contestó el religioso. –Ahora ya podemos rezar el  Rosario – dijo la nuera – ¿no es verdad, madre? – No callarás – contestó la buena mujer dando con la mano un golpecito en la mejilla a su nuera.

 

   Al acostarse el religioso dió gracias a la Santísima Virgen por la felicidad de aquella casa; y al despedirse de la familia, el heredero le besó la mano. – Padre – le dijo – Dios trajo aquí a vuestra reverencia. Desde que usted dijo a mi mujer que Dios y la Virgen María no escuchaban en el Rosario a los que tenían rencor, esta casa de un infierno que erar se ha trocado en un cielo, y todo se lo debemos a vuestra visita. – No, hijo mío, gracias sean dadas a Dios – contestó el fraile – y a la Virgen del Rosario. – (Semana Católica.)

 

SANTOS Y REYES  DEVOTOS DEL ROSARIO.

 

   San Felipe Neri adoptó la piadosa costumbre de dormir con su rosario, a fin de comenzar a rezarlo tan luego como se despertase. Maravillosamente aficionado a modo de rezar tan provechoso, decía que creía disgustaría grandemente al Señor si no le rezase todo entero cada día. (Revista del Rosado.)

 

   La reina Ana, mujer de Luis III, inscribía solemnemente a sus hijos en la Cofradía del Rosario. (P: Álvarez.).

 

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO.

 

   El Rosario es el azote del demonio. - (Adriano VI.).

                 


sábado, 10 de octubre de 2020

Ejemplos de (vida) que nos invitan a rezar el Santo Rosario – San Luis Beltrán y el Santo Rosario. (P. Alfonzo de Zamora)

 




   El P: Alfonso de Zamora refiere lo siguiente: “En la ciudad de Valencia dió San Luis Beltrán un rosario bendito que había  llevado de estas Indias a una persona de mucha devoción, diciéndole: “Tened en gran reverencia este rosario, porque en las Indias ha sanado enfermos, convertido pecadores y aun pienso que ha resucitado muertos.” Fué muy público en  el reino de Granada, que en un pueblo donde el Santo predicaba con el rosario, resucitó a una muchacha de pocos años, hija de, una india que se había convertido. Tenía el bienaventurado Padre aquel rosario en tan gran veneración, que enviaba algunas veces a pedirle a aquella persona a quien lo había dado, para ponérselo a los enfermos. A otra persona devota y espiritual; dijo claramente “Dios me ha hecho la merced de que con este rosario he resucitado muertos.” En la Bulá de canonización del Santo se consigna esto mismo, y se añade que con el rosario salvó a un náufrago, que por espacio de un día y dos noches estuvo en el mar nadando, al cual el Santo esperó en la orilla con vestido y alimento, sabiendo que arribaría allí. Dícese también en la misma Bula que aun cuando cayeran aguas torrenciales, se libraba de la mojadura el Santo y los que le acompañaban, por virtud del rosario. (P.  Pradel.).

 

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO.

 

   San Francisco de Asís, gloriosos fundador de la Orden Franciscana glorioso, aprendió en sus pláticas espirituales con Santo Domingo de Guzmán, la devoción del Santo Rosario, la cual recomendaba frecuentemente a sus innumerables y santos hijos. (Revista del Rosario.).

 

   Segismundo I, rey de Polonia, implorando el auxilio de la Virgen del Rosario, obtuvo celebérrima victoria de los moscovitas, matando cuarenta mil hombres y haciendo diez mil prisioneros, y obtuvo del Papa León X que el aniversario de esta victoria se celebrase en todas las iglesias de su reino. (P. Álvarez.)

 

ELOGIOS PONTIFICIOS.

 

   El Rosario es una oración en gran manera grata a la Virgen, llena de eficacia para la defensa de la iglesia y del pueblo cristiano, y  para impetrar de Dios, públicos y particulares beneficios. (León XIII)

 

 

 

 

 


Ejemplos de (vida) que nos invitan a rezar el Santo Rosario – Santa Pascasia (pastorcita) mártir del Santo Rosario.

