martes, 13 de agosto de 2019

EXAMEN DE CONCIENCIA Y PROPÓSITO DE ENMIENDA – Por Tomás de Kempis.

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Habla el Amado.

   Sobre todo, con humildad profunda de corazón, con suma reverencia, con fe firme y recta intención de honrar a Dios debe el sacerdote del Altísimo acercarse a celebrar, tocar y recibir este sacramento adorable.

   Atentamente examina tu conciencia, y en lo posible purifícala de toda mancha con la contrición verdadera y humilde confesión, de modo que no tengas o no sientas nada grave que te remuerda e impida que tranquilo te acerques.

   Detesta todos tus pecados en general, y en particular duélete y llora las faltas de cada día, y, si el tiempo lo permite, en el secreto de tu corazón confiésale a Dios todas las miserias de tus pasiones.

   Duélete y llora de ser todavía tan carnal y mundano, de pasiones tan inmortificadas, y tan agitado por las rebeliones de la concupiscencia; de guardar tan mal los sentidos externos, de tener la mente ocupada tan a menudo en varias y frívolas imaginaciones; de ser tan inclinado a las cosas exteriores, y tan indiferente para las interiores; tan blando para la risa y la disipación, y tan duro para las lágrimas y la compunción; tan pronto a seguir lo más laxo y cómodo para el cuerpo, y tan tardo para el fervor y el rigor; tan curioso para oír novedades y admirar bellezas, y tan renuente para abrazar la humildad y la pobreza; tan codicioso de abundancia, tan parco para dar, y tan tenaz para retener; tan imprudente para hablar, y tan fácil para romper el silencio; tan desordenado en las costumbres, y tan importuno en las acciones; tan inmoderado en la comida, y tan sordo a la palabra de Dios; tan pronto para descansar, y tan lento para ir a trabajar; tan despierto para la charla, y tan soñoliento para las vigilias santas; tan impaciente por acabar, y tan distraído para orar; tan descuidado en el rezo del oficio, tan tibio para celebrar, y tan árido al comulgar; tan fácilmente disipado, y tan pocas veces bien recogido; tan pronto para irritarte, y tan fácil para disgustar al otro; tan inclinado a juzgar, y tan duro para reprender; tan alegre en la prosperidad, y tan decaído en la adversidad; tan proponedor de mucho y bueno, y tan cumplidor de poca cosa.

   Confesadas y lloradas estas y otras parecidas faltas con gran dolor y arrepentimiento de tu fragilidad, haz firme propósito de perseverar en la enmienda de tu vida y en el progreso en la virtud.

   Ofrécete después en holocausto eterno sobre el altar de tu corazón con plena renuncia y voluntad sincera, para gloria mía, entregándome fielmente tu alma y tu cuerpo, para que así te hagas digno de acercarte a ofrecer a Dios el santo sacrificio y recibir mi cuerpo para tu eterna salvación.

   Porque no hay sacrificio más meritorio, ni satisfacción más cumplida para borrar los pecados que el sacrificio sincero y entero de sí mismo ofrecido a Dios en la misa y en la comunión juntamente con el cuerpo de Cristo.

   Si el hombre hiciere lo que está en su mano y de veras se arrepiente, “vivo yo, que siempre que a pedir perdón y clemencia se me acercare, todos sus pecados le perdonaré, y no más los recordaré” (Ez 33, 2).


“LA IMITACIÓN DE CRISTO”

lunes, 12 de agosto de 2019

Modo de acusarse por los diez mandamientos, asi en la Confesion particular como general. (Segundo Mandamiento) Cada mandamiento viene al final con un ejemplo. – POR EL PADRE FRAY MANUEL DE JAÉN.





Segundo mandamiento.

   En el segundo mandamiento, que es no jurar, me acuso que he jurado por Dios o por los Santos, o por algún misterio, con escándalo de mis prójimos, y también he echado otros juramentos, como decir, por el cielo de Dios, por la cruz de Dios, y otras palabras semejantes, y esto ha sido con mentira o con verdad, sin necesidad, tantas veces. Acúsome que he echado tantos votos o porvidas (juramento o imprecación que se hace jurando por la vida de Dios o de una persona, nota nuestra) al día, o a la semana, o enfadado o colérico, con personas o animales y he echado tantas maldiciones. Explicar si fueron a los hijos, o criados, o hermanos, o compañeros u otros; y si eran con intención y deseo de que les alcanzase, o con impaciencia y cólera, sin advertencia, o si juzgaba que pecaba mortalmente. Y esto mismo examinará en los votos o juramentos. También se acusará si ha hecho voto o promesa de guardar castidad o de no casarse, o no pecar en tal o tal pecado o vicio, y no haberlo cumplido. Y si fue causa, o provocó a alguno a que jurase o votase, o incitó a jurar falso, o si no lo ha hecho en vara de justicia, especialmente en algunas informaciones de hábitos, dispensas de matrimonios, hidalguía… con daño del prójimo y de los lugares. Acúsome que en mi casa tengo mala costumbre de mentar (nombrar, nota nuestra) al diablo muchas veces, como diciendo: válgate el señor diablo, válgante mil diablos, el diablo me lleve si no hiciere esto; vete con mil demonios, y otras palabras semejantes. Acúsome que no he cumplido las promesas que tengo, como alguna misa, romería, o novena, o ermita, o imagen, u otras cosas que he ofrecido, como rezos, penitencias y lo he dilatado por pereza o anidado tanto tiempo. Y también se acusará si lo ha tenido por pecado grave.

   En este segundo mandamiento se acusaran los Religiosos y Eclesiásticos de lo que hubieren faltado en el cumplimiento de sus votos.


“Fray Manuel de Jaén, Capuchino y Misionero apostólico”

Año 1819.


Modo de acusarse por los diez mandamientos, asi en la Confesion particular como general. (Primer Mandamiento) Cada mandamiento viene al final con un ejemplo. – POR EL PADRE FRAY MANUEL DE JAÉN.





