lunes, 1 de junio de 2020

Martirologio Romano 1 de junio SANTA ÁNGELA DE MÉRICI, Virgen

Patrona de los discapacitados; minusválidos; enfermos; quienes han perdido a sus padres. Protectora contra las enfermedades y la pérdida de los padres.


N. 21 de marzo de 1474 en Desenzano del Garda, Italia; † 27 de enero de 1540 en Brescia, Italia


   Quien guardare y enseñare mis mandamientos, grande será llamado en el reino de los cielos. (Mateo 5, 19)

   Santa Angela Mérici, Virgen, de la tercera Orden de san Francisco, que fue Fundadora de la Congregación de Vírgenes de santa Úrsula, y el 27 de Enero fue por el celestial Esposo llamada a recibir la inmarcesible corona.
 En Roma, san Juvencio, Mártir. En Autún, los santos Reveriano, Obispo, y Pablo, Presbítero, con otros diez; los cuales, en tiempo del Emperador Aureliano fueron coronados del martirio. En Cesárea de Palestina, San Pánfilo, Presbítero y Mártir, varón de maravillosa santidad y doctrina, y dadivoso con los pobres, el cual, en la persecución de Galerio Maximiano, fue por la fe de Cristo atormentado y encarcelado bajo el Presidente Urbano; y más tarde bajo Firmiliano, atormentado de nuevo, juntamente con otros consumó el martirio. También, padecieron entonces Valente, Diácono, Paulo y nueve más, cuya memoria se celebra en otros días. En Capadocia, san Tespesio, Mártir, que, bajo el Emperador Alejandro y el Prefecto Simplicio, después de sufrir otros tormentos, fue degollado. En Egipto, los santos Mártires Inquirió, jefe del ejercicio, y otros cinco soldados, los cuales, imperando Diocleciano, por la fe de Cristo fueron sacrificados con diferentes géneros de muerte. Igualmente san Firmo, Mártir, que en la persecución de Maximiano fue cruelísimamente llagado, apedreado y por último degollado. En Perusa, los santos Mártires Felino y Gratinando, soldados, que en tiempo de Decio, atormentados con varios suplicios, recibieron, con gloriosa muerte, la palma del martirio. En Bolonia, san Próculo, Mártir, que padeció en el imperio de Maximiano. En Ameria de Umbría, san Segundo, Mártir, que, en tiempo de Diocleciano, arrojado al Tíber, consumó el martirio. En Tiferno de Umbría, san Crescenciano, soldado Romano, que en tiempo del mismo Emperador fue coronado del martirio. En el monasterio de Lerins, en Francia, san Caprasio, Abad. En el monasterio de Oña, Obispado de Burgos, en España, san Iñigo, Abad Benedictino, ilustre por la gloria de la santidad y de los milagros. En Montefalco de Umbría, san Fortunato, Presbítero, esclarecido en virtudes y milagros. En Tréveris, san Simeón, Monje, que fue puesto por el Papa Benedicto IX en el número de los Santos.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

SANTA ÁNGELA DE MÉRICI, Virgen


   La gloria de los servicios inmensos prestados a la religión y a la sociedad desde hace más de tres siglos por las religiosas ursulinas, recae, después de Dios, en la santa cuya fiesta celebramos hoy. Una visión que tuvo un día mientras estaba en oración, la confirmó en el proyecto que había concebido de consagrarse a la instrucción cristiana de la juventud de su sexo. Con este objeto, asoció a algunas vírgenes cristianas, les redactó un reglamento de vida y dio a la congregación el nombre de Ursulinas, temiendo que, después, se la llamase con su nombre. La nueva sociedad hizo un bien inmenso en Brescia y sus alrededores, y fue elevada al rango de orden religiosa cuatro años después de la muerte de Ángela, que acaeció el 27 de enero de 1540.



MEDITACIÓN SOBRE LAS TRES CLASES DE CARIDAD

   I. La primera caridad que debemos al prójimo es el alimento y el vestido. Quien tiene bienes de este mundo, y viendo a su hermano en necesidad cierra las entrañas, ¿cómo es posible que resida en él el amor de Dios? ¿Haces tú caridad según tus medios? ¿O imitas, acaso, al rico Epulón que daba espléndidos festines mientras Lázaro a su puerta se moría de hambre? ¡Cuán terrible será oír: Tuve hambre y no me diste de comer, estuve desnudo y no me vestiste!

   II. La segunda caridad que debemos a nuestros hermanos es el pan de la inteligencia, la verdad religiosa. Instruyendo a los ignorantes continuamos la obra de Jesucristo. Una de las señales que da Él de la venida del Mesías, es que los pobres son evangelizados. Esta obligación se hace obligación de justicia si se trata de nuestros hijos. Recordad, padres y madres, que no sólo habéis engendrado para esta vida perecedera a vuestros hijos, sino para la vida eterna; y la vida eterna consiste en conoceros a Vos, que sois el solo Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Vos habéis enviado (Evangelio de San Juan).

   III. Después de haber ilustrado la inteligencia, hay que formar el corazón y elevarlo hasta Dios. Si no podemos por nosotros mismos cumplir este deber de caridad para con el prójimo, ¿no podríamos acaso hacerla cumplir por medio de otros, favoreciendo las escuelas en las que los niños son formados en la religión y en la piedad? ¿Hemos confiado, por lo menos, a nuestros hijos a personas capaces de desarrollar en ellos el germen de piedad que nosotros hemos debido sembrar en su corazón? No confiaríamos nuestros caballos a un conductor inexperto, y se entregan los hijos al primero que venga (San Juan Crisóstomo).

   La buena educación de los hijos. Orad por las órdenes docentes.

ORACIÓN

   Oh Dios, que os dignasteis serviros de la bienaventurada Ángela para hacer florecer en la Iglesia una sociedad de vírgenes sagradas, concedednos, por su intercesión, que vivamos como ángeles, a fin de que, renunciando a todas las cosas terrenales, merezcamos gozar un día de los júbilos eternos. Por J. C. N. S.

Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J., Tomo I; Patron Saints Index.





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.