 




   Mártir del Rosario fué la pastorcita Pascasia, nacida en el Piamonte en el siglo XIV. Su piadosa madre le inspiró desde la infancia la devoción a la Virgen, y la ensenó a rezar el Rosario. A los tres años era ya la delicia de esta niña repetir la salutación angélica. El Señor, que quería hacer de ella una mártir, permitió que su buena madre muriese, y  que su padre se casase con una mujer de genio violento e irascible, llamada Margarita. De ella se sirvió el demonio para atormentar a la angelical sierva de 1a Reina de los ángeles, hasta hacerla víctima de la devoción del Rosario. No podía soportar aquella mujer que la niña le rezase el Rosario a la Virgen María con tanta frecuencia, y un día que Pascasia estaba ocupada en esta devoción, la sorprendió su madrastra, se arrojó sobre ella, la maltrató, le arrancó de las manos el rosario, lo  despedazó y arrojó al campo. La niña, menos apenada de sus golpes que del ultraje hecho a la Virgen y a su Divino Hijo, a falta de rosario hizo secretamente ciento cincuenta nudos en un cordón y siguió practicando su devoción favorita. Muchas veces fué maltratada la niña por su madrastra, y todavía pueden verse hoy señales de su sangre en un rincón del establo.

 

   Un día, en fin, en el que las ovejas volvían del monte sin la pastorcita, que extática se había quedado rezando el Rosario en una colina, salió a buscarla Margarita, y apenas se acercó a ella la cogió por los cabellos y la arrastró por el suelo y tales golpes la dió, primero con la rueca, después con un garrote, y por fin ·con una piedra, que le rompió el cráneo, y la niña quedó muerta. Consumado el crimen, la madrastra desesperada, se tiró por un precipicio y se mató. Los vecinos que conocían las virtudes de la pastorcita, la vida de martirio que había soportado con tanta paciencia, y cómo había muerto por no abandonar la devoción del Rosario, empezaron a invocarla como intercesora en la presencia de Dios. EL Señor la honró con milagros, y el gran Papa del Rosario, San Pío V, la colocó en los altares. (P. Álvarez.).

 

SANTOS Y REYES DEVOTOS DEL ROSARIO.

 

   El Beato Alano, religioso dominico, fué el restaurador del Rosario. La Santísima Virgen se le apareció, y le animó a que propagase esta devoción, prometiéndole su ayuda. El Beato Alano se dedicó durante quince años, con celo infatigable, a predicar el santo Rosario, y la Santísima Virgen bendijo su predicación, apoyándola con admirables portentos. (P. Pradel.)

 

   El rey Felipe II dijo a su hijo antes de, morir: “Si quieres, hijo mío, que tus Estados prosperen, no olvides el rezo del Santo Rosario.” (P. Álvarez.)

 

ELOGIOS PONTIFICIOS DEL ROSARIO.

 

      “El Rosario es un tesoro de gracias. (Paulo V)”

 

 

 


domingo, 23 de agosto de 2020

CONFESIÓN – Por el Rmo. P. D. Carlos José Quadrupani Bernabíta.





LA CONFESIÓN.

   La confesion es un sacramento de misericordias, y por eso debemos acercarnos a él con ánimo alegremente devoto y lleno de confianza. Enseña San Francisco de Sales que para quien se confiesa cada ocho días, basta un cuarto de hora para el examen de conciencia, y menos para el dolor. Y menos todavía basta para quien se confiesa más a menudo.

   Aunque se olviden, o no se digan en la confesion ciertas faltas (por no recordarlas y por ser faltas leves), quedan perdonadas. He aquí un documento grande del Santo: No debemos inquietarnos cuando no nos acordamos de nuestras faltas para confesarlas (faltas leves), porque no es creíble que un alma que hace a menudo hace su examen, no haga una buena confesión por no acordarse de aquellas faltas que son de importancia (pecados mortales). No es pues necesario ser solícitos en confesarnos de tantas pequeñas imperfecciones, y ligeros pecados. Una humillación del espíritu, un suspiro es bastante para borrarlas. —No digáis, pues, que hay pecados ocultos de que no os confesáis. Este es un arte del demonio para inquietaros. Acordaos de que la relación exacta de vuestras culpas no es la que las borra, asi como la exacta enumeración de las deudas no absuelve al deudor de las mismas deudas.