Primer mandamiento.

   En el primer mandamiento, que es amar a Dio; sobre todas las cosas, me acuso de lo que he faltado contra las tres virtudes de Fe, Esperanza y Caridad. En especial contra la fe, he tenido algunas graves tentaciones contra algún misterio, o dudado de él, y no he procurado resistir haciendo actos de fe, creyendo firmemente aquello que se me ofrecía a la imaginación; y acudiendo a Dios y a los Santos, pidiéndoles me librasen de aquel peligro. Decir si admitió deliberadamente  alguna duda acerca de algún misterio, o si disintió abiertamente a su verdad. Contra la esperanza, me acuso que he tenido algunas tentaciones de desesperación, proponiéndoseme  la gravedad de mis culpas, o por verme en algún trabajo, y no hice actos de esperanza en Dios, y de resignación y conformidad en la divina voluntad, confinando en su misericordia y en los méritos de su pasión santísima que me ha de perdonar mis culpas, y remediar mis necesidades. Contra la caridad, me acuso que no he amado a Dios como debo y nos manda su santísima ley, con todo el corazon y voluntad, ofendiéndole muchas veces, y faltando al cumplimiento de los propósitos que he hecho a su Magestad de enmendarme de mis culpas.

   También he faltado al amor que debo a mis prójimos, no teniendo igual caridad con todos, y deseándoles el bien que para mí quiero, y encomendándoles a Dios en mis oraciones. Acúsome que he creído en algunos sueños o agüeros, o rayas de manos (lectura de las manos. Nota nuestra), u otros disparates y supersticiones; o he dudado si eran o no verdad aquellas cosas que se me proponían; como si cantó el gallo o lechuza a esta o aquella hora, o pasó el abejón, y otras fábulas que suelen contar, y no las he despreciado, tantas veces poco más o menos.

   También se acusará si ha consultado hechiceros, o adivinos, o gitanas; o si lleva nóminas y oraciones supersticiosas, con las cuales cree que sabrá la hora de su muerte; o que no morirá sin. Confesion. O si ha usado de hechizos para conseguir algún mal fin. O si ha hecho curar a sí, o a sus cosas con palabras vanas y acciones supersticiosas. Y si ha leído o tiene libros prohibidos. Y si no sabe lo necesario para salvarse, como el misterio de la Santísima Trinidad, el de la Encarnación, el de la Resurrección de la carne, premio o castigo que ha de haber después de la muerte, Y si acaso no sabe o entiende el Credo, el Padre nuestro, los Mandamientos y los Sacramentos, en especial los que ha de recibir. También se acusará si no sabe las particulares obligaciones de .su estado u oficio.

EJEMPLO.

   En la señal de la cruz y en el persignarse se contienen y confesamos los principales misterios de nuestra santa fe; y asi seamos todos cuidadosos en persignarnos con perfección y reverencia. Y sobre todo, encargo a las madres que a sus niños pequeños los persignen cuando los llevan de noche a dormir; porque refiere el Padre Parra, que una hechicera confesó que babia ido cincuenta noches a la cama donde había un niño, con intento depravado de hechizarle o matarle con sus maleficios, y que veía en él tales maravillas y resplandores, que no se atrevía a llegar, y sabida la causa, era porque la madre le persignaba, y esto le defendió.


“Fray Manuel de Jaén, Capuchino y Misionero apostólico”

Año 1819.

martes, 30 de julio de 2019

La frecuente y devota Confesion y Comunión es lo que hace mayor guerra al infierno – Por EL PADRE FRAY MANUEL DE JAÉN.



   En el Prado Espiritual (Tom. 2. Lib. 5. C.7) se cuenta, que conjurando un Sacerdote a un demonio, y preguntándole ¿qué cosa era lo que hacían los cristianos que más les atormentase? Respondió: No hay cosa que tanto nos atormente y enflaquezca nuestras fuerzas, como el verlos confesar y comulgar muy a menudo, y más si es cada día. De aquí es que el demonio no solo procura impedir tan devoto empleo, sino que aún tiene rabiosa envidia de tan gran felicidad. Confírmelo este caso, que manifestó a su pesar.

   Refiere Cesario (Parra fol. 257) que se llegó a confesar con un Cura un mancebo de gentil disposición: fue confesando tantas, tan feas y tan enormes culpas, que ya enfadado el Cura, le dijo: Hombre, aunque hubieras vivido mil años, era poco tiempo para lo que confiesas. Respondió él: Más de mil años tengo. ¿Más de mil años? ¿Pues quién eres? Soy el demonio, ¿Tú, y confesándote? ¿De cuándo  por acá? ¿Qué te ha movido? Yo te lo diré (dijo el demonio): Estaba yo allí apartado viendo los que llegaban a confesar: Veíalos al llegar tan abominables como yo me veo; pero al levantarse de tus pies ya iban tan hermosos, tan lindos y resplandecientes, que me llegué aquí cerca por oír lo que decían, y lo que tú les decías, que era prometerles la remisión de todos sus pecados; y asi, por ver si me sucede lo mismo he llegado yo, y dicho también parte de mis culpas, y las confesaré todas si quieres oírme. Aguarda desventurado dijo el Confesor. Di no más de esto: Criador mío, pequé contra ti: me pesa de haberte ofendido, perdóname. Eso no diré yo, respondió el demonio. Pues anda, perro maldito, vete a los infiernos; y al punto desapareció. De estos ejemplos puedes inferir cuán importante es la confesión, pues hasta el mismo demonio tiene envidia de tanto bien.


