lunes, 26 de enero de 2026

“No queráis juzgar, y no seréis juzgados... Perdonad, y seréis perdonados...”


 

   


   La tarde va cayendo. En la diminuta y austera celda— sin más adornos que una cruz de palo y una ventana abierta hacia la inmensidad,— en humilde cama de tablas y de pieles, espera el enfermo su postrero instante.

    Cerca de él, sentado en silla de esparto, callado y triste, lo contempla con mirada de lástima el Hermano enfermero.

    El moribundo, de vez en cuando, con rostro alegre interrumpe el silencio de la celda, y su voz ya débil se esfuerza por cantar salmos de esperanza y de resurrección. Y una santa impaciencia se muestra en sus cantares.

    La tarde va adelantando más.

    De pronto el enfermero, lleno de dudas ante aquel morir tranquilo, temblando ante el misterio de aquella vida que huye, pregunta pausado:

    —Hermano Agatón, ¿cómo estáis tan contento?

   —¿No lo he de estar, si muero?...

   —Pues por eso mismo, Hermano mío.

   —¡Ah! ¡Ya comprendo!—exclama el enfermo en esas intuiciones repentinas que alumbran al espíritu a tiempo de partir,—¡ya comprendo!... Es verdad que mi vida monástica ha sido algo remisa, que mis penitencias no han sido grandes, que no he seguido muchas veces a la comunidad, que he cuidado tal vez demasiado de mi flaca salud...

   —Eso, eso—murmura el enfermero.

   —Pero oíd, Hermano. El Señor es misericordioso, y esta mañana, cuando ha venido a mí, cuando me he quedado a solas con Él, me ha dicho que me salvaré, porque El cumplirá su palabra, la promesa hecha en su Evangelio:

   No queráis juzgar, y no seréis juzgados... Perdonad, y seréis perdonados... Y aunque yo no he servido a Dios como debía, pero he sufrido siempre con paciencia los desvíos de todos, he excusado las acciones ajenas, he perdonado las palabras duras que se me han dirigido, no he querido juzgar... Por eso estoy alegre... El Señor me lo ha dicho, el Señor, que es compasivo, que es bueno...

    En sus ojos comenzaba a brillar el día de la inmortalidad.

   Por la abierta ventana de la celda entraba la última palpitación del crepúsculo.

   Allá lejos, donde el mar y los cielos se besan, tremolaba la blanca vela de un navío que acaso bogaba hacia la patria.

   En la montaña, las aves regresaban a sus nidos.

   El Hermano Agatón volaba al cielo.

 

Por J. L. BRUN.

 

 

lunes, 19 de enero de 2026

¡COSAS DEL MUNDO! – Por “Lectura Dominical” del “Apostolado de la Prensa”. Año 1908.


 

   Comentario de Nicky Pío: Bellísima historia, a la vez que real, y cruda. Que pinta de cuerpo entero, a quienes sufren el flagelo de la desocupación, por la las infinitas circunstancias de la vida.  Y el estigma que deben cargar, aquellos que son medidos, por una sociedad apática y sin compasión, no por lo que son, sino por lo que tienen. Cómo si ser pobre fuera un delito, y el pasar necesidades un pecado.

 

   Caminaba maquinalmente, sin saber a dónde ir. Recorría las calles, se detenía en las plazuelas, volvía de nuevo a pasar por los mismos sitios, siempre buscando... siempre esperando,  pero no sabía apunto fijo lo que esperaba. Había agotado ya todos los recursos; había pedido trabajo en muchos talleres y fábricas... siempre la misma respuesta: «Sobra gente.»

    ¿Sobraba gente en realidad? ¿Estaba él de más en la vida? ¿No había un sitio para él?... Un sitio muy pequeño, una ración muy limitada, ¡se contentaba con tan poco! Era joven; había trabajado mucho y podía trabajar todavía. Se daría por satisfecho con que, a cambio de sus músculos y de su esfuerzo, le permitieran vivir, solamente vivir... ¿Y le dejarían morir de hambre? Contemplaba los establecimientos de comestibles repletos, los escaparates de los restaurants llenos de platos refinados y de manjares exquisitos, y de toda aquella abundancia que se desbordaba, ¿no habría para él siquiera las migajas?