   Estad cierto de que cuanto más  examinaréis, tanto más hallaréis. Por otra parte, el largo examen ofusca la mente y enflaquece el afecto. Será pues de grande importancia para la práctica la siguiente instrucción de San Francisco de Sales: Cuando no se conoce claramente haber dado algún consentimiento a los transportes de la cólera, o de otra tentación; será bueno explicaros en vuestra espiritual confesion con el fin de ser instruido sobre el modo de comportaros, pero no con el fin de confesaros de ella. Porque si decís, me acuso de haber tenido por dos días grandes movimientos de cólera, pero no los he consentido; vos decís vuestra virtud en vez de decir vuestros defectos. Más si dudáis de haber cometido alguna falta, es necesario considerar seriamente si esta duda tiene fundamento, y en tal caso decidla simplemente: en caso contrario conviene callarla, aunque cueste un poco de pena.

   Quiere también el Santo que no hagamos ciertas acusaciones generales, como muchas personas tienen costumbre, a las que él llama superfluas; por ejemplo, de no haber amado a Dios y al prójimo como se debe, de no haber rezado las oraciones, y de no haber recibido los sacramentos con aquella reverencia que conviene, y cosas semejantes; porque, añade el mismo, todos los Santos del Paraíso, y todos los hombres del mundo podrían decir lo mismo si se confesaran.

   Grabad bien en vuestra memoria la necesaria advertencia del Santo: No somos obligados a confesar los pecados veniales. Pero cuando los confesamos, es preciso tener propósito de enmendarnos de ellos; de otra suerte, el confesarlos sería un abuso. —

   Después de la confesion quedaos en tranquilidad. Se os prohíbe pues absolutamente el dar lugar a temor alguno, sea por causa del examen, del dolor, o de otro motivo. Esos temores nacen de vuestro enemigo, que busca amargaros un sacramento de confianza y de amor.

sábado, 22 de agosto de 2020

CARIDAD – Por el Rmo. P. D. Carlos José Quadrupani Bernabíta.





   Dice Jesucristo, nuestro Redentor, que sus discípulos serán conocidos por la mutua caridad. Esta nos hace amar a nuestros prójimos por Dios, a las criaturas por el Criador. Amor de Dios y del prójimo son dos ramos que nacen de un mismo tronco, y tienen la misma raíz.

   Socorred a vuestro prójimo necesitado, siempre que podáis, según vuestro estado y leyes de la prudencia: en lo demás supla el deseo.

   Aunque el prójimo os haya ofendido, no por eso deja de ser imagen de Dios, y a él ordenado; y por esa razón y motivo se debe amar. Quizá el ofensor no merece perdón; pero lo merece Cristo, que tantas veces os ha perdonado ofensas mayores.

   No está en nuestra mano el no sentir repugnancia contra nuestros ofensores: pero una cosa es sentir, y otra consentir. Cuando se nos manda amar a los enemigos y ofensores, se entiende que debemos amarlos con la punta del espíritu, y con la viveza de la fe, no con el apetito.

   Aunque nos están prohibidos el odio interno y la externa rivalidad contra nuestros ofensores y personas ruines; no nos está vedado obrar con cautela, la cual por el contrario es efecto de prudencia necesaria. La caridad cristiana nos guía al amor de nuestros caros hermanos sí; pero no a patrocinar a los malvados, ni a exponer nuestros intereses, ni la inocencia de otras personas a sus engaños y malicias. — Sed simples como las palomas, dice el Salvador; pero también prudentes como las serpientes. —

   Compadeceos del prójimo, y no juzguéis sus obras con siniestra intención. Una sola acción, dice San Francisco de Sales, puede tener cien caras. El hombre caritativo la mira de cara hermosa, y el vicioso la ve deforme.