“Fray Manuel de Jaén, Capuchino y Misionero apostólico”

Año 1819.

miércoles, 24 de julio de 2019

Santa Cristina, virgen y mártir. — 24 de julio (+ 300)





   La maravillosa virgen y mártir de Cristo, santa Cristina, nació en Tiro de Toscana, población que estaba junto al lago de Volsena. El padre de la santa niña Cristina se llamó Urbano; era de la ilustre familia de los Anicios, y gobernaba la ciudad en calidad de prefecto, nombrado por los emperadores Diocleciano y Maximiano, cuyos edictos contra les fieles de Cristo ejecutaba con gran diligencia y bárbara crueldad.

   El lugar del tribunal fué la escuela en que la niña Cristina aprendió las primeras lecciones de nuestra santa fe, porque asistiendo frecuentemente a los interrogatorios de los mártires, entendió que eran dignos de desprecio los ídolos vanos, y que había un solo Dios verdadero, y que sólo Dios podía dar a los cristianos aquella invencible fortaleza con que triunfaban en los suplicios, y menospreciaban la vida temporal por alcanzar la eterna. Algunas señoras cristianas perfeccionaron la instrucción de la niña, y fué bautizada secretamente.

   Diez años tenía no más cuando deseosa del martirio tomó los ídolos de oro y de plata que su padre tenía, los quebró e hizo pedazos y los repartió a los pobres. De lo cual tuvo tan grande enojo su padre, que él mismo la mandó desnudar y azotar cruelmente por sus criados; y no contento con esta crueldad la hizo otro día atormentar con garfios de hierro, hasta arrancarle algunos pedazos de sus carnes, los cuales tomó ella en la mano y los ofreció a su padre, diciendo: “Toma, cruel tirano, y come también, si quieres, esa carne que engendraste.” Mandóla poner después en una rueda de hierro algo levantada del suelo, y debajo encender carbones y echar en ellos aceite; mas el Señor la defendió de este suplicio, y la sacó viva y sana de entre las llamas. Otro día la mandó el padre atar un gran peso al cuello y echar en el lago de Volsena; pero los ángeles la libraron y sacaron a tierra sin lesión alguna, con grande rabia y despecho de su bárbaro padre, el cual imaginando nuevos suplicios, no pudo ejecutarlos, por haber sido hallado muerto en la cama.

   Sucedióle en el oficio de juez el no menos cruel Dión, el cual mandó llevar a la santa niña, raída la cabeza, al templo de Apolo; y el ídolo cayo en tierra hecho pedazos; quedo de esto el prefecto tan asombrado  que cayó allí muerto, por cuyos prodigios se convirtieron muchos gentiles a la fe de Cristo.

   A Dión sucedió otro juez llamado Julián, no menos impío y feroz; porque mandó encender un horno, donde tuvo a la santa niña por espacio de cinco días, y del cual salió ella alabando a Dios, sin haber recibido lesión alguna. Cortáronle la lengua para que no pudiese invocar a Jesucristo, y sin lengua hablaba y no cesaba de bendecir al Señor. Finalmente fué atada a un madero y asaeteada y con este martirio envió su alma al cielo.

   Reflexión: ¡Con qué regocijo sería recibida de los ángeles aquella alma purísima que revestida de la fortaleza de Dios había salido con victoria de tres tiranos y de tan dura y larga pelea! ¡Qué trabajos podemos nosotros padecer por amor de Cristo, que puedan compararse con los que pasó la santa niña Cristina! ¡Verdaderamente es nada todo lo que hacemos por servir a Dios y ganar el cielo! Una niña de diez años como santa Cristina nos cubrirá de vergüenza en el día del juicio, sino sólo servimos a Dios con tan poca generosidad, sino que aun rehusamos aceptar con paciencia las cruces que el Señor nos envía.

   Oración: Suplicámoste, Señor, nos alcance el perdón de nuestros pecados la intercesión de la bienaventurada virgen y mártir Cristina que tanto te agradó así por el mérito de su castidad, como por la ostentación que hizo de tu poder en su constancia hasta la muerte. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM.


miércoles, 3 de julio de 2019

“Solamente para hoy” – Fr. Marie Michel Philipon. O.P.





Uno de los frutos más fecundos del camino de abandono es la santificación del momento presente. El alma fundada en la paz y en la libertad, permanece ocupada solo en Dios, con una fe absoluta en su Providencia, sin pensar en sí misma, sin inquietud por su porvenir. ¡Cuántos seres humanos se han disipado en su vida espiritual y paralizado en su vuelo hacia Dios por la idea obsesionante sobre el pasado y el porvenir! Sin embargo, ¿por qué gemir por un pasado, que ya no existe, o preocuparse por un futuro, que sólo pertenece a Dios? Sor Teresa del Niño Jesús se encerraba sin reserva “en el momento presente”, sin querer mirar ni el pasado ni el porvenir. Actitud dominadora de todas las contingencias de este mundo, simple corolario práctico de su vida de abandono, que condujo a su alma hasta aquel método tan inculcado por los grandes varones espirituales: “la santificación del momento presente”. “Los que corremos por el camino del amor, no nos hemos de atormentar por nada. Si no sufriese de minuto en minuto, me sería imposible conservar la paciencia, pero SOLO VEO EL MOMENTO PRESENTE: olvido el pasado y me guardo muy bien de mirar el porvenir” (Historia de un alma XII, 236)

   “Pensar en lo que pueda acaecemos de doloroso en el porvenir, es faltar contra la confianza y como entrometerse a crear” (Novissima Verba, 23 de julio de 1897).

   Sus “últimas confidencias”, sus “Novissima Verba” (las de Santa teresa del Niño Jesús)  están llenas de esta preocupación por el momento presente: fuente que derrama la gracia, expresión soberana de la Voluntad actual de Dios sobre cada uno de nosotros. “No sufro sino de instante en instante. Es porque se piensa en el pasado y en el porvenir que uno se desalienta y desespera” (Novissima Verba, 19 de agosto 1897). “Padezco de minuto en minuto” (Novissima Verba, 26 de agosto de 1897). “Él me da en cada momento lo que puedo soportar, y no más” (Historia de un alma XII 247).