   Ya no sentía el hambre, pero de vez en cuando se le nublaba la vista, las casas daban vuelta en torno suyo, y tenía que apoyarse en la pared para no caer. Estos desmayos pasaban; la que no disminuía nunca era aquella amargura intensa que sentía en el fondo del alma, aquella tristeza sin consuelo que le llenaba la cabeza de pensamientos negros y que pesaba sobre él como una montaña de dolor. Transcurrieron horas y horas interminables, siempre lo mismo, sin saber por qué andaba, ni por qué se detenía... ¿Por qué venían ahora a su memoria el recuerdo de los tiempos felices de su niñez? ¿Era él el mismo que había disfrutado de aquel hogar, de aquellas horas venturosas; de las caricias de aquella madre tan querida? El recuerdo de todo aquello aumentaba su desgracia... Hoy no tiene a nadie; ¿cómo ha llegado a tal extremo? Su pueblo está arruinado por la filoxera (embriagarse), y decidió venirse a la capital, donde esperaba encontrar trabajo y protección.

   «Un hombre honrado—pensó—que sabe y quiere trabajar, encuentra siempre asilo en una capital donde haya movimiento, vida y riqueza.» ¡Se habia equivocado!

   ¿Cómo llegó a tender la mano? ¿Cómo tuvo palabras para, implorar una limosna? El instinto de conservación le impulsó... ¡Ahí pero lo hizo con mucha vergüenza, ocultándose, mirando con recelos, como quien comete un delito! Unos pasaron de largo, otros le reprocharon que era joven y podía trabajar, otro depositó en su mano una moneda. ¡Era la primera limosna! Compró pan y lo comió sin hambre... Comenzó a obscurecer. Las calles tomaron nuevo aspecto.

   ¡Ah! cuando avanzaba la noche temblaba de inquietud... ¿dónde pasaría la madrugada? En los albergues nocturnos exigían dinero, y él no lo tenía. ¿Qué hacer? ¡Una noche de Enero por las calles! Veía pasar a los hombres todos de prisa, todos en busca de su hogar, donde encontrarían un lecho abrigado, una familia cariñosa... ¡todos menos él!...

   Y fueron quedando las calles desiertas, y nuestro hombre continuaba todavía andando al azar, con la mirada extraviada, con las manos en los bolsillos, tiritando bajo su pobre ropilla...

   Al pasar por una calle vio el fuego de una hoguera entre los montones de ladrillos y los escombros de una casa en construcción. Junto a la candela había un hombre, el guarda de la obra, sin duda, ¡Si lo admitieran allí! Al menos pasaría la noche abrigado. Después de vacilar un poco penetró, al fin, y suplicó al guarda que le dejara pasar allí la noche,

    —Pero ¿no tiene usted dónde quedarse?

   —No, señor.

   —Mal negocio para la noche que se presenta... en fin, puede usted quedarse; aquí no crea usted que se está muy bien, pero mejor que en la calle, desde luego... Arrímese, arrímese a la candela.

   El guarda era un viejo de rostro franco y aspecto simpático.

    —¡Demonche!(Demonios) ¡Está usted helado! Espere, hombre, espere.—

  Y se levantó, buscó entre los escombros, apareciendo en seguida con una manta.

   —Verá usted cómo ahora entra en calor... ¡ajajá! Volvió a rebuscar de nuevo y se presentó con un cacharro de hoja de lata, que puso al fuego.

   —Ahora, con un buen trago de té caliente, reacciona usted. Es mala cosa pasarse asi una noche.

   Mientras se hacía el té, nuestro hombre contó al guarda sus desdichas.