   Es cosa muy difícil que el buen cristiano se haga reo de juicio temerario, esto es, que condene al prójimo con certeza de juicio sin justos motivos. Por lo regular, solo sospecha o teme, para lo que se necesitan motivos muy inferiores,

   La sospecha es lícita cuando tiene por objeto la propia prudente cautela. Prohíbe la caridad cristiana la malicia del pensamiento, más no la vigilancia y precaución.

   Así es lícita, y tal vez obligatoria, la sospecha en las personas que tienen gobierno, como en los padres con sus hijos, y en los señores con sus criados cuando se trata de enmendar algún defecto existente, o de prevenir remedio a un mal que razonablemente se teme.

   Es menester no confundir el temor con la sospecha. El temor es una pasión que está en nosotros sin querer nosotros, la sospecha es una acción voluntaria de nuestro entendimiento.


“PARA TRANQUILIZAR LAS ALMAS TIMORATAS EN SUS DUDAS.” (1816).


jueves, 20 de agosto de 2020

Alegría del espíritu – Por el Rmo. P. D. Carlos José Quadrupani Bernabíta.





   A excepción del pecado no hay mal mayor que la tristeza, dice San Francisco de Sales. Algunas personas para llevar la vida recogida, llevan una vida melancólica. ¡Error grande! El recogimiento nace del espíritu y del amor de Dios, la melancolía del espíritu de tinieblas.

   Conservad firmemente el gran principio de San Francisco de Sales, a saber, que todo pensamiento que inquieta, jamás viene de Dios, que es Rey de paz, y habita en los corazones pacíficos.

   Es preciso, por tanto, tomarse alguna recreación; de otra suerte el espíritu queda oprimido, y por lo mismo más fácil a entristecerse. Por otra parte, dice Santo Tomás de Aquino, que la fuga de toda honesta diversión puede hacer culpable a la persona. La virtud se halla puesta en el orden; y todo exceso, oponiéndose al orden, ultraja a la virtud.

   La recreación en medio de nuestras ocupaciones ha de ser como la sal en la comida: demasiada sal vuelve disgustada la comida; nada de ella la deja insípida en extremo.

   No debe señalarse igual cantidad de comida a todas las personas, porque algunas necesitan más alimento que otras: así también sucede en la recreación. Divertíos pues a proporción de la necesidad de vuestro espíritu, de la calidad de vuestras ocupaciones, y de vuestro más o menos melancólico humor.

   Más si observáis que la melancolía entra en vuestro corazón, distraeréis ocupándoos en contrarios objetos, buscando compañía, aunque sea con vuestros domésticos, leyendo cosas indiferentes, paseando, cantando, haciendo de todo para impedir la entrada de enemigo tan terrible. El pensamiento melancólico es como el sonido de la trompeta enemiga, que convida a los demonios para combatirnos.


“PARA TRANQUILIZAR LAS ALMAS TIMORATAS EN SUS DUDAS.” (1816).


miércoles, 3 de junio de 2020

LA EUCARISTÍA CENTRO DEL CORAZÓN – Por el R. P. San Pedro Julián Eymard.



   “Permaneced en mí.” (Juan; XV, 4.)

I

   El corazón del hombre, necesita un centro de afecto y expansión. Al crear al primer hombre, dijo Dios: “No es bueno que el hombre esté solo: hagámosle una compañera semejante a él.”

   Y la Im Imitación de Cristo dice también: “Sin un amigo no podrías vivir dichoso.”

   Pues bien, Nuestro Señor Jesucristo, en el Santísimo Sacramento, quiere ser el centro de todos los corazones, y nos dice: Permaneced en mi amor. Permaneced en mí.

   ¿Qué cosa es permanecer en el amor de Nuestro Señor? Consiste esto en que hagamos de este amor que vive en la Eucaristía, nuestro centro de vida, el manantial único de nuestros consuelos; consiste en entregarse al Corazón bondadoso de Jesús en las penas, en los disgustos, en las decepciones, en esos momentos en que el corazón parece rendirse víctima del mayor abandono. Jesucristo mismo nos invita a ello diciéndonos: “Venid a mí todos los que os halláis agobiados, y yo os consolaré.”

   Consiste también en hacer partícipe a Jesucristo Nuestro Señor de nuestra alegría, de nuestra felicidad; pues es una delicadeza de amigo no querer gozar sino con el amigo.  