   “Estoy muy contenta de no haber pedido a Dios el sufrimiento; así Él se ve obligado a darme valor” (Novissima Verba, 26 de agosto de 1897). “Dios me da valor en proporción con mis sufrimientos. Siento que de momento no podría soportar más; pero no tengo miedo, puesto que si los sufrimientos aumentan, Dios aumentará al mismo tiempo mi valor” (Novissima Verba 15 de agosto de 1897) “Dios no me hace presentir una muerte próxima, sino sufrimientos mucho mayores. Sin embargo, no me inquieto. QUIERO PENSAR TAN SÓLO EN EL MOMENTO PRESENTE” (Novissima Verba 23 de agosto de 1897). “Estoy segura de que en este momento únicamente se cumple su voluntad”. (Novissima Verba 27 de julio de 1897) El beneplácito divino se ha convertido en la regla constante de sor Teresa del Niño Jesús. Dios dispone de ella a voluntad.

   Un grado tal de abandono nos eleva hasta la más alta sabiduría cristiana. Es una realización viviente de las más puras enseñanzas de Jesús. ¿No había dicho el Maestro: “No os inquietéis por nada, ni para el cuerpo ni para el alma? ¿No es más la vida que el alimento y el vestido? Mirad las aves del cielo: ni siembran ni siegan, y, sin embargo, nuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis mucho más que ellas? Mirad también los lirios de los campos: no trabajan ni hilan. Y, sin embargo, ¿vistió jamás como el más pequeño de ellos Salomón, en todo el esplendor de su gloria? No os inquietéis, pues, por el porvenir, porque el mañana ya traerá el cuidado de sí mismo. Bástale a cada día su mal” (San Mateo, VI, 25-34)

   ¡Cuántas veces meditó Teresa estos pasajes del Santo Evangelio! Esta última frase le inspiró la divisa de su vida de abandono: Solamente para hoy.

   Mi vida es un instante, una hora pasajera; mi vida es un instante, que escapa y huye de mí. Tú lo sabes, Dios mío: para amarte en la tierra, no tengo más que “hoy”.

   ¿Qué me importa, Señor, si el porvenir es sombrío? Pedirte para mañana... ¡Ah! No, no puedo... Conserva mi corazón puro, cúbreme con tu sombra. Solamente para hoy.

   Si pienso en mañana, temo mi inconstancia. Siento nacer en mi corazón la tristeza y el enojo. Pero bien quiero, Señor, la prueba y el sufrimiento. Nada más que por hoy.

   Pronto volaré para cantar tus alabanzas, cuando el día sin ocaso brillará para mi alma. Entonces cantaré con la lira de los ángeles el eterno hoy.


“UN CAMINO ENTERAMENTE NUEVO”


miércoles, 26 de junio de 2019

La Masonería contra la Virgen dé Fatima – Por el Pbro. Virgilio Filippo.





   NOTA: ¿Alguien se preguntó que fue del pequeño árbol (encina) donde se aparecía Nuestra Señora? Y otros elementos que se construyó para iluminar el lugar y colar cruces etc.

   Escribe William Thomas Walsh, respecto de las apariciones de la Virgen del Rosario de Fátima que “en cuanto a la posición liberal, el primer silencio de estupefacción de los carbonarios duró sólo pocos días”.

   Al cabo de una semana, la Gran Logia Oriente, de Santarém se había recuperado lo bastante para planear no sólo una defensa sino un contraataque. En la noche del 23 de octubre, varios “hermanos”, incluyendo uno conocido por “Cementerio Franco”, acudieron a Ourem, donde fueron reforzados por ciertos secuaces del administrador Santos. Todos ellos prosiguieron en automóvil a Cova da Iria, con intención de destruir lo que quedaba de la carrasca, planta de encina sobre la que apareció la Virgen Santísima, matando así el culto, al privarle de un punto de reunión y de la reliquia principal.

   Unos llevaban linternas, otros hachas. Algunos golpes dados a las raíces y el arbolito cayó al suelo. Junto a él estaban otros objetos de devoción; la mesa de María Carreira con flores y monedas encima, y un cuadro de Nuestra Señora, el arco rústico que los peregrinos habían levantado con dos palos largos y otro cruzado sobre ellos, para soportar una pareja de faroles y algunas cruces.

   De todos estos objetos se apoderaron los invasores, transportándolos a Santarém. Los exhibieron como a monstruosidades medievales en una casa próxima al Seminario, estableciendo un modesto estipendio para examinarlos, y ofreciendo lo recaudado al administrador de la Misericordia, quien declinó aceptarlo. A la siguiente tarde llevaron en procesión por las calles, todo lo expuesto, cantando letanías blasfemas con acompañamiento de tambores.

   Cuando un grupo de católicos educados en Santarém publicaron indignados una protesta, la Federación de Pensadores Libres portugueses, replicó con uno de los más curiosos documentos de la historia de Portugal, un manifiesto dirigido a todos los liberales, contra el “vergonzoso espectáculo” representado cual comedia ridícula en Fátima, que atribuían a un complot eclesiástico “para unir la Iglesia con el Estado y restablecer las relaciones diplomáticas con el Vaticano”. En su apasionamiento llegaba el escritor hasta el extremo de declarar, que los milagros debían ser castigados como “transgresiones de las ordenanzas municipales”, ya que eran “violaciones de las leyes de la naturaleza”. Estaba especialmente irritado porque “el Milagro del Sol” había sido inventado y perpetrado en el XX Aniversario del libre pensador Francisco Ferrer. Exigiendo rápida acción pública contra todos aquellos “culpables” de volver a traer a la luz del siglo XX tales “hechos de “medioevalismo”, terminaba con las frases: “larga vida para la República (masónica) abajo la reacción. Larga vida para la libertad”. (Nuestra Señora de Fátima. De William Thomas Walsh Capítulo 14, páginas 195 y 196). (…)


Fragmento tomado de la obra: “Imperialismos y Masonería” (año 1967)

martes, 25 de junio de 2019

LA DOCTRINA DE LA VERDAD – Por Santa Catalina de Siena. (Parte 1 de 3)





TRES LUCES NECESARIAS.


  a) Luz general sobre las cosas del mundo, b) Luz perfecta sobre el abandono del mundo, c) Luz perfectísima sobre la presencia de Dios en el mundo. —La doctrina de la pureza.

