sábado, 17 de abril de 2021

DEBEMOS CONFIAR A DIOS TODAS NUESTRAS INQUIETUDES – Por Tomás de Kempis.

 



Cristo. Hijo mío, déjame hacer de ti lo que quiera, pues yo sé lo que te conviene. Tú piensas como hombre, y sientes en muchas ocasiones como tu humano corazón te inclina.

 

El discípulo. Es verdad lo que dices, Señor. Tú tienes mayor solicitud de mí que todo el cuidado que yo puedo tener. Demasiado inseguro está quien no te confía todos sus cuidados.

 

Con tal que mi voluntad permanezca firme y recta en tu amor, haz conmigo lo que quieras, Señor. Porque sólo bueno puede ser lo que de mí hicieres.

 

Si quieres que esté en tinieblas, bendito seas. Y si quieres que esté en la luz, seas igualmente bendito.

 

Si te dignas consolarme, bendito seas. Y si quieres que sufra, seas también bendito eternamente.

 

Cristo. Si quieres andar conmigo, debes estar en esta disposición: tan pronto a sufrir como a gozar; tan contento en la pobreza y escasez como en la riqueza y abundancia.

 

El discípulo. Señor, sufriré con gusto por ti cuanto quieras que me venga.

 

Con igual contento quiero recibir de tu mano los bienes que los males, lo dulce que lo amargo, las alegrías que los pesares, y agradecerte igualmente cuanto me suceda.

 

Guárdame de todo pecado, y no temeré la muerte ni el infierno.

 

Ninguna tribulación que me venga podrá dañarme, con tal que no me destierres para siempre, ni me borres del libro de la vida.

 

 

“LA IMITACIÓN DE CRISTO”


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