   — El mundo anda mal — dijo sentenciosamente el guarda, —pero muy mal. El que cae, se fastidia; aquí me tiene usted a mí: he servido en casas muy principales de ayuda de cámara, de mozo de comedor, de todo; bueno, pues tuve un disgustillo, salí, y ya me dicen que no sirvo, que soy viejo, y tengo que pasar las noches como usted ve para que no se mueran de hambre mis nietecillos. ¡El mundo es una cosa! Yo he visto mucho y no me espanto de nada. Después de todo aquí paso las noches distraído. ¿Ve usted esa taberna tan lujosa que hay ahí enfrente? Eso se llama ahora un bar... Bueno, pues en los salones de arriba hay una casa de juego. Desde este escondite veo entrar y salir todas las noches a muchos de los que fueron mis señores... En la cara y en el aspecto conozco cuándo ganan y cuándo pierden... ¡Sí usted viera los dramas y las tragedias que pasan por ahí!... Ahora entra D. José Gómez, Pepe Gómez, como le dicen. ¿Ve usted ese alto, con barba corrida, que se ha quedado en la puerta?... Bueno, pues ya hasta las seis de la mañana no hay quien le vea el polvo. Pero es lo que yo digo: ¿de dónde sacará Pepe Gómez el dinero para jugar de esa manera? Cuando yo estaba en su casa—y hace de esto la friolera de diez años—ya estaba arruinado; derrochó casi todo el capital de su padre; después se casó con una muchacha muy rica... también cayó el dote, y ahora, que no tiene una peseta, no falta ni una noche al bacarrat. ¿De dónde sale ese dinero?... Pues y este otro, el marquesito de Vistaalegre, la primera escopeta del tiro al pichón, primer premio en los concursos hípicos, primer chofeur de la Península. Para ese la vida es un sport. Le digo a usted que todo está perdido. Las principales casas están llenas de trampas, enredos y pagarés. Y todo eso se fragua ahí. Alrededor de todos esos mocitos que pasan ahí la noche, revolotean una bandada de aves de rapiña. ¿Que pierden? Se acercan los prestamistas. ¿Que ganan? Se acercan las malas mujeres, torcedoras de voluntades. Total: que ya por fas o por nefas (por las buenas o por las malas), el dinero que traen se lo lleva el demonio.

   Por la misma acera de la obra venia un grupo de caballeros; conversaban muy acaloradamente, a buen seguro de algo muy grave. Se pararon ante la obra.

   —Le digo a usted, querido conde, que aquí no se sabe gastar el dinero. Para gastar dinero, París; para divertirse, aquellos musik-hall aquellos Folies Bergeres; ¿cuánto creerá usted que me gasté en mi último viaje? Estuve muy pocos días; bueno, pues llevé 40.000 pesetas y tuve que pedir más dinero para comprar los 80 caballos que ahora tengo.

   —¿Le parece a usted que echemos un ratito en el bar?

   —Como usted quiera; pero aquí no se sabe jugar.

   Mire usted, la última vez que yo estuve en Bilbao...

   Y se dirigieron al bar.

   Amanecía.

   El cielo comenzó a teñirse de una suave y sonrosada claridad.

   Por la calle se sentía ya algún ruido. Traperos que pasaban cargados con sus grandes sacos, obreros que se dirigían a la fábrica, vendedores que iban al mercado.

   Se aproximaba la hora en que los trabajadores llegarían a la obra y el guarda abandonaría su puesto.

   Nuestro hombre se despidió de él, y se lanzó de nuevo a la calle...

   —¡Pobre hombre!—dijo el guarda al verlo partir.—¡Y yo que me creía desgraciado!... ¡ese sí que lo es!...

   ¡Cosas del mundo!...

 

   LUIS LEÓN.

viernes, 16 de enero de 2026

PLAN ANDINIA Y TELAM.


 


 

DEL YUGO SIONISTA A LA ARGENTINA POSIBLE (Año 1976) – Por WALTER BEVERAGGI ALLENDE. (Abogado y Doctor en Economía).