   La luz de la razón es necesaria a cualquier alma que de veras quiera servir a Dios. — Primero sobre la luz general.

   Entonces, el Dios se alegró de la sed y hambre de aquella alma y de la rectitud de corazón, y queriendo atender al favor que le pedía, volvió sus ojos de piedad y misericordia hacia ella, diciendo:

   –– ¡Oh amadísima y queridísima hija y esposa mía! Levántate sobre ti misma y abre los ojos del entendimiento para verme a mí, Bondad infinita, y el amor inefable que te tengo a ti y a los demás servidores míos. Abre el oído de tu deseo, porque de otro modo, si no vieses, no podrías oír, o sea, que el alma que no mira con su entendimiento en el objeto de mi verdad, no puede oír ni conocer mi verdad. Por eso, para que la conozcas mejor, quiero que te levantes sobre todo lo sensible, y yo, que me deleito en tu petición y deseo, te complaceré. No es que el deleite pueda crecer en mí por vuestra intervención, puesto que yo soy quien lo hace crecer en vosotros, sino que me gozo en el mismo gozo que doy a las criaturas ––

   Entonces aquella alma obedeció, y, elevándose sobre sí misma para conocer la verdad de lo que le preguntaba, Dios eterno le dijo:

   –– Para que mejor puedas entender lo que voy a decir, volveré al principio de lo que preguntas: a las tres luces que salen de mí, verdadera Luz.

   La primera es una luz común que se halla en los que están en caridad común. Aunque te he dicho que tienes de una y otra luz (natural y sobrenatural), te repetiré muchas cosas ya dichas para que tu pobre entendimiento entienda mejor lo que quisiere saber. Las otras dos corresponden a aquellos que se han elevado sobre el mundo y quieren la perfección. Además de esto, te explicaré lo que me has preguntado, respondiéndote en concreto a lo que te interesa sobre la iluminación general.

   Sabes que te dije que sin luz nadie puede andar por el camino de la verdad, es decir, sin la luz de la razón. Esta la recibís de mí, verdadera Luz, por el entendimiento y por la luz de la fe que os he dado en el santo bautismo, si no la quitáis por vuestros pecados. En el bautismo, mediante y en virtud de la sangre de mi Hijo unigénito, recibisteis la forma de esta fe. Ella, ejercitada en la virtud por la luz de la razón —la cual se halla iluminada por la luz de la fe—, os da vida y os hace andar por el camino de la verdad. Con ella me conseguís a mí, verdadera Luz, y sin ella conseguiréis las tinieblas.

lunes, 24 de junio de 2019

LA CARIDAD HACIA LAS ALMAS DEL PURGATORIO y la Comunión de los Santos – Por el P. REGINALDO GARRIGOU-LAGRANGE, O. P.





¿CÓMO EJERCITAR ESTA CARIDAD?


   Mediante los sufragios, esto es, mediante nuestros méritos de conveniencia, nuestras oraciones, nuestras obras satisfactorias, nuestras limosnas, lucrando indulgencias y, sobre todo, mediante el Santo Sacrificio de la Misa, ofrecido por el descanso de esas almas.

   La misma Iglesia nos da el ejemplo, porque en todas las Misas nos hace orar por ellas en el Memento de los difuntos, y abriendo ampliamente para ellas el tesoro de los méritos de Cristo y de los Santos con las indulgencias que les son aplicables.

   “Las indulgencias—dice Santo Tomás— aprovechan principalmente a aquel que hace una buena obra a la que está aplicada una indulgencia; pero ayuda también, secundariamente, a aquellos por los cuales se hace esa buena obra; y nada impide a la Iglesia aplicarlas a las almas del Purgatorio.”

   El Santo Doctor se pregunta: “Los sufragios ofrecidos por un difunto ¿son más provechosos para él que para los demás difuntos?” Y responde: “A causa de la intención son más ventajosos, tocante a la remisión de la pena, para el difunto por quien se ofrecen, pero a causa de la caridad, que no debe excluir ninguno, son más ventajosos para otros difuntos que tienen una mayor caridad y les proporcionan sobre todo un mayor consuelo. Estos reciben más porque están mejor dispuestos. Se distingue, por lo tanto, el fruto especial de la Misa para la persona a quien la Misa es especialmente aplicada, y el fruto general, en el que participan todos los fieles difuntos, y que no es ciertamente mermado, por muy grande que sea el número de los que participan de él.”

   También se pregunta Santo Tomás: “Los sufragios ofrecidos por varios difuntos a la vez, ¿les son tan provechosos como si fuesen ofrecidos por uno solo? Por ejemplo, ¿si una Misa es dicha por veinte o treinta o por muchísimos más?” Y contesta: “A causa de la caridad que los inspira, estos sufragios son tan provechosos para muchos como si fuesen ofrecidos por uno solo, porque la caridad no es mermada por esta subdivisión, y así, una sola Misa alivia lo mismo a diez mil almas que a una sola. Pero estos sufragios, como satisfacción (y remisión de la pena), que nosotros tenemos intención de aplicar a los difuntos, son más provechosos para aquel para quien son singularmente ofrecidos.”

martes, 18 de junio de 2019

COMO ACONSEJABA A LOS PARROCOS – San José Cafasso (Parte 1 de 3)





   Sería cosa útil y muy del agrado de todos los párrocos el que recogiéramos aquí en pocas páginas, los consejos que el Santo dió a esta rama tan importante del clero, que tiene confiada a su cuidado la cura de las almas. Séame permitido referir algunos sabios consejos que pueden servir de norma, tanto a los sacerdotes que aceptan el desempeño de una parroquia, como a los obispos que la confieren.

