jueves, 27 de abril de 2017

Más al comulgar mi corazón se queda frio e insensible; estoy distraído y no siento el menor fervor, la menor devoción. –– Por Monseñor de Segur.




   Para los que gustan mucho de  hablar y oír sobre la Comunión: Esta lectura no sólo es de una gran sabiduría, sino también de gran consuelo y hermosura. ¡RECOMENDABLE!

   Cuando por la milagrosa pesca conoció San Pedro la divina santidad y majestad de Aquel que había entrado en su barca, se arrojó a los pies de Jesús, y le dijo: Exi a me, Domine, quia homo peccator sum. “Apartaos de mí, Señor porque soy un hombre pecador” Y el buen Maestro le contestó: Noli timere. “No temas” (Lucas V. 8.)

   No temas tú tampoco: ¿no entregaste tu corazon a Dios? ¿No quieres servirle bien y fielmente? Pues no te pide más. Las distracciones deben humillarnos, no desanimarnos; estate  seguro de que la mayor parte de las veces no son voluntarias, y, por lo tanto, no nos privan del fruto de nuestras Comuniones. Si tienes buena voluntad, buena será también la Comunión.

   ¿Piensas que les Santos no experimentaron también esas tristezas, ese tedio, esa privación de todo consuelo sensible, esas importunas distracciones de que te quejas?

   San Vicente de Paul sufrió por espacio de dos años enteros tan gran sequedad de espíritu, que ni aun podía formular un acto de fe y como el demonio se aprovechaba de su situación angustiosa para turbar la paz de su alma con fuertes tentaciones, el Santo puso sobre su corazón, cosido en la sotana el Credo que había escrito al efecto, y una vez por todas convino con Nuestro Señor que cuando pondría la mano sobre aquella fórmula se entendería que hacia los actos de fe y piedad que no le permitía el estado interior de su alma. Permaneciendo incontrastable en su fe, continuó sus ejercicios espirituales, sin dejar uno solo, celebrando cada día la misa. Y pregunto ahora: ¿eran buenas las Comuniones?

   Fenelón pasó los últimos años de su vida sufriendo penas iguales, y escribía a su piadoso amigo, el duque de Besuvilliers: “Experimento una sequedad de espíritu terrible, y la paz de que gozo es muy amarga,”

   Estas son las pruebas con que el Señor purifica comúnmente a todos sus verdaderos servidores; esta es la vía ordinaria por donde lleva a sus escogidos a la cima de la perfección cristiana; y precisamente la Comunión frecuente es, según Santa Teresa, el mejor remedio para esas almas desoladas.

   Por otra parte, muchas veces la sagrada Eucaristía obra en nuestra alma sin que lo echemos de ver, como observa San Lorenzo Justiniano; y el gran doctor San Buenaventura, añade: “Aunque te sintieres tibio y sin devoción, no debes por eso dejar de acercarte a la sagrada Mesa porque, cuanto más enfermo estuvieses, más necesidad tienes del médico”

   Decía un santo sacerdote, director de Seminario, me decía igualmente cierto día: “Temo menos la negligencia en la Comunion, que la negligencia de la Comunion, siempre la muerte es peor que la enfermedad.”

   La Eucaristía es el foco del amor de Dios; luego cuanto más frio te sientas mucho más cerca debes ponerte de ese fuego que despide ardores divinos.

   Además, ¿no tendrías tú la culpa de esa se quedad que tantas inquietados te causa? ¿Pones mucho cuidado de evitar las faltas veniales? ¿Te guardas mucho de disgustar al Espirita Santo?  Ordinariamente las infidelidades de esta clase tienen por consecuencia inmediata, diré más, por castigo, una especie de tristeza, un abandono aparente, durante el cual el alma se ve privada de toda dulzura espiritual.

   Otra observación: estas tus penas ¿no podrían provenir también de un encogimiento, de una mezquindad, por decirlo así, de sentimientos; de una piedad, en fin, demasiado personal? Cuando comulgues, y en general cuando ores, piensa más en los otros que en tí. La caridad te hará mucho bien. Ta corazón se ensanchará a medida que te ocupes de la salvación de tus hermanos, de la conversión de los pecadores y de los intereses de la fe. Al rogar por tus semejantes se te despertarán unos sentimientos y una atención que no tenías cuando pensabas exclusivamente en tí solo.

   Por último, debes saber que ese tedio, ese hastío y disgusto por las cosas del alma son casi siempre una tentación. Viendo el maligno espíritu que no puede atacarte de frente, se venga hostigándote incesantemente, para que el cansancio te obligue a abandonar la buena senda. Sé más astuto que el demonio: él quiere desalentarte no dándote momento de reposo; mantente, pues, firme y tranquilo, que no se hará esperar mucho el tiempo de la paz y de los dulces consuelos.


“LA SAGRADA COMUNIÓN”


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