 

Cuando la Agencia de Noticias TELAM difundió, el 28 de abril de 1975, a la opinión pública Argentina la “CREACION DE UN ESTADO DE ISRAEL EN ARGENTINA”.

 

Comentario de Nicky Pío: Lo que van a leer es una  prueba más, de carácter “irrefutable” sobre la existencia del PLAN ANDINIA. Lógicamente siempre habrá quienes lo nieguen, y busquen silenciar la verdad y a los que lo divulgan. Este plan ya se puso en marcha hace más de medio siglo, cómo lo van a leer en este artículo.

 

DE LA “ARGENTINA-COLONIA”

A LA POSIBLE DESINTEGRACION NACIONAL.

 

 

   1. Alternativas del desmembramiento: desde la “Andinia Israelí” a cualquier variante marxista.

 

   El 28 de abril de 1975, la opinión pública de muchos lugares de nuestro país se sobresaltó con una noticia por demás llamativa: “CREACION DE UN ESTADO DE ISRAEL EN ARGENTINA”. La información provenía del exterior, y la transmitía la agencia oficial de noticias Télam, de manera que no podía dudarse de la seriedad de la misma y del carácter fidedigno atribuible a la fuente. El despacho de Télam fue publicado por numerosos e importantes diarios del interior del país; prácticamente por ninguno de la Capital Federal. Pese a la gravedad de la noticia y a la respetabilidad de su procedencia, nadie planteó un “pedido de informes” en el Congreso de la Nación. Evidentemente, los “frenos y contrapesos” del régimen funcionaban perfectamente: tanto a nivel de “instituciones políticas” como de medios masivos de difusión.

 

   Reproducimos a continuación, textualmente, el mensaje de la Agencia Télam, tal como fuera insertado en una media docena de diarios que tenemos a la vista sin que se advierta entre las versiones reproducidas por todos ellos variante alguna: “PREGON”, de S. S. de Jujuy; “EL DIARIO”, de Paraná; “LA GACETA", de Tucumán; “EL LIBERAL”, de Santiago del Estero; “CORDOBA”, de Córdoba, entre otros, todos del 28 de abril de 1975.

 

   “BARCELONA, España, 27 (Télam-EFE). – La creación de un Estado de Israel en Argentina es revelada por el periodista español Miguel de la Cuadra Salcedo en unas declaraciones publicadas en el diario “La Vanguardia Española”, de Barcelona. “En el sur de Argentina –afirma el periodista se está ultimando el “Proyecto Andinia”, que es nada más y nada menos que el intento de creación del Estado de Israel; la zona es muy rica en petróleo, no puedo decirles más. Ante la insistencia del entrevistador, Miguel de la Cuadra, puntualiza que no puede dar más detalles, y afirma, sin embargo, haber visto los documentos que acreditan el nuevo Estado, que se llama precisamente –dice– Andinia, incluso, puedo obtener fotografías de los mismos. Además –añade–, he estado allí y he visto con mis propios ojos lo que se está haciendo, cómo se está trabajando.”

 

   Con todo lo impresionante que esta noticia podía parecer, lo importante es que no se trataba de algo enteramente novedoso, sino, por el contrario, de la simple confirmación, por vía de una fuente periodística responsable y perfectamente identificada, del extranjero, de informaciones que mucho tiempo atrás habían tomado estado público en nuestro país. Por ejemplo, el 19 de noviembre de 1971, el autor de esta obra, envió una carta pública al señor José Ignacio Rucci, entonces Secretario General de la C.G.T., la cual tuvo amplísima difusión en todo nuestro territorio, no precisamente por la vía periodística, pues, fue cuidadosamente “silenciada” por los medíos masivos de difusión, sino por la impresión y reproducción en millones de ejemplares, espontáneamente emprendida por nuestros conciudadanos. Además, y debido a esta circunstancia –que frustró la “orquestación de silencio” respecto de mi grave denuncia–, la DELEGACION DE ASOCIACIONES ISRAELITAS DE LA ARGENTINA (D.A.I.A.), se sintió obligada a desmentir las afirmaciones contenidas en mi carta a Rucci, en una presentación oficial ante el Ministerio del Interior. Por supuesto que esta presentación de la D.A.I.A., sí, contó con la más amplia divulgación por parte de todos o casi todos los medios informativos del país. El argumento central de esta entidad, que de ningún modo pudo refutar mis aseveraciones, estaba referido a mi presunta condición de “antisemita” o “antijudío”, condiciones que gratuitamente se me atribuyen y que he negado siempre, con fundados argumentos. (Véase, por ejemplo, diario LOS PRINCIPIOS, Córdoba, 11-XI-69).