   ¿Qué edad es de preferirse para la entrega y aceptación de una parroquia?: “Es mucho mejor, enseñaba Don Cafasso, recibir la parroquia cuando joven más bien que en edad madura. El párroco joven tendrá tiempo para ver crecer en virtud sus feligreses, gracias a sus trabajos y a su predicación. Cuando se puede decir a alguno, yo te bauticé, yo te enseñé las primeras verdades de la fe, cuánto amor, cuánto respeto y cuánta docilidad se aseguran”.

   ¿Se deben escoger las parroquias más ricas o es preferible el total abandono en la Divina Providencia? Sobre este punto Don Cafasso recomendaba absoluto desinterés, exhortando a no ambicionar las parroquias dotadas de más cuantiosa renta, sino buscar en todo la gloria del Señor. Y a uno de sus alumnos, que acaso poco satisfecho por tal consejo, observaba que al fin de cuentas, para un párroco es “siempre mejor que le sobre y no que le falte”, respondió el maestro: “Sí, sí, pero mientras no se haga buen uso de eso que sobra, nadie puede asegurar su eternidad”.

   ¿Se puede aspirar a la parroquia que nos vió nacer y crecer? Don Cafasso jamás aprobó tales aspiraciones recordando las palabras de Jesús: NEMO PROPHETA ACCEPTUS EST IN PATRIA SUA. Decía que los parientes, amigos y compañeros nos recordarían los defectos de nuestra juventud y la familiaridad que habíamos tenido para con ellos mismos, y estos son escollos poderosos para cumplir satisfactoriamente el sagrado ministerio. “Cuántas veces a un párroco en tales condiciones, podría recordarse el Medíce cura teipsun y entonces vería que sus sermones son menos escuchados y su confesonario rodeado con poca confianza. Y oírse luego tutear y llamar con los nombres de hijo de fulano o de sultano sería cosa que disminuiría mucho su prestigio”.

   ¿Cómo conducirse con las personas del servicio y en sus relaciones con los parroquianos? Pague a la criada su salario a fin de cada mes, y no le permita entrometerse en los asuntos de los parroquianos. El párroco debe amar su casa, y mantenerla con decoro, pero sin lujo. No entable amistades innecesarias ni busque entretenimientos profanos. No haga fácilmente confidencias a nadie con la ilusión de que los secretos tan inconsideradamente comunicados han de ser guardados. No vaya a otras casas sino cuando lo exigían la gloria de Dios, el deber y las obligaciones de cortesía. Aun en las más íntimas fiestas, se requiere mucha prudencia. Con ocasión de matrimonios y bautizos, en la iglesia, sí; en la casa, no, al menos por aquel día.

   ¿Cuál debe ser la residencia habitual del párroco? Además de la casa cural, la iglesia. ¡Qué hermoso, decía, cuando la gente va a buscar a su pastor y oye contestar: “voy a llamarlo, está en la iglesia”! Y en la iglesia el párroco debe portarse devotamente. Al verlo los fieles rezando en la iglesia el Oficio Divino, ante Jesús Sacramentado, celebrando la Santa Misa con piedad edificante, se sentirán movidos a frecuentar los Santos Sacramentos y a imitar su devoción.

   ¿Cómo corregir y amonestar a los hijos espirituales? Es deber de los párrocos, enseñaba el Santo, velar por la conducta de sus feligreses para advertir y corregir a los pecadores; y esto no sólo acerca de los defectos conocidos sino averiguando también los ocultos, tanto para la enmienda del delincuente como para edificación de los demás. Para que la corrección produzca frutos y no se tome mal, debe hacerse amablemente y de improviso para que cause más profunda impresión. Jamás se use el púlpito para reprender los pecados privados que se cometen en el pueblo.


“Vida de San José Cafasso” Ediciones Paulinas (año 1948)

lunes, 17 de junio de 2019

LA CARIDAD HACIA LAS ALMAS DEL PURGATORIO y la Comunión de los Santos – Por el P. REGINALDO GARRIGOU-LAGRANGE, O. P.





Fundamento y excelencia de esta caridad

   Santo Tomás enuncia el principio de esta doctrina relativa a los sufragios por los muertos, diciendo: “Todos los fieles en estado de gracia están unidos por la caridad y son miembros de un solo cuerpo, el de la Iglesia. Ahora bien, en un organismo cada miembro es ayudado por los demás. Sin duda —dice—sólo Jesucristo, constituido cabeza de la humanidad, ha podido merecer en justicia por nosotros, pero todo justo puede ayudar a su prójimo con el mérito de conveniencia (Este mérito de conveniencia está fundado no en la justicia, sino en la caridad, que nos une a Dios. A causa de nuestra caridad, El concede una ayuda a los que nosotros amamos…), las obras satisfactorias y la oración. Y lo que se dice del prójimo es cierto también por lo que respecta a las almas del Purgatorio, porque las tales pertenecen a la Iglesia purgante”

   Es un deber de caridad amar a Dios, autor de la gracia, sobre todas las cosas, y amar como a sí mismo a los hijos de Dios, y a los que están llamados a la misma bienaventuranza eterna, que un día gozaremos nosotros. Ahora bien, las almas dolientes del Purgatorio son, por la gracia santificante, hijas de Dios, lo son siempre: la Santísima Trinidad habita en ellas. Jesús vive en ellas íntimamente. Debemos, pues, amarlas como a nuestro prójimo, tanto más cuanto que algunas son de nuestra misma familia terrena, y tenemos deberes especiales de caridad para con las almas de nuestros parientes difuntos.

