martes, 29 de enero de 2019

BLASFEMIA – Por Cornelio A Lápide.




Lo que es la blasfemia y su enormidad.

   La blasfemia es una palabra injuriosa a Dios, a la sagrada Virgen, a los santos, o a las cosas santas. “No profanéis el nombre de vuestro Dios” (Levítico. XVIII. 21). Sea castigado con la pena de muerte el blasfemo del nombre del (Levítico. XXIV. 10.)

   ¿Sabéis, dice Isaías, de quién habéis blasfemado, y contra quien levantasteis la voz? contra el Santo de Israel: (XXXII. 23).

   Los que blasfeman de Jesucristo que reina en el cielo, no son menos pecadores que los que le crucificaron en la tierra, dice San Agustín (I).

   La boca del blasfemo está llena de maldición, dice el Salmista: (IX. 7). Mi nombre, dice el
Señor por medio de Isaías, es blasfemado diariamente: (LII. 5).

   El blasfemo es un insensato...; un loco furioso...; siembra el escándalo Es un reprobado...; un demonio...

   El lugar en donde se blasfema se parece al infierno...

Castigos que atrae la blasfemia

   Lo que prueba cuán grande es el crimen que comete el blasfemo,  son los castigos que le aguardan.

sábado, 5 de enero de 2019

San Andrés Bobola (Su martirio – Descripto por el Cardenal Pie) Una breve pero impresionante lectura.




   El caso del jesuita polaco Andrés Bobola, (…) es realmente impresionante. Capturado por los cosacos cismáticos, éstos se ensañaron con él y le hicieron revivir, paso a paso, la Pasión de Cristo. Un martirio tan cruel como hermoso no podía no excitar la elocuencia de Pie. Transcribamos algunas líneas de la emocionante descripción que nos ha dejado:

   Considerad a estos caníbales haciendo en el cuerpo palpitante del noble misionero mutilaciones jamás vistas en ninguna carnicería, y sazonando su crueldad con burlas impías. “Sacerdote latino, no tienes sino una pequeña tonsura: te haremos una más grande”; y los Cosacos, dibujando sobre la cabeza de Bobola un círculo con un cuchillo, tiran de su cuero cabelludo y lo arrancan con violencia.
“Vamos a mostrarte cómo haces en la Iglesia romana: con tus manos, das vuelta las hojas del libro en el altar, así te daremos vuelta la piel”; y entonces despellejan esas manos que nunca se alzaron sino para bendecir, separan los músculos, cortan sus articulaciones. “Es sacerdote, agregan, hay que darle una casulla”; y habiéndolo arrojado sobre una mesa, le quitan de a pedazos toda la piel de la espalda y luego esparcen sobre esa gran herida manojos de paja picada: “Papista, le dicen, nunca has oficiado con un ornamento tan hermoso.” Le cortan la nariz, los labios; ya no queda rostro de hombre; sin embargo su furor no está saciado. “Es un monstruo, gritan sus verdugos, pero le faltan las garras; vamos a ponerle garras”; y cortando astillas de madera de pino, las hunden bajo las uñas de las manos y de los pies. Pero como el mártir tenía aún suficiente fuerza para invocar la misericordia divina, y para conjurar a los cismáticos a convertirse a la pureza de la fe católica y a la unidad de la Iglesia romana, se precipitan por última vez sobre su víctima, le abren en la parte posterior del cuello una herida ancha y profunda, y por esa abertura extraen la lengua del apóstol, esa lengua a la vez tan docta y tan suave, y habiéndola mostrado como un trofeo, la arrojan a lo lejos con desprecio. Andrés respiraba aún. El jefe de los Cosacos terminó su suplicio con un golpe de sable. 159

   Una nación como Polonia, a la que dos siglos de persecuciones no han podido vencer, observa Pie, una nación cuya fe es inexterminable como su patriotismo, es una nación evidentemente sostenida de lo alto. “Cuando leo el relato de la conservación milagrosa de los restos sagrados de Bobola -concluye-, cuando considero ese cuerpo horriblemente desfigurado y sin embargo incorrupto, ese conjunto de miembros mutilados y esa flexibilidad semejante a la de la carne viva, esos signos reunidos de vida y de muerte, ese aroma suave que brota de un lienzo en disolución, me digo a mí mismo: Tal asociación de suplicio y de gloria, de vida y de muerte, es la imagen viva y natural de la Polonia entera, de ese pueblo de mártires y de héroes, siempre torturada y siempre conservada, de esa nación que se diría embalsamada en su sangre, y cuyas heridas exhalan un aroma de vitalidad y de triunfo.”


EL CARDENAL PIE. Lucidez y coraje al servicio de la verdad.

Por Alfredo Sáenz S. J.


GLADIUS. Buenos Aires  2007.



Recomendamos compre este libro si lo ve, es una obra muy aleccionadora. Tal vez más que nunca para el tiempo en que vivimos.

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