 

   Pero he aquí que, poco tiempo después, un eminente autor judío (ello es, de religión judía), el señor Jacques Zoilo Scyzoryk, publica en Buenos Aires un libro titulado “EL IMPERIO JUDEO-SIONISTA Y LA DESINTEGRACION ARGENTINA” (Edit. Continente Indoamericano, Bs. As., 1972.), quien en el Capítulo VII de esa publicación, saturada de pruebas documentales, no sólo avala las afirmaciones contenidas en mi carta a Rucci, respecto del “PLAN ANDINIA”, sino que provee abundantes demostraciones y argumentos que corroboran las intenciones atribuidas al SIONISMO INTERNACIONAL de crear un “Estado de Israel” a expensas del territorio argentino. Evidentemente, al señor Scyzoryk, nieto de un rabino, y destacado publicista nacionalizado argentino, tampoco se le puede achacar con ningún fundamento serio ser “antijudío” o “antisemita”.

 

   No abordaremos aquí ningún planteo polémico sobre el “PLAN ANDINIA”, ni es la oportunidad para desmenuzar ese tema. Tan sólo nos interesa al respecto destacar dos cosas:

 

   1) Que nuestro país viene sufriendo estos últimos años un asedio económico gravísimo, que se ha traducido internamente en una serie de circunstancias catastróficas y padecimientos sin límite para el pueblo argentino, a la vez que una serie de convulsiones políticas (particularmente la guerrilla subversiva  marxista), que han ocasionado ya millares de víctimas.

 

2) Que una fuente extranjera, presumiblemente seria, avalada por una agencia informativa oficial argentina, revela un PLAN DE DESINTEGRACION TERRITORIAL DE NUESTRO PAIS; y que ese Plan había sido objeto ya de fundadas denuncias en nuestro propio medio.

 

   Con esto queremos significar, simplemente, que contra todas las expectativas razonables. Argentina –un país inmensamente rico, sin problemas raciales, religiosos o sociales de ninguna naturaleza– se encuentra de buenas a primeras en una situación caótica y amenazada por grupos “guerrilleros”, que pretenden pedir ante los organismos internacionales (Naciones Unidas, Organización de Estados Americanos, etc.) su reconocimiento como “beligerantes”, en términos de las convenciones internacionales, y “ocupantes de una franja liberada” del territorio argentino.

 

viernes, 9 de enero de 2026

EL ASESINATO RITUAL MASÓNICO VIVIDO Y RELATADO POR SAN DANIEL COMBONI EN 1868 (1) – Por el Padre Don Curzio Nitoglia.


 



   Monseñor Pier Carlo Landucci (2) (1900 – 1986) en Cien problemas de fe, (Roma, Postulación de la Causa de Beatificación, VII ed., 2003 (3) escribe que «Monseñor Daniele Comboni (1831 – 1881), cuando pudo hablar con prudencia, relató repetidamente el evento y sus detalles. Uno de sus confidentes fue el Superior General de las Hermanas de Nigrizia (fundada por Comboni).»