   Esta caridad debe practicarse tanto más cuanto que esas almas dolientes no pueden hacer nada por sí mismas; no pueden ya ni merecer, ni satisfacer, ni recibir los sacramentos, ni ganar indulgencias; no pueden más que aceptar y ofrecer sus sufrimientos o satisfacción. Por eso es muy necesario ayudarlas. Este deber fué especialmente entendido por la fundadora de las Auxiliadoras del Purgatorio. Muchacha aún, decía a sus amigas: “Si una de nosotras estuviese en una prisión de fuego y nos fuese posible sacarla de allí diciendo una palabra, ¿no es verdad que la diríamos inmediatamente?... He aquí lo que es el Purgatorio: las almas están en una prisión de fuego, pero Dios, que las tiene encerradas, no pide más que una oración para librarlas, y nosotros no decimos esa oración” La reverenda (Ya Santa) madre María de la Providencia, fundadora de la Sociedad de las Auxiliadoras del Purgatorio, 1825-1871 (Notice. París, Gabalda, 1828, pág. 7). Esta joven llegó poco a poco a esta intuición: “La liberación de las almas del Purgatorio para mayor gloria de Dios: hay que entregarle esas almas, que El llama a sí.” Algunos años más tarde el cura de Ars encargaba decir a esta jovencita: “Hará bien en fundar una Orden para las almas del Purgatorio: es Dios el que la ha inspirado para una obra tan sublime..., esta Orden tomará rápido incremento dentro de la Iglesia”.

   Es preciso considerar, además, con el padre Faber, que al ofrecer sufragios por estas almas se obra con seguridad de éxito, porque serán seguramente liberadas; lo que se hace por ellas nunca es en balde.

   Por fin, la caridad ejercida para con ellas es excelente, porque contribuye a dar a Dios almas que El atrae a sí y a dar a esas almas el mayor de todos los dones: Dios contemplado cara a cara, a obtenerles más pronto la eterna bienaventuranza. Al mismo tiempo se acrecienta el gozo accidental de Nuestro Señor, de su Santísima Madre y de los Santos.


“LA VIDA ETERNA Y LA PROFUNDIDAD DEL ALMA”


jueves, 13 de junio de 2019

SAN ANTONIO DE PADUA “CONTRA EL VICIO DE LA USURA”




(NOTA: Recomendamos esta lectura para quienes estudian doctrina social de la Iglesia).


   Después de Ferrara, Antonio se volvió nuevamente a Bolonia, y de aquí a Florencia, si bien esta ciudad no pertenecía a la Provincia que le estaba confiada.

   Allí sucedió el milagro, que narra San Buenaventura, del usurero que fué hallado sin corazón.

   Antonio, lo mismo en Florencia, como también en otras partes; y particularmente en Padua, atacó el vicio de la usura.

   Florencia y Padua tenían la primacía en este pecado. Los ricos banqueros de estas ciudades se habían hecho tan poderosos, que prestaban dinero, no sólo a los particulares, sino también a las casas reinantes, que, por sus continuas guerras, tenían necesidad de dinero. Los pequeños banqueros se contentaban con consumir al pobre pueblo poniendo una tasa que en ciertas determinadas circunstancias alcanzaba casi el cincuenta por ciento. Añádase a esto los abusos que el acreedor podía cometer con el deudor cuando éste no podía satisfacer sus compromisos y se comprenderá bien el motivo de las grandes alabanzas que merecen las invectivas del Santo contra los usureros, y las buenas disposiciones legislativas que algunas veces obtuvo a favor de los deudores insolventes.

   He aquí algunos de los fragmentos de los discursos del Santo sobre esta materia: “La maldita raza de los usureros se ha extendido por toda la redondez de la tierra, y sus dientes son voraces como los de los leones; con ellos mastican el dinero, cenagoso alimento; trituran y devoran continuamente los bienes de los pobres, de las viudas y de los huerfanitos.”

   “Los hay de tres clases. Algunos practican la usura en privado. Son como las serpientes, que se arrastran escondidas, y son innumerables. Otros ejercen la usura abiertamente, contentándose con una compensación menor, con lo que se engañan como si hiciesen una obra de misericordia. Y hay, por fin, una tercera parte, que es la peor, compuesta de pérfidos, desesperados, enfurecidos usureros, que cobran públicamente el tráfico de su oficio. Son estos los animales grandes de que habla el Salmo, porque son más feroces que los otros. Son presa más segura del gran cazador de las almas, que es el demonio. Y son pasto más abundante de la eterna ruina, si no restituyen todo aquello de que ilícitamente se han apoderado y no hacen la conveniente penitencia. Para incitarlos a esto surcan su mar los cazadores de las verdades eternas, y lo surcan con sus naves, y siembran la buena palabra en sus corazones. Más, por justo castigo de Dios, las espinas de las riquezas cobijan a los feroces animales de la usura, y viene a ser sofocada la palabra de Dios, que con tanto cuidado ha sido sembrada; y por esto es por lo que su penitencia resulta infructuosa.”

El milagro de la mula y la Eucaristía – Un pasaje de la vida de San Antonio de Padua.




   Los patarinos, que eran más fuertes en aquella ciudad que en otra parte, habían, entre ellos, desfigurado completamente el dogma de la presencia real, reduciendo la Eucaristía a una simple cena conmemorativa. Con esto, como fácilmente se comprende, herían a la Iglesia en lo que le era más vital, ya que la Eucaristía es precisamente el centro y el corazón de la Iglesia, y de este Sagrado Corazón le fluye la sangre y la vida, se irradia la luz de la Verdad, la llama del amor y se derivan todas las gracias.