   Consiste asimismo en hacer de la Eucaristía el centro de nuestros deseos: Señor, no quiero más que lo que Vos queréis; haré esto o aquello para agradaros.

   Consiste en desear sorprender a Nuestro Señor con algún don, con algún pequeño sacrificio.

   Consiste, finalmente, en vivir por la Eucaristía; en guiarnos en nuestras acciones por su pensamiento, y en considerar como ley invariable de nuestra conducta el anteponer su servicio a todo lo demás.

   Y siendo esto así, ¿podremos decir que Jesús - Eucaristía sea nuestro centro? ¡Ay! Tal vez lo sea en las penas extraordinarias, en las oraciones más fervientes, en las necesidades que nos apremian; ¿pero en lo ordinario de la vida, pensamos, deliberamos, obramos en Jesús y por Jesús como en nuestro centro?

   ¿Y por qué Nuestro Señor Jesucristo no es mi centro?

   Porque no es todavía el yo de mi yo; porque aún no me hallo enteramente bajo su dominio, bajo la inspiración de su voluntad; porque abrigo deseos en pugna con sus deseos. ¡Jesús no lo es todo en mí, no ha tomado plena y total posesión de mi ser! Un hijo trabaja por sus padres, el ángel trabaja por Dios: yo, pues, debo trabajar por Jesucristo, mi Dueño y Señor.

   ¿Qué hacer en consecuencia? Entrar en ese centro y en él permanecer y obrar. No para gustar su dulzura, que no depende de mí, sino para ofrecerle de continuo el homenaje de cada acción. Vamos, pues, ¡oh alma mía!, sal del mundo, sal de ti misma, abandona tu habitual residencia. Dirígete hacia el Dios de la Eucaristía. Él tiene una morada para recibirte. Él te quiere; quiere vivir contigo, vivir en ti. Sé, pues, con Jesús, presente en tu corazón; vive del Corazón, vive en la bondad de Jesús-Eucaristía.

   Trabaja, oh alma mía, por imitar a Jesucristo en ti, y nada hagas sino por El.

   Permanece en el Señor, permanece en Él por un sentimiento de abnegación, de desinterés, de santa alegría, pronta siempre a cumplir sus mandatos. Permanece en el Corazón y en la paz de Jesús-Eucaristía.

II

martes, 2 de junio de 2020

Martirologio Romano. 2 de junio SANTOS MARCELINO (Presbítero) PEDRO (Exorcista) Y ERASMO (Obispo) y Mártires Marcelino y Pedro † Decapitados en el año 304 en las afueras de Roma † Martirizado (destripado) alrededor del año 303 en Formia, Italia








Erasmo: Patrono de los marineros; navegantes; mujeres en trabajo de parto; partos y alumbramientos. Protector contra los dolores abdominales; apendicitis; enfermedades y desórdenes intestinales y estomacales; cólicos; peligros del mar; dolores de parto; tormentas.


SANTOS MARCELINO, PEDRO Y ERASMO, Mártires

   El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos se apoderan de él. (Mateo 11, 12)

   En Roma, el triunfo de los santos Mártires Marcelino, Presbítero, y Pedro, Exorcista, los cuales, en tiempo de Diocleciano, por enseñar a muchos en la cárcel la doctrina cristiana, después de crueles prisiones y varios tormentos, fueron degollados por el Juez Sereno en un lugar, que se llamaba Selva Negra, y en adelante mudando el nombre, a honra de estos Santos, se llamó Selva Blanca. Sus cuerpos fueron sepultados en las catacumbas junto a san Tiburcio, y el Papa san Dámaso honró más tarde su sepulcro con un epitafio en verso.

   En Campania, san Erasmo, Obispo y Mártir, que, en tiempo del Emperador Diocleciano, azotado primero con plomadas, después despiadadamente apaleado, y bañado luego con resina, azufre, plomo, pez, cera y aceite hirviendo, quedó ileso; más tarde, imperando Maximiano, fue nuevamente atormentado en Formio con diversos y atroces suplícios; pero conservole Dios la vida para que confortase a los demás; por último, llamándole a Sí el Señor, murió santamente con la corona de los Mártires. Su cuerpo fue más tarde trasladado a Gaeta.