 

   Estaba en París, aún no era obispo, en diciembre de 1868.  A última hora de la tarde del 22 de diciembre vinieron a buscarlo porque había un hombre moribundo presente. Subió a un carruaje cerrado que había venido a recogerlo y encontró a tres distinguidos caballeros que, después de unos momentos, con armas en mano, le vendaron los ojos. Un par de horas de dar vueltas. Habiéndose detenido, entraron —él todavía tenía los ojos vendados— en una casa, donde recorrieron habitación tras habitación. Allí estaba, finalmente, con los ojos vendados. Se encontraba en una sala de estar suntuosamente iluminada. Lo llevaron a una habitación contigua: «Tiene una hora», le dijeron. […].

 

   Una voz lo sacudió: «Padre, soy el enfermo que necesita su ayuda». Un distinguido caballero estaba sentado allí en un sillón. «Debo morir en una hora, » dijo, «y quisiera que me prepararas para una muerte cristiana. En resumen, te diré que soy miembro de una sociedad secreta (la masonería), en la que fui ascendido al grado 33. Serví en la sociedad durante 28 años, cuando me encargaron quitarle la vida a un prelado muy estimado por todos, pero me negué rotundamente, aunque estaba seguro de que tal negativa me costaría la vida. »

 

   «Mi sentencia ha sido pronunciada. En una hora moriré. Me abrirán las dos venas de la garganta. Ya he causado la muerte de otros de esta manera, y Dios me castiga con justicia. Mi cuerpo será arrojado al Sena. »

 

   “¿Cómo es posible”, respondió Comboni, “que tus compañeros se tomaran la molestia de traerte al confesor?”. Respondió que había recibido una excelente educación religiosa de niño, que tenía una esposa muy piadosa y una hija monja, y que fue aceptado por la secta debido a su alta posición social, a pesar de haber puesto la condición explícita de ser…Pudo recibir al sacerdote en el borde de la muerte. [...].

 

   Mientras el condenado hacía una confesión ferviente, la hora llegó a su fin y tres hombres aparecieron repentinamente en la puerta. [...]. Inflexibles, sin decir palabra, llegaron, lo ataron y se marcharon. Regresaron con algunas manchas de sangre en las manos y advirtieron a Comboni que no dijera ni una palabra sobre lo sucedido, bajo pena de muerte, incluso si lo alcanzaban en África central. [...].

 

   Con los ojos vendados de nuevo, lo obligaron a subir al carruaje para un nuevo y largo viaje. Bajaron. Luego, silencio; al cabo de un rato, se quitó la venda. Estaba solo en un jardín en plena campiña, lejos de París. Tres días después, leyó en los periódicos que en la morgue de París había algunos cadáveres sin identificar. Fue allí y, atraído por una reliquia que le habían regalado, logró reconocer con dificultad el rostro deformado de la víctima. Examinó atentamente el cuello y vio dos puñaladas. (4) (págs. 241-244) (5).

 

Conclusión

 

   Landucci concluye sobre la masonería de la siguiente manera: «Por lo tanto, son comprensibles las severas condenas pronunciadas por la Santa Sede, comenzando con el Papa Clemente XII en 1738. El epíteto de Pío IX ha permanecido célebre: “Estas sectas forman la Sinagoga de Satanás” (Apocalipsis, II, 9) (6)”. El árbol tiene raíces podridas y los frutos han permanecido inexorablemente envenenados» (op. cit., p. 241).

 

 

NOTA:

 

1  – Para el asesinato ritual judío, véase ARIEL TOAFF, ​​Pasque di Sangue. Ebrei d'Europa homicidio rituali, Bolonia, Il Mulino, 2007.

2  – Después de su ordenación sacerdotal en 1929, el padre Pier Carlo Landucci fue nombrado minutante en la Sagrada Congregación para Seminarios y Universidades. En 1932, se le confió la cátedra de Filosofía de la Ciencia en la Universidad Lateranense, tras graduarse en ingeniería, filosofía y teología, pero después de cuatro años tuvo que dejar la docencia porque fue nombrado director espiritual del Seminario Mayor Romano. En 1935, el padre Pier Carlo fue, a su vez, nombrado rector del Pontificio Seminario Menor Romano.