   Antonio, en su predicación en Rímini, tuvo bien en cuenta este error particular de los herejes, e ilustró plenamente la realidad de la presencia de Jesús en la Hostia Santa: más los jefes de la herejía daban, por su parte, muestras de tenacidad en sus negaciones, y tal vez en presencia de los más sencillos intentaban rebatir los razonamientos del Santo. Hubo, entre otros, uno que se hacía el sabihondo, aduciendo todas las más mezquinas razones del hombre que no cree en las explícitas palabras de Jesucristo.

   Intentó Antonio iluminarle tanto en público como en privado, aduciéndole, entre otras cosas, que en una diminuta semilla se encuentra en embrión todo el cuerpo futuro,, tanto en el reino animal como en el vegetal; los muchos cambios de que hablan las Escrituras: el agua de las bodas de Cana trocada en vino y, más que todo, el infinito poder de Dios, el cual nos lo ha asegurado con aquellas palabras de Cristo: —Este es mi cuerpo: ésta es mi sangre—, que no admite discusión.

   Bonvillo, así se llamaba el hereje, replicaba siempre que no quería entender tantas razones y sofismas, y una vez añadió: —Si quieres que yo crea en este misterio no tienes más remedio que mostrármelo con un milagro. Te juro que después del milagro estoy dispuesto a creerte y a convertirme.

   —Elige —respondió el Santo— el milagro que quieras, porque yo confío en Dios que lo verás realizado.

miércoles, 12 de junio de 2019

EL TEMOR AL ESCÁNDALO NO DEBE CALLAR LA VERDAD – El ejemplo de San Antonio de Padua.






…El pequeño señor cruel y despótico, del prelado vicioso nada tenían que temer, estos prelados eran incapaces de atreverse a levantar la voz contra el vicio, cuando éste aparecía personificado en el poderoso del mundo.

   El Santo intuyó en seguida este grave achaque y he aquí por qué hallamos en sus sermones las más encendidas invectivas aún contra las personas eclesiásticas y contra los oradores de su tiempo.

   Antonio era del temple de aquel San Juan Gualberto, que algún siglo antes no había titubeado en denunciar en la plaza pública de Florencia a su propio abad y a su propio obispo, tenidos hasta entonces en concepto de hombres de bien.

   A éstos, dice nuestro Santo: “El que predica la verdad da buen testimonio a Cristo, mientras que se lo niega el que la calla. Como la verdad suele atraerse el odio, algunos, para no incurrir en este injusto odio ajeno, cierran sus labios con un riguroso silencio. Si dijeran la verdad como debieran hacerlo, si siguieran la recta razón y el mandamiento del Señor, incurrirían en el odio de aquellos que viven según las máximas falaces y las costumbres perversas del mundo, que han abandonado. Mas como tales predicadores pertenecen a la misma masa de los carnales, e imitan sus costumbres, tienen por esto miedo de escandalizar al mundo, descubriendo sus torpezas, siendo así que ni aún por este escándalo debe callarse la verdad. Cuando los discípulos refirieron a Jesús que los fariseos se habían escandalizado de sus palabras, la Verdad encarnada respondió: “-Lo que no ha sido plantado por mi Padre será exterminado y destruido. No os preocupéis, pues, de ellos, que son ciegos y guías de ciegos.” ¡Oh predicadores ciegos como lo fariseos: porque teméis, las iras de los mundanos incurrís en el mismo castigo que es la ceguedad!

Enseñanzas varias y cortas de San Antonio de Padua





Sobre la usura.

   “Oh ciegos, avaros y usureros, ¿por qué no reflexionáis sobre vosotros mismos? Vosotros sois tierra y es tierra vuestro corazón, tierra todo lo que adoráis. Semejantes a las serpientes del Génesis, estáis condenados a devorar tierra por todo el tiempo de vuestra vida. Vosotros mismos seréis dados en pasto al diablo, y vuestra alma es la comida de la serpiente: —Avarus, cibus est diáboli; y ¿no es un puñado de tierra lo que vosotros adoráis? Y vosotros ¿no sois tierra y fango?

Sobre la soberbia.

   ¡Oh soberbio, tu corazón está hinchado como mar tempestuoso; descompasados, como las olas del mar, son los movimientos de tu soberbia! ¡Hínchate, pues, y enorgullécete! Pero ten en cuenta que no tendrás parte en el Reino de Dios. Este está prometido a los humildes, y el Señor aparta de sí a los soberbios, y les  resiste.

Sobre la lujuria.

¡Oh lujurioso, te has convertido en objeto de burla en manos del demonio! ¡Mira lo que él ha obrado en tu alma, en tu cuerpo! A tu alma ha despojado de la gracia y de todas las hermosas virtudes; a tu cuerpo ha despojado de toda fuerza y de toda energía. Ha disipado en ti todo manantial de virtud; te ha despojado, oh miserable, de toda la hermosura de hijo de Dios, y ha apagado en el fuego de la lujuria toda acción viril, virtuosa y perfecta;¡ qué desgracia!

Sobre la vanidad.

   ¡Oh vanaglorioso, tú llevas contigo aquel fuego que deseca en tu corazón toda semilla de virtud, y le despoja de todo manantial de mérito! Tú soportas todas las incomodidades del virtuoso; tú sientas todas las fatigas de la vida del justo; mas todo lo pierdes por la maldita vanagloria. ¿Con que tú, oh necio, buscas tu gloria, tú que no eres sino polvo y ceniza? Escucha. El espíritu es el que vivifica; mas no el suyo, sino el de Dios. ¿Y te perderás por ir tras una ligera y despreciable gloria mundana?

Sobre la envidia.

   ¡Oh envidioso, has preparado un hermoso nido en tu corazón! un nido al demonio. Yo sé dónde moras dice el Señor en el Apocalipsis: tú moras en la sede de Satanás. Tu corazón es la sede del demonio. La bestia, dice Job, entrará en la caverna y morará en ella. El corazón del envidioso es la cueva del demonio, y todo en ella está oscurecido por el hollín de la envidia. ¡Oh qué cosa más fea, es, pues, la envidia!
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