   En Lyon de Francia, los santos Mártires Potino, Obispo, Santo, Diácono, Vecio epágato, Maturo, Póntico, Átalo, Alejandro y Blandina, con otros muchos, cuyos esforzados y repetidos combates, en tiempo de Marco Aurelio Antonino y de Lucio Vero refiere una carta de la Iglesia de Lyon a las de Asia y Frigia. Entre estos santos, Blandina, de sexo más frágil, de cuerpo más débil y de condición más humilde, sufrió más largos y crueles tormentos, y, permaneciendo siempre constante, y siendo degollada, siguió a los demás, a quienes había animado al martirio.

   En la isla de Proconeso de la Propóntide, san Nicéforo, Obispo de Conslantinopla, el cual, defendiendo acérrimamente las tradiciones paternas en favor del culto de las sagradas imágenes, se opuso constantemente a León Armenio, Emperador Iconoclasta, y por él relegado al destierro, allí mismo después de catorce años de un prolongado martirio, pasó al Señor.

   En Roma, san Eugenio I, Papa y Confesor.

   En Trani de la Pulla, san Nicolás, Peregrino Confesor, cuyos milagros fueron leídos en el Concilio Romano que presidió san Urbano II Papa.

   Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

   R. Deo Gratias.



SANTOS MARCELINO, PEDRO Y ERASMO

   Pedro y Marcelino, encarcelados por orden de Diocleciano, convirtieron a la verdadera fe al guardián de la prisión, a su familia y a varias otras personas que habían acudido para ser testigos de una curación milagrosa que ellos habían obrado. El juez Sereno, para castigarlos, les infligió diversas torturas y los hizo decapitar.

   Erasmo sufrió increíbles tormentos en la misma persecución de Diocleciano. Se le ajustó al cuerpo desnudo una coraza enrojecida al fuego; se le arrojó en seguida a una caldera llena de aceite hirviendo; pero un ángel lo transportó a la ciudad de Formia, donde murió a causa de sus heridas.



MEDITACIÓN SOBRE LA DIFICULTAD QUE EXISTE PARA SALVARSE



   I. Hay que combatir para ir al cielo; es una ciudadela difícil de tomar. El camino que a él conduce está regado del sudor, de las lágrimas y de la sangre de todos los héroes del cristianismo. Si quieres juntarte a ellos en el cielo, es preciso que camines sobre sus huellas. ¿Qué sufres tú para ganar el paraíso? ¿Qué te propones hacer en lo por venir? Bien poco estimas una eternidad de dicha, puesto que nada quieres sufrir para merecerla.

   II. Hay que hacer violencia a todas las más dulces inclinaciones de la naturaleza. Amamos el honor, es preciso humillarse; buscamos el placer, es menester mortificarse; amamos las riquezas, hay que privarse de ellas. La vida de un cristiano de verdad es un estado de violencia continua para con la naturaleza; ¿estás en este estado? No te creas sin embargo que esta vida esté llena de tristeza, no; no hay placer más sólido que el de privarse, por amor de Dios, de todos los placeres (San Cipriano).

   III. Ánimo, pues; la gracia de Dios supera las dificultades que la naturaleza creía insuperables. La virtud es muy conforme a la recta razón, aunque parezca contraria a la razón oscurecida por el pecado. No hace falta sino un poco de energía para querer ser santo; no deliberes, resuélvete prontamente y embiste las dificultades mayores; pronto despreciarás aquello que excitaba tus deseos y despertaba tus temores. Poco es menospreciar lo que te embelesaba, desprecia todo lo que te asustaba (San Agustín).


La mortificación. Orad por la Patria.


ORACIÓN

   Oh Dios, que todos los años nos dais un nuevo motivo de alegría con la solemnidad de vuestros mártires Marcelino, Pedro y Erasmo, haced, os lo suplicamos, que regocijándonos de sus méritos, nos decidamos a seguir sus ejemplos. Por J. C. N. S.

   Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo I; Patron Saints Index.


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