Los libros escritos por Mons. Landucci son numerosos: Lo spazio e la fisica moderna, Roma, Studium, 1935; Maria Santissima nel Vangelo, Roma, 1944, última reimpresión 2000, Edizioni Paoline; De mis almas, Turín, Libreria Salesiana Editrice, 1946; Cien problemas de fe, Roma, Studium, 1946; En el vórtice, Roma, Colletti, 1946; ¿Existe Dios? Asís, Pro Civitate Christiana, 1948; Hacia el altar, Roma, 1950; El misterio del alma humana, Asís, Pro Civitate Christiana, 1952; La vocación sagrada, Roma, 1955; Problemas de la incredulidad y de la fe, Roma, Colletti, 1961; Formación en el seminario moderno, Turín, Borla, 1962; Comentario a los Evangelios y al Apocalipsis, Milán, Fratelli Fabbri Editori, 5 volúmenes, 1964-67; Mitos y realidad, Roma, La Roccia, 1968; El Dios en el que creemos, Roma, Pro Sanctitate, 1968, reimpresión, Proceno di Viterbo, Effedieffe, 2001; El sacerdote en disputa, Roma, 1969; Seminaristas y sacerdotes, Brescia, Ed. Civiltà, 1970; La verdad sobre los orígenes y la evolución, Roma, 1984; La verdadera caridad hacia el pueblo judío, en “Renovatio”, 1982, n.º 3, reimpresión, Chieti, Solfanelli Editore, 2006; Judíos y cristianos, en “Renovatio”, 1985; Teilhard de Chardin, extracto/reimpresión, Proceno di Viterbo, Effedieffe, 2015.

Sobre Landucci, véase F. SPADAFORA, Recordando a Monseñor Landucci, en “Renovatio”, Génova, 1987; P. PALAZZINI – GB PROJA, Mons. Pier Carlo Landucci, Turín, LDC, 1990; GB PROJA, Mons. Pier Carlo Landucci. Sacerdote, guía, modelo, maestro, Roma, 1995.

3  – El libro puede solicitarse al Postulador de la Causa de Beatificación, en Piazza San Giovanni in Laterano, n. º 4, 00120 – Ciudad del Vaticano. Edizioni Effedieffe (Proceno di Viterbo) también tiene algunos ejemplares que pueden solicitarse en  info@effedieffe.com

4  – Landucci escribe en una nota: «A este respecto puedo añadir una experiencia personal. Entre los objetos secretos entregados al sacerdote por un francmasón moribundo, reconciliado con la Iglesia (1955), había un folleto de advertencias y reglas secretas de fidelidad masónica; Terminaba con un párrafo que advertía que, naturalmente, quien traicionaba “aceptaba pagar por su traición con un atracón de garganta” (n. 2, p. 242).

5 – Bibliografía: B. DOLHAGARAY, Franc-Maçonnerie, en DThC, vol. VI, col. 722-731; G. GAUTHEROT, Franc-Maçonnerie, en DAFC, vol. II, col. 95-131; P. PIRRI, Masonería, en la Enciclopedia Católica, vol. VIII, col. 312-325; G. CAPRILE, Massoni e Massoneria, Roma, 1958.

6  – “El judaísmo actual, apoyado por un sector muy poderoso del capital estadounidense (de los Estados Unidos de América, donde los judíos son muy numerosos y la influencia judía es muy poderosa) y de la masonería angloamericana en particular, se ha establecido en Palestina con un desprecio absoluto por los derechos de los cristianos, remontándose a la historia precristiana, como si nada, incluida la aparición del profetizado Jesús de Nazaret, hubiera sucedido. […]. Tras la creación del Estado de Israel, fuerte y autoritario incluso contra sus dueños árabes de facto, expulsado sin piedad, no por el poder de las armas de fuego, sino por las armas del capital y la solidaridad racial globalista. En toda organización anticatólica, los judíos se encuentran invariablemente: en la masonería y el comunismo sobre todo” (PC LANDUCCI, op. cit., p. 193)